Entrevista al Dr. Miguel Luqui

"Curarse implica ganar conciencia"

El Dr. Miguel Luqui explica las claves de la medicina homeopática, cómo actúa sobre el organismo y la importancia de la actitud del paciente para su éxito.

Josan Ruiz

Geógrafo

Nuestros lectores recordarán al Dr. Luqui por sus artículos publicados, en los que mostraba la forma en que la homeopatía aborda las enfermedades junto a las vivencias que suelen favorecerlas.

Otras personas le conocerán por su consulta en la ciudad de Barcelona. Y no faltarán los médicos que descubrieron la homeopatía gracias a su tarea docente.

Miguel Luqui Garde se licenció en Medicina en 1979 y fue discípulo de Enrique Peiró Rando, presidente de la Academia Médico Homeopática de Barcelona entre 1943 y 1981.

En 1982 residió en Buenos Aires aprendiendo con el gran homeópata Tomás Pablo Paschero. También estudió Medicina Tradicional China en Montpellier con Jacques Lavier.

Entre 1984 y 1986 presidió la Academia Médico Homeopática de Barcelona, desde la que contribuyó a divulgar la homeopatía unicista entre las nuevas generaciones de médicos españoles.

El primer contacto

–¿Todavía te acuerdas de tu primer paciente?
–Sí, cómo no: fue mi padre. Él tenía una herida de guerra –estamos hablando de 1978 o 1979– que llevaba cuarenta años sin cicatrizar. Supuraba y cuando se cerraba había que sajar porque se creaba un absceso. Silicea es un remedio homeopático común que administrado en pequeñas dosis tiene la propiedad de tratar las supuraciones y eliminar los cuerpos extraños. Yo le di este medicamento y al cabo de dos o tres días me llamó para que viera lo que estaba ocurriendo. En la herida se asomaba una masa ósea, como un fragmento de lava; la cogí con unas pinzas y la saqué. Era una esquirla de hueso con aristas aguzadas. A partir de ahí la herida se cerró en pocos días y nunca más tuvo problemas. Eso me hizo pensar: "Aquí hay algo que no conozco y en lo que merece la pena profundizar".

A eso siguieron experiencias con familiares y amigos, que suelen ser los que de entrada confían en ti, y a continuación con pacientes. Estoy muy agradecido a todos ellos. Eso me ha permitido además corroborar la eficacia de la homeopatía. Porque el conocimiento teórico en este campo es limitado y donde aprendes realmente es con la práctica.

–¿Y cómo aprendiste la medicina homeopática?
–Hace treinta años la homeopatía no se enseñaba en las facultades de medicina; ahora existe como máster y especialidad en Barcelona y otras universidades. En aquella época aprendimos como se aprendía la medicina tradicionalmente, en una transmisión de maestro a discípulo. Eso ha hecho que dentro de la homeopatía haya muchas variantes dentro de un mismo método, a veces con diferencias notables, que tienen que ver con la forma de trasmisión. Yo aprendí con el Dr. Enrique Peiró Rando, un gran profesor.

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La homeopatía aporta información

–Si la homeopatía cura sin aportar sustancias químicas al cuerpo, ¿qué le suministra entonces?, ¿información?
–Sí, información sería una buena palabra. La homeopatía no es una medicina química, es una medicina física. Usamos un agua tratada específicamente para informar al cuerpo. El remedio homeopático es una señal física que promueve una reacción curativa. Quien se cura es el cuerpo; la fuerza para curarse la tiene el organismo, y si no la tiene no se puede curar. El remedio homeopático aporta una información, un mapa o una guía para reaccionar.

Actúa de alguna manera como un mando a distancia que transmite una señal magnética o electromagnética, sutil, que determina un cambio. Si miras por la ventana y en la calle hay varios vehículos parados ante un semáforo en rojo, y de repente la luz pasa de rojo a verde, todos avanzan. Podrías pensar: ¡qué poder tiene la luz verde que pone en marcha todas esas máquinas! Pero la luz verde solo da la señal: la fuerza reside en el motor de cada vehículo.

–¿La homeopatía se centra en la interacción entre los opuestos y los similares, observando los fenómenos de atracción y repulsión?
–Exactamente. La homeopatía es el primer intento serio en la historia de sistematizar la relación entre los opuestos. El remedio homeopático provoca una reacción curativa porque su manera de actuar es similar a la enfermedad que el paciente tiene. La experimentación homeopática sistematiza las reacciones que esa sustancia es capaz de producir en el cuerpo de una persona sana.

