Moda sostenible

Los 11 retos de la moda tras la pandemia

Brenda Chávez

La pandemia COVID-19 ha hecho cambiar muchas cosas, entre ellas la moda. Los consumidores quieren marcas más comprometidas con la justicia social y la salud del planeta.

Hemos estado confinados casi con la misma indumentaria durante varios meses, sin echar de menos tener más ropa, y la mascarilla se ha convertido en la "prenda de la temporada", incluso en la prenda del año 2020. Pero ¿cómo está influyendo la pandemia a la industria de la moda? ¿Cómo será la moda que viene?

Durante el confinamiento, recluidos en casa, y con las tiendas cerradas, hemos podido observar cómo el sector fabricaba y donaba mascarillas, entre otros gestos solidarios, mientras las cadenas de producción textil globalizadas quedaban paralizadas con impagos y despidos, salpicando la reputación de algunas grandes marcas.

La iniciativa #PayUp

Debido a la pandemia, muchas marcas de moda a nivel mundial han tenido que hacer un parón en su producción y muchas empresas han decidido no pagar a sus proveedores. El problema lo dio a conocer Workers Right Consortium, organización que apoya los derechos de los trabajadores textiles. Publicaron una lista en la que salían las marcas que han actuado responsablemente pagando a sus proveedores y las que no.

El hashtag #PayUp fue creado por esta organización para que las marcas se comprometieran a saldar las deudas. El movimiento se viralizó de tal manera que ha logrado ejercer presión sobre marcas como Target, Levi’s, Ralph Lauren y Gap, que se han comprometido a pagar lo que deben.

Sin embargo, Workers Right Consortium aclara que no sólo hay que pagar los encargos realizados, sino garantizar a los trabajadores empleos y salarios en tiempos de incertidumbre como los que estamos viviendo. Piden a las empresas que aseguren un mínimo de producción y salarios a las fábricas por si se vuelven a frenar las ventas.

Cómo va a cambiar la moda

Ya en la "nueva normalidad" ir de compras no es lo que era con las limitaciones de aforo, la distancia social o la aprensión a contagiarse. Además, después del parón, la industria de la moda no tiene más remedio que prestar atención a estas cuestiones cruciales que han emergido (o que siempre estuvieron ahí), pero que hoy son más relevantes que nunca para la recuperación económica. Teniéndolo todo en cuenta, la industria de la moda tiene una serie de retos por delante.

