Industria limpia

Economía circular: existe otro camino

Montse Cano

Las señales de agotamiento de recursos básicos del planeta y las consecuencias ambientales de tanta sobreexplotación son cada vez más alarmantes. La alternativa es el modelo de la economía circular en el que nada se pierde: una vez utilizado, todo vuelve al circuito económico. Algunas iniciativas muestran que, aunque queda mucho por hacer, con voluntad política y social es un camino posible.

El modelo económico consumista surgido de la industrialización se basa en "producir, usar y tirar", sin tener en cuenta que vivimos en un planeta de recursos limitados. De hecho, en los últimos 50 años, nuestra huella ecológica –la superficie necesaria del planeta para producir todo lo que usamos– ha aumentado casi un 190%.

Economía circular: fabricar sin producir desechos

El concepto de economía circular, por el que apuesta la UE, viene a romper esa dinámica, de forma que todo lo que entre en la rueda de la producción pueda usarse una y otra vez sin generar desechos (o los mínimos posibles) ni desperdiciar materias primas, energía o recursos no renovables.

Los números hablan por sí mismos de la urgencia de este cambio: la UE genera 2.538 millones de toneladas de residuos (4.968 kilos por persona, según Eurostat 2016). De ellos, el 45,7% acaba en vertederos y solo el 37,8 % se recicla.

Esto sucede en un planeta que da señales de agotamiento: la Royal Society of Chemistry de Gran Bretaña, en su documento "Endangered elements", informa de los elementos químicos que están en peligro de extinción, como el neodimio, un mineral que se usa en imanes, o el tantalio, necesario para fabricar pantallas táctiles.

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Los residuos se convierten en materias primas valiosas

El reciclaje es un pilar básico y, con esta nueva visión de la economía, los residuos se convierten en un tesoro, porque, una vez reciclados, incluso pueden tener más valor que antes.

Por ejemplo, Signus (Sistema Integrado de Gestión de Neumáticos Usados) pone freno al desperdicio de los 25 millones de neumáticos que cada año se reponen en España: recoge los usados y los pone en circulación como neumáticos de ocasión y recauchutados, o separa los componentes (acero, caucho y fibra textil) y se usan en la fabricación de cemento, asfalto…

Para que el cambio de sistema sea posible se necesita la complicidad de las empresas. Por ello, otro concepto clave es el de "simbiosis industrial". Un ejemplo es el de Kalundborg (Dinamarca): desde hace 40 años empresas públicas y privadas colaboran intercambiando residuos: gas, cenizas, lodos, materia orgánica, energía…

Los residuos salen por un sitio y entran por otro para ser reaprovecharlos: las cenizas de una industria se filtran y sirven para que otra haga paneles de yeso; los residuos orgánicos de unos se convierten en fertilizante para otros. Además, 3.500 hogares y una piscifactoría se calientan con excedente de calor de una de las empresas.

El secreto es la biomímesis, imitar a la naturaleza

La economía circular va más allá del reciclaje y propone un cambio sistémico. La Gran Maestra es la Naturaleza (biomímesis), donde nada se desperdicia, todo vuelve en forma de nutriente para así volver a empezar una y otra vez.

Para la Fundación de Ellen MacArthur, una de las principales promotoras de la transición de la economía líneal a la economía circular, tres son los principios básicos:

  • Diseñar sin generar residuos ni contaminación,
  • Lograr que los productos y materiales puedan reusarse una y otra vez para mantenerlos en el ciclo productivo,
  • Que permita regenerar los sistemas naturales.

Para incluir al plástico en el circuito circular –"producto pesadilla por excelencia"–, la Fundación Ellen MacArthur ha impulsado el Pacto Europeo del Plástico, que reúne a gobiernos y empresas. Y se han puesto deberes para 2025:

  1. Lograr que todos los envases y productos de plástico de un solo uso sean reutilizables siempre que sea posible, y en todos los casos, reciclables.
  2. Reducir la necesidad de productos y envases de plástico virgen un 20%, mínimo.
  3. Aumentar la capacidad de recolección, clasificación y reciclaje de todos los plásticos de un solo uso en un 25%.
  4. Impulsar el uso de plásticos reciclados (al menos un 30%) en productos y envoltorios de plástico de un solo uso.

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La revolución comienza por el ecodiseño

El ecodiseño supone "pensar" no solo el producto, sino todo el proceso de su vida útil: se emplean materiales y envases 100% reciclables o que se composten rápidamente sin dañar el medio natural.

Por ejemplo, el envase para alimentos de Evoware está realizado con un material de algas que se disuelve sin dejar resto alguno y también se puede comer.

Otro ejemplo, la sede de Triodos Bank en los Países Bajos, que se ha construido con madera y 165.312 tornillos. Todos los materiales utilizados se han registrado y detallado al milímetro, en una especie de "pasaporte de materiales". Si la empresa necesita reubicarse o cierra, todos los componentes se pueden desmontar para volver a levantar el edificio en otro lugar o para reutilizarlos en otras construcciones, a diferencia de uno de acero y hormigón.

TheCircularLab

La tecnología aplicada al reciclaje y el diseño de nuevos envases es otro pilar. Una muestra es TheCircularLab, el centro de innovación de Ecoembes (que gestiona la recuperación y el reciclaje de envases).

La mayoría de los elementos de su sede, en Logroño, son de segunda mano: sillas realizadas con latas de refresco, boyas convertidas en lámparas…

Su objetivo consiste en contribuir a la gestión inteligente de residuos (smart waste), el desarrollo de los envases del futuro y el fortalecimiento del tejido empresarial.

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WWF: El Acuerdo Verde Europeo debe ser el eje de la recuperación tras la COVID-19

Han impulsado ya 150 proyectos, entre ellos, Reciclaje 5.0, un proyecto para que el ciudadano pueda "conectarse" a través de su móvil con contenedores informatizados y contabilizar así cuántas veces recicla.

Con ello podrá obtener recompensas y canjearlas por incentivos sostenibles. El camino a seguir empieza a verse muy claro.

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