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Rosa Galindo

Los caballos libres nos conectan con la vida

La Fundació Miranda es un proyecto que propone respetar a los caballos, las personas y la tierra.

Rosa Galindo

Cuando era pequeña decía que de mayor quería ser actriz y granjera. Después de 20 años en el sector de las artes escénicas, se cruzaron en mi camino dos burritos y dos yeguas, y un compañero en busca de propósito vital y de proyecto.

Estas circunstancias, junto con mi amor por los animales y la naturaleza, mi curiosidad y mis ganas de aprender, fueron la chispa que inició la Fundació Miranda, mi proyecto de vida a partir de los 38 años.

Desde ese momento empezaron a llegar más caballos. Llamaban personas que no podían atender a su animal o que ya no lo querían mantener, tras años de lealtad y entrega del caballo hacia ellos. Una finca de una hectárea albergó estos primeros équidos que aparecieron en nuestras vidas.

Un vínculo de confianza, amor y gratitud con los caballos

"¿Por qué caballos?" "¿Siempre has estado con caballos?", me preguntaban. Mi tío tenía caballos y me llevaba a montar por el campo muchos fines de semana de mi niñez. Recuerdo que yo hablaba con ellos y, más allá del manejo tradicional, establecía un vínculo personal de confianza, amor y gratitud hacia esos seres que me permitían viajar sobre su dorso. ¡Era como volar!

Mis padres, siempre entusiastas con mis ideas, me enseñaron que puedes crear lo que te propones. Como en la frase de la película Campo de sueños: "Si lo construyes, ¡ellos vendrán!".

Nunca fui a clases de equitación ni seguí en contacto con el mundo del caballo, que me parecía una tiranía y esclavitud, hasta que surgió la idea de la fundación. En realidad, Miranda era el nombre de una gata rescatada de la calle, un nombre que vino a mí como símbolo de resiliencia, de lucha por la vida.

Inicio del proyecto con mente de principiante

No sabíamos nada de caballos. Esto supuso un regalo, la suerte de poder observar con mente de principiante y de escuchar lo que ellos nos iban diciendo y mostrando. Íbamos muy rápido y aprendíamos mucho y de verdad. Nuestros maestros fueron los propios caballos.

La zoóloga y etóloga equina Lucy Rees nos dijo: el caballo es gregario y claustrofóbico, necesita espacio y grupo. Esta afirmación me iluminó y, por coherencia, empezó la transformación.

En 9 años pasamos de 4 équidos a 62, y de una hectárea a más de 1000. En este camino hacia la libertad mi maestro ha sido Pierre Enoff, de EquiLibre France. Él nos ha clarificado el camino con su generosa experiencia.

Nos habíamos convertido en expertos en etología equina, hacíamos trabajo social asistido con personas en riesgo de exclusión y éramos una entidad de custodia del territorio.

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Punto de inflexión

Hace dos años, mi compañero y yo nos separamos. Llegó el momento de aprender de este dolor y de reinventarme, de empoderarme y tomar en solitario las riendas de la fundación, con agradecimiento por los años compartidos y por la energía y esfuerzo que el padre de mi hijo puso en esta idea loca, en este impulso. Él se convirtió también, por amor, en embajador de los caballos en libertad.

Los encerramos en cajas, los aislamos de sus familias, los desconectamos de su esencia y de sus necesidades más básicas. Lo que hacemos muchas veces con los caballos es lo que nos hacemos a nosotras mismas.

El camino a la libertad

El trabajo de constelaciones sistémicas con caballos libres de Ana Álvarez Crispi me dio, tras mi separación, el empujón para tomar con fuerza mi lugar en el proyecto. Ahora colaboramos.

En los dos últimos años, el proyecto ha crecido conmigo, se ha transformado y va más allá de mí. Los caballos que rescatamos y recuperamos, y que pastan en libertad en el Pirineo y en el Garraf, han empezado a limpiar los bosques y a contribuir a la prevención de incendios.

Sentir y hacer lo que los caballos necesitan en cada momento, facilitar su vida en grandes espacios naturales y en manada, ha sido y es el camino de mi propia libertad.

Aprender a soltar, que no podemos controlar la vida, que hay que moverse, bailar con lo que nos llega, aceptar y cambiar cuando es el momento, y entender que el cambio siempre es positivo aunque a veces duela, dejar que el cuerpo sienta y respire con lo que hay. Los caballos son "rompecreencias" y te mantienen en actitud de humildad.

Mi pareja actual es guía ecuestre, con los valores que comparto y que se traducen en una monta consciente, sin hierros y con vínculos de confianza. Los caballos de Cavalls Guiabosc Baridà también viven en libertad. Con él he aprendido a ser gauchita, a conectar con la naturaleza a caballo, en una unión única donde todo es uno, venciendo el combate con mi mente y actuando desde el corazón.

Hoy Fundació Miranda ha crecido mucho. No es un lugar fijo. El caballo y yo somos nómadas. Hacemos transhumancia del Pirineo hasta el mar. ¡Un viaje iniciático!

Miranda es un lugar desde donde mirar el mundo con otros ojos, tener perspectiva, compartir la felicidad de los caballos libres, su plenitud nutritiva y su fuerza, su presencia. Es una dosis de mindfulness y de atención plena en vena, que te da la alegría y la calma de vivir en el presente.

Quién soy

• Nací el 2 de junio de 1966. Soy eternamente joven de espíritu y madre de un adolescente de 13 años de origen etíope que es naturaleza pura y celebración de la vida.

• Tras una carrera feliz y exitosa en el sector del teatro musical, en el año 2000 fundé con mi socio del alma Eòlia Escuela Superior de Arte Dramático, de la que 20 años después sigo enamorada.

• Hace diez años creé Fundació Projecte Miranda, que es hoy mi propósito, al cual me entrego cada día en una lucha tenaz conmigo misma por transformar realidades hostiles desde el amor.

• Me he formado pero sobre todo he aprendido de los caballos y la naturaleza, y he elegido un camino de consciencia. Vivo en la montaña.

Fundació Miranda

Pla de l'Orri (Alt Berguedà)

www.fundaciomiranda.org

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