Microbiotica revolucion verde

Microbiótica

Alíate con las bacterias: por tu salud y por el planeta

Microorganismos como bacterias y microbios no son potenciales enemigos o seres sin importancia, como se creía hasta ahora, sino que en ellos está la solución a muchos problemas de salud y del medio ambiente.

Luis Antonio Lázaro

Microbiótica es una palabra inexistente en el diccionario. Para quienes la hemos acuñado o renombrado, significa "la visión amorosa y agradecida hacia los microorganismos que nos pueblan y que somos". Y es que la vida no existiría sin ellos...

En la práctica, la microbiótica busca de forma consciente la comunicación con ese mundo invisible de los microorganismos con superpoderes regeneradores. Ellos (bacterias, microbios...) guardan las respuestas a los problemas medioambientales y de salud que padecemos en el planeta.

La batalla perdida contra las bacterias

La teoría de la evolución neodarwinista cree que la competencia es el motor de la evolución de las especies. Pero se ha demostrado que la simbiosis y ayuda mutua entre los seres vivos son en realidad las claves de la evolución. De hecho está en el origen de la vida.

Simbiosis y ayuda mutua

Lynn Margulis, la madrina de la microbiótica y probablemente la bióloga más eminente del siglo XX, demostró hace más de cuarenta años que la evolución de la bacteria procariota (sin núcleo) a la eucariota (pluricelular y con núcleo) fue un proceso de simbiosis y fusión entre bacterias que eligieron perder su vida libre para asociarse benéficamente y adaptarse mejor al medio. Durante más de 3.000 millones de años las bacterias fueron los únicos seres vivos en la Tierra.

A pesar de todo lo que sabemos sobre las bacterias, la medicina sigue el viejo patrón bacteriofóbico de Pasteur: los microbios son el origen de enfermedades, por tanto hay que temerlos y protegernos de ellos.

Hemos declarado la guerra a las bacterias: antibióticos, productos bactericidas de limpieza y de higiene, pesticidas en los alimentos… Pero las bacterias saben mucho más que nosotros sobre supervivencia. Veamos cómo lo hacen.

Aumenta la resistencia a los antibióticos

La nueva biología habla de la "transferencia horizontal de genes" como de una misteriosa internet a la cual todos los microorganismos de la Tierra tienen acceso. Cuando alguno necesita un gen para adaptarse mejor al medio lo busca en ese inimaginable banco genético y lo incorpora a su propio microbioma.

Esta puede ser la razón por la que las bacterias son capaces de adquirir tan rápidamente invulnerabilidad a los antibióticos.

La Staphylococcus aureus es una bacteria que se halla a menudo en el tracto respiratorio y en la piel. Algunas cepas de bacterias resistentes proliferan en los hospitales y causan miles de muertos cada año, porque no existen antibióticos que puedan combatirlas. Se calcula que en Europa la resistencia microbiana se cobra cada año 25.000 vidas.

Mayor riesgo de infecciones mortales

"El final de la era de los antibióticos anuncia la crisis de la medicina moderna", este es el contundente título de un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2014. Su conclusión es bien contundente: "El mundo está abocado a una era postantibióticos en la que infecciones comunes volverán a ser potencialmente mortales".

El problema es que enfermedades actualmente sin importancia podrían volverse mortales, por ejemplo una bronquitis. Las cirugías de rutina y bajo riesgo podrían ser peligrosas. Las más delicadas, como los trasplantes de órganos, podrían no ser viables.

La medicina actual a prueba

Los expertos advierten que pronto estaremos en un punto en donde todos los antibióticos fallarán, y una vez que eso suceda, será el fin de la medicina moderna como la conocemos.

Como Margaret Chan, directora general de la OMS, dijo en una conferencia en verano del 2014, "la resistencia a los antibióticos no es una amenaza futura que se contempla en el horizonte, está aquí y sus consecuencias son devastadoras".

De hecho, la resistencia a los antibióticos habrá matado a 300 millones de personas para 2050 según se estima en un informe presentado recientemente al primer ministro británico, David Cameron.

