Entrevista a Llorenç Teixé

"Curarse con plantas es lo deseable y está avalado"

Yvette Moya-Angeler

Es herbolario de El manantial de salud, que abrió en 1950 y hoy cuenta con diez tiendas propias. Aunque estudió química, la fitoterapia es su verdadera pasión.

Le gustan los olores del campo de cuando era niño: salvia, romero, lavanda, tomillo. «Es el recuerdo de mi vida», dice Llorenç Teixé.

Nació hace 65 años en Montpalau, una pequeña población de la provincia de Lleida en la que sus padres trabajaban la tierra. Hoy intenta que los cultivos cerealistas de la región den paso a otros más prósperos de plantas medicinales y pasa buena parte de su tiempo libre en la que fue su casa familiar, investigando las posibilidades de la cosmética natural y alentando la creación de un jardín aromático desde el que compartir su pasión por el patrimonio botánico y oloroso del Mediterráneo.

Nos recibe en una de las tiendas emblemáticas del grupo, la de la calle Mercaders, próxima a la catedral de Barcelona. Una clientela nutrida y variada espera paciente para comprar plantas medicinales, complementos dietéticos, alimentos bio, productos apícolas y cosmética natural.

Su esposa, Trini Ferran, lleva desde los 16 años detrás del mostrador, prodigando consejos y sonrisas en el negocio que su padre fundó en 1950. Para explicar la trayectoria de El Manantial de Salud, Teixé recurre a una metáfora: "Somos como un árbol: mi suegro plantó una semilla, germinó y ha ido creciendo".

Ahora la familia, con los cuatro hijos del matrimonio implicados en la empresa, cuenta con diez tiendas propias y cinco franquicias en varias poblaciones de Barcelona.

Una vida de aprendizaje acerca de las plantas

A punto de jubilarse, planea también recoger en un libro los cientos de remedios fitoterapéuticos que ha ido conociendo a lo largo de su vida al frente de las herboristerías El Manantial de Salud. Se trata de un saber, asegura, que no se encuentra en ninguno de los 1.500 volúmenes de su valiosa biblioteca de plantas.

–¿Qué es lo más difícil de ser herbolario?
–Te tiene que gustar. Hoy es bonito porque se nos reconoce y estamos de moda, pero yo valoro muchísimo a los herbolarios de los años 60 y 70, que resistieron como héroes en una época en que comenzaba el consumo masivo de medicamentos y se despreciaba todo nuestro saber tradicional. Es una profesión que me entusiasma.

"Tengo una carrera universitaria, como químico, pero me siento un herbolario. Es de lo que estoy orgulloso."

Vine a estudiar a Barcelona y aquí conocí a Trini, mi esposa, que trabajaba en la herboristería de su familia. Trabajé muchos años en el mundo farmacéutico pero descubrí que lo que realmente me hacía feliz, lo que me gustaba y me llenaba era el mundo de las plantas. Yo venía de un entorno rural en el que se usaban las plantas de forma cotidiana. Recuerdo a mi abuela y mi madre dándome plantas al primer síntoma de resfriado o gripe. Si te curabas, perfecto. Y solo si no funcionaban, ibas al médico.

–¿Qué es lo que le fascina de su trabajo?
–Que cada día descubro algo nuevo. Agradezco muchísimo, por ejemplo, que los inmigrantes nos hayan revalorizado plantas de su entorno. Gracias a ellos conocemos plantas del África negra, de Sudamérica o de algunas islas. Lo que me gusta de mi profesión es la respuesta. Muchas veces la mayor satisfacción del día es que venga una señora a agradecerme que las plantas que le di le han ido muy bien.

–¿Cómo sigue formándose?
–Cada día aprendo. De libros, de personas, de experiencias, de la naturaleza… Me encanta la montaña. Soy feliz cogiendo el Dioscórides renovado de Pío Font Quer y yéndome a la sierra de Collserola a buscar plantas, para verlas en su hábitat natural.

