Entrevista a Joaquín Araújo Ponciano

"La naturaleza alberga las soluciones a todos los problemas"

Sira Robles

Joaquín Araújo ha dedicado su existencia a proteger los bosques. Considera que la verdadera pandemia la están viviendo los árboles y que deberíamos dejar de destruirlos para no ser candidatos al colapso. Acaba de publicar el libro "Los árboles te enseñarán a ver el bosque" (Editorial Crítica).

Joaquín Araújo Ponciano ha dedicado su vida a lograr lo que quizá parezca un reto imposible: salvar los bosques. Su permanente compromiso con la defensa de la naturaleza ha sido reconocido a través de 51 premios. Es el único español premiado con el Global 500 de la ONU y también es el único español dos veces galardonado con el Premio Nacional de Medio Ambiente.

Araújo es comisario de exposiciones, director y guionista de documentales, comunicador y conferenciante. Sin embargo, de lo que más orgulloso está en la vida es de haber plantado tantos árboles como días ha vivido, unos 25.000. "Yo, incluso, me emociono cuando paseo bajo la sombra de centenares de árboles que planté hace 30 o 40 años", nos confiesa. En el seno de las arboledas de las Villuercas, donde vive como un campesino y pastor, ha escrito el libro que ahora acaba de publicar, Los árboles te enseñarán a ver el bosque (Editorial Crítica), una invitación a emboscarnos para reencontrarnos con nosotros mismos.

–¿Para qué le sirve emboscarse?
–Es una utilización provocativa del término. Yo me embosco para tender emboscadas a la contaminación, al ruido, a la prisa y la competitividad. Vivo en el bosque para intentar disfrutar del mejor espectáculo y no menos con la pretensión de comprender qué hace la Natura y qué le hacemos. Por si eso fuera poco considero que el bosque es una infinita invitación a la creatividad.

Poco inspira más, al menos a uno mismo. Pero si sumamos a todo esto que los bosques son los grandes productores de mucho de lo más necesario
–aire entre otras muchas cosas– o que es donde más vida vive diría, en fin, que me embosco porque es allí donde más se combate a la muerte.

–Lo paradójico es que estos árboles que nos proporcionan aire para vivir están necesitando ser curados… ¿Qué los está enfermando?
–Su pandemia es el cambio climático que potencia desde alteraciones en el calendario de la foliación y floración hasta la pérdida anticipada de las hojas o el retraso. Mis melojos, por ejemplo, conservan la hoja un mes más que hace 40 años. Pero sobre todo el calor propicia el desarrollo de los principales patógenos, principalmente hongos e insectos de todo tipo, desde los que comen hojas a los que descortezan.

Artículo relacionado

bosque felicidad

¿Por que los árboles te hacen sentir feliz?

–Según explica, los árboles evitan el roce de sus copas para sobrevivir, manteniendo con sus vecinos una pequeña distancia. No puedo evitar hacer un paralelismo con nuestra situación actual. ¿La naturaleza tiene todas las respuestas?
–En efecto. En ella se esconde todo lo necesario para resolver todos los problemas presentes y futuros. Sobre todo tiene un sistema de control de los patógenos. El demoledor virus estaba contenido por los murciélagos y de ellos nunca debía haber salido. Las hoy obligadas distancias de seguridad se dan en infinitas situaciones del mundo espontáneo.

–Debemos seguir aprendiendo de los árboles...
–Nuestro linaje evolutivo está y, sobre todo estuvo, ligado a las arboledas. Antes de que el género Homo se formara compartimos durante casi seis millones de años una residencia inmejorable: los bosques. En ellos se formaron algunas de nuestras destrezas, como la de manipular objetos con las manos, hasta una casi perfecta visión estereoscópica y en colores. Incluso el lenguaje a través de emisiones acústicas comienza en el bosque.

–Usted dice que nuestra salida del bosque, del paraíso, supuso que todos los paraísos empezaran a dejar de serlo. ¿Hasta qué punto?
–Paraíso quiso decir, en el idioma de los persas, un lugar con árboles y agua. Es decir el lugar afable por excelencia, pues asegura más que ningún otro la supervivencia por proporcionar los recursos más necesarios. Pero nos pusimos de pie, nos pusimos a andar y a talar.

De ahí que conquistáramos destrezas insospechadas e incluso fascinantes, pero también el inmenso poder de destruirlo todo, siempre transformando lo anterior a nuestro paso. Salir del paraíso, en efecto, fue abrir la puerta a lo que hoy es una generalizada y desastrosa agresión a todo lo espontáneo.

