Arte con las manos

Pasión por la cerámica: descubre cómo te vincula a la tierra

Caterina Roma

Modelar el barro, comer en platos hechos a mano o disfrutar de una pieza de artista nos une a la tierra y a nuestras raíces. Experiencias pacificadoras y reconfortantes que te invitamos a descubrir.

Muy poco ha cambiado la forma de crear objetos con barro del artesano, que trabaja la materia informe para convertirla en objetos bellos y duraderos.

Como en la antigüedad, la principal herramienta son las manos, que empiezan por mezclar la tierra con agua para hacer de ella un material homogéneo y maleable. La amasan durante horas con movimientos rítmicos y repetitivos, transmitiendo su fuerza y calor, hasta alcanzar la plasticidad idónea.

Sentir su textura, su firmeza y su grado de humedad permite conocer el material y concebir el resultado desde la misma percepción táctil.

1. Modelar la arcilla con tus propias manos

Muchas personas se acercan a la cerámica tan solo por la seducción hipnótica que ejerce la rueda del alfarero. Para dominar esta técnica se requiere un aprendizaje largo, pero se disfruta desde el primer día. Se aprende a centrar la arcilla en el plato y a sintonizarse con sus sensaciones.

Para crear una pieza vital, que exprese y despierte la sensibilidad, la intención –la visualización– es primordial. Y además contamos con un amplio abanico de recursos: el pellizco es el más sencillo, pero también el vaciado, los churros o las planchas.

En manos del fuego

La cerámica es el arte de la tierra, pero también del fuego: un requisito imprescindible para hacer objetos perdurables. Las largas horas en el horno transforman las propiedades de la arcilla y le infunden su carácter, con resultados a menudo imprevisibles.

Por ello, se debe estar dispuesto a aceptar lo inesperado, a liberarse de las expectativas y ampliar la mirada para ver en la pieza no solo lo que se deseaba alcanzar, sino el resultado de la vitalidad de los elementos.

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3 lugares recomendados para aprender cerámica

Aquí tienes tres propuestas para experimentar la emoción de hundir las manos en el barro y descubrir el arte de la cerámica.

  1. Taller-Escola Ceràmica Ramon Fort. En su taller de Llers (Girona), Ramon Fort lleva desde 1988 transmitiendo la vivencia de la cerámica en cursos para todos los niveles. La escuela cuenta con dormitorios para los alumnos, que comparten, como en la enseñanza más tradicional, la experiencia de aprender con un verdadero maestro bajo su mismo techo.
  2. EsceramicBisbal. Después de 40 años de experiencia, la escuela de La Bisbal d’Empordà (Girona) es en la actualidad un referente de la cerámica de nuestro país. Un centro que reúne grandes profesionales para
    enseñar el arte cerámico de calidad
    a todo aquel con inquietudes y ganas de aprender. Ofrece también cursos de otras disciplinas artísticas con el mismo rigor.
  3. Escuela de Cerámica de la Moncloa. Para adentrarse en este arte, la Escuela de Cerámica de la Moncloa (Madrid) propone talleres de libre creación, monográficos y enseñanza para espíritus más inquietos. Rodeada del precioso parque del Oeste, linda con la escuela de arte Francisco Alcántara, con cursos de ciclo medio y superior.

2. Apoyar la cerámica artesana

Los objetos hechos a mano, pensados a mano, sentidos a mano, transmiten necesariamente otra sensación que los creados en serie, masificados e impersonales. ¿Cuál es su secreto? Probablemente, que cuentan una historia, pues nacieron de las manos y la intención, y recogen la tradición de un pueblo.

Son objetos vitales, que tienen una expresión fuera del circuito de la cultura de masas, lo que permite detenerse en ellos unos segundos para contemplarlos. Deparan un respiro fuera del bullicio, un momento de intimidad con la misma tierra. La producción de la cerámica tiene un ritmo lento y paciente, no permite las prisas ni la imposición, y probablemente eso es lo que transmite en la mesa: es una llamada a la parsimonia en cada comida, a darle la importancia que se merece.

Frente a la producción a gran escala, la cerámica utilitaria hecha a mano ha pervivido en nuestra sociedad por el amor de los artesanos que siguen trabajando como se hacía hace cientos de años, con apenas cambios perceptibles. En sus talleres, crean series limitadas, personalizadas si se requiere, con lo que se puede disfrutar de piezas exclusivas con valor añadido.

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El trabajo del artesano con la arcilla

Por su naturaleza, la arcilla no permite las piezas macizas: se agrieta o explota en el horno. Siempre en formas cóncavas, en el diseño de cerámica utilitaria el centro de atención es el vacío, la creación de un espacio útil que funcione como contenedor.

Alcanzar la armonía significa integrar ambos elementos –contenedor y vacío– para crear un recipiente funcional que sea, además, bello, íntimo y agradable al tacto. El artesano crea pensando en el espacio interior tanto como en la forma, que abraza y descubre.

La arcilla es el material, pero, paradójicamente, la utilidad la proporciona el vacío. Dice el poema nº 11 del Tao-Te-Ching: "Modelando el barro se hacen los recipientes y es su espacio vacío lo que los hace útiles [...] y lo que permite que una casa pueda ser habitada".

Tan olvidada durante años, eclipsada por las prisas, la tecnología, la industria… la cerámica simboliza este vínculo con la tierra que nuestra sociedad postconsumista redescubre hoy: convivir con menos objetos, aunque perdurables, cercanos, que ganen en belleza y profundidad al envejecer, y con los que se establece una conexión personal. Es el aspecto más entrañable de la austeridad.

