Raimon Pla

Entrevista

Raimon Pla: "Plantas y chamanes abren espacios en nuestro interior"

La búsqueda espiritual y la pasión por la fotografía llevaron a Raimon Pla a conocer a los chamanes de la Amazonia y a las "plantas de poder" que utilizan.

Josan Ruiz

Los indígenas de la Amazonia son maestros a la hora de utilizar el inmenso laboratorio vegetal en el que viven. Su medicina se basa en las plantas, algunas con gran poder psicoactivo. Las sesiones de curación pueden incluir estados de trance en los que el paciente descubre los nudos emocionales que le bloquean.

Raimon Pla Buxó acaba de publicar un libro (Elixir de los dioses, Ed. Kairós) que reúne sus entrevistas a una veintena de estos chamanes y curanderos. Durante muchos años, realizó las fotografías de las sesiones de ejercicios y de las entrevistas que se publicaban cada mes en Cuerpomente. Pero en esta ocasión, el entrevistado es él.

Pla, que se define como "aventurero", ha viajado por todo el mundo y ha residido una larga temporada en Perú con su familia. Su búsqueda espiritual y experiencias con curanderos que utilizan las llamadas "plantas de poder" han inspirado su primer libro.

Entrevista a Raimon Pla

–Cada vez más occidentales participan en ceremonias en Sudamérica tomando plantas visionarias. ¿Qué motiva ese viaje?
–Acuden buscando una transformación interna y para ello depositan su confianza en un maestro y en un ritual. En Perú las ceremonias de ayahuasca se hacen en silencio, se toma un brebaje mientras un chamán canta ícaros, cantos sagrados con poder curativo.

"La ayahuasca permite la observación del propio mundo inconsciente."

Al ingerir esa sustancia se abre un espacio de reencuentro con uno mismo. La ayahuasca permite la observación del propio mundo inconsciente.

–¿Qué depara esa experiencia?
–Cada viaje es diferente; depende de la situación de la persona. Por encima del efecto bioquímico está la presencia del curandero, que dirige la ceremonia y conoce bien la planta. Cada maestrillo tiene su librillo.

Y la intención es la base del curanderismo. Por eso también hay que preguntarse qué intenciones tiene ese personaje en quien vamos a confiar.

"Por encima del efecto bioquímico está la presencia del curandero, que dirige la ceremonia y conoce bien la planta."

–¿El maestro y el contexto son entonces tan importantes o más que la sustancia?
–Totalmente. Hay curanderos que curan simplemente cantando. Y a veces basta una sola gota de pócima para entrar en ese proceso.

–¿Es cierto que los curanderos se consideran discípulos de las plantas?
–Sí, pues en este caso es la planta quien enseña. De niños aprendemos repitiendo lo que vemos. Con las plantas funciona a la inversa.

Cuando ingieres una planta sagrada esta te brinda una información sutil. Podría decirse que tienen llaves capaces de abrir espacios en nuestro interior.

–¿Los curanderos de Sudamérica están especializados como nuestros médicos y terapeutas?
–Claro. Las plantas de la selva amazónica ofrecen tratamientos para todo tipo de dolencias. Hay piedriceros –que trabajan con piedras– hueseros, purgueros…

Los que trabajan con la ayahuasca, el cactus de San Pedro o el tabaco, que son plantas sagradas, se centran en el cuerpo sutil. Consideran que hay cuatro cuerpos: físico, psíquico-emocional, alma y espíritu.

–¿El auge del turismo en busca de experiencias psicotrópicas ha aumentado el número de curanderos?
–Sí, y estoy bastante en desacuerdo con ese tipo de turismo. Mucha gente ha visto un negocio lucrativo en estas prácticas. Pero verdaderos curanderos, que tengan el compromiso de curar, hay pocos. Porque curar está ligado con la gracia.

–¿Qué es la curación para ti?
–Es la armonía dentro de tu ser.

–¿Más allá de lo físico?
–Por supuesto. Un deportista puede tener buena salud pero estar enfermo, por muy perfecta que sea su analítica.