  1. Hay que relocalizar la producción: la crisis sanitaria ha revelado que haber globalizado y externalizado las cadenas productivas nos vuelve más vulnerables y dependientes de mercados voraces, de la especulación en los precios y de los comisionistas. Por eso, algunas empresas y cadenas de producción de bienes esenciales (equipación sanitaria, mascarillas, etc.) se plantean volver a fabricar (aunque sea parcialmente) en Europa, o España, para una mayor seguridad en el abastecimiento. Esto podría repercutir también positivamente en el empleo nacional y reducir emisiones provenientes del transporte intercontinental.
  2. Más responsabilidad social: los consumidores ahora son más sensibles a apoyar con su consumo a compañías que generen empleo y demuestren su compromiso social real. También sienten más rechazo hacia el socialwashing, el lavado de cara social para mejorar su reputación que no es fiel a su realidad empresarial. Es un sentir intergeneracional, aunque los millenials y Generación Z son cada vez más críticos y exigentes, votan y castigan más con sus monederos, están más informados y encuentran más fácilmente información online sobre las marcas y las alternativas.
  3. Con compromiso ambiental: la moda fabrica de 80 a 150 mil millones de prendas al año. Y se espera que la ropa y el calzado aumenten globalmente un 81%, a 102 millones de toneladas para 2030, de acuerdo con la Global Fashion Agenda. Las emisiones del sector subirán un 50% más, según el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas. A ello hay que sumar el deterioro ambiental que provoca ser una de las industrias más contaminantes y demandantes de recursos (agua, energía, materias primas, etc.). Con una sensibilidad medioambiental más arraigada en la sociedad, y en especial las nuevas generaciones, demostrar prácticas reales para minimizar el impacto ecológico (usando tejidos sostenibles, implementando procesos más respetuosos, eliminando tóxicos, etc.) va a ganar importancia frente al consumidor a la hora de comprar.
  4. Pensar más a largo plazo: los expertos están empezando a hablar de "post-crecimiento", es decir, repensar el modelo de consumo y producción dentro de los límites planetarios, porque estamos consumiendo y produciendo por encima de la capacidad del planeta para renovarse (1,7 tierras en recursos terrestres al año, en 2030 serán dos, y en 2050 tres). La solución pasa por producir menos y más sosteniblemente. Por eso, diseñadoras con sensibilidad medioambiental como Vivienne Westwood han ido reduciendo en los últimos años su prêt à porter: en el caso de esta diseñadora, un 37%, los bolsos un 55% y los zapatos un 58%, a la vez que integraba prácticas más responsables.
  5. Reinventar las pasarelas y las temporadas: Gucci y otras marcas pidieron "desacalorar" el calendario de la moda. El British Fashion Council y el Council of Fashion Designers of America lanzaron un mensaje sobre la necesidad de reducir la producción excesiva. También Dries Van Noten encabezó una carta con otros diseñadores y ejecutivos de moda pidiendo replantear los desfiles. Por su parte Alexander Wang, Giorgio Armani, Gucci, Michael Kors o Burberry, entre otros, van a presentar las nuevas líneas a su ritmo. Redes sociales y medios digitales se posicionan como los nuevos escaparates y pasarelas globales donde mostrar las creaciones con menos emisiones e impacto. En Londres, en junio, ya se produjo la primera pasarela completamente digital.
  6. Valorar la segunda mano: tras haber creado multitud de prendas que no se podrán vender, y con una nueva crisis económica encima, la segunda mano se perfila como una opción de moda accesible y sostenible, observando las medidas sanitarias. Por ello, si se estima que el segmento minorista más amplio de tiendas se reduzca en un 23% este año (en parte por la COVID-19), las tiendas de segunda mano online crecerán un 27%. Y en los próximos cinco años lo harán un 414%, según el informe Resale del portal americano ThredUp.
  7. Tener en cuenta la opinión de los consumidores: las marcas usan las redes sociales para detectar las verdaderas preocupaciones de los consumidores. Además, son conscientes de que la democratización de la comunicación pública se presta al activismo social. Por ello, redoblan sus esfuerzos para fidelizar al público con estrategias que exploran los microfórums, los grupos privados y las microcomunidades, para llegar de forma más directa, empática y cercana con sus mensajes y productos.
  8. Eliminar la discriminación: la muerte de George Lloyd por violencia policial durante la pandemia en Estados Unidos ha provocado un movimiento en Instagram con el hashtag #PullUpOrShutUp. Lanzado el 3 de junio, este movimiento ya ha convencido a 200 compañías (algunas de moda, como Levi’s) a ser más transparentes respecto de sus empleados de color y a comprometerse más con la justicia racial. Alcanzar la justicia racial real en las compañías de moda supone comprometerse a que esta exista y sea tangible en toda su cadena de suministro, entre los empleados de sus tiendas o almacenes, y en su dirección.
  9. Más funcionalidad: como en todas las crisis económicas, la moda tiende a crear diseños más imperecederos, ponibles, atemporales y duraderos. Además, la ropa para teletrabajar y la deportiva están en alza por la necesidad de comodidad, porque ahora socializamos menos y estamos más tiempo en casa. Además, el contexto actual aumenta en los consumidores y consumidoras un interés en la salud personal y el bienestar, tanto físico como mental.
  10. Otra forma de comprar: si de algo nos hemos dado cuenta durante el confinamiento es que lo que más hemos echado de menos no ha sido consumir, sino a los amigos, la familia o la naturaleza. Hace falta comprar con más conciencia. El Slow shopping promueve desde hace años comprar solo lo que se necesita tranquila y sosteniblemente. Por otra parte, las tiendas físicas se van a ir reduciendo a favor de las digitales.

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