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¡Cambia el mundo!

8 estrategias para vivir sin plásticos

Vivir más consciente, con responsabilidad y respeto hacia el medio ambiente, pasa por tomar decisiones cotidianas. Reducir el plástico es cosa de todos.

Dolores Romano

Nuestros mares y océanos están llenos de plásticos. Los microplasticos nos invaden e incluso los encontramos acumulados en el organismo de animales, sobre todo los marinos. Este gran problema es una buena oportunidad para plantearnos en serio nuestro estilo de vida.

Qué puedes hacer

Es posible vivir con más responsabilidad y respeto, y con menos impacto sobre el planeta. Aquí te presentamos 8 maneras de conseguirlo.

1. Reducir el consumo de plásticos

Ante un escenario cercano de escasez de materias primas, de saturación de los sumideros planetarios de contaminantes y residuos –atmósfera, océanos, suelos– y de incremento de enfermedades relacionadas con la exposición a sustancias químicas tóxicas, se hace necesario reducir drásticamente el consumo de plásticos.

Debemos plantearnos a nivel individual y sobre todo a nivel colectivo cuáles son los usos esenciales del plástico a los que no podemos renunciar: ¿en medicina?, ¿en generación de energía?, o ¿en producción de alimentos?

Y luego, examinar de qué podemos prescindir fácilmente: ¿artículos de usar y tirar?, ¿bolsas, envases y embalajes? En muchos países en vías de desarrollo ya se están prohibiendo las bolsas y otros envases y artículos de usar y tirar.

2. Alejarte de los tóxicos

Es necesario reducir la exposición de la población y el medio ambiente a las sustancias tóxicas presentes en el ciclo de vida de los plásticos. Hay que restringir los polímeros (PVC, PS, PC, ABS) y los aditivos más tóxicos, garantizar el acceso a la información sobre los componentes de cada artículo y promover el diseño de plásticos sostenibles.

Como consumidores debemos ejercer nuestro derecho a ser informados y elegir los productos que se demuestren más seguros.

3. Cerrar círculos y reciclar

Hay que alargar al máximo la vida de los artículos para ralentizar la cadena de producción, consumo y gestión de residuos. Esto se consigue reparando, compartiendo, intercambiando y reutilizando ropa, envases, muebles, juguetes, electrónica... Cuando ya no nos sirven, la prioridad debe ser reutilizar y reciclar los materiales que los componen.

Es necesario poner en marcha nuevos y ambiciosos instrumentos legales, económicos y fiscales que incrementen el valor de los materiales reciclados y fomenten el reconocimiento de los artículos fabricados a partir de materiales reciclados. El uso de estos materiales abarata costes de producción, disminuye residuos (hasta cero si es posible) y evita el consumo de nuevos recursos naturales.

4. Reducir el vertido

Hay que simplemente dejar de tirar basura, ¡incluyendo colillas de cigarrillos!, al suelo, ríos, mares… e intentar recoger y limpiar la ya existente.

Hacen falta campañas de información ciudadana e infraestructuras que faciliten la recogida y gestión de los residuos contaminantes.

5. Superar la comodidad

Uno de los retos es enfrentarse a la comodidad "adictiva" del plástico: pesa poco, es higiénico, nos lo regalan… Hay un exceso de comodidad. En ese sentido, podemos crear nuevos hábitos de consumo.

Igual que ya es normal llevar encima una bolsa de tela para la compra, hay que extender esa previsión a otros ámbitos: una cantimplora para prescindir de las botellas de agua, una bolsita con cubiertos para dejarlos en el trabajo, llevar los propios envases al mercado, incluso los productos de limpieza, prescindir de productos envasados y priorizar los frescos....

Todo ello requiere un esfuerzo, pero la recompensa ecológica es elevada.

6. Dar ejemplo de forma positiva

Hacer proselitismo es necesario.

Un ejemplo: en la cafetería, pedimos un café para llevar y sacamos del bolso una taza reutilizable de bambú. Al lado, una persona pide su café y coge el vasito de plástico que le ofrecen. Podemos mostrarle nuestra taza de bambú y explicarle por qué la usamos: el 99% de los vasos de café desechables no son reciclables y cada minuto terminan en vertederos de todo el mundo más de un millón de ellos.

Puede hacerse con mil cosas: un cepillo de dientes de madera, unas bolsas de algodón especiales para la compra de verduras y frutas, etc.

7. Devolver los envases

Las botellas de bebidas no tienen por el momento una alternativa sencilla. Actualmente se recicla una pequeña proporción. Además de llevar nuestra botella de vidrio o acero y evitar las botellas de plástico siempre que sea posible, una de las soluciones más eficaces para la reducción de esta basura es la implantación de sistemas de depósito, devolución y retorno de envases. Ya existen en más de 30 regiones y países.

8. Alternativas ecológicas

Reducir el consumo es la premisa, pero en el caso de necesitar determinados productos, debemos priorizar la calidad ecológica. En este sentido, podemos buscar las empresas que proponen productos sin plásticos de materiales alternativos o reciclados 100%.

Dolores Romano es responsable de políticas de sustancias químicas de Ecologistas en Acción

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