Encuentros con Max

Espíritu positivo

Ferran Ramon-Cortés

El cerebro cambia con cada cosa que pensamos, aunque no la lleguemos a verbalizarlo. Pensar en positivo nos hace tomar las riendas de nuestro pensamiento para ver la vida de otra forma.

Sentada en la barra de la pequeña cafetería de siempre, Alba se estaba tomando mucho más tiempo del habitual para su desayuno. Algo la tenía totalmente absorbida, hasta el límite de perder la noción del tiempo.

En un momento determinado, Carlos, el encargado, la interpeló:

–Alba, estás alargando mucho el desayuno hoy. ¿Te ocurre algo?

Alba, como saliendo de una ensoñación, lo miró directamente a los ojos y le preguntó:

–¿Qué hora es?

–Casi las doce…

–¡Madre mía! En la oficina me matan.

De repente, a su lado, un hombre mayor que aparentemente leía el periódico le dijo:

–Pues imagino que ya no vendrá de diez minutos más.

Alba se quedó desconcertada. Ni entendía ni era capaz de intuir de qué iba la cosa. El hombre se apresuró a hablar:

–Me llamo Max, y como tu buen amigo Carlos, intuyo que algo no va bien.

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Alba se sentía atrapada. Así que, sin pensarlo mucho, y viendo que no había nadie más en la cafetería, decidió tirarse a la piscina.

–Yo soy Alba y lo que me ocurre es que mi jefe me acaba de meter en un callejón sin salida: hemos tenido hoy una conversación sobre mi trabajo y me ha dicho literalmente que necesito tener espíritu positivo.

–¿Y cuál es el problema?

–Pues que me encantaría tenerlo, pero ni lo tengo ni lo he tenido nunca. Y no puedo hacer nada al respecto, pues, al fin y al cabo, eso te toca en la lotería de los genes.

–Sí, en cierta medida. Puede que ahora no tengas espíritu positivo, pero eso no significa que no puedas adquirirlo.

–¿Adquirirlo? ¿Me sugieres que lo compre?

–Metafóricamente.

–Perdona, pero no te sigo para nada. Para mí el espíritu positivo es una característica de la personalidad que o se tiene o no se tiene, y poco puedo hacer al respecto.

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–Lo es en parte. Pero el espíritu positivo es también una habilidad que, como todas las habilidades, se entrena y se desarrolla con una buena gimnasia y una buena dosis de consciencia.

–Vas a tener que explicarte.

–¿Te parece bien que lo haga de camino a tu oficina?

–¡Sí, por favor! Gracias por proponerlo.

Salieron caminando tranquilamente de la cafetería, y Max comenzó con sus explicaciones.

–Mira, Alba, las personas no estamos predeterminadas a vivir la vida que nos ha tocado por la genética. Nuestro cerebro cambia. De hecho, cambia con cada experiencia y con cada pensamiento. Es muy cierto que algunas personas, de entrada, tienen un espíritu más positivo. Esto se traduce en que tienen un número de pensamientos positivos más altos. También es cierto que algunas otras personas tienen un espíritu menos positivo. Eso significa que les cuesta más conectar con esos pensamientos. Pero pueden hacerlo. Y la buena noticia es que con una práctica consciente y deliberada cambiamos estructuras cerebrales, y podemos adquirir habilidades que nos parecía imposible tener.

–No se cuánto creerte, de entrada.

Max no pudo evitar lanzarle una ironía:

Ya lo dice tu jefe, que muy positiva no eres… Alba, sonrojándose, quiso rectificar:

–Perdona, tienes razón. No estoy siendo muy razonable. Cuéntame el método.

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–Es muy sencillo, tienes que tomar consciencia de tus pensamientos. Escuchar dentro de ti. Ser consciente de los pensamientos que te vienen. Y algunos de ellos ponerlos en tela de juicio o, directamente, cambiarlos.

–Creo que necesitaré un ejemplo para acabar de entenderlo.

–Cuando llegas al trabajo, ¿qué piensas?

–No sé, depende del día. Es que no sé si pienso algo o no…

–Vayamos a un caso concreto. Hoy, cuando has llegado, ¿qué has pensado?

–Pues hoy sí lo tengo claro. He pensado literalmente: “Vaya marronazo de día. Será un milagro si salgo viva”.

–Pues ahí lo tienes. Si tomas consciencia de este pensamiento, quizás puedes formularlo de un modo distinto. Prueba a hacerlo.

–Es que es así, es un día muy complicado...

–¿Qué tiene de malo, exactamente?

–Que tengo mil cosas retrasadas que debería dejar hechas hoy, sí o sí.

–¿Y las sacarás adelante?

–Claro. Al final siempre lo logro.

–Pues entonces te propongo que reformules el pensamiento desde ahí.

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Alba necesitó algunos segundos de reflexión. Al final probó:

–Podría pensar: “Va a ser un día duro, a ver si consigo pasarlo”.

–No está mal… y puede ser mejor. Te estás quedando a medio camino. Prueba a formularlo inequívocamente en positivo.

Alba necesitó de nuevo unos segundos para elaborar su pensamiento. Al final propuso:

–Quizá mi primer pensamiento al llegar al trabajo podría haber sido: “Se presenta un día intenso pero, aunque no sé muy bien cómo, lo salvaré”.

–Ahí lo tienes. Esta es la vía. Ese pensamiento ya ha producido un cambio, aunque sea minúsculo, en tu cerebro.

–¿Y esto es lo que tengo que hacer?

–Sí. Deberás hacerlo de forma consciente al principio, pero en un tiempo no muy largo notarás que ese pensamiento más positivo te saldrá solo. Y hasta tu jefe lo notará…

Llegaron a la puerta del edificio. Alba aguantó la puerta a alguien que salía. Pensó en un pensamiento positivo para Max, y al final le vino: “Nunca un café me había ayudado tanto”. Pero no pudo decirlo. Al girarse se encontró sola. Sin rastro del tal Max. Tuvo la sensación de que todo había ocurrido en su imaginación.

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