Encuentros con Max

Palabras mágicas para no dañar las relaciones

Ferran Ramón-Cortés

"Gracias", "lo siento" y "no pasa nada". Para cuidar las relaciones no debemos dejar nunca de utilizar estas palabras y expresiones.

En el pequeño restaurante del barrio, un joven matrimonio cenaba mientras reflexionaban sobre la relación que mantenían con los hermanos de ella:

– Últimamente las cosas no son como antes con tus hermanos. La última comida fue poco cordial, incluso tensa. Se respiraba un ambiente denso, incómodo, como si a nadie le apeteciera estar allí.

–Sí, parece como si hubiéramos perdido la confianza de antes.

–Pero es que tu hermano se pasa el día echándonos la bronca a todos…

–Bueno, ya sabes cómo es, pero sí que es cierto que la cosa ha ido a peor.

–Y da la sensación de que todo son reproches entre vosotros.

–Sí, la relación entre nosotros ha cambiado. Y se está deteriorando por momentos. Me encantaría saber qué nos está pasando.

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¿Por qué no nos ponemos de acuerdo?

De repente, desde la mesa de al lado, les llegó una voz que decía:

– Quizás os estáis olvidando de las palabras mágicas.

Se quedaron alucinados. La primera sensación fue sin duda de enfado: ¿cómo alguien se metía en su conversación de esta manera? Pero sin ni tiempo de reaccionar, la persona que les había interpelado se volvió a dirigir a ellos.

– Disculpad, lo siento mucho. Sé que ha sido una intromisión en toda regla…

La pareja le contestó:

– ¡Ni lo dude!

– Déjenme que me presente, mi nombre es Max, no he podido evitar oírles, y mi única intención es ayudarles.

Se miraron el uno al otro y miraron al tal Max. Vieron a un hombre mayor, con una expresión cálida, que no sabían bien por qué pero les inspiraba confianza.

Le dijeron:

–Pues ya que está dentro, ¡al menos que nos sirva de algo! Explíquese un poco.

–Claro, así lo pretendo. Os decía que quizás os estéis olvidando de las palabras mágicas.

–Ya, eso lo hemos oído. Pero, ¿qué significa exactamente?

–Mirad, las relaciones, si no se trabajan, se deterioran (como parece que ocurre con la vuestra con tus hermanos) y una parte importante de este trabajo consiste en no dejar nunca de utilizar una serie de palabras y expresiones que protegen esas relaciones. Son las que yo llamo las palabras mágicas.

–¿Nos las va a decir por lo menos?

–Son muy sencillas y de puro sentido común. Probad a acertarlas. La primera tiene que ver con el agradecimiento.

– ¡Gracias!

– Efectivamente. Fácil. La segunda tiene que ver con la disculpa.

– ¡Lo siento!

– Acertada. Es una opción válida. Y la tercera tiene que ver con el perdón:

– No pasa nada.

– Por ejemplo.

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Un molesto reflejo

La pareja miraba a Max divertida. Aquella intromisión estaba resultando más que interesante. Él se apresuró a seguir su explicación:

–Gracias, lo siento, no pasa nada. Las tres expresiones mágicas para mantener sanas las relaciones.

Y la pregunta es: “¿cuánto las estáis utilizando últimamente en vuestra relación con los hermanos?”.

Ella se tomó unos instantes para reflexionar. Su respuesta fue clara y concisa:

–Muy poco.

Max dejó que aquella revelación les calase hondo y, viendo sus caras de preocupación, se apresuró a añadir:

–Y no es nada extraño. Sucede. Con mucha frecuencia. Las relaciones entre personas que nos tenemos mucha confianza entran en inercias de descuido.

Sin darnos cuenta, tenemos la confianza de decirles a los demás todo lo que nos molesta pero nos olvidamos de decirles lo que nos gusta.

Justificamos todos nuestros errores, sin sentir la necesidad de pedir disculpas (total, son de confianza), y no perdonamos una a los demás, sin pensar en que ellos pueden haber simplemente cometido un error. Nos volvemos demasiado exigentes en esas relaciones y se deterioran sin remedio. ¿Y hay solución?

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–Claro. Solo necesitamos tomar conciencia y hacer uso constante e ilimitado de las palabras mágicas. Agradecer todo lo que hagan por vosotros, por natural o usual que sea. Pedir disculpas por lo que les haya podido molestar, y no tomarse a pecho los errores de los demás.

–Pero nos dices que eso es lo que debemos hacer nosotros, pero... ¿y ellos?

–Seguirán vuestro camino. Es algo que se contagia. Hacedlo vosotros y enseguida todos entrarán en la misma onda. Siempre es así en mi experiencia, y por mi edad podéis suponer que no es poca la que tengo.

La pareja estaba profundamente sorprendida: ¿tan sencillo era? Y sí, tenía sentido.

Esas palabras se escuchaban muy poco en ese grupo de hermanos últimamente y, como menos se utilizaban, más costaban de pronunciarse por parte de alguien.

Ellos habían gozado del conocimiento, a ellos les tocaría aplicarlo en primera instancia.
Apuraron los cafés. Él se levantó para ir al servicio y ella se acercó a la barra con intención de pagar y aprovechar para invitar a Max. Pidió las dos cuentas y el camarero, divertido, le preguntó:

–¿De qué dos cuentas me hablas? Hace un buen rato que se han marchado todas las mesas. Estáis solos tu pareja y tú.

Ella se giró y vio una mesa solitaria y ni un alma en el local. Daba la sensación de que el tal Max nunca había estado allí. Quizás ni tan siquiera había existido.

5 principios para evitar dañar las relaciones

  • 1. La rutina nos hace perder el cuidado en las relaciones. No por haber mucha confianza tenemos que dejar de agradecer, pedir disculpas o perdonar.
  • 2. Somos más críticos con quienes más queremos, porque son los que más queremos que sean como nos gustaría. Pero eso no es neutro: la relación se resiente.
  • 3. Juzgamos con demasiada subjetividad las intenciones de los demás cuando hacen algo. ¿Y si, simplemente, se han equivocado?
  • 4. Cuidar una relación es contagioso: lo que yo haga por ti lo harás fácilmente tú por mí en algún momento.
  • 5. Las palabras mágicas son gratis. Y funcionan siempre.

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