–¿Aún se descubren plantas o propiedades terapéuticas?
–Las plantas medicinales son antiquísimas y el auge de la medicina clínica, muy reciente. Sin plantas, no existiría la humanidad, porque durante miles de años han servido para curarnos. Hoy estamos muy seguros de lo que hacemos porque la ciencia corrobora lo que nuestros pasados intuían. Tenemos muchas garantías. Así que estoy agradecido a la ciencia. Pero el problema es que se investiga solo por intereses económicos.

Fitoterapia, farmacia y medicina convencional: herramientas complementarias

–¿No se estudia suficiente fitoterapia en las facultades?
–No. Tengo muchos amigos e incluso muchos clientes médicos. Y entiendo perfectamente que digan que no pueden recetar plantas porque no las conocen. Hace unos años un médico y una enfermera me pidieron que diera una charla en su centro de atención primaria porque no sabían nada de plantas y tenían muchos pacientes a quienes les interesaban. Di esa charla y después otra, y uno de los médicos me dijo que esa sala nunca había estado tan llena. Los médicos tienen interés pero no posibilidades.

"La fitoterapia se estudia poco y mal, y debería ser una asignatura muy importante de las facultades de Farmacia y Medicina."

–¿La fitoterapia complementa tratamientos médicos?
–Claro, es que no son contradictorios. Me decía un médico que tenemos muchos medicamentos para dolencias graves pero casi nada para las leves y que ahí encajan perfectamente las plantas. Pero al lobby farmacéutico no interesa porque no se pueden patentar.

–¿Las plantas son útiles solo para dolencias leves?
–Son útiles para todo pero tienen un límite y a según qué tipo de enfermedad no llegan ni mucho menos. Las plantas, cuanto más tóxicas, más activas resultan farmacológicamente. Hace 15 o 20 años, en esta tienda habrías visto plantas muy tóxicas, como la belladona. Bien utilizadas, iban muy bien. Pero después se empezaron a usar como drogas, y los herbolarios, sin que nadie nos dijera nada, empezamos a retirarlas.

La efedra, una planta clásica, no se encuentra ya en las herboristerías, y era magnífica para el asma, porque actúa como un broncodilatador extraordinario. Pero la diferencia entre su dosis terapéutica y su dosis peligrosa es mínima. Y cuando introduzco una cucharada de efedra en un vaso de agua, no sé qué cantidad exacta de efedrina hay ahí. No sé si la han recolectado en una zona de secano donde la concentración de efedrina en la planta es mayor, o en una zona en la que la planta lleva más agua y la efedrina está más diluida. En una pastilla eso está medido y garantizado. En la planta, no. Por eso hemos dejado de vender estas plantas más agresivas, más tóxicas pero también más activas, y nos centramos en plantas de uso más preventivo.

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–¿La ley no prohíbe la venta de estas plantas?
–Actualmente, no. Pero nosotros mismos nos autocensuramos. Buscamos la seguridad de las personas y necesitamos plantas reguladas, con garantías. A veces atiendo a personas que buscan plantas que han encontrado en Internet y que no conozco, sobre las que no hay suficientes estudios ni garantías y que, por lo tanto, prefiero no comprar ni vender. Los herbolarios somos gente muy prudente. Hay plantas que en otros países se usan a pesar de su toxicidad porque no disponen de alternativas farmacológicas. Yo intento ofrecer plantas que conozco, de nuestra tradición.

–¿Quién debería recetar plantas?
–Los médicos. Yo puedo aconsejar plantas que pueden ir bien para un determinado problema, tomadas de cierta manera, con algunas contraindicaciones o no. Pero es fundamental que la persona vaya al médico y reciba un diagnóstico. Nosotros no hemos de diagnosticar, solo somos especialistas en plantas.

–¿En qué se basa un herbolario para determinar una fórmula magistral?
–En su conocimiento de las plantas: cuál es su parte más importante, cuándo se tienen que recolectar, cómo se tienen que tratar, cómo se han de tomar. El éxito radica en que una planta sea adecuada para un problema, pero sobre todo en que se prepare de la forma apropiada.

