Escucha interior

Conéctate con el silencio: sentirás sus beneficios

Sergi Ramis

La ausencia de sonidos, empezando por los que genera uno mismo, puede ser la puerta a un mundo de una profundidad inaudita, repleto de significados.

Lo que más me impresionó fue el silencio. Era un silencio inmenso, distinto a cualquiera que hubiese conocido en la Tierra, tan vasto y profundo que empecé a oír mi propio cuerpo: los latidos de mi corazón, las pulsaciones de mis vasos sanguíneos, e incluso parecían audibles los leves frotes de mis músculos moviéndose unos sobre otros.

"Son palabras del cosmonauta soviético Aleksei Leonov recogidas en el magnífico libroEl planeta Tierra, en el que astronautas de todas las nacionalidades describen sus sensaciones en el espacio. Además de recordar la belleza y la fragilidad del mundo que habitamos, la mayoría de ellos reflexionan sobre la falta de ruido.

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Silencio: ¡quiero escuchar!

El ruido nos invade. Está presente en cada momento de nuestra vida. Las máquinas, que tan imprescindibles se nos han hecho, emiten sonidos para levantar o derribar edificios, para barrer las calles, para señalar que "damos paso a la publicidad", para indicarnos que acabamos de recibir un mensaje, para comunicarnos que un vecino está colgando un cuadro, que hay un mitin en el barrio, que un conductor tiene un potente equipo de música en su coche… El estruendo se asocia a diversión; el silencio, a aburrimiento.

Tal vez el silencio como expresión absoluta no exista. Porque ya hemos visto que incluso en el vacío del espacio exterior un astronauta describe sonidos. Y eso sin hacer mención a la compleja tecnología que lo envuelve.

Pero cuando hablamos de silencio estamos en realidad reclamando escuchar nuestra respiración, relacionarnos con los sonidos que nos reconfortan porque nos conectan a la naturaleza: el agua corriendo de un río, el canto de las aves, el silbido del viento entre las hojas de los árboles.

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El silencio permite que sucedan cosas extraordinarias

Cuentan que los astronautas soviéticos se poníangrabaciones de fenómenos naturales: cantos de aves, la lluvia, el viento…Necesitabanbatallar contra el verdadero silencio recurriendo al de los sonidos del planeta que nos acoge.

Y es que asociamos el silencio con el bienestar. En una consulta médica, en un hospital, se reclama silencio. En un cine, un teatro, una representación musical es intolerable que se produzcan sonidos ajenos a los que realmente queremos escuchar. Los creadores necesitan silencio para inspirarse y después escribir, pintar, esculpir.

Un requisito para profundizar

Desde antiguo, las grandes creencias místicas han ido a la búsqueda del silencio. Este se convierte en un requisito para el aprendiz de chamán, y también en la vida religiosa, tanto si es un ermitaño como si se vive en comunidad.

Buda, Jesús y Mahoma escogieron largos retiros de silencio, los dos últimos en el desierto. Quien se ha adentrado en ese espacio geográfico habla de que es lo más parecido a la ausencia total de ruido. Aunque, nuevamente, volvemos a escuchar el viento, los granos de arena volando y depositándose sobre el suelo, el chillido de una rapaz surcando el cielo.

El desierto y el silencio en buena medida ponen a prueba nuestra capacidad de estar solos. Sin tener que verbalizar cada una de las sensaciones que experimentamos, absorbiéndolas, interiorizándolas.

Es el mismo hechizo de quien descubre el viaje a pie. Al terminarlo, está imbuido de una magia que no sabe explicar. Tras reflexionar, muchos llegarán a la conclusión de que es la ausencia de ruido, tener tiempo para charlar con uno mismo, revisar las decisiones importantes de la vida –las que ya se han tomado y las que están por solventar– lo que hace tan especial ese tipo de desplazamiento.

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Una cura de silencio

Héroes en busca de silencio

¿Por qué tantos grandes exploradores y viajeros han elegido partir en solitario? Necesitaban estar con ellos mismos, empaparse de sensaciones sin necesidad de verbalizarlas. En definitiva, estar en silencio la mayor parte del tiempo posible.

Reinhold Messner, tal vez el más audaz escalador que hayan dado los tiempos, el primero en ascender las catorce cimas que superan los ocho mil metros en nuestro planeta; Richard Byrd, que en 1934 permaneció un invierno completo en el interior de la Antártida viviendo solo en una cabaña; Robin Knox-Johnston, el primer humano que circunnavegó la Tierra en solitario con un velero, sin detenerse en ningún puerto.

