Encuentros con Max

3 claves imprescindibles para apoyar a quien enferma

Ferrán Ramón-Cortés

La enfermedad de una persona querida entraña un gran dolor, pero también puede esconder momentos de gran intimidad si aprendemos a acompañarla y a escucharla lejos de nuestros miedos. ¿Sabrías hacerlo?

Max se dirigía a su cita semanal con Clara. Sabía que algo le pasaba, pues cuando la llamó para confirmar el encuentro, ella le aseguró que no solo acudiría puntualmente a la cita sino que además necesitaba verle más que nunca.

Al entrar en el bar, Max la encontró sentada a la mesa de siempre, totalmente ensimismada. No había señales de la Clara jovial y animada que solía ser. Efectivamente, algo le sucedía.

El viejo profesor se sentó, le cogió la mano y sin más preámbulos le dijo:

–¿Me lo explicas, Clara?

–Ya sabes que mi hermana está enferma…

–Sí, me lo dijiste.

–El martes nos vimos. Quería ayudarla, pero me temo que no supe hacerlo. Después de estar con ella, me quedé hecha polvo y me temo que a ella la dejé bastante peor de como la encontré…

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–¿Qué ha pasado exactamente?

–Ella quería hablarme de su enfermedad. Y yo no dejaba de interrumpir. Le decía que no se preocupara, que todo iría bien. Incluso intenté deliberadamente cambiar de tema un par de veces. Así pasamos el día y, cuando nos despedimos, además de animarla, le sugerí que se distrajera y pensara en otras cosas.

Ella me contestó con unas palabras que no puedo olvidar. Me dijo: “Clara, no lo entiendes. Necesito hablar de ello”.

Max escuchaba atentamente el relato de Clara y, con la mirada, la animó a continuar:

–Después de escuchar su comentario, la verdad es que llegué a casa con una sensación amarga que me ha acompañado todos estos días.

–¿Has vuelto a hablar con ella?

–No, porque sinceramente no sé cómo reaccionar. Temo hacerlo aún peor. Por eso necesitaba verte…

Max percibía la angustia de Clara y, por ello, optó esta vez por no dilatar el proceso. Le dijo:

–Clara, la enfermedad de un ser querido nos angustia. Pero hemos de hacer todo lo posible para que esta angustia no nos obligue a hacer cosas que van en contra de lo que el enfermo necesita. Y, tras una breve pausa, añadió:

"Hay veces que ella querrá hablar del tema. Otras, no. Lo importante es que captemos qué necesita y que estemos dispuestos a dárselo. Estamos al servicio de su angustia, no a merced de la nuestra."

–¿Y si nos pregunta sobre la enfermedad? ¿Y si nosotros sabemos cosas que ella no sabe?

–El hecho de que nos pregunte no significa que podamos y debamos responderle con toda la crudeza del mundo. Significa que debemos estar abiertos a lo que nos pida. Es importante no decidir por ella qué “le conviene saber” ni contestar a preguntas que no podamos responder desde la serenidad y el amor. Muchas veces, lo mejor será ayudarla a encontrar a la persona que le pueda dar esas respuestas, sin asumir directamente toda la responsabilidad.

Clara escuchaba con atención. Comprendía perfectamente lo que Max le decía, pero no tenía claro cómo actuar. Le hizo una última pregunta:

–¿Qué puedo hacer a partir de ahora?

–Acompañarla. Si quiere hablar, la escuchas. Si quiere distraerse, os distraéis. Tu mensaje debe ser claro: “Estoy a tu lado incondicionalmente y para lo que necesites”. Esto se demuestra muchas veces sin grandes discursos y con un simple gesto. Y, sobre todo, no actúes movida por tu angustia ni la hagas sentir enferma con tus reacciones. Intenta que no sienta tus temores, pues reforzarán los suyos. Será duro, pero viviréis momentos muy valiosos, de una gran intimidad.

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Tengo miedo de que, si hablamos abiertamente de la enfermedad, pueda perder la esperanza.

–La perderá si te ve desesperada, por más falsos mensajes de esperanza que le des. Pero no la perderá si te siente luchando con fuerza a su lado. Tú eres la primera que debe tener claro que saldrá adelante.

–Max, ¿me acompañarás en el camino?

–Cuenta con ello.

Max se levantó y se acercó a la barra para pedir el desayuno. Vio a Clara coger su móvil. Intuyendo a quién llamaba, se sentó a la barra para darle tiempo. Sabía que su hermana la necesitaba a su lado.

Pautas para mantener una relación sanadora

Cuando a un ser querido se le detecta una enfermedad, la comunicación se transforma, pues nuestras angustias y las suyas crean interferencias y las palabras no fluyen como antes. A continuación, ofrecemos unas pautas que nos pueden “ayudar a ayudar”.

Escuchar sin juzgar

Es más importante lo que exprese el enfermo que lo que digamos nosotros. Expresar viene de “ex-presión”, sacar fuera la presión. Escuchar sin emitir juicios, sin tranquilizar superficialmente ni interrumpir permitirá que la persona afectada ordene sus ideas, se dé cuenta de sus sentimientos, dudas y miedos, y se sienta acompañada.

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Comprender sus deseos

Si no hemos comprendido lo que la persona enferma necesita, es mejor no dar ningún paso. Pidámosle que nos ayude a entender bien lo que quiere que hagamos. No nos adelantemos a sus necesidades ni intentemos interpretarlas a partir de lo que nosotros creemos que necesitaríamos si estuviésemos en su lugar. Cada persona es diferente y esto también se cumple frente a la enfermedad.

Facilitar la vida de todos

Demos a la persona enferma aquello que nos pide y que podemos asumir. Es muy importante que también nos cuidemos nosotros y que nos mantengamos en contacto con nuestras propias necesidades. Si lo que nos pide nos da mucho miedo o sobrepasa nuestra capacidad, busquemos ayuda en nuestro entorno o en un equipo profesional. Debemos distinguir lo que proviene de nuestros miedos de lo que emana de nuestros sentimientos, y dar mucho amor.

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