Ciudades del futuro

Espacios que curan: la luz y los sonidos que necesitamos

Elisabet Riera

El ruido y la contaminación lumínica alteran nuestros ciclos naturales de vigilia y descanso. Estresan nuestro organismo y causan cambios hormonales y metabólicos dañinos.

El ruido se ha convertido en algo tan cotidiano que ya lo hemos integrado como parte del paisaje sonoro, igual que la iluminación constante, de día y de noche. Pero ni es "normal " ni nuestro cuerpo está preparado para tolerarlos: afectan a la salud y mucho.

Una de cada cinco personas en Europa está expuesta a un ruido de tráfico superior al límite de 55 dB establecido como seguro por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las enfermedades asociadas son estrés, trastornos del sueño, alteraciones del comportamiento, hipertensión y enfermedades del corazón. Y el ruido podría estar relacionado también con la diabetes y la obesidad.

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El ruido y la luz, la contaminación menos conocida

No son trastornos menores: se calcula que las enfermedades derivadas de la contaminación acústica causan 72.000 hospitalizaciones anuales y 16.600 muertes prematuras, según datos recogidos por el Instituto de Salud Global (ISG), centro impulsado por "la Caixa".

La OMS ya clasifica el ruido procedente del tráfico como el segundo factor medioambiental más perjudicial en Europa, solo por detrás de la contaminación del aire.

Reacción a las ondas

Es difícil creer que un fenómeno invisible como el sonido tenga unos efectos tan palpables sobre el cuerpo humano. ¿Cómo se producen?

  • Las ondas sonoras provocan vibraciones en los huesos del oído, que transmiten movimiento a la cóclea.
  • La cóclea convierte las vibraciones físicas en señales eléctricas que recibe el cerebro. Y el cuerpo reacciona poderosamente a estas señales, incluso estando profundamente dormido.

Las investigaciones neurofisiológicas sugieren que los ruidos activan primero la amígdala, asociada con la memoria y la formación de las emociones. Su activación produce una liberación inmediata de hormonas estresoras, como el cortisol.

Las personas que viven en entornos ruidosos a menudo presentan niveles elevados de hormonas estresoras. Este efecto se relaciona con un aumento de la presión sanguínea y otras alteraciones en el organismo.

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Luz las 24 horas, un problema de salud

El incremento de la luz artificial en las ciudades ha alterado los niveles de luz natural en el ambiente y ha extendido la actividad humana a las horas que solían ser de oscuridad total. Se estima que más del 80% de la población mundial y el 99% de los habitantes de Europa y Estados Unidos viven bajo cielos contaminados lumínicamente.

Una quinta parte del planeta está sobreexpuesta a la luz artificial. Esto tiene consecuencias en el estilo de vida, enfocado a la actividad y productividad permanente, a un constante estado de vigilia y alerta, con afectaciones psicológicas directas como el insomnio, la ansiedad y el estrés. Pero lo más preocupante es que altera nuestros ciclos circadianos.

¿Es la luz un factor carcinogénico?

La Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC, en inglés) categorizó en 2007 el trabajo nocturno que implica alteración del ciclo circadiano como "probable agente carcinogénico humano", basándose en estudios de experimentación animal y las evidencias de los estudios epidemiológicos en humanos, referidos a cáncer de mama y de próstata.

El trabajo nocturno implica estar en presencia de la luz artificial durante la noche. Esta perturbación en el ciclo diario "natural " de luz/oscuridad es responsable de la disfunción del sistema circadiano, así como del ritmo de secreción de melatonina, una hormona secretada por la glándula pineal durante las horas de oscuridad que se encarga de sincronizar nuestro reloj biológico.

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Cómo regular la melatonina natural

Esta hormona informa del ciclo de luz/oscuridad y, por tanto, prepara a nuestro organismo para ir a dormir, dando lugar a una serie de respuestas fisiológicas que regulan diferentes funciones durante la noche, como la temperatura corporal, la presión sanguínea, la secreción de enzimas digestivas o la producción de hormonas.

Además, la melatonina posee actividad antitumoral, neuroprotectora, reguladora de la respuesta inmunitaria, antiinflamatoria y antioxidante.

La exposición a la luz natural es clave para que la producción de melatonina sea equilibrada y cumpla con sus múltiples funciones en el organismo.

