Las nuevas economías alternativas

Dar y compartir para vivir mejor

Carlos Fresneda. Periodista especializado en ecología y autor de La vida simple.

En un mundo que nos desconcierta e incluso nos deja sin recursos, surgen nuevas formas de relación, cooperación e intercambio que reafirman el valor de la vida en comunidad.

Dar y colaborar eran verbos proscritos por nuestro sistema económico, que se resistía también a conjugar compartir y contribuir.

Algo cambió, sin embargo, por efecto de la crisis. Algo que coincidió con una transformación más profunda, que viene de lejos y que tiene que ver con nuestra manera de medir el bienestar personal y nuestra contribución a un planeta más saludable y sostenible.

La crisis fue una oportunidad para empezar a construir otro futuro, recuperando lo mejor de nuestros valores ancestrales, como la solidaridad y la cooperación. La palabra share ha dejado de ser un clic impersonal en las pantallas para convertirse en moneda de cuño.

Otra economía no solo es posible, sino que se abre paso desde lo local y está redefiniendo todos los aspectos de nuestra vida: del trabajo a la salud, pasando por la gestión del tiempo o las relaciones personales.

Algo está cambiando y las soluciones pasan necesariamente por una transformación desde lo personal a lo social, y viceversa; por una implicación más activa de cada cual, de forma que nuestras acciones diarias contribuyan a hacer más viables y visibles las alternativas: desde la economía colaborativa (dejamos de ser consumidores para convertirnos en contribuidores) a la gift economy (el valor de las cosas gratis), pasando por el movimiento que reclama la auténtica transición hacia las economías locales o por la economía circular, que propone “imitar el flujo incesante de la naturaleza”.

El placer de regalar

El filósofo y matemático norteamericano Charles Eisenstein, autor de Sacroeconomía: dinero, obsequio y sociedad (Evolved), nos remite al origen “sagrado” de la economía, frente a la creencia “profana” tan arraigada en nuestra sociedad: “Al contrario de lo que piensan los economistas, el dinero no se origina directamente del intercambio, sino de las gift economies (economías del obsequio). En las culturas tribales, el objetivo primordial era compartir y no competir. El dinero nace en el contexto del “espíritu del don”, como un ritual que coordina la actividad humana hacia un fin común”.

Sostiene Eisenstein que el gran problema es el actual sistema monetario, “que asocia la creación del dinero a la deuda y a los intereses, y necesita de un crecimiento constante en una sociedad de ganadores y perdedores”.

Vaticina que el futuro lo están marcando países como España, Grecia o Argentina, donde la “economía monetaria” dejó de funcionar hace tiempo. “No estoy hablando de la completa desmonetización de la sociedad, pero sí de una convivencia de la divisa nacional con monedas sociales, digitales o complementarias, con bancos de tiempo, con redes de trueque y sistemas de intercambio en unas economías necesariamente relocalizadas”, afirma.

Monedas alternativas

En la ciudad británica de Bristol, la libra local compite con la libra esterlina y es aceptada en más de 500 establecimientos como forma habitual de transacción (y de garantía de que ese dinero se quedará siempre circulando en la economía local).

El impulso a las monedas “complementarias” es uno de los pilares del Movimiento de Transición, que se despliega ya por 43 países (entre ellos, España) y empieza a dar una vibrante cosecha de cambio económico, energético y social.

Desde Totnes, al sur de Inglaterra, el espigado profesor de Permacultura Rob Hopkins sigue impulsando el movimiento a su gentil manera: “Nada está escrito en piedra, y la única convicción que nos une a los ‘transicionistas’ es esta: si esperamos que los gobiernos actúen, será demasiado tarde. Si tomamos la iniciativa en solitario, será demasiado poco. Pero si actuamos en comunidades, posiblemente será suficiente y a tiempo".

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“El sistema con el que funcionamos se encuentra en un callejón sin salida”, defiende Hopkins. “Y el problema es que no tenemos alternativas válidas sobre la mesa. En el Movimiento de Transición estamos intentando crearlas con planes de descenso del consumo energético, cooperativas de energía solar, proyectos de agricultura urbana, apoyo a las economías locales, monedas complementarias...”.

