Cuentos para pensar

Lameré tus miedos

Cristina Romero

¿Qué ocurre cuando miramos de frente aquello que tememos? Es posible que nos llevemos una sorpresa...

Mario vivía con la sensación continua de que la vida era una amenaza, que tras cada esquina se escondía un peligro.

Cuando le sonaba el despertador empezaba a respirar agitadamente y así se pasaba el día. Camino al trabajo, de vuelta a casa, en el sofá al ver las noticias de la televisión… Siempre con esa sensación pegada a su piel. Sentía miedo a enfermarse (o a estar ya gravemente enfermo), a que le echaran del trabajo, o a que cualquier día ocurriera alguna desgracia a su alrededor.

Thor también tenía miedo. Miedo a los humanos, a los otros perros, incluso a los gatos o a cualquier cosa que se moviese rápido. Ya no confiaba en nada ni en nadie.

A Mario no le gustaban los perros, le aterraban desde pequeño.A Thor le habían gustado los humanos cuando era cachorro y aún la vida era plácida junto a su madre y sus hermanos. Pero luego sus experiencias con la especie humana habían sido tan dolorosas que lo había olvidado.

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Aquel día, ninguno de los dos tenía previsto hacer daño al otro. Mario iba hacia el trabajo, caminando por su camino seguro, con su respiración agitada y sus pensamientos obsesivos. Thor pasaba por allí. Mario desprendía olor a miedo y al bocadillo que sujetaba firmemente. Thor, desafiante, justo en la mitad del sendero, parecía un animal feroz.

Ambos se detuvieron. El primer impulso de Mario fue salir corriendo, como siempre, pero se quedó inmóvil temiendo que el animal le persiguiera. Las pantorrillas le temblaban. Podía sentir el agudo dolor del mordisco que no le había dado. Thor se sorprendió de que aquel hombre se quedara quieto.

Su experiencia le había enseñado que los humanos son seres activos. O te atacan o huyen, pero no se detienen y te miran sin hacer nada. Mario puso la mano en su corazón, que parecía querer salirse del pecho. Alzó los ojos, hasta encontrarse con la mirada del animal.

Y fue en ese instante en el que se encontraron, cuando Mario pudo sentir el miedo de Thor y Thor, el de Mario. O quizás vieron por primera vez lo que el miedo anhela para dejar de perseguirnos.

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Entonces Mario le ofreció un pedazo de su bocadillo. Thor lo olió y se acercó a Mario, que podría haber soltado el pan y haber seguido camino al trabajo. Pero eligió acariciar un rato más a Thor y a sus propios miedos. Y Thor lamió los de ambos. Nadie en la calle se percató de aquel momento. Pero en su interior algo nuevo, muy grande, había empezado a brotar.

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