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Joaquín Araújo

"Nos falta la ley más importante, que es el derecho de la vida a la vida"

El naturalista y escritor aborda en esta entrevista las enfermedades ambientales o el ecofeminismo.

Ana Montes

Sus 50 años como ecologista los celebra Joaquín Araújo (Madrid, 1947) plantando un nuevo libro, Laudatio Naturae, el número 109 de su producción literaria.

Precisamente porque defiende que el ecologismo es el movimiento más revolucionario de todos los tiempos propone incluir en todas las constituciones el derecho de la vida a la vida. Para este naturalista, periodista, divulgador científico y pensador esta sería la ley más importante que permitiría devolver a la Tierra la energía y los derechos que le hemos ido quitando.

La mayoría de las enfermedades son ambientales

–Usted ya no planta 1.000 árboles al año. ¿Por qué?
–Ahora planto solo 500 porque llevaba una media de un árbol por día vivido, así que pretendo mantener esa media hasta que me muera. Es un agradecimiento por lo que mucho recibido ya que yo vivo literalmente en un bosque. Los árboles son nuestro legado y los necesitamos más que nunca para luchar contra las grandes enfermedades ambientales.

–¿A qué enfermedades ambientales se refiere?
–A las que antes de pasar al hombre están en la naturaleza. Es la atmósfera la que tiene que hacer de pulmón y el agua la que tiene virus. Los estudiosos de las epidemias saben que la mayoría de las enfermedades son ambientales y se convierten en pandemias por la degradación del medio ambiente y un estilo de vida contrario a la naturaleza.

–Pero la medicina convencional sigue sin ver con buenos ojos la medicina ambiental.
–Claro, porque estamos en manos de criterios superficiales, productivistas. La ciencia a veces se separa del objeto estudiado, una contradicción. Hace un siglo no había apenas alérgicos y el porcentaje de cáncer en solo dos generaciones ha pasado del 20% al 50%.

Las grandes enfermedades emergentes tienen que ver con una sociedad que contamina mucho

–¿Y qué interpretación daría al avance de las superbacterias, la siguiente amenaza?
–Esto demuestra cómo todo abuso consigue negar lo que pretendía afirmar. Está muy bien combatir las infecciones biológicas con antibióticos pero si se convierte en norma se acaba frenándolas porque se hacen inmunes. El mayor despropósito en esta sociedad es que la mayoría de las grandes medicinas hoy están enfermas, una tragedia porque son las que tendrían que curarnos.

–¿Esto puede dificultarnos hacer frente a los efectos del cambio climático?
–Efectivamente, porque a menos que haya muchas fábricas de oxígeno (muchas algas, muchas praderas, mucha vegetación…) no pueden curarnos. Estos son los fármacos que necesitaríamos para curarnos pero están enfermos de ineficacia. La industria farmacéutica, en un ejercicio de codicia, ha conseguido enfermar a sus productos.

–Una de las apuestas es la medicina personalizada y altamente tecnificada.
–Nos venden de forma descarada un falso progreso y la artificialidad de la vida cuando ninguna tecnología nos va a salvar si no mejoran muchísimo la calidad del aire, el agua, la biodiversidad y la alimentación. Solo con comer un 10% menos de carne mejoraría nuestra salud y la del planeta. Hay que quererse más a uno mismo y reconocer que nuestro cuerpo es más eficiente que cualquier máquina.

Una civilización que se pretende no terráquea, no ligada a los procesos de la naturaleza, es un sinsentido

El ecofeminismo, inseparable del ecologismo

–¿Qué papel pueden jugar las ecofeministas en la nueva sociedad que se está dibujando?
–Crucial, porque el feminismo es inseparable del pensamiento ecológico. Pacifismo, ecologismo y feminismo no es un trío sino una unidad inseparable. Las mujeres son infinitamente más capaces de entender lo que es esencial en la vida, son más vivaces y son el núcleo angular y la medicina para nuestro planeta. El ecofeminismo es una magnífica vacuna, una gran esperanza y nuestro cordón umbilical.

–¿Qué ecofeministas están aportando más en este momento?
–Tenemos un magnífico repertorio de grandes cabezas, como Marta Tafalla, catedrática de Filosofía; Alicia Puleo; María Novo, catedrática de Educación Ambiental; Yayo Herrero… La ecología como pensamiento es lo más moderno que hay en el mundo de las ideas. Pero aunque hay grandes difusores en el mundo de la naturaleza y el feminismo, están muy ninguneados por los medios.

