"La curación es un camino"

El Dr. Mené estudió acupuntura tras ejercer como médico de familia. Escribe sobre medicina tradicional china y forma a otros profesionales.

Daniel Mene

Daniel Mené nació en Francia, hijo de padres españoles. Estudió en los jesuitas de Caousou de Toulouse y luego se doctoró en medicina en la misma ciudad. Empezó a ejercer en la isla de Martinica en 1978 y fue médico responsable de la salud de la isla de Bora Bora.

Realizó viajes regulares a Vietnam, con estancias en el centro de medicina tradicional de Hanoi, y trabajó en el Instituto de Medicina Tradicional de Cantón (China).

Tras estudiar acupuntura en Formosa, abrió una consulta en París, donde también se dedicó a formar médicos acupuntores y a escribir libros de medicina tradicional china. Su Introducción a la Medicina China (Ed. Udium) ha sido editada en castellano, catalán y francés.

En 1998, tres años después del nacimiento de su hija, se trasladó a Barcelona, donde ha impartido clases de acupuntura en el Colegio de Médicos, así como en el de Sevilla.

Realizamos esta entrevista en su domicilio de Barcelona, un ático singular donde también atiende a sus pacientes, y donde disfrutamos de su calor humano y de la hermosa decoración, que refleja sus viajes por Extremo Oriente.

De la medicina de familia a la acupuntura

–¿Cómo un médico de familia se hizo acupuntor?
–Cursé mis estudios en Francia y empecé mi carrera médica en la Martinica. En el consultorio mi socio era médico y acupuntor, y yo veía salir a la gente de su consulta muy satisfecha. Eso me asombraba. ¿Cómo lograba esas reacciones con solo unas agujas? Al cabo de unos años tuve la oportunidad de viajar a China y él me sugirió que visitase el lugar donde había estudiado. Así que pasando por Taipei, la capital de Formosa, entré en un hospital occidental normal, donde vi unas cien personas en la sala de espera del servicio de acupuntura.

Me llamó la atención un acupuntor que estaba manipulando una aguja en el pie izquierdo de un anciano: a medida que lo hacía, el paciente podía movilizar más el brazo derecho, afectado por lo que debía de ser una neuralgia cervicobraquial o una escapulalgia. No lograba comprender qué conexión podía haber entre un pie y el hombro opuesto.

En esto llegó el profesor de mi amigo y me propuso estirarme en una camilla. Le dije que no estaba enfermo, pero insistió más que yo, así que me tomó el pulso, me miró la lengua y me puso cuatro agujas. Al cabo de media hora me quitó las agujas y me propuso volver al día siguiente para conversar con más calma. Pero al salir del hospital (lo recuerdo como si fuera ayer) vi una de esas enormes puertas rojas típicas chinas en forma de arco... y el rojo me pareció más rojo, y el cielo más azul. Me notaba distinto: más ligero, más alegre, más despreocupado.

Esa sensación tan extraña duró varios días. A la mañana siguiente volví al hospital, me enseñaron lo que hacían, lo que trataban. Me planteé muchas preguntas y el resultado fue que me quedé en Formosa los siguientes dos años estudiando esa medicina.

–Se tiende a pensar que la medicina china y la acupuntura son lo mismo...
–La acupuntura es una rama de la medicina china, que también incluye una fitoterapia muy compleja, masajes terapéuticos (tuina) o ejercicios que trabajan la energía. Cuando estudiaba en Taipei, los pacientes con insuficiencia renal salían cada mañana del hospital a hacer chikung, ejercicios respiratorios y de vocalización a fin de tonificar la energía de los riñones.

–En Occidente se usa la medicina china en dolores y problemas crónicos. ¿Pero con ella también se tratan enfermedades infecciosas agudas?
–La acupuntura es la medicina básica en China y se ha empleado siempre para combatir las infecciones agudas. Pero en Occidente disponemos de fármacos que actúan rápida y eficazmente en los cuadros agudos (dolores, fiebres), mientras que en los crónicos a veces no funcionan tan bien. El paciente occidental suele acudir primero al médico normal; luego, si no mejora, prueba otro tipo de medicina. Por eso la acupuntura tiene fama en enfermedades crónicas. Pero se puede tratar perfectamente una gripe o una diarrea con acupuntura o fitoterapia china.

