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¿Vermicompostamos?

Cómo preparar humus de lombriz para tu huerto

Puedes hacer tú mismo abono orgánico de gran calidad de un modo sencillo y discreto, en balcones y terrazas.

Claudina Navarro

Hacer compost con lombrices permite aprovechar los restos orgánicos de la cocina y obtener un fertilizante de primera calidad. Es ideal para los balcones y las terrazas en la ciudad, donde no es posible elaborar una pila de compost directamente sobre la tierra. Pero sobre todo el vermicompostador es una manera de conocer y participar en los procesos de la vida.

A la hora de convertir los residuos orgánicos del hogar en un abono vegetal de gran calidad el obstáculo más difícil de superar es el reparo instintivo a trabajar con gusanos, por muy indispensables que resulten para la fertilidad de la tierra.

Un pequeño mueble de plástico o de madera puede acoger unos cuantos miles de lombrices de California, que transforman los desechos orgánicos de la cocina y de las plantas en un fertilizante ecológico extraordinario. No hay que temer que las lombrices escapen –huyen de la luz– ni produzcan olores. Al contrario, el vermicompostador resulta muy limpio y cómodo.

En qué consiste

El vermicompostador más común consta de varias bandejas o cajones agujereados y superpuestos. La base dispone de un grifo, para recoger el líquido que se desprende, y todo el mueble suele estar elevado sobre unas patas.

Si se es aficionado al bricolaje se puede construir con madera, pero en tiendas especializadas y en internet hay una amplia oferta de modelos con diferentes materiales, formas y tamaños.

Una vez se cuenta con el vermicompostador harán falta las lombrices, que también se hallan en comercios especializados. Lo habitual es empezar con un paquete de unas mil –en números redondos– lombrices rojas de California (Eisenia fetida).

Lo primero que hay que hacer es prepararles la cama en la primera bandeja, que queda por encima de la base con el grifo. En esta bandeja se dispone un trozo de saco de rafia, que hará de filtro, y encima se esparce fibra de coco (suele venderse en forma de pastilla seca y prensada que hay que rehidratar).

Cerca de los laterales de la bandeja –el centro se deja libre– se entierran en la fibra de coco los primeros 250 gramos de alimento: desechos vegetales de la cocina. Los alimentos muy ácidos como naranjas o limones no les atraen. En cambio, los restos de plátanos o fresas les encantan.

Se pueden añadir pequeñas cantidades de papel o cartón mojados, así como restos de plantas y flores. No hay que darles nunca carne o pescado, ni restos de comidas preparadas con salsas.

De bandeja a bandeja

Después de poner la primera comida se echan las lombrices, que se esconderán rápidamente para evitar la luz. Cuando la primera bandeja esté procesada, es decir, llena de humus hasta tocar la bandeja superior, se deja de alimentar la primera bandeja y se pone los vegetales solo en la segunda.

Entonces las lombrices se desplazarán hacia ella. Se procede de la misma manera con la tercera y cuando está llena es el momento de recoger el humus de la primera que, una vez vacía, pasará al puesto superior.

Puede quedar alguna lombriz en esta primera bandeja, pero si no se quiere retirar con las manos, se puede quitar el trozo de rafia y dejarla sin tapa.

La luz hará que las lombrices se refugien en una bandeja inferior. El humus recogido se guarda en un saco de rafia, en un lugar oscuro, seco y ventilado. El tiempo que pasa entre el estreno del vermicompostador y la extracción de la primera bandeja oscila entre 2 y 10 meses, en función de la cantidad de lombrices, el tamaño de las bandejas, la alimentación y la temperatura.

Humedad y temperatura

Para que las lombrices vivan a gusto es necesario que su medio presente un 70% de humedad. Normalmente es suficiente con la que aportan los alimentos, pero si el material se desmenuza con facilidad significa que falta agua.

Entonces hay que regar moderadamente –antes hay que abrir el grifo inferior y poner un cubo para recoger el líquido acumulado–. En cambio, si se aprieta el humus y aflora líquido es señal de que sobra humedad.

En este caso se deben dejar de aportar restos frescos y poner más hojas secas y cartón troceado. En cuanto a la temperatura, el rango ideal se sitúa entre los 15 y los 25 ºC, aunque las lombrices trabajan entre 4 y 35 ºC.

Elaborar el propio humus de lombriz no ofrece dificultades y las plantas y el medio ambiente lo agradecen.

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Algunos consejos

  1. El vermicompostador: existen modelos en plástico reciclado o madera, con diferente número de bandejas. Es necesario colocarlo en un lugar a salvo del sol directo, la lluvia y el viento. Si las lombrices se alimentan correctamente, el vermicompostador no desprende olores ni atrae insectos.
  2. Abono líquido: una vez a la semana se abre el grifo para recoger el líquido oscuro que se acumula en la cubeta inferior. Es un abono ideal para plantas de interior y exterior (para ello se diluye una parte en tres de agua). Contribuye a equilibrar el suelo, lo que previene la aparición y el crecimiento de plagas.
  3. Humus de lombriz: se recoge de las bandejas. Es de color negro y posee una textura esponjosa que se deshace en las manos. Hay que guardarlo en un saco y esperar entre 15 y 30 días antes de usarlo. Es un abono muy rico en nutrientes que sirve para reforzar las plantas, sobre todo en primavera y otoño.

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