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Cómo hacer un ramo silvestre en 6 pasos

Un ramo de flores hace más agradable cualquier rincón del hogar o la oficina. Libera tu creatividad y atrévete a usar flores y plantas silvestres.

Yvette Moya
Yvette Moya-Angeler

Periosista especializada en salud

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Elige el lugar indicado

Busca en lugares en los que la vegetación sea abundante o, mejor aun, excesiva. Si vives en una ciudad, rastrea en solares abandonados, márgenes y zonas públicas. Los desechos de poda son fantásticos para encontrar “verdes” con los que componer arreglos.

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Corta con moderación...

Corta preferentemente especies invasoras (hiedra, por ejemplo) y ramas que necesiten ser podadas. Hazlo siempre con moderación. No te lleves nunca una flor que no esté muy presente en la zona.

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... y a la hora adecuada

Corta las flores a primera hora de la mañana o por la noche: es cuando están más hidratadas, así que durarán más. Al llegar a casa, sumerge los tallos en agua en el fregadero.

 

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Usa tu creatividad para componer el ramo

Crea tu arreglo dejándote llevar. Atrévete a mezclar: flores grandes con pequeñas, cultivadas con silvestres, abiertas con otras en brote… Siéntete libre de usar frutos y bayas, hojas y hierbas.

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Cuida y disfruta de tu ramo

Retira las hojas del ramo que queden bajo el agua en el jarrón. Evitarás bacterias y prolongarás así la vida de las flores. Por la misma razón, cambia el agua a diario.

Disfruta del arreglo aunque dure pocos días. Considera la fugacidad de las flores como parte de su belleza. Cuando están marchitas y van cayendo los pétalos también tienen su encanto.

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Reutiliza, de vuelta a la naturaleza

Una vez el ramo esté seco, piensa en la posibilidad de compostar los residuos o, incluso, de sembrar las semillas.

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Ramos silvestres también en la ciudad

Usar flores y plantas silvestres es una manera de practicar un consumo responsable y sostenible.

El campo es el lugar más habitual donde encontrar los ingredientes para nuestro ramo. Pero en la ciudad también hay muchas posibilidades.

En Brooklyn o Williamsburg, barrios de moda de Nueva York, floristas de nuevo cuño como Amy Merrick (con 164.000 seguidores en su cuenta de Instagram) se fijan en las flores y plantas que crecen en solares abandonados, aparcamientos al aire libre y zonas industriales para crear arreglos de una belleza rara y sutil.

“Todo lo que podemos hacer en este triste y bello mundo es vivir a fondo nuestros valores –dice Merrick–. Digo no a las flores importadas por razones estéticas, filosóficas y medioambientales, y apuesto por flores honestas, silvestres, bellas de verdad y no de manera artificiosa.”

En Lisboa, la francesa Albane (de Kcklico) se mueve impulsada por la misma filosofía: recolecta sus materiales dando largos paseos por la naturaleza y explorando la ciudad. “No hay malas hierbas, todas las plantas tienen su belleza”, dice. “Me conmueven las rebeldes que se abren paso a través del cemento.”

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