Corregir los desequlibrios

–Al recibir a un paciente, ¿qué intenta saber ante todo?
–La caricatura del médico chino es un médico que no habla. Es ese señor que te mira a los ojos, te coge el pulso, te toca la piel, te mira la lengua, tiene una sensación con los dedos, con la mirada, con el olor de tu cuerpo, y a partir de ahí se forma su idea de cómo va tu energía. Te puede preguntar algunas cosas, pero la observación y la palpación es lo más básico. Porque el paciente explica síntomas, manifestaciones. Pero lo que él está buscando es la causa profunda dentro del cuerpo.

El problema puede ser frío, calor, humedad, tensión en el hígado, en el corazón... Sentir cómo va la energía dentro es la clave. Porque la enfermedad en medicina china siempre se debe a un desequilibrio entre la persona y el mundo exterior. Y de esa inadaptación nace la enfermedad.

"Para la medicina china la enfermedad siempre se debe a un desequilibrio entre la persona y el mundo exterior."

–¿Se puede recurrir entonces a la medicina china sin estar enfermo, por ejemplo ante un cambio de estación?
–Por supuesto, porque esta medicina actúa esencialmente equilibrando a la persona con el mundo exterior, y el cambio de estación es el momento de la adaptación más importante. Todos tenemos una estación en que estamos bien y otra en que estamos peor. Eso corresponde a una deficiencia energética, generalmente de un órgano, que los chinos explican muy bien con su ley de los 5 elementos. Es lo que ocurre por ejemplo con el hígado en primavera.

Quien tiene un hígado débil en esa estación tendrá más fácilmente cansancio o una manifestación relacionada con el hígado tal como lo entiende la medicina china. Es decir, pueden ser problemas en el ojo, en los músculos, en el trayecto del nervio ciático, en el sistema digestivo...

–¿La medicina china ofrece así una especie de puesta a punto personalizada?
–Completamente. Y ese es el problema que siempre va a tener la medicina china respecto a la medicina occidental. Si tú coges unas anginas haciendo esquí en un día frío de invierno, o bien en verano en plena playa, la medicina occidental las tratará con el mismo medicamento.

Pero la medicina china no: la manifestación puede ser igual, pero en un caso se tratará la sensibilidad al frío y, en el otro, al calor. Al comparar la eficacia de esas medicinas siempre surgen este tipo de problemas: no proponen el mismo diagnóstico porque en la práctica están curando casos diferentes.

–¿Si el cuerpo fuese una casa, el médico chino se podría comparar con un electricista o un fontanero que corrige los desajustes más notables?
–De forma metafórica se podría ver así. Alguien puede tener por ejemplo mucha sed (lo que significa que tiene mucho calor dentro), y a la vez frío externo. El médico chino tratará de equilibrar esa diferencia.

Mantener el equilibrio es la base de todo. Si hay equilibrio, la enfermedad no entra. El acupuntor buscará las deficiencias que tienes, cosas que tal vez no sentías o no te interesaban. Puedes tener frío o calor al dormir, migrañas o calambres, pero acudes por un dolor lumbar. Él va a tratar muchas cosas corrigiendo la deficiencia que las ha originado.

–¿Eso lleva varias sesiones?
–Sí. Hay cosas que se tratan con urgencia en una sola sesión, porque recordemos que hay una medicina china para casos puntuales y otra para problemas de fondo.

–El ginseng es la planta oriental más vendida en Occidente. ¿Se usa correctamente?
–Es una planta muy potente pero tiene efectos secundarios. El ginseng salvaje es carísimo y apenas se encuentra. Tenemos el cultivado, común en las herboristerías, o el de Corea, que genera mucho calor en el cuerpo. Si el cansancio es por nerviosismo, y eso puede significar exceso de calor, el ginseng puede ser perjudicial. Hay que ser prudente y pedir consejo antes de tomarlo.

