Reforma horaria

Objetivo: horarios más acordes a nuestros ritmos biológicos

Ana Montes

Pronto retrasaremos los relojes y volverá a surgir el debate sobre qué horario nos conviene más. Pero hay otra reforma horaria pendiente que es seguramente más urgente abordar.

Con la industrialización empezó la cuenta atrás para ir monetizando cada minuto de nuestra vida. Y esta monetización del tiempo personal hoy se ha superespecializado con las jornadas laborales cronometradas al segundo y la explotación del tiempo que pasamos en las redes sociales.

La reforma horaria, un paso para recuperar nuestro tiempo

La falta de tiempo que sufrimos atañe y acucia a toda la sociedad, que sufre cada vez más estrés por exceso de trabajo, falta de tiempo y cansancio. Nuestros ritmos biológicos están desincronizados y esto repercute en la salud mental y física.

En España se trabaja 300 horas más al año que en Alemania, y 200 horas más que en Holanda. Llegamos más tarde a casa, tenemos que hacer acrobacias para sacar tiempo de ocio y nos vamos a dormir a destiempo, porque el prime time o punta de audiencia en España es a las 22.50 horas.

¿Se llegará algún día a armonizar los hábitos de instituciones y organizaciones con nuestras necesidades biológicas? Parece utópico, pero ya hay quienes han empezado a trabajar en este sentido y, aunque falta mucho todavía, ahora estamos un poco más cerca de ese objetivo que hace unos años.

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Horarios más sensatos y sanos

Sin ir más lejos, en marzo de este año el gobierno de Cataluña firmó un protocolo para activar la "Red de Ciudades y Pueblos para la Reforma Horaria" y fomentar unos horarios más racionales y saludables, equiparables a los de los países de la Unión Europea. Con esto daba un paso más desde que en 2017 firmara el Pacto por la Reforma Horaria.

Esta iniciativa ciudadana pretende impulsar cambios horarios para sincronizar nuestros hábitos con el resto del mundo y avanzar hacia un ritmo más ordenado. Esto nos daría más libertad a la hora de gestionar nuestro tiempo, con sus evidentes ventajas para nuestra salud y calidad de vida.

Una reforma de este tipo debería ir acompañada de un cambio de mentalidad. De momento, se ha puesto 2025 como meta para el cambio, por lo que para que cuaje empresas, servicios, administraciones, comunidad educativa y ciudadanos deberían empezar a sincronizarse.

Nosotros también podemos empezar ahora si aprendemos a priorizar y a prescindir de lo que nos quita tiempo libre para regenerarnos.

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La reforma horaria y sus beneficios

Si alguien empieza a agobiarse por tener menos tiempo para trabajar, la buena noticia es que esta reforma horaria puede incrementar nuestro rendimiento laboral hasta un 30%, según Fabián Mohedano, uno de los impulsores.

Por ello se estudia compactar la jornada laboral y activar las buenas prácticas de horarios en las empresas, de manera que se reconozcan como un valor añadido igual que hoy lo es el comercio justo. También se plantea fomentar una franja horaria de compra responsable en los comercios para que sus trabajadores puedan asimismo disponer de su tiempo libre.

Todo ello puede devolvernos el valor de nuestro tiempo personal y reconocer el de los demás.

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Los ladrones de tiempo seguirán siendo una amenaza

La reforma horaria puede resultar un hito, pero existen otros ladrones de tiempo. Muchas empresas de servicios, como los bancos o las aerolíneas, nos van robando minutos a costa de prescindir de empleados: el consumidor se convierte en "mano de obra" barata para hacer transferencias bancarias, facturar, atender, cobrar en la línea de venta, informarse…

También nos quitan tiempo libre cada vez que hacemos una compra online o presencial. Y Google y redes sociales como Facebook monetizan su gratuidad con el tiempo que nos retienen en las pantallas. Convierten nuestro tiempo y nuestros datos en dinero usando tácticas adictivas.

Ahora bien, aunque el sistema está preparado para enseñarnos a gestionar esa sensación de pérdida de tiempo y el intenso volumen de actividad, somos nosotros los que debemos poner en cintura a quienes nos roban tiempo.

Tiempo, dinero y poder: una vieja historia

Hace 150 años, con la industrialización, cambió nuestra percepción del tiempo. A partir de entonces se volvió obligatorio aprender a leer el reloj y se empezó a valorar la puntualidad como una cualidad positiva.

Pero fueron el matrimonio Gilbreth y su obsesión por que se utilizara el tiempo responsablemente en distintas industrias, como la del jabón y el armamento, los que implantaron en el mundo la secuenciación de distintas fases del trabajo. Su objetivo era agilizar la producción y hacerla más eficiente.

El tiempo se fue convirtiéndo así en un producto cada vez más monetizable, en fuente de riqueza y poder, y se abrieron nuevas líneas de negocio como la comida rápida. Todo esto se explica magistralmente en el documental Ladrones de tiempo dirigido por Cosima Dannoritzer, responsable de otro magnífico documental sobre obsolescencia programada, Comprar, tirar, comprar.

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Más tiempo para vivir

Hoy la optimización del tiempo se ha convertido casi en religión haciendo que la gente viva la pérdida de tiempo con culpa. La procrastinación, la tendencia a aplazar una tarea, se ha convertido en algo negativo.

Pero cuando nos falta tiempo, no estamos bien. Vamos cada vez más deprisa, tenemos más enfermedades coronarias, ayudamos menos a los demás, descuidamos nuestras relaciones personales, dejamos de valorar el silencio, la contemplación, la poesía, el amor, la cocina… todo lo que no tiene valor productivo, pero que alimenta nuestro espíritu y nos corresponde.

Incluso nos sentimos culpables por no estar trabajando cuando nos sobra algo de tiempo. El burn-out, el trabajador quemado, se ha llevado al extremo en Japón, donde el kairoshi (muerte por exceso de trabajo) se ha cobrado ya más de 10.000 vidas.

Como se dice en Ladrones de tiempo, Kronos ha usurpado a Kairós ese tiempo indeterminado en la filosofía griega en el que algo importante sucede, porque hoy día nos falta tiempo para vivir.

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