Bio no es caro

Productos no ecológicos: lo barato le sale caro al planeta

Yvette Moya
Yvette Moya-Angeler

Periosista especializada en salud

Al elegir alimentos ecológicos pagamos un poco más pero ahorramos en salud y costes ambientales. Lo que parece un precio extra es toda una inversión.

Una serie de razones explican por qué los alimentos industrializados y convencionales nos salen en España más baratos en el punto de venta (si no tenemos en cuenta los costes posteriores ambientales y en salud):

  • El uso de fertilizantes y pesticidas permite una producción un 10-20% superior a la ecológica, aunque el resultado son alimentos menos nutritivos.
  • El mercado europeo de alimentos está controlado por unos pocos distribuidores que consiguen bajar los precios.
  • La agricultura convencional cuenta con subvenciones directas y para comprar semillas, fertilizantes y piensos. En cambio el agricultor ecológico paga para certificar su producción, incluso varias veces en el caso de los elaborados.
  • Los productos convencionales no asumen los gastos sanitarios y ambientales relacionados con su producción. En la Unión Europea gastamos de 157.000 a 270.000 millones de euros al año para tratar los problemas sanitarios causados por los disruptores endocrinos que forman parte de la composición de los pesticidas, según un informe coordinado por el doctor Leo Trasande, de la Universidad de Nueva York.

Comprar ecológico es la mejor apuesta

Un camaleón se pasea por uno de los árboles de aguacate que Félix Gutiérrez cultiva en la Costa Tropical de Granada. El reptil, protegido por ley ante su retroceso en el litoral mediterráneo, alarga una lengua larga y pegajosa y atrapa un insecto.

En la plantación de Félix hay insectos. Y esto es porque sus aguacates, mangos y chirimoyas biológicos crecen sin la ayuda de insecticidas. A los productores ecológicos les gusta preservar la naturaleza. Como suele decir Félix: "Dime cómo cultivas y te diré quién eres".

  • La mejor apuesta. De los consumidores ecológicos se puede decir otro tanto respecto a su forma de comprar. Cuando alguien adquiera los aguacates de Félix –y solo podrá hacerlo en temporada– estará ayudando a los camaleones de la costa granadina, al simpático y esforzado Félix, al planeta en general y a su propio organismo, que agradecerá un alimento crecido conforme a la sabiduría de la naturaleza.
  • A la hora de pagar. El precio que abonará podrá, tal vez, ser algo superior al de otros aguacates que crecen sin camaleones, pero eso es porque todavía demasiado a menudo dañar la naturaleza sale gratis.

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Los costes ocultos de la producción no ecológica

¿Qué ocurriría si los productos convencionales reflejaran en su precio los costes medioambientales que lleva asociada su producción, como la pérdida de biodiversidad, la degradación de la tierra, el agotamiento del agua y las altas emisiones de gases de efecto invernadero?

Se trata de costes que no suelen contabilizarse, como reconoce la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en su documento de 2018 El futuro de la alimentación y la agricultura. Vías alternativas hasta 2050. Sin embargo, son costes, al fin y al cabo, y acabamos pagándolos muy caros, ya que no solo repercuten en nuestros impuestos sino también en nuestra salud y en la del planeta.

  • Seguir así es insostenible. Seguir actuando como siempre ya no es una opción, avisa la FAO. Los sistemas agrícolas y alimentarios que consumen grandes recursos no son sostenibles.
  • Se produce un agravio comparativo. Por otro lado, la agricultura convencional recibe subvenciones, a diferencia de la ecológica, y eso condiciona el precio final de sus productos, que resultan más competitivos. Si se retiraran esas ayudas económicas o si se concedieran también a la agricultura ecológica, los precios finales variarían.
  • El certificado. Por último, la agricultura ecológica paga por obtener un certificado con el que asegurar al consumidor que ha respetado todas las normas establecidas por un consejo regulador. La agricultura convencional, sin embargo, no ha de demostrar nada.

¿Bio o de proximidad? El certificado suscita debate. Algunos productores creen que el que se concede ahora es de mínimos, pues no considera la proximidad, entre otras cosas. "Que en España se vendan en primavera peras ecológicas de la Patagonia para mí no es ecológico", opina Marta Iraizoz, que vende alimentos ecológicos en Mas Jalech, en Balenyà (Barcelona). "El certificado ahora mismo ayuda a que entre producción que viene de demasiado lejos para considerarse ecológica".

Tímidamente, van llegando cambios. La nueva legislación europea sobre agricultura ecológica, que se espera que entre en vigor el 1 de enero de 2022, permitirá a los grupos de consumo que tengan mucha confianza en un productor, o cuyo productor esté vinculado al grupo, no certificar sus alimentos.

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¿Qué precio le ponemos a nuestra salud y la de la Tiera?

El sector ecológico tiene claro que para incidir a escala global ha de trabajar en el ámbito local. "Hay que apoyar a los campesinos y a quienes quieren dedicarse a la agricultura ecológica", sostiene Marta. "Faltan tierras para cultivar. Hoy sale más a cuenta poner una placa solar."

Hay que dedicar esfuerzos a educar a la población sobre la temporalidad de los alimentos o sobre la imposibilidad de comparar el precio de un alimento ecológico con el de otro que no lo es. "No son el mismo alimento porque su calidad y la manera en que se han producido son distintas", resume Marta. "Yo no quiero el alimento convencional. Priorizo mi salud y la de la Tierra".

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