Esa relación de los síntomas que ha provocado una sustancia es lo que llamamos la Materia Médica, en la que está basado el conocimiento del homeópata. Cuando encontramos el fenómeno más similar entre los experimentados en la Materia Médica y el más similar entre los observados en la práctica clínica, somos capaces, utilizando esa sustancia elaborada de forma homeopática, de provocar una reacción en contra de ese proceso. Esa es la reacción curativa.

–¿El remedio homeopático induce al paciente a reaccionar de modo opuesto a como lo está haciendo?
–Lo que hace es desbloquear la forma de reaccionar del paciente. Si una persona enferma durante horas o días significa que su capacidad automática de ponerse en orden, en salud, está trabada. Los síntomas que provoca la enfermedad son las señales del esfuerzo que el cuerpo está realizando para curarse, unos síntomas que serán más intensos en tanto que la persona tenga más vitalidad. Un paciente muy deteriorado vitalmente da síntomas apagados, mortecinos.

"El esfuerzo que la persona hace para curarse es proporcional a sus síntomas. El medicamento homeopático dirige esa fuerza, la desbloquea, para que sea eficaz y restablezca la salud."

–Si la enfermedad es una forma de caos, ¿la salud es entonces una forma de orden?
–No. La enfermedad es una forma de orden diferente. No se trata de caos y orden enfrentados, sino de un tipo de orden que produce dolor y de un tipo de orden que produce gozo.

–Estudiaste medicina tradicional china. ¿Qué te aportó?
–Para curar uno usa todos sus conocimientos: lo aprendido en la facultad y en la práctica diaria y lo transmitido por las personas que venían antes y que sabían bastante más que nosotros. De la medicina china he aprendido su capacidad para observar al hombre en su medio y su relación con el paso de las estaciones y su adaptación a los cambios energéticos del entorno. Y la observación de la enfermedad como algo que implica a la totalidad del ser humano.

Ha habido muchos intentos de relacionar la homeopatía y la acupuntura, incluso de sistematizar la relación. Creo que han sido intentos fallidos, pues se trata de dos aproximaciones desde lugares totalmente diferentes, aunque coincidan en que existe un dinamismo en la enfermedad y en la salud, un movimiento que puede ser conducido de una manera o de otra.

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La homeopatía, una ciencia joven

–¿Se margina científicamente a la homeopatía?
–El interés por la homeopatía es creciente, sobre todo porque cada vez hay más personas que prueban este tipo de medicina y obtienen resultados positivos. Los hechos confirman que funciona. Si no hubiese algo verdadero en este fenómeno, tras doscientos años habría quedado en evidencia que la homeopatía no es eficaz. Pero sucede lo contrario: cada vez hay más gente que se acerca, más médicos que quieren formarse. Se trata de un hecho incontrovertible. Por otra parte, no tenemos un modelo teórico perfecto que explique el fenómeno por el cual cura la homeopatía, lo que hace evidente la necesidad de que haya grandes inversiones para investigarlo, cosa que no ha ocurrido hasta ahora.

Lo que sabemos de esa relación de contrarios y similares es gracias a personas voluntariosas, médicos y sus familiares, que han experimentado y que se han esforzado por investigar y divulgar sus hallazgos. Pero no ha habido apoyo oficial, ni de empresas ni laboratorios que hayan hecho inversiones para que este fenómeno se investigue. Esto hace que la homeopatía sea una ciencia joven y poco desarrollada. Y es probable que en ese proceso curativo que se pone de manifiesto en la homeopatía subyazcan otros aspectos inesperados que nos puedan hacer avanzar en la comprensión de la vida, la salud y la enfermedad.

–¿Haber tratado a varias generaciones de una misma familia brinda una perspectiva diferente sobre las razones que nos llevan a enfermar?
–Sí. El trabajo del homeópata es un trabajo de médico de familia, en el que se abordan las enfermedades del niño, el adulto y el anciano. Paralelamente, se da el hecho de la relación con la salud que tiene una familia determinada a través de sus diversas generaciones vivas. Esto no solo te permite entender la transmisión de la enfermedad, sino algo más interesante aún, que es el ambiente sutil en el que la enfermedad se desarrolla. Es decir, las relaciones y las tensiones familiares que dan lugar a la aparición de patologías.