–Y dar marcha atrás no parece sencillo. Su nuevo libro revela un dato desconocido por muchos que resulta desgarrador: te puede costar la vida hoy en día intentar salvar un patrimonio tan esencial como son los árboles. ¿Quiénes están tras ellos?
–Los asesinatos a los conservacionistas son casi una norma en buena parte de Iberoamérica, algunos lugares de África y Sudeste asiático. Hemos perdido centenares de activistas a favor de mantener las selvas. Los principales instigadores a tales asesinatos son madereros, los que pretenden convertir toda la selva en un cultivar de soja y los que arrasan las arboledas de Indonesia para que allí solo crezca la palma de aceite.

Artículo relacionado

Efecto árboles

Todo lo que los árboles hacen por nosotros, ¿plantamos más?

–¿Cómo cambiaría el mundo si cada uno de nosotros plantara unos cientos de árboles a lo largo de su vida?
–Tenemos unos tres billones de árboles en el planeta. Son muchos pero para combatir el desastre climático nos vendría muy bien tener otros tantos. Muchos gobiernos propician las plantaciones pero cabe sumar las iniciativas más particulares. Creo que plantar merece el prestigio que tiene. Es un gran placer contemplar el crecimiento de lo que has puesto en la tierra.

–En su libro confiesa que cuando estaba preparando los documentales de la serie El Arca de Noé en Perú para RTVE, se escapaba de sus compañeros varias horas al día para contemplar el bosque a solas. ¿Qué se descubre en esos instantes de contemplación en soledad?
–Lo esencial, lo bello, lo que nos ayuda y mantiene, es decir la natura, merece atención. La soledad es una amplificadora de la atención. Estimula tus sentidos. Te permite disfrutar de lo que te rodea. Mantengo desde muy joven que a la libertad y a la belleza hay que merecérselas siendo capaz de estar solo.

–El año 2019 fue una sucesión de catástrofes forestales continúas. ¿Se ha vengado la naturaleza este 2020?
–La natura no tiene más intención que multiplicarse, continuar y, así, conseguir que haya oportunidades idénticas para todos los seres vivos. Ni planifica, ni mucho menos se venga. Lo que nos pasa es por no haber comprendido o aceptado, porque lo sabemos hace mucho, que la degradación, la expulsión de los árboles, la contaminación y la ingente persecución a todo lo viviente son boomeranes. Vuelven al punto de partida. Quitarle la salud al derredor supone, a la larga, enfermar.

–Solo conocemos el 20% de especie de árboles. ¿Cree que, de no poner freno a la destrucción masiva de nuestras arboledas, podrían llegar a desaparecer sin ser nunca vistos?
–La sexta gran extinción en marcha acelerada está eliminando muchas especies, la mayoría sin haber sido identificadas por la ciencia. Lo que más especies está haciendo desaparecer es la masiva pérdida de bosques tropicales y ecuatoriales. Por tanto, está claro que si no queremos ahondar todavía más la catástrofe hay que conservar todos los bosques que nos quedan.

Artículo relacionado

El poder sanador de la naturaleza

El poder sanador de los árboles

–Repite usted varias veces en el libro “ Respiras, más que nada, el alma verde de los árboles”. ¿Lo repite porque en cierta manera el problema es que el humano olvida?
–Olvidamos casi todo lo esencial. Nuestra procedencia y pertenencia, sobre todo. Pero cuando sabes que, si vives 80 años, respiras 300 millones de veces un producto en parte regalado por los árboles, el O2, parece claro que hay que recordarlo para no seguir perdiendo millones de árboles todos los días. Lo que hace la natura por nosotros debe ser tenido en cuenta de forma casi continua. Nos ayudaría a no destruirla, a no ser candidatos al colapso.

–En la actual y necesaria lucha contra el plástico, muchos han visto en la madera una oportunidad. ¿No es peor el remedio que la enfermedad?
–Con solo dedicar un dos por ciento de la tierra cultivable al desarrollo de arboledas domesticadas bastaría para tener una provisión suficiente de madera para todos los convencionales usos de lo que es todavía hoy una de las primeras materias primas de la humanidad. En paralelo deberemos dejar en paz a todos los bosques naturales.

–En una ocasión escuchó a los árboles chillar… ¿Estaban pidiendo auxilio?
–Las sequías comprimen los vasos por los que circula la savia y eso produce un sonido imperceptible pero que puedes intuir. Claro que piden auxilio los árboles y solo nosotros podemos acudir en su ayuda. Sobre todo frenando el desastre climático.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?