Entrevista a Claudio Naranjo

"El mundo actual debe integrar mente, emociones e instinto"

David Barba

La crisis actual no es solo económica. En La mente patriarcal (RBA), sostiene que la crisis global de nuestra civilización debe dar paso a valores espirituales.

Pionero de la psicología transpersonal, referente indiscutible de la Gestalt, psiquiatra y autor prolífico, Claudio Naranjo fue discípulo de maestros como Fritz Perls o Swami Muktananda y se convirtió en figura clave de la integración entre la psicología occidental y las tradiciones espirituales de oriente.

Hoy, nos advierte del peligro de buscar la felicidad por el camino del éxito y la subordinación al lucro.

En La mente patriarcal, Claudio Naranjo analiza y desmonta los cimientos de nuestra sociedad patriarcal. Según el autor, la exaltación desequilibrada de algunos rasgos masculinos como la competitividad, la agresividad y el predominio del intelecto sobre la afectividad solidaria son los principales factores que amenazan con destruirnos.

- ¿Cómo podemos dejar atrás la presente oscuridad?
- Con paciencia. San Juan de la cruz escribió Noche oscura como un manual para aprendices, para que supieran que la oscuridad solo es una etapa del camino. Dice Fritjof Capra [físico austriaco] que, en este tiempo crucial, la primera y más importante transición tal vez se deba a la caída del patriarcado. En el declive, la oscuridad se vuelve insoportable y solo nos queda la fe en que la oscuridad siempre precede a la iluminación.

- Entonces, ¿hay esperanza?
- Edgar Morin [filósofo francés] me comentó una vez que un factor favorable para que la civilización se salve es, paradójicamente,“ el gran peligro” al que ese enfrenta... El mejor camino hacia la transformación del mundo es un cambio en la educación. Solo una educación basada en el autoconocimiento y en el amor podrá alumbrar a seres humanos más conscientes.

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- Parece difícil en un mundo lleno de cinismo y competitividad...
- La buena noticia es que nos estamos dando cuenta de que el problema es la civilización patriarcal. Durante miles de años la hemos ensalzado, pero ahora se nos ha tornado peligrosamente obsoleta. Así que, para dejar atrás esta crisis, deberemos poner en tela de juicio el concepto de civilización. Además, las diversas neurosis que aquejan a las personas no son más que respuestas adaptativas ante las agresiones de la sociedad patriarcal: los males del mundo son los males del alma, de manera que el autoritarismo, el espíritu gregario, la explotación, la avaricia, la corrupción... son una amplificación social de nuestros conflictos interiores.

- ¿Vivimos en una civilización inconsciente de su locura?
- Lo que consideramos nuestra condición civilizada es una barbarie mayor que la de aquellos a quienes llamamos bárbaros.

"Exaltamos el progreso científico y tecnológico, pero ¿y si juzgáramos nuestra civilización de acuerdo a cualidades como la benevolencia, la capacidad de convivir pacíficamente o la apertura a la dimensión espiritual de la vida?"

- ¿Qué podemos hacer para cambiar nuestra civilización?
- En Cambiar la educación para cambiar el mundo defendí que la educación debería ser un espacio para el desarrollo de personas completas y armoniosas en vez de estar consagrada a la instrucción. Así, les roba tanto a los educadores como a los educandos la oportunidad de sanar, evolucionar y descubrir una vida verdadera. Pero no podemos crear una educación nueva si los formadores se centran en inculcar información y no desarrollan competencias para formar a seres humanos.

- Su propuesta para la educación consiste en explorar una virtud sin moralismos. ¿Es posible?
- El moralismo es secretamente inmoral: menosprecia para dominar y, además, se convierte en enfermedad cuando lo volvemos contra nosotros mismos. En cambio, la condición virtuosa es aquella en la que los actos resultan buenos porque uno está bien. Y para estar bien, necesitamos integrar los tres amores: el eros y el gozo, la ternura y la compasión, y la devoción del amor admirativo. Estos tres amores corresponden a nuestros tres cerebros o centros: la cura para los males del alma y del mundo consiste en integrar mente, emoción e instinto.

- Su fórmula posee otro ingrediente: el factor neutralizante.
- La educación en el amor tiene que acompañarse de una educación en el desapego, que es ese factor neutralizante. Así, evitaremos que uno de los tres centros tiranice a los otros. Existe una tiranía del instinto, del falso amor y de la falsa devoción. Todas las formas de amor pueden degradarse. Y esto lo observamos en el mundo: apego al placer, bondad fingida, respeto compulsivo… son modos de vida en los que escasean la felicidad, la compasión y el sentido de lo sagrado.

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- Ante esta degradación, ¿cómo acceder al verdadero amor?
- Deshaciendo nuestras mentiras. Hay una falsa devoción a los ideales: el patriotismo, por ejemplo, es una especie de obligatoriedad cultural; y la mercantilización del sexo: si hubiera libertad sexual, no existiría la pornografía. En realidad, la intensidad sexual no lleva muy lejos: el eros es más satisfactorio cuando se combina con la devoción y nos enamoramos.

- Tampoco solemos amarnos a nosotros mismos...
- El egoísmo no tiene nada que ver con el amor a uno mismo, sino que es un parche para tapar el vacío de no sentir la propia existencia. Ni siquiera nos aceptamos. Dice Lao Tsé que cuando la armonía natural se perdió, surgieron las leyes. Pero las leyes son deformaciones de una experiencia primaria de virtud original, de obediencia a uno mismo, una obediencia que nos conecta con la divinidad.

- ¿Qué consejo le daría a quien comienza a buscarse a sí mismo?
- Mira a tu corazón. Esto no significa detenerse en los sentimientos, sino ir más allá: llegar al fondo de ti. Tener contacto con la propia profundidad es tener contacto con lo divino y, para ello, es necesario tener sed de búsqueda. Esa sed es una forma de ir llenándose. La sed se transforma en devoción, y así se hace camino. El espíritu de búsqueda es la raíz de todos los cambios posibles: sin él, estamos perdidos.

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