Entrevista a Ramiro Calle

"El verdadero yoga no es adoctrinante ni dogmático"

Yvette Moya-Angeler

Ramiro Calle es el pionero de la enseñanza del yoga en España. Ha publicado más de 200 obras sobre yoga, autoayuda, orientalismo, guías de viaje, novelas y biografías. Acaba de publicar "El milagro del yoga" (Editorial Kairós).

Cerca de 40 años impartiendo clases de yoga en su centro Shadak de Madrid y más de 200 obras escritas sobre esta disciplina y otros temas afines convierten a Ramiro Calle en la gran autoridad del yoga en nuestro país.

Habitual en los medios de comunicación, la decisión y la perseverancia con la que sigue dando a conocer las bondades del yoga hablan de su fascinación por la espiritualidad védica.

Acaba de publicar "El milagro del yoga" (Editorial Kairós). Anteriormente, fruto de sus constantes viajes a la India publicó Conversaciones con yoguis (Ed. Kairós), libro en el que recoge las entrevistas que ha mantenido a lo largo de su vida con sadhus (renunciantes que se dedican a la vida contemplativa y a la autorrealización), eremitas y maestros de la talla de Swami Muktananda, Swami Satchidananda o la santa Anandamayi.

Se recuperó de estar gravemente enfermo tras contraer la listeriosis en Sri Lanka y lo contó en su libro En el límite, en el que insiste en todo lo que el yoga puede hacer por la salud.

Su voz cálida y sus modos siempre atentos y afables transmiten la paciencia, la disciplina y la ecuanimidad que cultiva a diario mediante la práctica del yoga.

–Es el gran pionero del yoga en España. ¿Cómo lo descubrió y qué le interesó de él?
–Yo tenía quince años cuando escuché por primera vez la palabra "yoga". Pregunté qué era y me dijeron que un método para controlar la mente. Enseguida comprendí que podía ser ideal para mí. Desde ese momento comencé a adquirir libros de Argentina, México y Francia, pues lo que había en España era poco y malo. Después empecé a escribir a escuelas de la India y de otras partes del mundo y a practicar por mí mismo. Hasta que un profesor de yoga indio se instaló en los alrededores de Madrid y acudí a recibir clases de hatha yoga con él, como ya hiciera mi madre, que fue mi maestra en espiritualidad y literatura.

–Hace décadas se hablaba de hatha yoga, raja yoga, bhakti yoga, karma yoga, jñana yoga… Ahora de ashtanga yoga, yoguilates, yoga dinámico, bikram yoga, yin yoga… ¿Cómo ve la evolución del yoga en Occidente?
–Los yoga clásicos son los que merecen el mayor respeto: hatha yoga, raja yoga, mantra yoga, karma yoga, bhakti yoga y otros. Son los que hay que explorar y en los que hay que inspirarse; son la verdadera médula de ese gran árbol que es el Yoga y que tiene muchas ramas (las diferentes modalidades de yoga) y muchos frutos (las diferentes técnicas y métodos).

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Después se han ido haciendo adaptaciones o creando pseudoyogas, porque el occidental es un consumista compulsivo y salvaje, y necesita incluso consumir estímulos espirituales o pseudoespirituales. Hay caviar verdadero y sucedáneos, y lo mismo sucede con el yoga. Hasta los periódicos de la India ridiculizan esta tendencia a crear todo tipo de "yogas" para satisfacer el ansia consumista de los occidentales. Es una lástima. Y además muchas escuelas de los llamados "yogas occidentalizados" se olvidan de las verdaderas enseñanzas del yoga, como la parte ética, el pranayama, la relajación o la meditación. De ese modo los yogas occidentalizados se convierten en un simple culto al cuerpo.

–¿Cómo se puede reconocer lo que de verdad es yoga?
–Lo que hay que hacer, en mi sincera opinión tras medio siglo en la investigación del yoga, es examinar y aprender de los yogas clásicos que he mencionado, y sobre todo refrendar cada enseñanza y técnica con la propia práctica y experiencia. En el yoga no nos movemos por creencias, sino por experiencias.

–¿El yoga necesitaría una adaptación a la vida que llevamos en Occidente y a nuestra concepción del mundo?
–¿Es que necesita adaptarse el ajedrez o el arte? ¿Es que un español es diferente como ser humano de un asiático? Adaptación tras adaptación, lo genuino pierde su carácter verdadero y la enseñanza se adultera y falsea.