El enfoque desde la medicina china

–Al escuchar el pulso, ¿qué información obtiene?
–Con solo coger el pulso tú mismo notarás primero la velocidad, la fuerza, si es superficial, profundo... Quizá lo percibes más cerca de la mano o más lejos. El pulso informa de si tienes algún tipo de dolor o patología; si hay calor, frío . .. En algunos casos también se puede deducir si hay un embarazo o no, pues el pulso de la embarazada es muy característico,

–¿ Y con la lengua? A muchos pacientes les cohíbe mostrar la lengua al acupuntor...
–Sí, pero hace 40 o 50 años, cuando el médico iba a una casa, miraba el pulso y la lengua del enfermo. La lengua es diagnóstico y pronóstico, porque en ella se refleja el estado de salud. Se mira la forma y el color, pues cada color tiene un significado. Después de un tratamiento con acupuntura puede evaluarse su eficacia en la lengua, ya que la lengua cambia muy rápidamente.

–¿Cómo enfocan el problema de las alergias?
-En las alergias estacionales la medicina china funciona muy bien, pues son un ejemplo de inadecuación entre la persona y el mundo exterior. Salimos del invierno, pasamos a la primavera, sube el calor y brota la alergia en el paciente predispuesto. El calor externo se suma al interno y eso favorece la alergia.

–¿Y la migraña?
–En la medicina china la migraña puede tener diferentes orígenes, una de las clásicas se debe al hígado. Cada órgano está relacionado con una emoción. La frustración o la ira, por ejemplo, pueden dañar al hígado tanto como una alimentación demasiado grasa o el alcohol. Los médicos chinos consideran que cada vez que el hígado recibe una agresión por alguna de esas vías no puede expresar su queja contrayendo una hepatitis, por así decirlo. La reacción se manifiesta entonces en el trayecto superficial de los meridianos por la piel. Y el meridiano de la vesícula biliar que pasa por toda la cabeza es responsable de muchas migrañas. Puede que la causa venga del hígado o la vesícula y se manifieste en la parte superior, porque es fuego, y el calor sube. Los meridianos serían como la parte visible del iceberg. El buen acupuntor tratará la manifestación y también la raíz. Una vez pasada la migraña regulará el hígado o la vesícula para que funcionen mejor.

–¿Se emplea actualmente la acupuntura como anestesia?
–La anestesia con acupuntura se desarrolló cuando no existía la anestesia química, por eso algunos de los mejores acupuntores anestesistas están en Vietnam del Norte, donde ejercieron en plena guerra. Médicos franceses prisioneros de los vietnamitas observaron que estos carecían de fármacos y anestesiaban con acupuntura. Y funciona muy bien en el glaucoma, la tiroides, la cesárea, ciertas gastroectomías... Cada cultura tiene una relación con el dolor. Los cirujanos occidentales están habituados a un paciente totalmente sedado con anestesia. Pero la acupuntura sirve perfectamente también. Es una técnica muy protocolizada, y bastante científica, porque se puede repetir. Es una lástima, tendría que haber más anestesistas que dominasen esos procedimientos, ya que hay personas que no se pueden anestesiar, y entonces sería posible operar a pacientes que hoy son casi inoperables.

"El punto de acupuntura es una diana y cada paciente es distinto. La clave es acercarse lo más posible al centro."

–¿Cómo sabe que ha puesto la aguja en el punto exacto?
–El punto es una diana y cada paciente es distinto. Tu trabajo es acercarte lo más posible al centro. Para eso tienes la sensibilidad, ves la piel y con los años y la práctica aprendes a detectar el punto. Las agujas apenas se sienten al entrar. Es muy importante que el acupuntor tenga la concentración adecuada en el momento de pinchar y el pensamiento correcto para manejar la energía, porque todo se basa en manejar la energía.