Las bacterias son seres inteligentes

No podemos perder de vista que los microrganismos tienen conciencia, vida libre, y que se comunican entre sí para tomar decisiones de consenso que les permitan adaptarse al medio y sobrevivir, comportándose como si de un solo ser se tratara.

Una muestra es son los llamados mares de ardora, que se producen en diferentes puntos de la Tierra. Trillones de bacterias deciden iluminarse a la vez durante unos días, por ejemplo, frente a las costas de Somalia, donde los satélites han podido fotografiar la luz que despiden en una superficie similar a la de Andalucía.

Esta luz les sirve a las bacterias para atraer a los peces que se las comerán. Así vivirán en el paraíso de los intestinos de sus anfitriones, donde se reproducen para luego volver al océano. Es una prueba de que en los microorganismos anida una increíble inteligencia, una inteligencia que podemos poner de nuestra parte.

La revolución microbiótica: colaborar con las bacterias

La guerra contra las bacterias nos ha llevado a un callejón sin salida. Nos equivocamos. Hace falta modificar nuestra relación con los microorganismos. Y podemos empezar por aquellos que viven en nuestro cuerpo y sin los que no podríamos sobrevivir.

Por cada célula de nuestro cuerpo albergamos 10 bacterias y 1.000 virus. Todos ellos cumplen funciones de intercambio benéfico con nuestro organismo. Solo en el intestino tenemos más de 100 billones de bacterias, pertenecientes a cientos o miles de especies diferentes. Y cada una de ellas tiene vida libre, aunque en conjunto forman un órgano: la microbiota intestinal, que pesa más de un kilo y medio.

Cómo nos ayudan las bacterias

La microbiota intestinal es, junto con el hígado, el órgano más grande del cuerpo y el único que no es humano.

Gracias a la microbiota sana podemos asimilar nutrientes y prevenir todo tipo de trastornos, como los alérgicos y los autoinmunes, las infecciones, la obesidad, la diabetes, algunos tipos de cáncer, la depresión y otras alteraciones psicológicas o del comportamiento.

Sin embargo, tenemos la microbiota muy castigada por culpa de los alimentos tóxicos que ingerimos y que la destruyen, además de por todos los contaminantes ambientales que nos invaden a diario. Y si la microbiota está desequilibrada, los parásitos patógenos y los agentes tóxicos no se eliminan y encuentran vía libre hasta provocar todo tipo de enfermedades.

La urgencia de reducir el uso de antibióticos y pesticidas

En estudios llevados a cabo recientemente, tanto en la Unión Europea como en los Estados Unidos, se ha demostrado que la mayoría de los genes resistentes lo son principalmente frente a los antibióticos procedentes de carne animal e incluso de vegetales tratados con herbicidas.

La evidencia de que el exceso de antibióticos, consumidos con o sin prescripción médica, es un mal endémico es tan obvio que nos parece sorprendente que ninguna autoridad sanitaria se atreva a decir la verdad.

¿Dónde está la culpa? ¿En la automedicación de la ciudadanía, provocada por la industria farmacéutica al vender los antibióticos sin receta? ¿En la excesiva prescripción médica de antibióticos para dolencias que no los requieren?

¿O lo está en el empleo de plaguicidas en la agricultura industrial y transgénica que operan como antibióticos y contaminan los alimentos que nos comemos? ¿En los antibióticos suministrados al ganado estabulado que luego se comen (o se beben con la leche) las personas?

Por dónde empezar

A la hora de buscar soluciones lo primero sería no consumir antibióticos innecesariamente, pero tampoco alimentos contaminados ni productos de higiene personal, cosmética y limpieza doméstica que los incluyen en su composición como un ingrediente más (por ejemplo, el triclosán que se halla en desodorantes, detergentes o pastas de dientes).

En segundo lugar, es necesario recuperar la microbiota intestinal mediante la "nutrición simbiótica", que incluye alimentos fermentados, probióticos y prebióticos a la vez.

