Encuentros con Max

Un molesto reflejo

¿Te has parado a pensar qué es lo que más te molesta de los demás, lo que siempre criticas? Puede que diga más sobre ti que sobre ellos. Descubre qué significa.

Ferrán Ramón-Cortés

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Ana estaba sentada en un banco del aeropuerto esperando el embarque de su vuelo. Una vez más, salía con retraso, ya que ni siquiera había llegado el avión con el que tenían que viajar. Llamó a su pareja para avisarle del contratiempo y, aprovechando el tiempo de espera, se enfrascaron en una larga conversación.

A su lado, un hombre de avanzada edad esperaba pacientemente sin poder evitar escuchar partes de la conversación, ya que Ana hablaba con energía y a un volumen considerable. En un momento determinado pudo oír cómo esta le decía a su interlocutor:

—No puedo entender cómo Jaime no le ha dicho nada. Me molesta terriblemente lo incapaz que es de decir las cosas cuando aparece un conflicto. Si se encuentra en esa situación, nunca tiene el valor de hablarlo abiertamente, se lo queda dentro y no dice nada. Eso sí, después anda criticando a los demás a sus espaldas...

Al cabo de unos instantes, oyó un nuevo fragmento de la conversación:

—He llegado a la conclusión de que Jaime siempre quiere evitar los conflictos y eso es algo que no soporto. Nunca dice lo que piensa y luego se queja a su mujer o a quien le quiera escuchar. Pero a las personas involucradas no les dice nada, y es lo que más me molesta.

Ana se calló de repente. La llamada se había cortado. Mientras miraba la pantalla de su móvil sin batería, su compañero de banco aprovechó el súbito silencio para decirle:

—Te molesta de Jaime lo que probablemente no te gusta tampoco de ti, ¿podría ser?

Ana, absolutamente sorprendida, miró en dirección al hombre que le había hablado. En un primer instante lo ignoró y se dispuso a levantarse y a cambiar de banco, alejándose de aquel entrometido. Pero la expresión serena y amable de su rostro la llevó a reconsiderar aquel impulso e iniciar una conversación con él.

—Perdone, ¿se dirigía a mí?

—Sí, eso hacía. Permíteme que me presente. Me llamo Max y me encantará que me tutees.

—Yo me llamo Ana y no estoy segura de haber entendido lo que me has dicho. Con la sorpresa de oír que te dirigías a mí no me he enterado...

Este, sosegadamente, buscó la manera de explicarse haciéndole una primera pregunta:

—¿Cuál es tu crítica a Jaime?

—Que cuando hay un conflicto, no es capaz de hablar las cosas cara a cara, pero, en cambio, critica a la gente por detrás...

—Y tú, ¿cómo llevas los conflictos?

Ana iba a contestarle que los llevaba muy bien, que los abordaba siempre sin demora... pero le vino a la mente la imagen del último conflicto con su padre y de su incapacidad de hablar con él.

Se quedó pensativa un buen rato, hasta que con un hilo de voz le dijo:

—Me temo que no muy bien. Tengo un problema con mi padre que no estoy sabiendo abordar... No me veo capaz de hablar con él de lo que nos ocurre.

—¿Y te gusta estar actuando así?

—No, en absoluto.

—Pues lo que estás experimentando te asemeja bastante a Jaime.

Las palabras quedaron flotando en el ambiente.

Tras unos instantes, Max continuó:

—Y en relación al conflicto con tu padre, ¿qué has hecho hasta ahora?

—Pues hablarlo con mi pareja, desahogarme con él, criticando –me temo– a mi padre.

—Igual que dices que hace Jaime...

Ana bajó los ojos. Tenía que reconocer que así era. Y no lo entendía. Porque le molestaba lo que hacía Jaime, y ahora se encontraba ante la realidad de que ella también lo hacía. El comportamiento de Jaime era fiel reflejo del suyo, y, sin embargo, le molestaba profundamente.

Se dio cuenta de que estaba criticando de Jaime lo que en el fondo ella también hacía.

Max se apresuró a rescatarla de su ansiedad:

—Verás, Ana, muy a menudo nos irrita de los demás aquello que más nos molesta de nosotros mismos, y solemos criticarlo sin ser conscientes de que nosotros también lo hacemos. Es paradójico, pero es así.

Precisamente porque no nos gusta de nosotros, somos sensibles a ello, y cuando lo vemos reflejado en los demás, sin darnos cuenta, nos falta tiempo para criticarlo.

—Tengo que darte la razón, porque es lo que me está ocurriendo a mí, pero me parece un sinsentido.
¿Podemos evitarlo?

—Lo que podemos hacer es abordar toda la situación desde otro punto de vista: cuando algo nos irrita de los demás, en lugar de criticarlo, podemos pensar en qué nos dice de nosotros y descubrir así áreas de trabajo que tenemos pendientes. Al final, lo que no nos está gustando de los demás es nuestro gran maestro.

Ana se quedó pensativa. Las palabras de Max tenían un enorme calado y le descubrían un camino de crecimiento totalmente nuevo.

Pensó en qué otras cosas le irritaban de los demás, o qué otras cosas solía criticar, y en efecto encontró reflejados comportamientos que no le gustaban de ella.

Tenía “deberes”, pero estaba agradecida por aquel descubrimiento. Por los altavoces anunciaron –por fin– el embarque de su vuelo. Se levantó para confirmarlo en las pantallas y, al volver la vista hacia Max, se encontró con una silla vacía.

Lo buscó por la terminal con la mirada, pero no había rastro de él. Embarcó con una extraña sensación, como si no hubiera vivido nada más que una fantasía.

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