Cuentos para pensar

Dame un respiro

Ferran Ramon-Cortés

A veces no nos damos cuenta de que ocupamos todo el espacio común, sin dejar que el otro decida y opine... Max le muestra a Mateo que para que alguien permanezca a nuestro lado debemos "dejarle ir", abrir un espacio donde cada uno pueda crecer.

Las dos tazas de humeante café reposaban en la mesa de la sala mientras Max recibía a su ex alumno y amigo Mateo. Mateo pertenecía a una de las últimas promociones a las que Max había dado clase y era, por tanto, uno de los más jóvenes del grupo. Se habían reencontrado en la cena de bienvenida con la que celebraron su regreso de Inglaterra, y Max le sugirió compartir un café tras las breves palabras que intercambiaron. El viejo profesor detectó que algo le pasaba a Mateo.
Tras saludarse y sentarse cómodamente en la sala, Max fue directo al grano:
–Te noté especialmente tenso el otro día, ¿te ocurre algo?
–Pues mira, sí, yo tampoco me andaré con rodeos… Tengo problemas con Ana, mi pareja.

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Tampoco nos conocemos tanto

De hecho me ha planteado abiertamente que hagamos una pausa en nuestra relación.
–¿Te ha dado algún motivo?
–No, sus explicaciones se limitan a una frase: "Dame un respiro".

Max indagó acerca de la relación que mantenían Mateo y Ana, y muy especialmente sobre la forma en que Mateo se comportaba con ella. Tras considerar que ya tenía toda la información necesaria, dijo:
–¿Por qué no te acabas el café y salimos a dar una vuelta?

Salieron al jardín y Max condujo a Mateo hasta un prado cercano. Señalando un grupo de mariposas que iban de flor en flor, le preguntó:
–¿Cómo podrías conseguir que una de estas mariposas se posara en tu mano?

Mateo estaba desconcertado. No entendía en absoluto a qué venía todo aquello. Pero confiando en Max, le respondió:
–No lo sé, dímelo tú.
–Compruébalo. Siéntate junto a aquellas flores, extiende el brazo y abre totalmente la mano con la palma hacia arriba. Permanece en esa posición sin moverte.

A los pocos minutos, una mariposa se posó en la palma de la mano de Mateo. Entonces Max sugirió:
–Es perfecto. Permanece unos segundos más así. Ahora… poco a poco, cierra tu mano…

Mateo empezó a cerrar la mano muy lentamente y, a pesar del cuidado con que lo hizo, la mariposa de inmediato salió volando. Max dio por terminado el experimento, y sugirió a Mateo que siguieran con su paseo.
–Lo que acabas de experimentar es la respuesta a tu conflicto. Ana es tu mariposa.

Dejó que Mateo reflexionase acerca de lo que acababa de pasar y se hiciese su propio mapa de situación. Finalmente, y ante el silencio de su amigo, continuó:

–La mariposa solo ha permanecido en tu mano mientras se ha sentido en libertad. En el momento en que ha percibido que intentabas cazarla, ha volado de inmediato. Cuando empezasteis vuestra relación, tú acogiste a Ana con la mano extendida. Ella vino a ti porque quería y porque así lo había elegido. En estos últimos tiempos, has estado permanentemente encima de ella, diciéndole lo que tenía que hacer y lo que no, lo que te parecía bien pero, sobre todo, lo que te parecía mal. Has estado decidiendo por ella y forzándola a dar pasos que no quiere o no está preparada para dar… Has cerrado la mano. Y la mariposa desea emprender el vuelo.

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Tenemos un café pendiente...

Mateo escuchaba con atención y se daba cuenta del profundo sentido de las palabras de su profesor. Max estaba en lo cierto. Estaba coartando la libertad de Ana, y quería desesperadamente y en todo momento que se aviniera a sus planes, sintiéndose decepcionado cuando sentía su discrepancia. Se hizo un larguísimo silencio que Max decidió no interrumpir. Sabía que su amigo estaba dando sentido a sus reflexiones, que terminaron cuando le preguntó:

–Max, ¿volverá la mariposa a posarse en mi mano?
–Depende de si siente que lo hace porque ella lo elige, si siente que mantiene su libertad.
–Me costará mantener la mano abierta. Porque yo la quiero conmigo…
–Y lo comprendo, pero es tu única oportunidad. La tendrás más cerca cuanto menos presionada se sienta. Cuando perciba que tu mano está y estará siempre abierta…

El sol se escondía y la temperatura empezó a descender bruscamente. Regresaron a casa y se prepararon un reconfortante segundo café. Tras una calurosa charla, Mateo se despidió de Max para volver a su casa.

Max no volvió a tener noticias de Mateo en bastante tiempo. Pensaba a menudo en su antiguo alumno y se preguntaba si habría solucionado su problema con Ana. Un buen día la respuesta llegó por correo electrónico. Mateo le enviaba una foto con una preciosa mariposa posada sobre la mano extendida de Mateo.

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