La rutina diaria de un maestro del yoga

–¿Cuál es su rutina personal de yoga diaria?
–Todos los días hago hatha yoga y raja yoga, además de que imparto tres clases de yoga en mi centro. Trato también de incorporar a mi vida enseñanzas del karma yoga o yoga de la acción consciente y más desinteresada. Soy ovo-lácteo-vegetariano por un sentido ético de no dañar a ningún animal, no por motivos de salud. Es raro el día en que no leo e investigo en temas espirituales y orientalistas.

–¿Cuál es su postura de yoga favorita?
–Hay varias, desde luego, aunque es conveniente ser ecuánime y no tener predilecciones. Me decantaría tal vez, ya que me preguntas, por la postura de la pinza (Paschimottasana), la de la torsión (Ardha Matsyendrasana) y la de la vela (Sarvangasana).

–¿Conviene hacer muchas asanas antes de practicar a fondo los ejercicios de respiración del pranayama?
–Se puede practicar el pranayama independientemente de la ejecución de las asanas, pero en sesiones de unos quince a veinte minutos. O bien se puede hacer una serie de asanas (unas siete posiciones) y luego se practica el pranayama y la relajación profunda.

"Hay que practicar, practicar y practicar. En yoga no nos movemos por creencias, sino por experiencias."

–Dé un consejo a quien practique yoga…
–Lo que debe hacer el practicante es desarrollar la triple disciplina: la ética, la mental y la de desarrollo de sabiduría o lucidez. Debe armonizar el cuerpo y la mente, leer obras fiables, examinar las verdaderas enseñanzas de los grandes maestros y sobre todo practicar, practicar y practicar.

–¿Qué caracteriza a un buen alumno de yoga?
–Un buen practicante es el que observa una ética genuina, practica con asiduidad, combina métodos psicosomáticos y métodos psicoespirituales, tiene motivación, confía en sus propios potenciales y verifica por sí mismo las técnicas y enseñanzas; todo ello con humildad, sin dejarse ganar por el ego, pues en el yoga, como digo en mi relato espiritual El Faquir, uno siempre es un aprendiz y el deber de todo aprendiz es seguir aprendiendo.

Todo lo que la India tiene que enseñarnos (y cómo aprovecharlo)

–Lleva más de treinta años acudiendo a la India. ¿Qué tiene la India que le atrae tanto?
–La India es fascinante a todas luces. Es otro mundo, un país realmente único y en el que se nos ofrece de todo. He viajado en infinidad de ocasiones y siempre me impacta y emociona. A veces también para mal, no puede negarse. El campo de la India es maravilloso y no digamos los paisajes del Himalaya, únicos en el mundo. Pero hay que salir de las grandes ciudades y adentrarse por las aldeas y pueblos, porque la India es eminentemente agrícola y cuenta con más de medio millón de pueblos. Como dijo Alberto Moravia, la India es inagotable. Siempre despierta la capacidad de asombro del viajero. El viaje hacia afuera se convierte en viaje hacia adentro. Y muchas personas dicen que la India no es un viaje más, es el Viaje.

–¿Recuerda cómo fue su primer viaje a la India?
–Fue en 1972. Era una India muy diferente. Recorrí el país de norte a sur y de oeste a este: desde los Himalayas hasta el Cabo Comorín y de Bombay a la Bahía de Bengala. Tomé veinte aviones en dos meses, pues en ese viaje iba buscando mentores espirituales por todas partes, para entrevistarlos; de ahí salió mi libro Conversaciones con Yoguis.

–¿Y qué nos puede decir de su último viaje?
–Mi último viaje a la India fue un extenso recorrido por las tierras del sur, un estado de colosales templos y ciudadestemplo llamado Tamil Nadu. También aproveché para recorrer las tierras del norte en las que Buda predicó su doctrina y allí donde se iluminó, en Bodh Gaya.

–¿Cuál ha sido su estancia más larga allí?
–Nunca estoy en India más de dos meses. Me gusta mucho ir y venir. De ese modo le hallo todos los contrastes y la vivo mucho más intensamente: siempre como nueva, sin dar cabida a la rutina, sintiéndola desde lo más íntimo y profundo.

–Entonces, ¿no se plantea vivir en la India?
–Si no tuviera el centro de yoga que atender, y donde todos los días imparto tres clases, me plantearía vivir varios meses en la India y varios en España y otros países.

