Razones para la esperanza

Recupera tu alegría cada día

Francesc Miralles

Hay momentos en la vida en los que la alegría es difícil de encontrar. Sin embargo está en tus manos buscar el camino para convertirla en compañera de viaje y no dejarla escapar.

Aunque todos nacemos con esta emoción, nuestro día a día va destruyendo la alegría, sobre todo cuando se atraviesan circunstancias tan duras como la actuales, en plena pandemia del COVID-19. ¿Podemos recuperarla? Sí, es un músculo que puede entrenarse. No se trata de estar siempre feliz, sino de alejar los boicoteadores de la alegría, activar sus "disparadores" y estar abiertos a vivir las cosas que realmente dan sentido a la vida.

Si observamos a un bebé, a no ser que le duela algo, lo encontraremos sonriendo y admirando su entorno, la misma actitud que tienen los animales cuando juegan en contacto con la naturaleza.

Todo es motivo de celebración y alegría. Afirmaba Mario Satz, experto en risoterapia, que "ríe más un bebé que un niño, un niño que un joven, un joven que un adulto, un adulto que un viejo".

Perdemos la alegría de manera inconsciente

¿Por qué con el paso de los años vamos enterrando nuestra fuente original de emociones que hace sentir bien a nuestro cerebro, a nuestro cuerpo?

Básicamente porque no somos conscientes de hasta qué punto los boicoteadores de la alegría dominan nuestra vida. Son tareas, trabajos y rutinas que realizamos por pura inercia, sin plantearnos si hay otra manera más vibrante y genuina de vivir.

Boicoteadores de nuestra alegría

No menos importantes son los boicoteadores de nuestra alegría, personas que no nos aportan bienestar, optimismo ni sabiduría, pero que seguimos tratando en lugar de buscar compañías más luminosas y que nos llenen.

Nos boicotean, asimismo, las agendas llenas de compromisos que asumimos porque "hay que estar" o porque tememos estar a solas. Y también el tiempo libre basado en la "distracción" en vez de en la "inspiración".

En esa primera y deprimente categoría entrarían actividades que "ocupan" el tiempo pero no lo llenan de sentido, como ver la televisión porque sí o navegar hasta el tedio por las redes sociales.

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El enemigo interior

Lo peor de estos aniquiladores de la alegría es que a menudo no somos conscientes del papel que tienen en nuestro clima emocional. Y aún es más difícil identificar al "enemigo en casa", cuando es nuestra propia forma de pensar la que procesa la realidad en clave negativa.

En este sentido, es muy útil el método expuesto por Byron Katie en su libro Amar lo que es (Urano). Tras sufrir una larga depresión, se acabó dando cuenta de que lo que destruía su capacidad de disfrutar de la vida no era lo que le ocurría sino sus reacciones ante el mundo.

Cómo limpiar la mente

Para clarificarlo, Katie diseñó "The Work", un ejercicio sencillo y eficaz para limpiar la mente de nubarrones. Cada vez que te sientas triste, angustiado o estresado, escribe en un papel aquellos pensamientos que te provocan ese malestar.

El origen de tu dolor está en alguna idea de tu mente, y puede ser identificada y diseccionada para transformarla. Para lograrlo, hay cuatro preguntas fundamentales, según Katie:

  • ¿Eso que piensas es verdad? (Si la respuesta es no, hay que pasar directamente a la tercera pregunta).
  • ¿Puedes absolutamente saber que eso es verdad? (sí o no).
  • ¿Cómo reaccionas cuando crees en ese pensamiento?
  • ¿Quién serías sin ese pensamiento?

Si yo cambio, todo cambia

La respuesta a la cuarta pregunta es la clave de la liberación. La alegría es un don con el que nacemos, como un cristal transparente que deja pasar los rayos del sol: cuando no veamos "la luz al final del pozo" lo primero es limpiar ese cristal –nuestra forma de mirar el mundo– de las adherencias que ha fijado el paso del tiempo, nuestras interpretaciones sobre lo que sucede, nuestros pronósticos sobre lo malo que podría ocurrir, sobre lo que los demás –tal vez– piensan de nosotros…

Si nos desprendemos de todo esto, la luz volverá a entrar y podremos ver el mundo de una manera distinta. Como decía Balzac: "Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia".

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La alegría nos espera

Expuestos como estamos a un bombardeo constante de crispación y malas noticias por parte de los medios, a veces puede parecer difícil recuperar la alegría de los niños, pero sigue allí, esperándonos, y es tan abundante que la encontramos en todas partes.

Verla y absorberla es cuestión de práctica. Y podemos empezar por un ejercicio tan simple como hacer un "greatest hits" de las cosas sencillas que sabemos que nos procuran alegría.