Son solo tres nombres, pero la historia está repleta de ellos. En entrevistas y libros, lo que más destacan de sus hazañas es la presencia del silencio.

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Un silencio inspirador

Indispensable para el equilibrio emocional y mental

Conseguir un tiempo de silencio permite escuchar nuestra propia voz, acallada por innumerables ruidos. Si la mente se calma a su vez, será más fácil apreciar y resolver las diferentes situaciones que vivimos.

En el entorno mediterráneo, donde es tan común estar arropado por la familia y los amigos, a menudo se confunde la decisión de estar solo con la soledad. Pero el equilibrio emocional e intelectivo requiere momentos íntimos en los que "no oír nada".

Cada silencio es distinto

En la literatura, tal vez Henry David Thoreau fue uno de los pioneros, marchándose a sus adorados bosques de Walden para tener una experiencia total con la naturaleza. Sus escritos están repletos de loas al silencio experimentado.

La intelectual británica Sara Maitland, compañera de piso de Bill Clinton en su época de estudiantes y colaboradora del cineasta Stanley Kubrick, estuvo ingresada en un hospital mental en varias ocasiones y se ha convertido en una exploradora del silencio.

Explica sus motivaciones en el sorprendente libroViaje al silencio. Señala en uno de sus muchos párrafos subrayables: "La variedad es amplísima, incluso en el plano físico. Los archivos radiofónicos de la BBC conservan grabaciones que recogenuna notable gama de silencios:'silencio de la noche en una calle de la ciudad', 'silencio de la mañana: amanecer en los South Downs', 'silencio matinal: un páramo en invierno', 'silencio, sala de estar', 'garaje', 'gran vestíbulo', 'búnker de cemento', 'playa', y así sucesivamente.

Muchos profesionales de la radio prefieren salir a grabar su propia versión del silencio para un determinado programa. Esto sucede, en parte, porque el silencio nunca es total, al menos en nuestro planeta, pero también porque estos diferentes silencios tienen distintas connotaciones emocionales".

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El silencio de las personas

La introspección, el silencio de las personas, ha sido asociada en nuestra cultura, desde tiempo atrás, a locos, raros y solitarios. En Oriente, en cambio, se han hecho elogios a esa actitud, desde Lao Tsé a los clásicos indios: "Cuando hables, procura que tus palabras sean mejor que el silencio".

La ausencia de ruido asusta, creemos que nos aísla. Con frecuencia caminamos por la calle con auriculares y pendientes del silbido cibernético de un falso pájaro que indica que alguien desea comunicarse con nosotros. Muchas personas no respetan el silencio propio y tampoco el de los demás.

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Una oportunidad para el sosiego y la conexión

Pero quizá lo que es necesario recuperar no sea la falta total de sonido, sino aquellos sonidos que nos dicen algo de verdad: el chirrido de los vencejos dando por sentado que el buen tiempo ha llegado para quedarse; el silbido del afilador anunciando su paso por el barrio; las campanadas de una iglesia cercana informando de un suceso social (alegre repiqueteo o fúnebre volteo).

La naturaleza entera nos habla a través de sus sonidos y sus silencios. Pero el verdadero silencio –que es lo opuesto al mutismo– siempre nos enriquece. Es una gran ceremonia que aporta sosiego interior y, como consecuencia, dignidad a nuestros actos.

¿Qué buscamos cuando madrugamos para llegar a un sitio a contemplar el amanecer? ¿De qué hablamos cuando decimos que necesitamos un buen rato en la bañera para desconectar? ¿Qué mensaje escarbamos cuando nos desplazamos a lugares remotos y fríos a vivir una aurora boreal?

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Pon más silencio en tu vida

Tal vez no nos demos cuenta de que estamos a la búsqueda del silencio. Necesitamos recuperar el diálogo con nosotros mismos, que es lo que el ruido nos ha arrebatado.

El silencio dilata el tiempo, así que con las interferencias auditivas también perdemos ritmo de vida.

Busca tus momentos de silencio

Podemos ejercitar el silencio. De la misma manera que consideramos que el entendimiento con nuestra pareja o amigos es óptimo cuando los silencios son cómodos y no violentos, podemos buscar ratos de silencio para nosotros mismos. Entrenarlo de la misma manera que animamos a nuestros músculos a trabajar, o a nuestro cerebro a recordar conocimientos adquiridos.

En un mundo presidido por el ruido, podemos "citarnos" con el silencio una o varias veces a la semana, hacerlo como quien va al gimnasio y no dejarnos vencer por la pereza de combatir el estruendo que nos envuelve.

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