Guía vital

Despierta tu intuición y avanza en la vida

Raúl de la Rosa

Nos cuesta confiar en nuestro instinto. Y, sin embargo, guía muchas de nuestras acciones, aunque no seamos conscientes de ello. Abrirnos a ese conocimiento puede llevarnos a una realidad más amplia y lúcida.

La ciencia ha comenzado a explicar la función de la intuición en la evolución humana, en el éxito y en el fracaso, de manera que la intuición puede constituir la diferencia entre la vida y la muerte. De hecho, es posible que ciertas manifestaciones del organismo, como el apetito, sean una respuesta intuitiva a un problema de supervivencia. Podemos afirmar, por tanto, que el ser humano ha evolucionado gracias a la intuición.

Seguir o no sus señales es lo que muchas veces define el acierto o el error en decisiones nimias y también en las que determinan la propia existencia.

Equilibrio entre razón e intuición

Es difícil que alguien pueda avanzar con éxito en cualquier aspecto de la vida si no posee un alto grado de intuición en la toma de sus decisiones.

Esto no quiere decir que haya que renegar de la razón, sino que lo racional y lo intuitivo trabajan más eficazmente cuando se fusionan en un solo camino de descubrimiento de la realidad.

Razón e intuición se unen en nuestra mente; debemos encontrar un equilibrio entre ambas que nos permita acceder a la realidad y a lo mejor de nosotros mismos.

¿Qué es la intuición?

La intuición es la creatividad de la vida expresada a través de una mente serena. La intuición nos conduce a descubrir las verdades que son invisibles a la razón. De alguna manera trae a la luz de la razón la luz de la conciencia.

Vamos caminando por el bosque y, si miramos hacia abajo, vemos que los troncos de los árboles parecen rígidos, pero si elevamos la mirada hacia la luz vemos que sus copas son flexibles.

De la misma manera, cuando conectamos con nuestra conciencia, nos hacemos flexibles y perdemos la rigidez que nos enraíza a nuestra parte más terrenal.

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Oscuridad y luz

En nuestro interior hay zonas luminosas que nos elevan y nos llevan a contemplar lo mejor de nosotros mismos, y zonas oscuras que son igualmente necesarias para, sobre ellas, elevarnos hacia la luz de una mente libre.

Crecemos desde la oscuridad hacia la luz de la conciencia. Si admitimos esta dualidad en nuestro interior, la vida evoluciona a nuestro favor.

La intuición es "mirar hacia dentro", es la facultad de alcanzar una verdad sin necesidad de razonamiento, que muchas veces está bloqueada por una forma más analítica de conocimiento.

De hecho, es importante aprender a diferenciar un proceso intelectual de uno intuitivo, una reflexión de una intuición, con el fin de reconocerla cuando esta se produce.

Gestionar las emociones

Es cierto que para dirigir adecuadamente el proceso intuitivo hay que aprender a reflexionar sobre uno mismo sin dejarse arrastrar por las emociones, pero reconociéndolas y situándolas de modo adecuado para evitar su influencia en la evolución de la intuición en nuestra mente.

¿Qué necesita para surgir? Los deseos y las emociones caminan juntos y son, al contrario de lo que suele afirmarse, dos elementos perjudiciales para el surgimiento de la verdadera intuición.

La intuición no es la emoción o el sentimiento, ya que no se basa fundamentalmente en la información consciente e inconsciente que se ha adquirido; aunque tener información ayuda a definir bien en la mente aquello que queremos saber, después debemos relegarla y dejar paso a la intuición.

Aprender a orientar la mente

Para desvincularnos de los deseos, las emociones y los sentimientos que podamos experimentar hacia uno u otro resultado de lo que queremos saber, la clave es aprender a orientar nuestra mente de forma correcta hacia el objetivo, con exclusión de todo lo demás.

La intuición se manifiesta en cada persona generalmente de forma diferente y en distintos ámbitos, y por ello debemos permanecer atentos para averiguar cuál es nuestra forma de percibirla.

