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Salud ahora
Pablo Saz
Médico naturista
Pablo Saz

Bienestar

Limpiar y ordenar ayuda a cuidarse y sentirse bien

Cuidar de la casa y de lo que nos rodea es sinónimo de cuidar de uno mismo, y quizá una de las claves de una vida saludable.

Antes de escribir estas líneas he limpiado y ordenado la habitación en la que me encuentro. De hecho, la tarea doméstica se parece a escribir un artículo. Miras lo que te rodea, buscas la armonía del conjunto, lo esencial, lo que quizá sobra, y así vas puliendo las frases o los objetos, para que aflore cierto orden, que toma cuerpo en el espacio, el ambiente y las ideas.

Me doy cuenta de que la casa y el medio no necesitan de nadie que los limpie o cambie de sitio: soy yo el que necesita aplicarse en esa tarea para encontrar mi propio equilibrio y bienestar. Mi limpieza diaria beneficiará o no a los que me rodean; lo que es seguro es de que me beneficia a mí.

Cuidar de la casa y de lo que nos rodea es sinónimo de cuidar de uno mismo y quizá una de las claves de una vida saludable. A veces nos sale la queja de que algo está sucio porque esperamos que lo limpien otros.

Sin embargo, lo importante es que cada cual, cuando sienta que algo precisa limpieza o cuidados, se ponga a ello, sobre todo si depende de sí mismo. Nos daremos cuenta de eso que ayuda a controlar la situación, y sobre todo a controlarse uno mismo.

Cuando veo polvo en la mesa, es hora de limpiarlo. Si falta papel en el baño, lo busco y lo pongo. Soy el encargado de hacer lo que se necesita hacer. La limpieza es una responsabilidad diaria, un compromiso. No hay nadie que no deba participar en limpiar. Es cuestión de modales, de buena educación. Y también de salud.

Generamos demasiada basura y educamos para que otros se encarguen de limpiarla, para que se ocupen de nuestro cuidado y salud, pero esas responsabilidades no se pueden dejar en manos de otros. Si se hace, se provoca un trabajo en cadena, una cadena de explotación, donde se suele perder la libertad y la salud.

Saber disfrutar en la limpieza del hogar

Limpiar la casa no solo higieniza el ambiente, fortalece física y psicológicamente. Lo importante es cultivar un hábito diario. Tal vez al levantarse por la mañana, dejando que entren la luz del día y el aire limpio para ventilar. Ahora bien, la limpieza nunca se acaba.

Siempre queda algo por limpiar o, apenas se acaba, algo se vuelve a ensuciar. Por ello es importante adquirir disciplina, adiestrarse en limpiar y ordenar, para que la tarea resulte fácil y se convierta en parte de nuestro disfrute y felicidad diarios.

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