Por el bien común

¿Y si la economía funcionara por el bien de todos? ¿Y si los valores del mundo económico se alinearan de una vez con las aspiraciones de la sociedad? ¿Y si la cooperación, la confianza y la solidaridad fueran el pan de cada día?

A estas preguntas intenta responder Christian Felber desde que lanzó La economía del bien común (Deusto). La idea surgió en el corazón de la Europa “rica” (Austria) y se ha propagado por más de treinta países, con especial implantación en España y América latina.

“Nueve de cada diez ciudadanos desean otro orden económico”, asegura Felber.

“Nosotros aspiramos a maximizar el bienestar social ¿Cómo? Partimos de un sistema de economía de mercado con algunos elementos de la ‘economía del regalo’. Nuestra principal herramienta son los balances del bien común, complementarios de los financieros, que sirven para medir y avanzar hacia una mayor aportación social de la actividad económica”.

Economía circular

Producir, usar y tirar. La vieja ecuación de la economía “lineal”, la misma que ha alimentado la sociedad de consumo, está cayendo por su propio peso.

Entramos en la era de la economía “circular”, que va mucho más allá de la regla de las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar) y aspira a emular la dinámica de la naturaleza, donde no existe el concepto de residuo y todo se mueve en un flujo incesante.

“Nada se pierde, todo se transforma”. Ese es el principio que inspira a la británica Ellen Mac-Arthur, que tras dar la vuelta al mundo en un velero y fulminar el récord de navegación en solitario decidió tocar tierra con la fundación que lleva su nombre: “En el bote aprendí a aprovechar al máximo los recursos, y al regresar fui más consciente que nunca de que no podemos seguir funcionando así a largo plazo”.

Un largo centenar de grandes corporaciones, de Renault a Ikea, se ha abonado al nuevo modelo de producción, distribución y consumo.

Un sistema circular sirve ante todo para crear valor, y eso es algo irresistible para las empresas. Imagina un teléfono móvil en el que el 100% de los materiales fueran reutilizables. No solo crearíamos flujos más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, sino que estaríamos dinamizando la economía y creando una situación en la que todos saldríamos ganando”.

Economía colaborativa

Rachel Botsman y Roo Rogers escribieron en el 2009 un libro visionario, Lo mío es tuyo, que quisieron haber titulado El ascenso de la economía colaborativa. El editor se resistió porque la gente no sabía lo que era la economía colaborativa y dudaba de que se produjera tal “ascenso”.

Cinco años después, la economía colaborativa está cambiando radicalmente las reglas del juego, con gigantes como Airbnb (proporciona alojamiento con anfitriones) y Uber (contacta pasajeros con conductores) creciendo a todo tren y decenas de startups irrumpiendo en sectores tan diversos como el turismo, la movilidad, la alimentación o las finanzas.

“La crisis fue la gran aceleradora de la economía colaborativa”, asegura Botsman.

“Ha crecido en todo el mundo y mucho más rápido de lo que se pensaba. La tecnología lo está haciendo todo más participativo. El acceso y el uso están desplazando a la propiedad. Se está produciendo un giro de poder del centro hacia la periferia con la ayuda insustituible de las redes”.

El cambio cultural y social está avanzando muy rápido gracias a las nuevas tecnologías. Avanzamos hacia un modelo de colaboración en abierto en el que no solo compartiremos una casa o un coche, también un espacio de trabajo, unos conocimientos o la idea más preciada.

“Avanzamos de una sociedad de hiperconsumo a una sociedad de la contribución”, advierte el filósofo Bernard Stiegler. “Las formas habituales de intercambio dejarán paso al principio de la reciprocidad en un mundo donde habrá cada vez más actividades ‘entre pares’ y menos intermediarios”.

Para millones de jóvenes, todo esto puede sonar más bien a precariedad. Pero el también francés Antonin Léonard, cofundador de la organización OuiShare, invita a sus compañeros de generación a dar un paso al frente: “Vivimos en una época muy complicada, pero tenemos la suerte de que todo está por crear."

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