–¿Cómo está cambiando la India en este siglo?
–Está cambiando mucho. Los cambios traen cosas buenas y malas. Hay cada día más desigualdades sociales. Es un país emergente, con notable pujanza económica, pero donde sigue habiendo más de doscientos millones de personas viviendo bajo el nivel de la miseria. La India es un gran poder cibernético, puntera en el software, pero espiritual y artísticamente vive de talentos pasados. Corre en pos de los modelos de vida occidentales, el materialismo es galopante y eso ha dado lugar a una "geografía" humana de grandes ricos que no resulta nada atractiva ni confiable. Ojalá se puedan preservar sus auténticas tradiciones y erradicar su gran cúmulo de supersticiones. Y, por supuesto, que de una vez se eliminen las castas, para lo que hay que superar la actitud castista de los propios indios.

–¿Qué aconsejaría a quien desea pasar unas semanas en la India aprendiendo yoga?
–Tiene que informarse bien y saber qué quiere y qué tipo de yoga le interesa más. En Rishikesh, al pie del Himalaya, hay muchos profesores de hatha yoga y de meditación. Tiruvannamalai, en el sur, en el estado de Tamil Nadu, se ha tornado un foco espiritual intenso y hay maestros y maestras de bhakti yoga y meditación. Lo esencial es tener claro qué es lo que uno quiere y pretende, e informarse.

–¿Y qué recomendaría a quien se acerque al país con algún tipo de interés espiritual?
–Lo mismo: que se informe previamente de veras. Si elige un ashram en el que alojarse para practicar yoga o meditar, que reserve con antelación. No aconsejo a nadie que se apunte a viajes espirituales o cultural-religiosos organizados por una agencia comercial, porque lo único que quieren es conseguir clientes y dan una peor calidad cobrando mayor precio. En absoluto apuntarse a los llamados «viajes de autor», que llevando a una persona conocida incrementan el precio y no dan calidad. Desaconsejo totalmente esas invenciones.

Los maestros espirituales: una conciencia evolucionada

–¿Qué ha aprendido de los grandes maestros de la India?
–De los verdaderos maestros he aprendido que es necesario ir más allá del conocimiento ordinario para alcanzar el Conocimiento revelador; que aunque el pensamiento es importante en su plano, hay que trascenderlo para hallar otro tipo de visión más transformativa. Se dice: "Cuando el pensamiento cesa, se revela la luz del ser". Y sobre todo, he aprendido que la cualidad de cualidades es la compasión.

Estuve tres meses muy enfermo, al borde la muerte, muy crítico. Al retomar la consciencia, lo primero que sentí era el sentimiento profundísimo de que lo más importante es el cariño y la humildad. Eso me lo han mostrado los genuinos maestros, que son pocos, pues falsarios y embaucadores gurús de masas hay legión. Hay que desconfiar de ellos como de la peste, igual que de las instituciones de yoga y organizaciones internacionales que se presentan como no lucrativas y que luego son más lucrativas que nadie, pues empiezan por cobrar a sus alumnos y no pagar a sus profesores.

–¿Qué distingue al verdadero maestro?
–El verdadero maestro pone el énfasis en la necesidad de esclarecer la mente –mediante la práctica de la meditación y la actitud correcta– y en lograr un corazón compasivo. Humanizarnos, en suma, ser verdaderos seres humanos con una mente más libre de ofuscación, avaricia y odio.

"El verdadero maestro pone el énfasis en la necesidad de esclarecer la mente y en lograr un corazón compasivo."

–¿En eso consiste la sabiduría esencial de Oriente?
–La sabiduría esencial de Oriente se cifra en que la conciencia puede evolucionar y en que contamos con enseñanzas y medios para lograrlo. Una conciencia más evolucionada da por resultado la lucidez, la compasión, la acción diestra y más desinteresada, la percepción de la Unidad en la enorme diversidad. Una conciencia que complete su desarrollo nos permite distinguir entre lo esencial y lo trivial, lo sustancial y lo banal. Aprendemos a discernir y a tomar la dirección adecuada.

–¿Qué impresión le causaban los maestros que entrevistaba? ¿Cómo le recibían?
–Durante muchos viajes me dediqué a ser un "cazador" de hombres santos. Muchos eran menos santos de lo que decían, y otros eran falsarios sin ninguna intención espiritual. Siempre he desconfiado de los gurús de masas, con sus oropeles, predicando justo lo contrario de lo que hacen, afirmando su ego, del tamaño de un rascacielos, y llenando sus arcas. He creído por el contrario en el sadhu, en el eremita, en el mentor sencillo y sincero, que te transmite lo mejor de las enseñanzas sobre todo a través de su comportamiento y no con mera palabrería.