Me refiero a una energía mucho más sutil, que creo o al menos siento que está dentro de nuestro cuerpo. Cuando está afinada, genera un sentimiento inefable de vida.

–¿Es preciso contar con un buen ángel de la guarda al aventurarse en estas ceremonias?
–El ángel de la guarda para mí viene a ser la presencia de la vida. Luego está la cuestión de las protecciones, pues no todos los entes espirituales que entran en juego son benignos.

Según con quién tome las sustancias, el occidental se arriesga a que le que roben su oro más preciado: la energía vital. Hay turistas que regresan año tras año porque el curandero ha puesto esa instrucción en su inconsciente.

"Según con quién tome las sustancias, el occidental se arriesga a que le que roben su oro más preciado: la energía vital."

También se da la competencia entre curanderos. Las pugnas pueden llevar a interferir a distancia en las sesiones de un rival, que ha de ser capaz de proteger a sus pacientes.

–El cactus de San Pedro depara una experiencia más «solar», a diferencia de la ayahuasca, emparentada con la luna y la noche. ¿Es así?
–Sí. Cada planta sagrada tiene su identidad, su ente. La ayahuasca implica un trabajo dual, que para mí actúa en una frecuencia del bajo astral.

Para que sea efectiva se requiere una mezcla de la propia ayahuasca, que tiene alcaloides betacarbolínicos, y de Psychotria viridis, que aporta dimetiltriptamina (DMT).

"Cada planta sagrada tiene su identidad, su ente."

La wachuma o cactus de San Pedro contiene 20 alcaloides entre los que destaca la mescalina. Es una planta sin esa dualidad, más crística, de energía más pura. La llaman así porque se dice que ayudó a San Pedro a encontrar las llaves del cielo.

–¿Es habitual vomitar durante estas experiencias?
–Sí. Muchas personas vomitan con la ayahuasca y lo pasan realmente mal en esa fase del proceso. Viene a ser como una purga energética y existencial más que digestiva. En el San Pedro también puede darse.

El vómito sucede básicamente cuando uno pierde el equilibrio. Es como caminar en una cuerda floja en un abismo. Y cuando uno no sabe andar, se cae. La purga puede ayudar a levantarse.

–Tras esa catarsis curativa, ¿cómo es el retorno a la vida corriente?
–Tomar ayahuasca a veces es como pasar una película de situaciones de tu vida en cámara rápida. Y una vez que se ha abierto esa caja de Pandora cuesta retener e integrar esas experiencias.

Si alguien toma ayahuasca un fin de semana y el lunes se va a trabajar, básicamente lo que va estar es confundido. En la Amazonia se toma en un contexto natural.

"Estamos hablando de plantas muy poderosas, con gran capacidad de sanación espiritual, pero no para usarlas en un ambiente urbano."

La planta te puede mostrar tus conflictos personales; ahora bien, sin un trabajo posterior, esa puerta fácilmente se vuelve a cerrar. Entonces la persona se siente como partida en su vida cotidiana.

Esa división crea un sufrimiento interno. Estamos hablando de plantas muy poderosas, con gran capacidad de sanación espiritual, pero no para usarlas en un ambiente urbano.

–Muchos curanderos utilizan el tabaco. ¿Cómo actúa?
–El jugo de tabaco ayuda a eliminar lastre a múltiples niveles. Las culturas precolombinas lo consideran el rey de las plantas, pues combina bien con todas. Para administrarlo se requiere un largo aprendizaje.

"Son «hombres medicina» porque llevan la medicina en su propio cuerpo."

Además de darlo en bebida, el tabaquero usa el humo para testear al paciente esparciéndolo por su cuerpo, lo que le proporciona un diagnóstico. Son «hombres medicina» porque llevan la medicina en su propio cuerpo, y el tabaco es su herramienta, como lo es el bisturí para el cirujano.

–¿En qué te ayuda el curandero?
Para mí es el acompañante. Te muestra un camino para la autocuración. Te ayuda en un proceso de transformación. Pero el verdadero maestro al final es uno mismo.

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