Cómo integrar las emociones en el cuidado de la salud

–¿Cómo es el paciente tipo que acude a un acupuntor?
–El paciente que quiere acupuntura, y puedo decirlo por experiencia, es alguien que en general ha decidido tratarse de otra manera. Quiere tener otra relación con su cuerpo y su vida, quiere responsabilizarse más. No se contenta con que el médico le dé un medicamento para que se le pase el dolor. No, él quiere saber, porque suele ser más exigente y se observa más. Para el terapeuta es una suerte tener pacientes así, porque notan en su cuerpo que las cosas no pueden ser inmediatas, asumen que la curación es un camino y el acupuntor una persona que les acompaña en él.

–¿Las emociones influyen en el proceso de enfermar?
–Esto es básico. La manera de pensar influye en el cuerpo. Ahorrar la energía, protegerse, es fundamental, como tener el pensamiento adecuado. Los ejercicios mentales son un pilar del budismo. En Occidente pensamos que es bueno sacar la ira por ejemplo, pues creemos que controlar las emociones implica reprimir algo. Pero educar la manera de pensar es fundamental para la salud. Hay que cultivar la alegría, el pensamiento positivo, hacer el pequeño ejercicio de pensar en cada momento qué tiene de bueno para mí la situación que estoy viviendo. Buscar siempre la vida, buscar siempre la energía y la fuerza dentro de uno mismo.

–¿Sería eso una forma práctica de buscar la felicidad?
–La persona tiene que mantener el control sobre las cosas y no al revés. Eso empieza en la respiración. Los chinos aceptan que la vida es sufrimiento. Y si el sufrimiento forma parte de la vida, la felicidad la conseguiremos transformando de forma permanente ese sufrimiento. ¿Cómo? Un modo es estar en contacto con el cuerpo; en el presente, porque el futuro es ansiedad y el pasado es tristeza. Conviene estar en el presente, aquí, en el momento, con la respiración. El mero hecho de trabajar eso es complicadísimo. Pero ofrece un camino a la felicidad y la paz interior. Y esa paz interior hace que la persona viva mejor consigo misma y con los demás.

–¿Y qué consejo puede dar para respirar mejor?
–Al inhalar una persona recibe el mundo exterior, con las emociones, y al exhalar entra dentro de sí misma, se relaja... y sonríe. Ese es un ejercicio básico: inhalar, recibir la emoción, exhalar y sonreírse a uno mismo y a la vida.

–¿Somos demasiado duros con nosotros mismos?
–Sí, siempre, indisciplinados y duros, cuando lo que tenemos que ser es disciplinados y suaves. Eso es muy difícil. En Francia las medicinas alternativas se llaman medicines douces, es decir, medicinas dulces o suaves. Ponen siempre el cuerpo y su armonía en el centro. Esa es su prioridad.

"La salud es un camino. La aceptación y la paz interior permiten vivir mejor con uno mismo y con los demás."

¿Cómo nos sentimos cuando hemos acertado con el profesional adecuado?
–El acupuntor tiene que ayudarte a solucionar el problema si este es solucionable. Pero lo principal es que notes a lo largo del tratamiento que hay cosas que están cambiando en ti. Cosas que no te esperabas, cosas que cuesta entender. Pasado cierto tiempo observas que no reaccionas igual. La vida cambia, tu forma de actuar no es la misma, el cuerpo reacciona de otro modo. Tu forma de pensar o de reaccionar emocionalmente están cambiando. Esa es la prueba de que estás recorriendo un camino con el acupuntor.

–¿Qué significa entonces curarse?
–Una persona nunca está sana ni enferma del todo. Se trata de estar lo más posible en armonía con tu estado de salud y con la vida. Experimentar paz y un sentimiento de aceptación de las cosas, estar lo más presente en tu propia vida. Se alivian los dolores, claro, pero todo eso forma un conjunto. Los dolores van asociados a un estado general energético de salud física y mental. Eso es lo que intenta comprender y regular la medicina tradicional china.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?