Lista de satisfacciones

El escritor Bertolt Brecht redactó una lista con las satisfacciones que aportaban alegría a su vida cotidiana: la primera mirada por la ventana al despertarse, el viejo libro vuelto a encontrar, rostros entusiasmados, nieve, el cambio de las estaciones, el periódico, el perro, ducharse, nadar, música antigua, zapatos cómodos, comprender música nueva, escribir, plantar, viajar, cantar, ser amable…

Al elaborar nuestra lista tonificamos el músculo de la alegría, ya que al reconocer las cosas que nos permiten disfrutar de la existencia, las valoramos aún más y buscaremos repetirlas, con lo que nuestra fuente interior no hará más que llenarse.

Luz entre las tinieblas

Especialmente en las fases de adversidad o tristeza, recordar momentos en los que nos hemos sentido plenos y dichosos arroja luz sobre las sombras, ya que nos devuelve a un tiempo en el que teníamos el cristal más limpio y recordaremos que tenemos la capacidad de volver a crear esa mirada que un día tuvimos.

Un caso emotivo es el de Steve Jobs. Antes de morir deseó celebrar con su esposa el veinte aniversario de su boda en el mismo hotel y habitación donde se habían casado, en el Ahwahnee Lodge del parque nacional Yosemite.

Tras regresar a aquella habitación, Jobs salió y dejó a su esposa una caja llena de fotos de la boda y la siguiente nota: "Hace veinte años, no sabíamos mucho el uno del otro. Nos guio la intuición; tú me hiciste volar. Cuando nos casamos en el Ahwahnee, nevaba. Han pasado los años, han venido los niños y hemos pasado épocas buenas y épocas duras, pero nunca épocas malas. El amor y el respeto han perdurado y han crecido (…). Ahora conocemos buena parte de la alegría, del sufrimiento y las maravillas de la vida y aún estamos aquí juntos. Mis pies nunca han vuelto a tocar el suelo".

Celebrar la vida en cada momento

El fundador de Apple fue consciente de la belleza de su vida justo cuando esta se estaba extinguiendo, pero no necesitamos estar tan cerca de la muerte para ser conscientes de las maravillas que nos rodean.

Celebremos la vida ahora, pues nadie puede asegurar que podrá estar en el mundo un día más. El secreto es no esperar otra felicidad que la que nos procura el momento y aprender a compartirla con las personas adecuadas. De hecho, si nos rodeamos de compañeros de vida positivos y joviales, abriremos el paso al buen tiempo en nuestro corazón.

Sembradores de alegría

La clave es saber elegir. Hay personas que siembran dudas y pesimismo, mientras que otras siembran buenas sensaciones. ¿Cómo reconocer a los "sembradores de alegría"?

Con toda probabilidad, presentarán algunas de estas características: saben escuchar sin emitir juicios gratuitos y formulan las preguntas adecuadas para ahondar en el tema, ya que tienen un interés sincero por la persona que tienen delante.

Su forma de vivir es un ejemplo motivador que invita a hacer las cosas mejor, con más consciencia. Al compartir espacio con estas personas, nos sentimos inmediatamente mejor, más optimistas y dispuestos para la acción, nos regalan un plus de vitalidad. Su sentido del humor nos ayuda a relativizar los problemas y a no quedarnos atrapados en circuitos mentales negativos.

Un estudio revelador

Cuando nos rodeamos de personas con estos atributos, la alegría se convierte en un deporte de equipo.

En este sentido, un estudio sobre la felicidad compartida, desarrollado por las univesidades de Harvard y San Diego por los doctores Nicholas Christakis y James Fowler, concluyó que quien tiene un buen amigo a menos de una milla (1,6 km) de su casa aumenta en un 25% la probabilidad de ser feliz respecto a aquellos cuyas amistades viven mucho más lejos; los gemelos disfrutan, de media, un 14% más de felicidad que el resto de la población; y las personas con pareja estable superan de promedio en un 8% el nivel de felicidad de los que viven solos.

La suma de las pequeñas alegrías

Hablamos de porcentajes de felicidad como la suma de las pequeñas alegrías que van marcando nuestro pulso vital. Saber que hay personas por las que merece la pena vivir nos procura alegría, así como tener cosas que hacer que valgan la pena, porque nos dan placer, nos permiten desarrollarnos como personas y ser útiles al mundo.

El solo hecho de poder estar aquí debería ser, por sí mismo, un motivo de alegría, aunque es algo que solo acostumbramos a recordar después de los entierros…

Celebremos, pues, como merece el regalo de cada nuevo día, porque, como el bebé que estalla en carcajadas o el cachorro que juega en la naturaleza, cada instante es una oportunidad única de entrenar el músculo de la alegría, cada instante del mundo es la escuela abierta de la alegría.

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