Excelencia desde el cultivo hasta la infusión

–¿Por ejemplo?
–El tomillo tiene un principio activo muy volátil, el timol, que en la época de floración se ve de buena mañana por debajo de las hojas, en forma de gotitas. Si se hierve el tomillo en agua durante cinco minutos, se evapora todo ese timol. En cambio si se pone en agua fría y cuando arranca a hervir se apaga el fuego, se tapa y se deja reposar diez minutos, se obtiene todo el timol concentrado. Esta infusión es cien veces más efectiva que la primera.

–Ponga otros ejemplos.
–Si quieres hacerte una infusión de flor de malva o de raíz de malvavisco para beneficiarte del efecto antiinflamatorio de sus mucílagos, que van muy bien para las cuerdas vocales, tienes que hervirlas 4 o 5 minutos, porque cuesta mucho que se desprendan. El agua ha de quedar un poco gelatinosa.

La cola de caballo es un gran diurético si se hierve uno o dos minutos. Pero si se hierve cinco, actúa además como un gran remineralizante, de manera que no se pierden minerales con la orina.

Todo esto no está en los libros. Es el resultado de la experiencia de muchos años, del interés por conocer, de lo que me cuentan los clientes… A veces me llegan plantas con un color que no me gusta. Y las devuelvo. Porque sé que cuando secaron esa planta llovió o había mucha humedad y se oxidó. Una planta oxidada ha perdido el 50% de sus propiedades.

–¿Cuándo se han de recolectar las plantas?
–La floración es el momento de máximo esplendor de una planta en cuanto a principios activos porque ahí lo concentra todo para asegurar su supervivencia. Pero si interesa la raíz, se ha de recolectar en octubre, cuando está cargada de azúcares y sales para pasar el invierno. Si se quiere aprovechar los aceites esenciales de sus hojas, el momento ideal es antes de la floración.

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–¿El Manantial de Salud cultiva sus propias plantas?
–No, pero trabajamos con agricultores que cultivan para nosotros. Mi hijo Josep Maria es un experto en este campo, ayuda a mucha gente a cultivar plantas. Da conferencias por los pueblos para intentar cambiar los cultivos. Hay campos de forraje abandonados que corren el peligro de incendiarse en verano. En estas tierras se podría cultivar plantas medicinales. Tenemos un clima ideal para que crezcan plantas extraordinarias. El campesino que ha cambiado el cultivo de cereales por plantas medicinales tiene toda la cosecha vendida al sembrarla. Alemania, otros países centroeuropeos e incluso España le compran producción porque hoy el problema del mayorista de plantas medicinales no es vender sino encontrar materia prima.

–¿Y por qué no despierta mayor interés esta posibilidad de negocio?
–Por la Administración. Hace muchos años se intentó cambiar los cultivos tradicionales por los de plantas medicinales. La Unión Europea proporcionó semillas a buen precio y dio facilidades pero necesitamos técnicos, personas formadas que conozcan las plantas. También faltan ayudas para desarrollar una maquinaria que mecanice el proceso. Tenemos cosechadoras para los cereales, pero las plantas medicinales aún se recogen manualmente. Y con mano de obra los cultivos no son rentables.

–¿En otros países la situación es mejor?
–Los mayores productores son los países de la antigua Unión Soviética y el Magreb. Tienen tradición agrícola y su mano de obra es barata. Yo planté cuatro mil plantas de hierbaluisa pero cultivarla me costaba cinco veces más que comprarla en Marruecos.

–¿Cómo ve el futuro de la fitoterapia?
–Soy muy optimista en cuanto al consumo. La sociedad se mueve por ciclos y ahora hay una recuperación de las tradiciones, la gente ve que funcionan. En invierno vienen a la tienda muchas madres que salen del pediatra con su niño resfriado y buscan un remedio expectorante o fluidicante de la mucosidad. Esto hace diez años era impensable. También ocurre con las personas que buscan plantas para controlar el colesterol.

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–¿Financiará la Seguridad Social el consumo de plantas?
–Creo que sí. Si una persona se puede tratar la gripe con una infusión de malva, malvavisco, tomillo… no hace falta que se tome un medicamento más fuerte, más caro y que deja residuos en el cuerpo. Si eso no le sirve, que pruebe con algo más agresivo, pero que empiece por lo más sencillo. Las plantas deberían incluirse en la medicina, sobre todo como preventivas. Muchos médicos las echan de menos, pero actualmente no las aceptan ni sus jefes, ni el sistema ni a veces el propio paciente.