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Cómo se manifiesta

La respuesta intuitiva puede llegar a través de una palabra, una frase, un conjunto de imágenes o ideas, un pensamiento esclarecedor, por medio de sincronías, de un sentimiento, de una sensación o de un efecto físico, por ejemplo, un cosquilleo o un cambio de temperatura corporal.

Si bien es cierto que fuera del campo profesional o de las actividades más habituales suele ser más difícil recibir esa información, con la práctica la mente se va flexibilizando a todo tipo de intuiciones.

Es como el zahorí que busca agua mediante su capacidad intuitiva, pero que no la emplea para otras cosas. Sin embargo, con la práctica premeditada de la intuición, la mente se va abriendo a otras realidades.

La clave, practicarla

Como sucede con cualquier destreza que uno posea, esla práctica la que lleva al éxito, con la diferencia de que la intuición es algo que todos poseemos de una forma innata y que, por tanto, podemos desplegar en cuanto vayamos limpiando los canales que conducen la mente hacia su objetivo.

Si comparamos la intuición con un río, el primer nivel es un río helado: sabemos que las aguas están ahí debajo del hielo, fluyendo, pero no podemos verlas; el segundo nivel llega cuando el hielo ha comenzado a derretirse: vemos parte de las aguas discurriendo lentamente entre bloques de hielo; y el tercero es el río fluyendo libre sin nada que lo frene ni lo oculte.

  • Primer nivel: intuición básica. Para simplificar y hacerlo fácilmente comprensible, he dividido la intuición en tres niveles aunque finalmente todos se funden en un solo proceso de conciencia. El más basico es aquél en el que recurrimos en parte a la información almacenada en nuestro subconsciente, fruto de nuestra propia experiencia subliminal y de la que no somos conscientes.
    Por ejemplo, podemos saber si una persona que sonríe es franca o nos miente. El profesor de psicología Richard Wiseman realizó un estudio con 15.000 voluntarios que debían mirar fotografías en las que aparecían individuos con rostros sonrientes. En una imagen se veía a una persona sonriendo realmente y en otra a la misma persona simulando la sonrisa. El voluntario debía señalar cuál era la sonrisa sincera y cuál no. Cerca de tres cuartas partes de las respuestas de los encuestados fueron acertadas, tanto las de las mujeres como las de los hombres.
  • Segundo nivel: ampliada. El segundo nivel de conciencia es aquél en el que accedemos a la vasta experiencia acumulada en la evolución y en el universo, y que va más allá de la experiencia personal. En un estudio dirigido por Beatrice de Gelder, de la Universidad de Tilburg (Holanda), con la Facultad de Medicina de Harvard (Estados Unidos), se comprobó que una persona ciega es capaz de sortear un laberinto de obstáculos usando solo su intuición, sin ser consciente de que estaba haciendo algo excepcional.
  • Tercer nivel: intuición liberada. El tercer nivel es aquel que va mas allá de lo aprendido, de lo sucedido y de lo existente, y enlaza directamente con la conciencia en su aspecto más profundo. En este nivel se puede conocer cualquier cosa presente, pasada o futura. En este estado de la mente, liberada de las dependencias espaciotemporales, sin las barreras de la razón y la lógica aprendida, es cuando se produce realmente el proceso intuitivo.

La curiosidad nos ayuda

La curiosidad y la creatividad son grandes aliadas de la intuición, y viceversa, pues se retroalimentan. Las personas creativas son más intuitivas y las personas intuitivas son más creativas.

No es la curiosidad lo que mata a un gato, por ejemplo, ya que la curiosidad es un factor evolutivo esencial de supervivencia.

Así que lo que en realidad acaba con nosotros es la falta de curiosidad. Hacerse preguntas nuevas es un indicio de salud interior y una forma de conservar activa la curiosidad.