–¿Suelen tener un componente anímico las enfermedades típicas del lactante y del niño que va a la guardería?
–Los niños son las víctimas de las familias. La estructura y el ambiente familiar funcionan como una atmósfera emocional en la que el niño vive. Y el niño respira esa atmósfera, que muchas veces es tóxica. Las diversas situaciones, las relaciones de poder y sometimiento, las ambiciones frustradas, las tensiones del entorno familiar, inciden en ese pequeño habitáculo, en ese trío que forman padre, madre e hijo. El niño es el depositario de expectativas, de ambiciones, de fantasías. El niño que vive en esa situación, en esa presión, encarna o muestra la patología familiar. Es como la punta del iceberg de la situación que se vive en ese hogar; muestra lo que está ocurriendo dentro del ambiente familiar. Su angustia, su miedo, hablan de su forma de reaccionar ante esa situación, en ese ambiente emocional en que vive.

"Los niños son las víctimas de las familias, depositarios de expectativas, ambiciones, fantasías..."

–¿La distorsión con que una persona percibe el mundo influye en su enfermedad?
–No solo influye sino que es causa de enfermedad. La enfermedad a menudo tiene que ver con una inadaptación o un desencuentro con el mundo. Con la pareja o con la vida en general, con el entorno familiar o laboral, etc. La enfermedad llena el vacío que se produce entre la realidad y la idea que la persona tiene de sí misma y del mundo. A veces la realidad te contradice y te dice: "no, tú no eres así, no tienes esto, tú no vales o tú no eres lo que te piensas", o al contrario.

Ese vacío que se forma entre la idea que uno tiene de sí mismo y del mundo y la realidad es lo que genera los síntomas. Cuanto más distorsionada esté la percepción, más síntomas van a caber en ese espacio. Si yo creo que soy alto y fuerte, y resulta que tengo que atravesar una situación en la que me siento bajito y débil, el choque que supone asumir esa realidad, esa diferencia entre lo que yo creo y lo que hay, provocará más dolor cuanto mayor sea esa disimetría.

Los límites de la homeopatía

–¿En qué enfermedades no es adecuado basar el tratamiento en la homeopatía?
–La homeopatía es una medicina sutil que aborda de manera muy eficaz los problemas funcionales. Pero cuando la enfermedad está muy estructurada en el plano físico, cuando el tumor ya está manifiesto, la destrucción de tejido es demasiado importante o la distorsión de la funcionalidad ha generado unas formaciones celulares o cepas celulares extrañas, la homeopatía no se puede considerar como la base del tratamiento. Conviene utilizar entonces otro tipo de terapias: fármacos químicos, cirugía, quimioterapia...

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"La homeopatía no lo cura todo"

–El paciente más singular, que que no tiene un diagnóstico claro en los análisis, ¿es un buen candidato al tratamiento homeopático precisamente por su singularidad?
–La homeopatía es una aproximación individualizada a la enfermedad. Cuanto más personal es tu vivencia de la enfermedad, más fácil es abordarla desde la herramienta de la homeopatía. La individualidad que muestras en tu forma de padecer o de sufrir permite hacer un tratamiento más específico desde el punto de vista homeopático. Si tu forma de padecer entra más dentro de un protocolo de urgencias, fácilmente te lo van a quitar o a tapar en un servicio convencional de medicina.

–Cuando el médico percibe la distorsión o la actitud del paciente que puede estar detrás de su dolencia, ¿le está ayudando a curarse, antes incluso de haberle prescrito nada?
–Por supuesto. La propia entrevista médica es de hecho curativa si la persona se siente escuchada y comprendida. Y cuando el paciente se da cuenta de cómo ha llegado a ese lugar, lo percibe como un hecho objetivo y claro. Esa comprensión es fundamental para la transformación de la situación y se da simultáneamente en el paciente y en el médico. Se trata de una percepción física, de una sensación. Ha ocurrido algo que ha cambiado la situación. La flecha está a punto de salir del arco y ya sentimos que va a dar en la diana.

