Entrevista a Gabriella Bianco

"Un parto traumático afecta a la salud mental perinatal de madre e hijo"

La psicóloga perinatal Gabriella Bianco ha introducido nuevas propuestas de prevención y promoción de la salud mental perinatal basadas en la salutogénesis. Su objetivo es reducir drásticamente la necesidad de atención terapéutica tras el parto.

Isabel F. del Castillo

Gabriella Bianco

"Un parto o un nacimiento traumáticos pueden llegar a marcar nuestra experiencia vital para siempre, como cualquier trauma provocado por mano de otro ser humano, si queda desatendido o no elaborado", asegura la especialista en Psicología Perinatal y de la Mujer Gabriella Bianco.

Es una de las socias fundadoras de la Asociación Española de Psicología Perinatal, que fomenta el desarrollo de esta especialidad de la psicología centrada en los aspectos psico-afectivos relacionados con la concepción, el embarazo, el parto, el postparto y la crianza temprana.

¿Por qué era necesaria la creación de esta asociación?

La Asociación Española de Psicología Perinatal es fruto del encuentro, con división y colaboración de un grupo de psicólogas pertenecientes a escuelas teóricas distintas, unidas en el activismo por un parto y nacimiento respetados en el seno de la Asociación El Parto Es Nuestro.

La AEPP nació en 2012 como proyecto pionero en España desde el deseo de difundir y desarrollar esta rama de la psicología, con una mirada especialmente dirigida a la promoción de la salud mental perinatal y con especial hincapié en la perspectiva de género.

Al mismo tiempo, sentimos la necesidad de construir una red de profesionales que tuvieran la posibilidad de formarse según la última evidencia científica en la prevención e intervención psicológica en torno a la etapa perinatal.

Te dedicas a la terapia psicológica y a la atención al trauma (principalmente obstétrico) pero también trabajas con grupos de madres, tanto de crecimiento como terapéuticos...

Sí. Como psicóloga con orientación clínica defiendo la importancia de reconocer a tiempo y con rigor la presencia de psicopatología para poder planificar y llevar a cabo una intervención psicoterapéutica eficaz. Sin embargo, tras un tiempo dedicada a la atención psicológica en torno a la maternidad, me costaba cada vez más aceptar que mi tarea profesional se limitaría a “reparar mujeres-madres rotas”.

La maternidad es una etapa más del ciclo vital femenino y el parto un evento de la vida sexual de la mujer. ¡La naturaleza de la maternidad es salud! No podía seguir aceptando tanta presencia de psicopatología y malestar en mujeres recién paridas o embarazadas.

Por eso retomé mis viejos apuntes de salutogénesis, para implementar nuevas propuestas de prevención y promoción de la salud mental perinatal desde un enfoque grupal, con la intención de reducir drásticamente la necesidad de atención terapéutica. Y las mujeres, en grupo, potencian al máximo sus recursos... ¡crecen y sanan!

¿Qué es la salutogénesis?

Se trata de un paradigma que estudia el origen de la salud (al contrario de la patogénesis, que estudia el origen y evolución de la enfermedad). Su objetivo es encontrar, promover y potenciar los factores que apoyan la salud y el bienestar de la persona.

El concepto fue introducido por el Dr. Antonovsky en la segunda mitad del siglo XX y aplicado por primera vez al área de la salud perinatal por la comadrona e investigadora Verena Schmid, quien apoyó mi proyecto desde su concepción y de quien sigo aprendiendo con inspiración.

¿Crees que las madres con depresión posparto u otros trastornos psicológicos reciben la ayuda que necesitan?

Siento que se está creando cada vez más sensibilidad en torno a esta problemática y ciertamente se empieza a reconocer la importancia de una buena salud de la díada madre-bebé desde la concepción hasta aproximadamente el año de vida del bebé para cuidar la salud futura de la humanidad.

Recientemente han surgido iniciativas interesantes y proyectos valiosos, dirigidos a la atención de la salud mental perinatal. No obstante, sigue siendo imprescindible insistir en la formación específica de todas las figuras profesionales que atienden la salud de la mujer y perinatal, tanto en ámbito clínico como psicosocial y comunitario.

¿A qué atribuyes el sufrimiento psíquico de tantas mujeres tras ser madre o incluso durante el embarazo? ¿Cómo se podría prevenir en lo posible?

La maternidad ha enfermado desde que empezamos a querer controlarla, medirla y estandarizarla. Hemos transformando el parto y el nacimiento en actos puramente médicos, tecnológicos y despersonificados, donde la mujer y la criatura se tornan objetos de la intervención y dejan de ser protagonistas del milagro de la creación.

Todo ello trae sufrimiento, miedo y fragilidad, exactamente lo contrario a lo que la fisiología prevé para este momento. Para crear salud es imprescindible volver a restablecer condiciones que permitan a la mujer ser dueña de su profunda sabiduría, confiar en su cuerpo y en la criatura, estar bien informada para poder decidir de manera responsable, a la vez es necesario que toda la sociedad (re)aprenda a respetar y confiar en la fuerza de la vida.

¿Crees que el sistema de atención al parto actual genera trauma en las madres?

Como psicóloga perinatal experta en trauma he sido y sigo siendo testigo del sufrimiento de las madres a consecuencia de una atención al parto poco respetuosa (o incluso violenta), que no tiene en cuenta las necesidades psicológicas y emocionales de la madre y del bebé en un momento tan trascendente y de alta sensibilidad.

¿Cómo crees que influye ese trauma en el vínculo con la criatura a largo plazo y en la vivencia de la maternidad?