Hacer que salte la chispa

Toda activación y estímulo del hemisferio cerebral derecho abre puertas a la creatividad y, por tanto, a la intuición.

El aprendizaje de nuevas materias contribuye a que la mente amplíe horizontes, y cuanto más abierta esté más fácil es que surja el fenómeno intuitivo de forma natural.

La atención serena enfocada en la observación, en la escritura, la pintura, el dibujo, la música o la escultura, por ejemplo, es una actividad creativa que favorece que salte la chispa de la intuición a la menor oportunidad.

El camino de la iluminación

En la época en que buscaba la iluminación, el maestro budista Marpa, que fue más tarde maestro del gran Milarepa, se topó en un camino con un anciano encorvado bajo un pesado fardo, y tuvo la intuición de que ese anciano poseía la clave de su búsqueda espiritual.

Le dijo a distancia: "Dime maestro, ¿qué es la la iluminación?". El hombre se detuvo, y sin decir una palabra, depositó su saco en el suelo. Marpa, que miraba fija e intensamente al anciano, sacudió la cabeza: "Por fin he comprendido qué es la iluminación. Gracias. Pero, ¿qué hay después?". Por toda respuesta el anciano levantó su fardo, lo volvió a colocar sobre sus espaldas y reanudó su camino.

Los pesos vitales que cargamos. Podemos liberarnos del peso de nuestras cargas –como hace por un momento el anciano del relato consultado por el maestro Marpa–, pero finalmente aceptamos que somos incapaces de avanzar sin ellas, sin asumirlas, sin comprenderlas, sin saber que nuestras cargas siempre están presentes en nuestra meditación, en nuestras acciones, en nuestro camino…

Pensar y actuar

Meditar es importante, aunque la meditación, y cualquier otra indagación mental, sin acción es solo autocomplacencia.

Hay pensamientos que tienden a la acción y otros al estancamiento. La mayoría de las veces el pensamiento no antecede a la acción: es la justificación que da la razón de la acción ya realizada.

Es la intuición, sin pensamiento, sin motivo racional aparente, la que decide gran parte de nuestras acciones.

Una vez asumido esto, entenderemos la necesidad de enfocar nuestros esfuerzos no solo hacia el desarrollo de la razón, sino a limpiar los canales entre intuición y razón, entre consciente e inconsciente.

Se puede decir que la relación entre percepción e intuición es mejorable. Preparar nuestro inconsciente y nuestra intuición despeja los canales entre lo que experimentamos y la realidad.

Si no sabemos cómo activar la intuición, lo mejor es probar a quedarse quieto y guardar silencio; así es más fácil que surja la intuición y que uno aprenda a dejarse guiar por ella.

Llama a tu intuición

La meditación es un estado abierto de la mente y el mejor camino para que surja Ia intuición, al igual que Ia práctica de disciplinas como el yoga o el taichí elevan la capacidad de percepción.
La intuición consciente surge de la mente serena: para recibir una respuesta clara necesitas una pregunta clara y concreta.

  • Si quieres saber la respuesta a algo debes plantear una pregunta bien dirigida y precisa, y después dejar de pensar en ello. De esta forma permites que la mente vaya en busca de la respuesta, que puede llegar al instante o tardar varios días en acceder a Ia consciencia, pero está en camino y antes o después llegará. Es algo que puedes realizar antes de acostarte.
  • Seguro que en ocasiones te has despertado con una idea innovadora, con la respuesta a una determinada situación o a un problema. La mente, al dormir, desligada del yugo de la razón, busca con más facilidad la respuesta que cuando estamos sujetos al consciente durante la vigilia.
  • Antes de irte a dormir, relájate, respira lenta y profundamente, y hazte una pregunta concreta, acordando contigo mismo que al recibir la respuesta te despertarás. Esto facilita la respuesta del inconsciente mientras duermes. Al despertar, anota rápidamente la respuesta.

Raúl de la Rosa es autor del libro Serena mente(Ediciones i).

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