Llegará un momento en que el ser humano sea interiormente libre y se produzca el ocaso de los gurús, los líderes, los ídolos. Prácticamente todos los mentores y maestros me recibían bien y se prestaban a contestar a mis largos cuestionarios. Pero debo decir que he encontrado gente mucho más seria y humilde entre los budistas que entre los hindúes, pues a muchos se les sube a la cabeza su papel de "salvadores de almas".

–Dice que la verdadera alma de la India está en la mujer. Sin embargo, casi todos los gurús son hombres. ¿Se debe al machismo de la sociedad india?
–Ha habido muchas mujeres de enorme relevancia espiritual y alcance místico, como Mirabai. Yo mismo conocí y entrevisté a la gurú más célebre hace unos años, que era Ananda Ma. Hoy en día, en Tiruvannamalai, por ejemplo, hay varias gurús muy solicitadas, como Shiva-Shakti y Aum Amma (no me refiero a Amma, la que se pasa la noche dando abrazos y cuyo ash-ram se halla en el estado de Kerala). Hay muchas otras, pero no tienen ese afán compulsivo de los gurús masculinos de formar grandes organizaciones y hacer giras por el mundo como si fueran un cantante de moda.

–¿Recuerda alguna enseñanza en particular que le marcara profundamente?
–Ha habido muchas, claro. Pero no me gustan los maestros que se extravían y se jactan con su saber libresco y al final no dicen nada nuevo ni te dan una impresión transformativa, sino aquellos que son más silentes, más humildes y que con su sola presencia te llenan, te inspiran e incluso te transforman.

"Creo en el mentor sencillo y sincero, que te transmite lo mejor de las enseñanzas con su comportamiento."

Espiritualidad, creencias y yoga

–¿Cree en la reencarnación?
–No creo en la reencarnación en el modo infantil, casi demenciado, que mucha gente cree o dice creer. Es una creencia cuando no es una experiencia. Y si es como creencia, en nada transforma. Elucubraciones. La gente ni siquiera conoce esta vida y se empeña en conocer la anterior o la posterior. Esta vida que vivimos es la que hay que utilizar para mejorarnos, transformarnos y humanizarnos.

–Entre los gurús que conoce, ¿el vegetarianismo es mayoritario?
–Todos los maestros hindúes que he conocido son vegetarianos. Los hay que lo son por tradición e incluso por superstición. Otros por salud. Y la mayoría, como yo, por un sentido ético de que no hay que dañar a ninguna criatura.

–¿Aconseja la alimentación vegetariana para los practicantes de yoga? ¿O puede ser un obstáculo si la persona se cree especial por eso?
–El verdadero yoga no es adoctrinante (como algunas escuelas o centros de yoga lo presentan, sobre todo los hinduizantes), ni dogmático. Es un método aséptico y se basa en la experiencia. El practicante de yoga puede ser vegetariano u omnívoro, ejercitar la sexualidad o abstenerse de ella, ser teísta o ateo, creyente o agnóstico.

Cada uno, según la evolución de la conciencia, irá discerniendo y optando. Nada es impuesto, pero es necesario evitar a toda costa la violencia y desplegar la compasión. Los buenos sentimientos deben florecer en el corazón del genuino practicante de yoga. A mis alumnos no trato de condicionarlos. El que opte por el vegetarianismo, perfecto; el que no, también.

–Decía Ramakrishna que todas las vanidades del mundo pueden desaparecer pero que la más difícil de extinguir es la del religioso acerca de su propia religiosidad. ¿Abunda la vanidad espiritual en el mundo del yoga?
–Innumerables veces he tratado con mi buen amigo el maestro de yoga Víctor Martínez Flores el tema de la desmesurada vanidad y el exceso de egocentrismo que hay muchas veces en el ámbito de los instructores de yoga, que son en ocasiones como vendedores desgañitándose por presentar su producto como el mejor y único. Es una lástima. ¿No entienden que no se trata de afirmar el narcisismo ni de ejercer poder?

Hay por ahí algunos de esos que se dicen swamis que son el ejemplo vivo de la fatuidad y el anti-yoga, que con su actitud soberbia y mayestática lo único que hacen es desprestigiarse a sí mismos y hacerse con un puñado de incautos y ciegos discípulos sin personalidad. El discípulo y el alumno deben abrir bien los ojos y discernir, para no apoyar de otro modo al enemigo que es el falso maestro o engolado gurú. Humildad, humildad y humildad, pero de la verdadera, no de la fingida por los gurús que más parecen actores o políticos.

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