En el aire de casa

Los microplásticos podrían favorecer la resistencia a los antibióticos

Un estudio vincula la presencia de microplásticos en el polvo doméstico con un aumento de la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos.

Mayra Paterson
Mayra Paterson

Periodista y traductora especializada en salud, bienestar y alimentación natural

El plástico que tiramos o que utilizamos en numerosos objetos cotidianos desprende diminutas partículas que contaminan el medio ambiente y que pueden pasar al cuerpo humano. Se han detectado tanto en el aire del cielo como en el agua que bebemos, sea agua de grifo o agua embotellada, y también en alimentos como la sal de mesa, el pescado o incluso algunas frutas y hortalizas que comemos.

Estos microplásticos tienen consecuencias perjudiciales para la salud humana y de los animales. Se sabe que muchos actúan como disruptores endocrinos y también que pueden favorecer la inflamación cerebral y arterial. Una consecuencia poco conocida todavía, pero sobre la que empieza a haber algunos estudios es también su vinculación con el aumento de bacterias resistentes a los antibióticos.

Algunas investigaciones habían comprobado que en los lodos de las centrales depuradoras de agua la acumulación de microplásticos favorece la mayor presencia de bacterias con genes que mejoran su resistencia a los antibióticos. Un estudio aún más reciente de la Universidad de Nakai (China), publicado en Environmental Science & Technology, ha apuntado a que ese efecto podría estar ocurriendo también en los propios hogares, por la presencia de micropartículas de plástico en el polvo doméstico.

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A las superbacterias les gusta el plástico

El aumento de la resistencia a los antibióticos es uno de los grandes retos de la medicina actual. Cada vez hay más bacterias que se muestran resistentes a una amplia gama de antibióticos. Se las conoce como superbacterias.

Hasta ahora se había apuntado como causa principal de ese aumento al consumo excesivo de antibióticos, tanto por la sobremedicación como por su uso en los animales de granja. También se había señalado que los restos de antibiótico excretados a través de la orina y las heces cuando nos medicamos llegan a las plantas de depuración de aguas residuales urbanas y después al medio ambiente, favoreciendo la generación de resistencias en las bacterias de nuestro entorno en medios acuáticos.

Sin embargo, lo que algunos científicos señalan es que la omnipresencia de micropartículas de plástico en el medio ambiente también podría desempeñar su papel. En los lodos de las depuradoras se ha visto que la presencia de genes resistentes a los antibióticos en las bacterias aumenta donde se acumulan los microplásticos.

Más bacterias resistentes en los microplásticos de aguas residuales

Un estudio de la Universidad de Rice (Texas), publicado en Journal of Hazardous Materials en junio de 2021, comprobó este fenómeno en las partículas de poliestireno, un plástico de uso muy habitual. Según los investigadores, estos microplásticos no solo acumulan contaminantes y microbios, sino que ofrecen un ambiente de lo más acogedor para el material genético flotante que proporciona a las bacterias el don de resistir a los antibióticos.

Este material genético flotante se transmite entre bacterias gracias a un fenómeno que se conoce como transferencia genética horizontal y que favorece la diseminación de las resistencias a los antibióticos, volviéndonos a los seres humanos más vulnerables a la hora de combatir las infecciones.

Además, los investigadores apuntaron que los compuestos químicos que liberan estos microplásticos a medida que se degrada favorecen esa transmisión genética horizontal.

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También en los microplásticos del polvo doméstico

Unos meses más tarde los investigadores de Nakai, liderados por Lei Wang, quisieron comprobar si este fenómeno podría producirse en el interior de los edificios, donde también se acumulan cada vez más microplásticos.

Para ello, analizaron el polvo doméstico de diez hogares en los que encontraron hasta 21 tipos de microplásticos. Entre ellos, el poliéster y el nailon fueron los dos microplásticos más habituales. También analizaron las colonias de bacterias presentes en ese polvo acumulado y detectaron en ellas hasta 18 genes relacionados con una mayor resistencia a los antibióticos.

Las colonias de bacterias en el polvo doméstico contaminado con microplásticos diferían de las del polvo doméstico libre de microplásticos, y en ellas se detectaron más genes asociados a la resistencia a los antibióticos.

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Menos alfombras y más aspiradora

Se cree que la mayoría de microplásticos que se acumulan en casa proceden de la degradación de plásticos presentes en el propio hogar: en envoltorios y recipientes de comida, alfombras, prendas de ropa, cepillos de dientes... que se van degradando y soltando partículas.

Así lo afirman los autores de un estudio llevado a cabo por la Universidad Macquarie de Sidney (Australia), que además alertan de que los más expuestos a estos microplásticos en el hogar son los niños pequeños, pues al pasar más tiempo por el suelo y llevarse más veces las manos a la boca los inhalan e ingieren en mayor cantidad.

Los investigadores de este otro estudio tomaron 32 muestras de polvo doméstico en hogares australianos y comprobaron que el 39% de las partículas depositadas en el polvo eran de fibras derivadas del petróleo. Este porcentaje aumentaba significativamente en los suelos alfombrados frente a los suelos desnudos. El uso frecuente del aspirador, por el contrario, ayudaba a disminuirlo.

Menos plástico en casa

Otra forma de reducir la presencia de microplásticos en el hogar sería evitar el plástico en la medida de lo posible, desde el plástico de los objetos de uso cotidiano que metemos en casa (en la cocina, para la higiene personal, muebles...) al plástico de la ropa sintética con la que nos vestimos y el de los textiles del hogar como cortinas o alfombras sintéticas.

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