"El éxito de un remedio radica en que la planta sea adecuada pero sobre todo en que se prepare de forma correcta."

–¿Qué diferencia hay entre las bolsitas de infusión compradas en un supermercado y las plantas secas que se compran al por mayor?
–La diferencia está siempre en la calidad. Hay bolsitas de una calidad extraordinaria. Y plantas a granel de mala calidad. Pero, por ejemplo, con la manzanilla ocurre que la parte más activa es su flor y puede ser que en la bolsita esté toda la planta machacada. Nosotros solo vendemos la flor. Incluso si va en bolsita.

–¿Las plantas medicinales tienen una caducidad?
–Sí, la marca su ciclo biológico, hasta una nueva cosecha. En el caso de la manzanilla que vendemos sería un año, porque no lleva conservantes ni plaguicidas ni está irradiada. Ahora se somete a las plantas a un tratamiento con presión (en una cabina al vacío) para destruir cualquier microorganismo. Eso permite alargar la vida de las plantas sin que pierdan sus propiedades. Con el tiempo la planta pierde aroma. Pero a veces gana en otros aspectos. La corteza de la frángula (Rhamnus frangula) recién cogida es muy activa, muy irritante, muy laxante. En cambio, si se guarda en el almacén, al tercer año ha perdido una parte importante de sus principios activos y se convierte en un laxante muy suave, muy eficaz y mucho menos irritante.

–¿Es más efectiva la planta entera o una pastilla con su principio activo aislado?
–Un herbolario prefiere la planta entera. Durante muchos años de mi vida, en que como científico necesitaba que se me demostrara todo, no creía en el papel que jugaban las emociones. Ahora sí y mucho. La acción de los principios activos es la misma pero emocionalmente los diez minutos que se dedican a preparar la infusión ayudan a curarse. Y por otro lado, en cuanto a contraindicaciones es muy diferente una infusión de una planta que el principio activo extraído de esa planta.

–¿Puede poner un ejemplo?
–La raíz de kava-kava, que hace diez años se vendía mucho como relajante, se prohibió porque en Alemania provocó casos de hepatitis. Después se comprobó que lo que había producido la hepatitis era un extracto de kava-kava, las kavalactonas, que son las responsables de ese efecto relajante. Pero esa planta tiene otros principios que protegen de la acción perjudicial de las kavalactonas. Si esas personas que enfermaron se hubieran tomado la raíz de kava-kava entera, nunca habrían padecido hepatitis. Una planta tiene muchos principios activos y por algo están ahí. Ocurre también con las hipericinas del hipérico. Yo querría que se llegara a investigar hasta el menor principio activo de una planta, porque el conjunto de sus principios es el que le da sus propiedades. Pero de momento solo se busca un principio activo.

–¿En qué errores más comunes se incurre al usar plantas medicinales?
–No se usan bien en general. Y además la gente no tiene paciencia para la acción lenta de las plantas, interrumpe los tratamientos. Un error muy común es que se cree que el eucalipto es bueno para hacer vahos, cuando, si no se combina con plantas emolientes como la malva, la raíz de malvavisco o el llantén, reseca y tapona las fosas nasales. En invierno, aconsejo a las madres que pongan todas estas plantas a cocer en ollas grandes y que dejen que el vapor llene una habitación o cuarto de baño durante media hora o una hora. Esto humidifica y crea un ambiente balsámico y antiséptico para descongestionar y evitar que los niños se resfríen.

–¿Cómo se hace una buena infusión?
–Depende. Si se buscan sus aceites esenciales (es el caso de la menta, la melisa, la salvia), la planta se prepara en infusión, vertiendo el agua sobre ella. En cambio, si se quieren extraer los mucílagos de plantas como la malva o el malvavisco, hay que hervirlos de tres a cinco minutos (decocción). La cola de caballo, para que resulte remineralizante, ha de hervir al menos cinco minutos. Una corteza de encina, que lleva taninos, astringentes, ha de hervir entre tres y cinco minutos. Las plantas amargas (centaura, genciana…) por definición no se hierven, porque hervidas en exceso podrían llegar a ser incluso tóxicas. Recomendamos macerarlas toda la noche: una cucharada en agua, en un recipiente tapado. Cuando te levantas, la cuelas y te la tomas.