Un parto y/o nacimiento traumáticos pueden llegar a marcar nuestra experiencia vital para siempre, como cualquier trauma provocado por mano de otro ser humano, si queda desatendido o no elaborado.

Tanto los estudios más recientes como la experiencia clínica nos confirman que el trauma en el parto/nacimiento suele tener serias consecuencias en la salud mental (perinatal) de madre y criatura.

El miedo y la ruptura de la confianza que suceden al impacto traumático van a incidir en el comienzo de una nueva etapa vital (para ambos, madre y bebé) para la cual nuestra fisiología había previsto una etapa de fortaleza, vigor y superación.

Una maternidad vulnerada, cuando el vínculo prenatal con el bebé fue suficientemente fuerte y cuando es posible una pronta restauración de los instintos básicos y el fluir del amor, puede lograr transformarse en una fuerza que supera la fragilidad y el dolor, aunque el precio a pagar para la diada no es irrelevante.

Por otro lado, hay que remarcar que recuperarse después de un trauma en torno al parto/nacimiento requiere unas condiciones, contexto, tiempos, espacios y el momento adecuados, así como un acompañamiento profesional especializado. Y nunca es lineal. Y la reparación, a veces, puede tardar o no ocurrir.

Eres italiana, has estudiado en Alemania y vives en España, ¿cómo ves la situación de la mujer en los diferentes sistemas sanitarios? ¿Consideras que hay patrones comunes en todos ellos?

El sistema sanitario italiano es parecido al español. En términos de atención a la maternidad se ha podido conseguir recientemente (en algunas regiones italianas) el reembolso del parto en casa, si la mujer lo elige. El modelo sanitario alemán permite y subvenciona la libre elección del lugar del parto (hospital, casa de parto o domicilio), aunque las políticas ejercidas por parte de los seguros de responsabilidad civil están amenazando cada vez más la libre profesión de las matronas (limitando así la libertad de elección de la mujer).

Y si miramos más allá del modelo sanitario de cada país veremos que el problema ya no es la maternidad, sino la instrumentalización que ha hecho la medicina patriarcal de la salud de la mujer, en todas sus facetas. El reto consiste en recuperar la experiencia de una salud (perinatal) femenina plena, para así poderla comprender y vivir de forma libre y responsable.

Desde el punto de vista de la psicología, tanto a lo que se refiere a la madre como al bebé, ¿cómo ves la gestación subrogada?

Como psicóloga me preocupa muy especialmente la (futura) salud mental de las criaturas, entre otros asuntos esperpénticos relacionados a la subrogación (consecuencias para la futura salud sexual, reproductiva y mental de las mujeres involucradas, explotación del cuerpo femenino, manipulación del deseo y del sentimiento de sororidad, mercantilización y tráfico de seres humanos creados de forma artificial y aséptica, problemas éticos en la medicina de la reproducción asistida, etc.).

Hoy en día tenemos suficiente evidencia científica para comprender la gran importancia de la vida intrauterina y del vínculo prenatal, del nacimiento fisiológico, de la lactancia y del vínculo afectivo con la madre como primera figura de apego para la futura salud mental, relacional y afectiva del ser humano.

En la gestación subrogada se viola cada una de estas evidencias con plena irresponsabilidad. Me horroriza pensar en la desesperación de estas criaturas a la hora de buscar sus raíces y construir sus identidades psíquicas dentro de una o dos décadas, en sesiones de psicoterapia de las que emergerán dificultades nunca antes imaginadas…

Y también desde el punto de vista psíquico, ¿cómo ves las custodias compartidas en edades tempranísimas, como se están concediendo ahora?

Es un ejemplo más de cómo nuestra sociedad y su sistema jurídico anteponen los intereses del adulto a las necesidades (psico)fisiológicas de las criaturas. El vínculo de apego que garantiza la base de un desarrollo psicológico saludable puede realizarse por parte del bebé –al principio– con una sola persona cuidadora.

Esta suele ser la madre con la cual, posiblemente, ya se estableció un vínculo afectivo en la etapa prenatal, por lo que durante la primera infancia es ella quien representa para la criatura la base afectiva segura.

Desde el punto de vista psíquico y con una baja maternal tan exigua, ¿qué piensas de los permisos iguales e intransferibles?

Es la continuación de la fractura psicoafectiva causada por la separación forzosa de la díada madre-bebé en pos de una –supuesta y demasiado a menudo interesada– “igualdad”. ¿Cómo hemos llegado a conceder una ampliación de la baja paternal a padres que nunca la lucharon y, a la vez, a seguir ignorando durante 30 años la lucha de las madres que exigen su ampliación para alcanzar al menos los seis meses de lactancia materna y cuidados exclusivos?

¿Habrá una voluntad claramente política que penaliza por sistema el gozo y el placer femeninos siempre y cuando no estén al servicio del consumo y del placer masculino, además de ignorar completamente los derechos de los bebés?

¿Qué les dirías a los políticos en relación con las políticas sociales relacionadas con la maternidad y la primera infancia?

Sospecho que dentro de estos movimientos de reivindicación del desapego y desprestigio de los cuidados hay mucho de experiencia propia relacionada con las etapas tempranas de la maternidad, el impacto de la atención obstétrica y la externalización de los cuidados desde los primeros meses de vida.

Conectar con las propias heridas y repararlas tal vez sea una vía para resignificar la maternidad desde unas políticas genuinamente feministas y ecológicas, que garanticen una sociedad futura más saludable y sostenible.

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