La irregularidad de los platos y cuencos hechos a mano en una mesa es el reflejo de la vida misma: nos recuerda que, aunque semejantes, todo ser es distinto, tiene su carácter, alejándonos de la perfección fría, inexpresiva. Y es el cuenco, esta forma austera, origen de todas las formas primitivas, el que encierra el valor más trascendente por incluir el vacío y reproducir el gesto de las manos juntas que reciben alimento.

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3 artistas que trabajan la arcilla de forma artesanal

Actualmente, hay artesanos que siguen trabajando la cerámica utilitaria, aunque jugando con nuevos elementos. Te invitamos a descubrirlos:

  1. Lola Riviere. La simplicidad puede ser elegante y la rudeza, sutil. Lola Riviere se inspira en las culturas antiguas, en piezas con texturas próximas a la naturaleza, marcadas por el paso del tiempo, con formas sencillas y desdibujadas. Su búsqueda es la del camino entre el alma de lo cotidiano y su transformación en pieza cerámica.
  2. Ivet Bazaco. La línea limpia, un solo color y diseño contemporáneo para pequeñas producciones. Ivet Bazaco personaliza las mesas de prestigiosos restaurantes con series limitadas de piezas totalmente artesanas.
  3. Caterina Roma. Caterina Roma, autora de este artículo, trabaja el barro como antaño las palabras. Siguiendo la tradición japonesa, moldea el barro que ella misma recoge en la montaña, manteniendo al máximo su carácter original para obtener un medio de expresión único y vital. Su obra tiene uno de sus máximos exponentes en los cuencos-poesía en los que se incluyen haikus, poemas japoneses de tres versos.

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3. Porcelana y cerámica japonesas

Utilitaria por definición, la cerámica japonesa es un arte mayor entre los nipones. Su belleza intrínseca es tan profunda que cada estación del año tiene sus propias piezas: porcelana blanca y fresca para los meses de estío, y piezas gruesas, rugosas y cálidas para conservar el calor de los alimentos en el frío invierno.

Son objetos únicos presentados en forma de cuencos, teteras, tazas, jarritas, reposapalillos... Diseñados artesanalmente, son elegidos cuidadosamente para equilibrar y complementar los colores y texturas de los alimentos. No hay ninguno igual.

La cerámica japonesa se basa en la sencillez

Áspera, ruda, asimétrica… con una concepción estética basada en la naturaleza, la cerámica de la tierra del sol naciente habla de la belleza mudable, incompleta, austera.

La sencillez natural es uno de los valores predominantes del ideal y de la estética japoneses, y por sus formas simples y armoniosas, la humildad del material y la estrecha vinculación con la tierra, la cerámica es una de las artes en que se expresa con más fuerza: lo más importante es el espíritu de cada objeto, y no las cualidades con que lo viste la razón.

Con un valor marcadamente táctil, es una belleza que evita la obviedad y promueve la mera contemplación, la consciencia del momento presente en el que vivimos y la serenidad interior. Todo en un cuenco de té.

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El chawan o cuenco

Pieza japonesa por excelencia, el bol para la ceremonia del té puede llegar a tener un valor incalculable. A menudo deformes, rudos y de colores oscuros, son obras de arte porque expresan vitalidad y espiritualidad como si hubieran nacido de la propia naturaleza.

El ceramista no busca la belleza en sí misma, sino que esta es una consecuencia, casi un accidente; su objetivo es la transmisión de unos valores culturales y filosóficos, que deberán expresarse mudos en el chawan, y que se saborean con el té durante la ceremonia.

La ceremonia del té

La cerámica japonesa está íntimamente unida a la ceremonia del té, que se entiende como una forma de propiciar el estado contemplativo.

Katsu Kikuchi es un ceramista conocido por sus piezas de estilo coreano pensadas para el rito del té. Su trayectoria empezó en España y su obra destila shize (naturalidad), kanso (austeridad) y seiyaku (serenidad), cualidades del budismo zen que han influido en este arte.

Kintsugi: la belleza de las cicatrices

En Japón, una grieta, una muesca o una deformidad en una pieza cerámica puede ser un valor añadido para la reflexión y la meditación.

Una vasija rota no tiene por qué ser desechada: el kintsugi permite recuperar su función y le añade valor. De la misma forma que los avatares de la vida pueden transformar positivamente a una persona, una pieza de cerámica que no esconde las vicisitudes del tiempo aún puede llegar a ser más hermosa.

Por ello, paralelamente a la concepción estética derivada de la ceremonia del té, se desarrolló en Japón un arte de la restauración. Según esta filosofía, una segunda vida se enmarca en el ciclo de reencarnaciones del budismo zen, transmitiendo a la vez sensación de ruptura y continuidad, fragilidad y resistencia, muerte y renacimiento.

3 proyectos de artesanía japonesa

Comprender la cultura japonesa es un reto para un occidental. Conocerla a través de su artesanía nos acerca a ella:

  1. Casa Asia. Centro de difusión de la cultura oriental, con sedes en Madrid y Barcelona. Ofrece talleres y actividades sobre cerámica japonesa, ikebana o la ceremonia del té, además de cursos sobre lengua y otros aspectos de su cultura. Una referencia ineludible para los amantes de Oriente.
  2. El taller de Motoko Araki. Un pequeño taller escondido en las callejuelas del casco antiguo de Barcelona. En él se puede aprender, con esta artista japonesa afincada en España, cerámica tradicional a la vez que transmite su universo conceptual.
  3. Arte-Hoy. La técnica del rakú es una de las más vistosas e imprevisible, fruto del choque térmico de la cerámica al rojo vivo. En Arte Hoy (Madrid) ofrecen la posibilidad de una primera experiencia con ella.

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