–¿Qué diferencias ves entre la homeopatía unicista y la pluricista? ¿Se suelen combinar?
–En general yo soy médico unicista. Me gusta la homeopatía unicista porque es una forma de curar muy limpia, basada en el primer principio de la medicina que es "primero no hacer daño", y que evita completamente la aparición de síntomas adversos o secundarios a la intervención. Usar una sola sustancia en una dilución adecuada es semejante a dirigir un rayo láser que localiza exactamente el punto en el que se ha de darla reacción. La homeopatía pluralista en cierto modo podría compararse a un disparo con un cartucho de perdigones: alguna de las bolitas que pongo en ese bote, diez o doce medicamentos a la vez, hará algo. Se trata de una medicina de segundo nivel, que puede practicar el farmacéutico para atender casos menores.

–¿Acudir al homeópata te da otra visión de tu salud?
–De entrada uno va al homeópata cuando busca una solución que no ha hallado en otra parte. Simplemente te duele y buscas una solución a tu problema, la que sea. Pero al obtener la solución desde un tratamiento homeopático te das cuenta de que en el cambio que se produce en tu salud y en tu enfermedad intervienen factores que hasta entonces no habías imaginado. Tienen que ver con todo aquello que te ha llevado a enfermar, y con otras muchas cosas que te pueden llevar a curarte. Eso amplía el nivel de conciencia. Pero es un cambio que se produce después, no antes. Antes solo buscabas una solución. Ahora has participado en el proceso curativo. Eso te humaniza, te hace más consciente y más responsable de tu propia vida.

–¿La homeopatía puede ser una ayuda en los instantes finales de la vida?
–Sí. Hay remedios homeopáticos para facilitar el tránsito de la muerte, remedios que ayudan a mitigar la angustia y el dolor de ese momento. Angustia y dolor provocados básicamente por el miedo a lo desconocido y por el dolor del desprendimiento. La homeopatía –lo puedo decir porque lo he visto en muchos casos– facilita el tránsito y hace que esa persona pueda tener una muerte más digna. Y no solo hablamos de eutanasia, también de eugenesia: podemos dar homeopatía en el embarazo para promover el nacimiento de niños más sanos.

–¿Se puede administrar homeopatía a un niño que lleva una semana especialmente inquieto para prevenir que desarrolle una enfermedad infecciosa días después? ¿O resultaría contraproducente?
–No es contraproducente. Es magnífico poder tratar los síntomas antes de que se estructuren o abordar la enfermedad antes de que se manifieste en toda su amplitud. Los cambios visibles están precedidos de cambios menos visibles y estos por cambios invisibles. Si somos capaces de percibir cuándo el niño o la persona empieza a sentir cosas que pueden ser el pródromo de la enfermedad, si podemos intervenir en ese nivel, la dolencia no llegará a desarrollarse.

–La medicina común y las terapias alternativas han acercado sus posiciones pero en el tema de las vacunas tienden a radicalizarse. ¿Qué opinas al respecto?
–Respecto a las vacunas, una postura totalmente favorable me parece tan negativa como otra radicalmente contraria. Las hay de gran beneficio y poco riesgo, como la del tétanos o la de la polio, otras innecesarias como la de la varicela, y otras muy opinables como la VPH, en la que están implicadas la educación y la moral sexual que queremos dar a nuestros hijos. Por suerte, tenemos en la homeopatía remedios muy eficaces para tratar la mayoría de los efectos indeseables de los excesos vacunales.

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¿La homeopatía es efecto placebo?

–Suelen atribuirse los éxitos de la homeopatía al efecto placebo. ¿Qué opinas?
–La cuestión del placebo es muy interesante. Muestra un aspecto fundamental del tratamiento: son los propios recursos de la persona los que le permiten salir del estado de enfermedad y pasar al estado de salud. Como decía, el medicamento homeopático solo aporta la información para reaccionar adecuadamente. Sabemos por experiencia –todos lo hemos vivido– que desde el instante en que decidimos ir al médico hasta que llegamos a su consulta ya hemos mejorado. Cuando se acude al médico se pone en marcha el proceso curativo, pues ese gesto implica que el paciente ha decidido curarse.

