Encuentros con Max

Cuento: "Nunca me dices que me quieres"

Ferran Ramon-Cortés

A veces, la fuerza de la costumbre nos roba espontaneidad y da palabras por dichas. En este cuento, Max le recordará a Julio que los gestos y palabras de amor nunca están de más en el día a día de la pareja

Max cenaba en casa de sus amigos Julio y Raquel. En la sobremesa, iniciaron una distendida charla en la que, de forma irónica, los dos amigos comentaban su relación. En un momento dado, Raquel le dijo a Max:
—¿Sabes qué es lo que ocurre, Max? Pues que Julio nunca me dice que me quiere.

El comentario quedó en el aire, pero a Max no le pasó desapercibido que en el tono de Raquel había un punto de reproche que iba más allá de la ironía del momento.

A la mañana siguiente, Julio recibió un mensaje de Max.

Era una invitación a compartir un café. Acompañaba el mensaje una vieja canción de Phil Collins, Do You Remember, que Julio recibió con total desconcierto y sin acertar a entender el significado de aquel envío.

Julio aceptó gustoso la invitación y se presentó puntual en casa de Max. Max preparó el café. Se instalaron en la sala y, taza en mano, Max le comentó:
—Por cierto, Julio, me sorprendió el comentario de ayer de Raquel…

Sin dejarle terminar, Julio replicó de forma precipitada:
—Es su frase preferida, Max. Pero no sufras, se lo oigo decir una docena de veces a la semana. No tiene la menor importancia.

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Max, convencido de que el tono de Raquel escondía algo más que un comentario anecdótico o irónico, preguntó:
—Pero, sinceramente, ¿tú le dices a Raquel que la quieres, sí o no?

—A ver, Max, llevamos juntos diez años y nos va bien. No creo que a estas alturas deba andar diciéndoselo todo el día. Además, lo sabe perfectamente…

Max se levantó, se acercó al ordenador y puso la canción de Phil Collins que le había enviado a Julio con el mensaje. Él la reconoció al instante.
—¿Escuchaste lo que dice la canción? –le preguntó Max al cabo de un rato.
—Sí, pero no entendía a qué venía. Me temo que mi inglés no está a la altura. Pero como has pasado tanto tiempo en Inglaterra, seguro que me lo puedes explicar.

Es una historia de alejamiento. En concreto, la estrofa que está sonando ahora dice: “siempre teníamos cosas más importantes que hacer, cosas más importantes que decir. pero ‘Te quiero’ no era una de estas cosas. Y ahora es demasiado tarde”.
Julio, tras escuchar la explicación de Max, no pudo evitar justificarse:

—Pero, Max, Raquel y yo estamos bien. Quizá sea verdad que no le digo que la quiero, pero ¡no lo puede olvidar!

—Verás, Julio, tú mismo has dicho que lleváis diez años juntos y, después de tanto tiempo, solemos dar muchas cosas por sobrentendidas. Nos instalamos en unos tópicos que se acaban convirtiendo en grandes creencias, pero que no siempre se corresponden con la realidad. Tú dices que Raquel sabe que la quieres, y que esto es suficiente. Pero ella probablemente no solo necesita oírlo sino que lo quiere volver a experimentar. Las relaciones necesitan realimentarse, sacarlas de los tópicos, las inercias y las rutinas. Y, en este sentido, volver a decir “Te quiero” es una buena manera de hacerlo.

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—O sea, que te has aliado con ella para que se lo diga más a menudo –comentó Julio con ironía–. Pero, Max, me temo que va a sonar falso, forzado. No se lo va a creer.
—Hombre, si es para “cumplir el trámite”, evidentemente que sonará forzado. Se lo tienes que decir de verdad.
—¿Y cómo se dice “de verdad”?
—En tu caso, que no eres muy dado a las palabras, se lo puedes decir con gestos, con detalles que tengas con ella, haciendo las cosas que hacías por ella al principio, cuando, fueras consciente de ello o no, le estabas diciendo “Te quiero” las 24 horas del día. Haz que sienta que vuelve a estar, como al principio de vuestra relación, permanentemente en tu mente, que has pensado en ella en el trabajo, o en el coche, o mientras hacías la compra en el supermercado.

—Max, me estás pidiendo que vuelva a los inicios. Y ya no somos dos adolescentes…
—Te pido que lo hagas desde tu madurez de ahora. Y me refiero tanto a tu madurez personal como a la de la relación. Seguro que harás cosas diferentes y que tendrás gestos distintos a los de hace diez años, pero el mensaje será el mismo, que la quieres, que te importa realmente.

Max despidió a un pensativo Julio, que no acababa de integrar toda aquella información. Sin embargo, al cabo de una semana, recibió un correo electrónico. Decía: “Max, te devuelvo tu canción. Gracias a nuestra charla, ya no me identifico con ella”.

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