Esta dieta se puede reforzar con suplementos alimenticios probióticos, que lleven muchas bacterias conocidas por su capacidad regeneradora. Poco a poco podemos equilibrar y sanar nuestro microbioma.

Las bacterias en la medicina del futuro

Científicos de todo el mundo están a su vez identificando bacterias con propiedades para prevenir o corregir la inflamación y, por tanto, para tratar casi cualquier enfermedad.

La familia clostridial de microbios –a la que paradógicamente pertenece la Clostridium difficile, que puede causar infecciones intestinales agudas y potencialmente mortales– se ha revelado como decisiva para mantener el sistema inmunitario sano y las paredes intestinales en buen estado. De esta manera se evita la llegada a la sangre de sustancias tóxicas que generan trastornos en órganos alejados.

Faecalibacterium prausnitzii protege contra la inflamación intestinal, según investigaciones realizadas con animales. Estas podrían dar lugar a tratamientos para la enfermedad de Crohn y muchas otras.

Los trasplantes de heces –se inoculan mediante sonda– ya se practican con éxito en personas con colitis ulcerosa, aunque por ahora no siempre están desprovistos de efectos secundarios.

Son prometedores ante problemas como la artritis reumatoide, la depresión, el autismo, la obesidad, la diabetes e incluso el cáncer. Y ya se están comercializando cápsulas depuradas para tomarlas por vía oral.

Salvar la tierra es el siguiente paso

Los microorganismos formarán parte de las terapias del siglo XXI. Pero la revolución microbiótica se extiende a todos los aspectos de la vida. Además de en la nutrición y la medicina, la alianza con las bacterias ofrece soluciones a problemas tan graves como la contaminación con productos químicos o con radioactividad.

En esta dirección pueden resultar de ayuda los llamados microorganismos eficientes. Con este término bautizó el ingeniero japonés Teruo Higa a un conjunto de 15 especies de bacterias, hongos y levaduras con capacidad para regenerar, limpiar y vitalizar la tierra.

Entre estos microorganismos se encuentran las bacterias lácticas propias de alimentos fermentados como el yogur o la chucrut, levaduras como la Saccharomyces cerevisiae y bacterias fotosintéticas como Rhodopseudomonas palustris y Rhodopseudomonas sphaeroides.

Existen muchas iniciativas para regenerar la salud del agua, el aire y la tierra con microorganismos beneficiosos que están surgiendo desde la base social, desde la buena gente anónima que lucha por su dignidad y autonomía.

Ejemplos de iniciativas que ya aplican la microbiótica

Sabemos, por ejemplo, que un agricultor de Fukushima (Japón) recurrió al tratamiento de la tierra con microorganismos y consiguió el permiso para vender sus naranjas porque quedaron libres de radioactividad. ¡Las bacterias pudieron con la radioactividad, nada menos!

O que pueblos de Galicia, Bizkaia y Murcia los utilizan para limpiar los lodos de los ríos.

Los productos elaborados con los microorganismos eficientes o beneficiosos se están convirtiendo asimismo en los protagonistas de muchas aplicaciones microbióticas:

Por ejemplo, para descontaminar los ríos se echan en ellos bolas de arcilla (EM-dango) donde se han cultivado los microorganismos. Estas bolas no son un producto industrial, sino que pueden ser elaboradas por los niños en las escuelas, tal como se ha hecho en Concello de Oroso (La Coruña), en el marco de una actividad de educación ambiental.

El colombiano Jairo Restrepo, activista de la agricultura regenerativa, propone ir a buscar a los bosques naturales los microorganismos que se cultivarán y se utilizarán para fertilizar los terrenos agrícolas. "Con la semilla de los microorganismos nativos de un bosque refundamos la vida que ha sido destruida en tierras cultivadas y alimentamos la esperanza de acercarnos a la reconstrucción de un tejido biológicamente indivisible e indispensable para una vida saludable", escribe Restrepo.

Otra forma de hacer las cosas está en marcha y promete cambiarnos la vida, haciéndola más sabia y armónica con el entorno.

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