Una forma natural de regular la producción de melatonina es:

  • Exponernos durante la mañana a la luz solar y artificial, idealmente del sol o, en su defecto, de fuentes de luz que contengan el espectro azul para sincronizar nuestro reloj biológico y que nuestro organismo entienda que es hora de estar despierto y activo. Una buena manera es, por ejemplo, ir caminando o en bicicleta al trabajo.
  • Al acercarse la noche, conviene disminuir la exposición, sobre todo a la luz con componente azul, para que nuestro organismo entienda que se acerca la hora de dormir y comience a producir melatonina. El tipo de luz más recomendado es de color cálido o anaranjado, ya que no afecta de forma tan marcada a la producción de melatonina.
  • Es muy importante evitar la exposición a luces LED blancas emitidas por dispositivos como teléfonos móviles o tablets unas 3 horas antes de acostarse, o reducir esta exposición mediante filtros de pantalla o activando el modo de visión nocturno.
  • Durante las horas de sueño es recomendable mantener la habitación completamente a oscuras. Para ello nos podemos ayudar de las cortinas y las persianas.

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Desincronización del ciclo circadiano

La exposición a luz artificial nocturna da lugar a:

  • Desincronización del reloj central con el medio ambiente y con los relojes periféricos.
  • Ocasiona una supresión de la secreción de melatonina, con lo que se pierden sus efectos antitumorales y, como consecuencia, el ciclo celular se ve alterado.
  • La calidad del sueño empeora.
  • Aumenta el estrés y el cansancio
  • Disminuye la inmunidad.
  • Se favorecen los trastornos metabólicos, incluida la obesidad.

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Algunos estudios relacionan la luz artificial con algunos cánceres

El estudio de la IARC se fijó en factores ocupacionales (turno día-noche) más que en factores ambientales. Recientemente, investigadores de ISG han querido ir más allá en este estudio y descubrir los efectos de la iluminación artificial nocturna sobre los habitantes de las ciudades

La pregunta que se formulaban era si la iluminación artificial incidía en la alteración de los ritmos circadianos, las hormonas y el riesgo de desarrollar cánceres hormono-dependientes, como los de mama y próstata, en personas que respetaban los ciclos naturales de sueño y vigilia. La respuesta es un rotundo sí.

La investigación se ha realizado en el marco del proyecto MCC-Spain, y ha contado con datos médicos y epidemiológicos de más de 4.000 personas de entre 20 y 85 años, de once comunidades autónomas. La información sobre la exposición nocturna a la luz artificial de interior se recopiló mediante entrevistas personales, y los niveles de luz exterior se evaluaron en Madrid y Barcelona, las únicas ciudades de las que se pudieron obtener imágenes nocturnas tomadas por los astronautas de la Estación Espacial Internacional.

En los resultados obtenidos en ambas ciudades se observó que los participantes expuestos a niveles más altos de "luz azul" tuvieron entre 1,5 y 2 veces mayor riesgo de padecer cáncer de mama y de próstata, respectivamente, comparados con la población menos expuesta.

Ariadna García Sáenz, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio, afirma que, llegados a este punto, "hay que realizar estudios adicionales que permitan disponer de más datos individuales, utilizando por ejemplo sensores de luz para medir los niveles de luz en espacios interiores. Sería también importante llevar a cabo esta investigación en personas jóvenes que utilicen extensamente pantallas que emiten luz de espectro azul".

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Las problemáticas luces LED

Los efectos de esta iluminación constante son profundos, sobre todo desde que los sistemas de iluminación pública optan por las luces LED blancas que emiten un espectro de luz azul, el mismo que las pantallas de móviles, tabletas, ordenadores… Pero ¿por qué es especialmente perjudicial este tipo de luz?

En la década de 1990, los científicos descubrieron un tercer tipo de célula sensible a la luz en el ojo humano, distinta a los conocidos conos y bastones. Este tercer tipo de célula contiene un tipo de fotopigmento llamado melanopsina, cuya función es la de identificar el ciclo día/noche y, por ende, controla la producción de melatonina, junto con los fotorreceptores retinianos (conos y bastones).

La melanopsina muestra una sensibilidad más elevada a la luz con mayor componente del espectro azul, presente en la luz solar, y también en las luces blancas frías de tipo LED, que actualmente están en auge debido a su elevada eficiencia energética.

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Hábitos nuevos

Ante este panorama, la tentación es irse a vivir al campo, pero no es una solución al alcance de todos… Sí podemos:

  • Usar menos las pantallas de ordenadores, móviles y tablets, que emiten luz de espectro azul.
  • Tomar medidas de sentido común respecto al ruido, como ubicar los dormitorios y zona de estudio en la zona más tranquila de la casa.
  • El resto depende de políticas públicas que conciernen a temas como el tráfico o el alumbrado público.

En este sentido, la planificación urbana es clave. Diseñar las ciudades y sus equipamientos teniendo en cuenta estos factores es la mejor medida profiláctica posible. El primer paso, pues, es tomar conciencia y reclamar políticas públicas adecuadas.

Los estudios citados que relacionan el ruido y la luz invasora con cáncer y otras enfermedades son, sin duda, una herramienta de peso para ponerse manos a la obra.

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