Esa es una fuerza que tiene cada uno de nosotros. Y es magnífico disponer de un poder que nos permite ordenarnos. El médico lo que ha de hacer es conducir esa fuerza. Pero que todo el fenómeno homeopático esté basado únicamente en eso no es de recibo. Y no solo porque está demostrado que el porcentaje de mejora es superior al porcentaje de placebo en muchísimas enfermedades y situaciones, sino porque daría al hecho de ser homeópata una cualidad mágica, un poder que el homeópata no tiene.

–Porque el poder reside en el paciente...
–Sí, porque el poder lo tiene el paciente. La fuerza que va a reaccionar está en el paciente. Si el paciente no tiene fuerza, si en su fuero interno no quiere curarse, ni el homeópata, ni el alópata, ni el brujo de la tribu podrá curarle. Otras veces la persona obtiene un rendimiento de su enfermedad: le resulta más rentable estar enferma que estar sana.

–Se dice que la homeopatía resulta bastante efectiva en bebés y animales, lo que parece otro argumento en contra del efecto placebo...
–Justamente que sea muy eficaz con los animales, y especialmente eficaz con los niños y bebés, lleva a descartar que intervenga el efecto placebo, que teóricamente no actúa en animales y niños. De todas maneras, lo que en mi práctica diaria me hace confirmar que existe algo más que el efecto placebo es que muchas veces me equivoco y doy un medicamento que no funciona. Tengo que revisar el caso, doy un segundo medicamento y tampoco funciona. Me sucede a menudo. Y quizá doy un tercer medicamento, este funciona y cambia radicalmente la situación.

¿Qué significa esto? Significa que lo que receto ahora es muy diferente de lo que daba antes. Los dos son medicamentos homeopáticos diluidos, sin presencia de nada más que agua, y sin embargo antes no funcionó y ahora sí. ¿Por qué? La sustancia que uno emplea es la que transforma la situación. No la magia o la sugestión del primer día.

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"La homeopatía no se basa en el placebo"

–Al bebé le salen dientes que implican variaciones en su alimentación, tiene que estar más solo... Esas pruebas que debe superar muchas veces están vinculadas con enfermedades. ¿La homeopatía le ayuda a cruzar esas fronteras tanto como a curarse?
–Sí, evidentemente, al niño y al adulto. Constantemente la vida nos pone pruebas y situaciones en las que hemos de adaptarnos a un nuevo momento. Hay un cambio laboral o un cambio de la situación; toca salir al mundo, ir a la guardería, entenderse con un nuevo jefe... Salen los dientes... o caen los dientes. Vivir la aparición o la pérdida de los dientes es muy doloroso y muy duro. Esa transformación de la situación, ese cambio evolutivo, implica una serie de pasos, que vienen a ser los escalones que nos pone la vida. Podemos subir el escalón o tropezar con él.

"La enfermedad o el hecho de enfermarnos muchas veces es la expresión del tropiezo en el escalón que la vida nos pone para ascender o para bajar."

–¿Las personas cambian de tipo homeopático? ¿O cada una tiene un tipo propio, como una especie de carta astral?
–Hay escuelas que han pretendido adjudicar a cada persona un remedio homeopático. Uno nació Sulphur como nació en Pamplona... Pero no es así. La vida es justo lo opuesto, es un dinamismo, y se dan muchos cambios. Cierto es que la persona tiene una constitución, la misma cuando nace que cuando muere. Y hay aspectos del tratamiento homeopático basados en criterios o rasgos constitucionales que van a ser permanentes durante mucho tiempo. Pero las enfermedades que acontecen a lo largo de la vida de una persona son situaciones transitorias, son estados que fluctúan y que muchas veces requieren remedios diferentes.

–¿Querrías añadir algo más?
–Sí. De alguna manera la homeopatía como técnica está pasando un momento de transición muy importante. Está saliendo de una edad infantil para pasar a una edad más madura. Deja atrás una edad en la que todo es posible, en la que existe la fantasía de que la homeopatía es capaz de transformar todas las situaciones, y se adentra en una edad más adulta, ganando conciencia de sus limitaciones. La homeopatía vive hoy un proceso de aceptación social generalizado. Y se ha de dar una investigación seria del fenómeno, pues si, como parece, este instrumento tan maravilloso es capaz de aliviar el sufrimiento del ser humano sin provocar otro tipo de trastorno, entonces se debería realmente invertir en ello, investigando y desarrollando este tipo de medicina para que todos nos podamos beneficiar de ella y no solo unos pocos privilegiados.

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