–Dice que el machismo es el culpable de la destrucción del medio ambiente.
–La destrucción de la naturaleza es la máxima expresión del machismo supremacista que ejerce su control sobre los que considera inferiores. Es una cosa que tiene que ver con la testosterona, la dominación y el poder. En vez de aliarse con la naturaleza que nos da la vida, se la trata de forma peyorativa.

La tierra, la huerta, las plantas… tienen género femenino y parten de lo pequeño, mientras que el suelo, el huerto o los cultivos se entienden como algo más vasto, grande y masculino

Colocar la vida en el centro

–¿Y si tuviéramos que hacer una lista para que los políticos reflotaran la sociedad?
–Está clarísima. Ahora hay que colocar a la vida en el centro de todo, por delante de la riqueza material, de la acumulación, la comodidad, la prisa, la competitividad… Eso lo están liderando las ecofeministas. Lo esencial es cambiar a la mayor velocidad el modelo energético por otro respetuoso, lento y limpio, entendiendo antes que podemos vivir con calidad consumiendo un 15-20% menos. Luego hay que fijarse en el transporte y analizar el modelo eléctrico, que no es el ideal, porque hay que tener en cuenta la contaminación que ha generado esta producción. Por eso hay que reducir nuestro consumo, y aunque reciclar está muy bien, no hay que caer en el autoengaño, ni siquiera consumiendo bajo el sello ecológico.

–¿Y entonces qué hacemos?
–La solución es la austeridad y renunciar a ser despilfarradores activos para bajar enseguida el consumo de energía. El decrecimiento es una de las formas para cambiar el modelo de acumulación por la simplicidad. Tenemos que vivir con la mentalidad de provocar el menor impacto ambiental posible para tener una vida menos enferma y menos contaminante. Para ello hay que vivificar las ciudades con urgencia y transformarlas en otra cosa muy diferente. Pero también detener la extinción masiva de la biodiversidad y recuperar la cultura rural para seguir comiendo sin destruir el agua, el aire y el suelo.

El ecologismo es más revolucionario que el marxismo

–¿Por qué el ecologismo sigue ligado a los ecologistas y no penetra aún más en la sociedad?
–Porque es muy exigente. Es la ideología más alteradora, más provocativa, más revolucionaria de la historia y la que implica cambios esenciales en la conducta de las personas. Por eso la mayoría de los ecologistas no lo son, porque el autoengaño es inseparable de la condición humana. Es más revolucionaria que el marxismo y está al nivel de las grandes tradiciones filosóficas de la historia. El ecologismo es el taoísmo o el budismo actual. Solo su formulación ya es una dificultad, y su aplicación es diez veces más difícil. Por eso no triunfa, mientras que sí ha entrado el animalismo, algo preocupante porque es parcial.

–En otros países la educación ambiental está en las escuelas pero aquí escasea.
–La educación ambiental no debe considerarse solo como una asignatura sino que hay que llevarla puesta como la piel. No hay que estudiarla sino vivirla, y debe estar en los medios, en las novelas, el cine, los debates y los programas políticos. Porque la naturaleza y el clima son la vida de la vida. Pero la Ley de Cambio Climático en España no ha salido adelante y eso que es lo más urgente que debe hacer la humanidad y este gobierno.

El derecho a la vida debe ser también para el agua, el aire…

–¿Y alguna buena noticia sobre el planeta o nuestro país?
–La pérdida de la esencia de la cultura rural es desastrosa en toda Europa pero hay paraísos vivaces. Extremadura es lo más vivaz. Tenemos cerca del 38% del país protegido con distintas figuras de protección, la más amplia red de parques naturales y reservas de la biosfera de toda Europa, y casi la mitad de la biodiversidad de toda Europa.

Tenemos más materia prima para inventar otra economía que ningún otro país europeo pero todo esto hay que defenderlo

–¿Cómo podemos defender nuestro derecho a la salud y a un planeta limpio cuando no se están respetando todas las leyes y tratados?
–Nos falta la ley más importante, que es el derecho de la vida a la vida. Debería ser el primer artículo de todas las constituciones. Para cambiar las reglas del juego habría que dar más derechos a la vida porque no es de nuestra propiedad. Aunque los seres humanos tienen derecho a la vida, para que podamos disfrutar de ella, el agua debe tener su propio derecho a la vida, el aire debe tener también derechos, y también los seres inanimados… como se pretende que empiecen a tener los animales. El derecho a la vida debe ser para todos.

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