Saber escoger: fitoterapia eficaz

–¿Por qué resulta tan polémica la estevia?
–Tiene un gran enemigo: las multinacionales del azúcar. Ahora nos encontramos en un periodo de tolerancia: está aceptada como planta edulcorante pero no se permite comercializarla como planta hipoglucemiante, es decir por sus propiedades medicinales. El Manantial de Salud está patrocinando un proyecto de una oenegé de médicos catalanes en el Sáhara que está comprobando cómo el té servido con estevia en vez de con azúcar está consiguiendo bajar espectacularmente el índice de diabetes.

–¿Qué plantas van bien para controlar el colesterol?
–Hay una planta nueva ahora muy buena, la chía (Salvia hispanica). Es una fuente natural de omega-3 y baja el colesterol de forma notable. Junto con el amaranto fue un alimento básico de los aztecas. De las plantas de aquí, recomendamos la centaura, la alcachofera… las que regulan la función hepática. También el romero, el fucus, el diente de león. Ayudan dentro de un conjunto de medidas.

–¿Qué aconseja a alguien que duerma mal?
–Que busque la causa de por qué duerme mal. Si no le interesa conocerla o no puede solventarla, le recomiendo una infusión a partes iguales de amapola europea, amapola de California, pasiflora y lúpulo. Medio vasito antes de cenar y otro medio antes de irse a dormir. Hay personas que beben otro poco más si se despiertan a media noche.

–¿Cuál es la diferencia entre la pasiflora y la valeriana?
–Un buen herbolario rara vez dará valeriana para irse a dormir. Es un buen tranquilizante durante el día pero da un sueño muy intranquilo y la persona se despierta cansada. En cambio, la pasiflora da un sueño más sosegado. En general, no hay que abusar de las plantas relajantes. Cuando se sobrepasa la dosis, tienen un efecto rebote: excitan. Ocurre con muchas plantas: la manzanilla es digestiva pero si está muy concentrada hace vomitar. Y por otra parte las plantas relajantes actúan en fases: es mejor tomarse medio vaso de infusión antes o después de cenar, y otro medio antes de irse a dormir. Y si alguien ha tenido una jornada muy difícil, se puede preparar medio litro de infusión e ir bebiéndola desde que llega a casa hasta que se va a dormir.

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–¿Por qué es tan popular la equinácea?
–Es una de las plantas científicamente más estudiadas, que refuerza las defensas de una forma notable. Yo la considero mejor como preventiva que como curativa. Asociada con propóleo es muy eficaz previniendo resfriados.

–¿Qué diferencia hay entre menta y melisa?
–Botánicamente son muy similares pero la melisa es un relajante digestivo, muy útil cuando se tienen los nervios en el estómago, y la menta actúa como un estimulante digestivo, para evitar el sopor tras una comida, por ejemplo.

–¿Y entre la cola de caballo y el diente de león?
–La cola de caballo es una planta diurética, muy rica en minerales, sobre todo en silicio. El diente de león es un gran depurativo, tanto del hígado como del riñón.

–¿Cuándo conviene utilizar la malva y cuándo el tusílago?
–La malva tiene un mucílago que es un gran demulcente: desinflama las paredes inflamadas. El tusílago es más expectorante, más antitusígeno. Durante un tiempo estuvo prohibido porque recién recolectado y en dosis muy altas puede llegar a ser hepatotóxico. Pero una vez seco pierde toda su toxicidad. De las dos, prefiero la malva, que es una planta extraordinaria.

–¿Es su planta favorita?
–Estaría entre las 25 que me quedaría si me obligaran a elegir. La malva es muy suave, muy eficiente. Su mucílago lubrica el intestino, sin ser laxante, protege las mucosas irritadas del estómago y de la garganta… La tengo siempre en casa y crece en mi jardín.

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