Entrevista a Annie Marquier

"A través de las emociones se pueden armonizar corazón y cerebro"

Yvette Moya-Angeler

Annie Marquier propone acceder a una conciencia más elevada a través de la armonía entre emociones positivas y corazón. Para Marquier, tanto corazón como cerebro son "receptores de la conciencia"

Annie Marquier fue una niña marcada por la Segunda Guerra Mundial, que sin embargo vivió en el seno de una familia amorosa, en un pueblo del sur de Francia. Ver desde tan temprana edad lo mejor y lo peor de lo que era capaz el ser humano determinó sus inquietudes. Estudió piano, se licenció en Ciencias Exactas y consiguió una plaza de profesora en la Sorbona de París, pero sin encontrar todavía respuesta a todas sus preguntas.

Se instaló entonces un año en la India, se sumergió en el estudio de antiguas tradiciones espirituales y más tarde se acercó a la psicología transpersonal. Desde el año 1982 dirige en Canadá el Instituto para el Desarrollo de la Persona (Institut du Développement de la Personne), donde impulsa talleres y cursos de formación. Y es autora de libros como El poder de elegir, La libertad de ser y El maestro del corazón, publicados por la editorial Luciérnaga y en los que sintetiza sus diferentes conocimientos.

Cuerpomente concertó con ella una entrevista en Barcelona, aprovechando una visita prevista que finalmente tuvo que cancelar por problemas de salud. Ya recuperada, accedió a responder a nuestras preguntas por e-mail, siempre cortés y rigurosa.

"El corazón actúa como un segundo cerebro"

–En su libro sugiere que el corazón actúa como un cerebro. ¿Puede tomar decisiones por su cuenta?
–Ni el corazón ni el cerebro toman decisiones. Funcionan como instrumentos de recepción de la conciencia. Si pusiéramos a una persona de la Edad Media ante una radio que emitiera música, creería que es el aparato el que crea la música. Nosotros sabemos que no hace más que captar ondas invisibles. Y que el hecho de que sean invisibles no significa que no existan. Ocurre lo mismo con la conciencia. No es el cerebro el que toma decisiones. Solo capta las decisiones de nuestra conciencia. Por otra parte, según la longitud de onda que elijamos sintonizar en la radio, el programa será interesante o mediocre. De la misma manera, según los mecanismos que se pongan en acción, serán ciertas partes del cerebro de la cabeza o del cerebro del corazón las que se utilicen. Por eso el "programa" puede ser muy distinto. El cerebro físico, tanto si está en el corazón como en la cabeza, no es más que un instrumento de recepción de la conciencia.

–¿Ante qué tipo de estímulos el corazón reacciona antes que el cerebro?
–El cerebro del corazón reacciona antes si los pensamientos y las emociones son elevados, si los mecanismos limitantes del ego son reemplazados por la inteligencia superior del corazón. Por ejemplo: cuando un profesor decide ayudar a un alumno después de clase está escuchando su corazón y sintiendo las necesidades de esa persona por encima de sus ganas de irse a casa; cuando un científico abandona todas sus certezas aprendidas y deja que su conciencia se abra a una intuición superior, utiliza también el cerebro de su corazón

–¿El corazón también puede dictar la conducta en caso de urgencia?
–Sí, cuando la mente no tiene tiempo de decidir (ya que el cerebro del corazón puede ser infinitamente más rápido que el córtex cerebral). Por ejemplo, un soldado que en una batalla ve a un amigo en peligro y que no duda en acudir a socorrerlo está siguiendo el dictado de su corazón, puesto que no tiene tiempo de calcular los riesgos que corre. Algo extraordinario es que casi siempre que el corazón dirige la acción los resultados son extraordinariamente benéficos, tanto para uno mismo como para los demás. Nos sentimos guiados, protegidos…

–¿Qué papel tiene el cerebro en la intuición? Procesa toda la información de la experiencia…
–Si la conciencia es muy elevada, activa el corazón y luego las partes más evolucionadas del cerebro. Las decisiones son entonces luminosas, inteligentes, benéficas para uno y para los demás. Si la conciencia es más estrecha, utiliza otras partes del cerebro (el cerebro límbico, por ejemplo, que reacciona de manera automática en función de experiencias pasadas). Las decisiones son entonces mucho menos apropiadas, una fuente de dificultades para uno mismo y para los demás. No está ni bien ni mal. Es como estamos construidos. Pero este nivel de conciencia inferior, el que solo utiliza ciertas partes primarias del cerebro, es el que genera el mundo que tenemos hoy. El corazón físico sería el instrumento que permite a la conciencia espiritual, es decir a los valores más altos del corazón y del espíritu, expresarse a través de la persona.

"Según las leyes de la física moderna, si queremos seguir viviendo tenemos que cambiar nuestros valores."

–¿Qué ocurre cuando se practica meditación?
–Uno de los aspectos más importantes es que permite que se haga un silencio interior. Un silencio de pensamientos agitados y también de emociones perturbadoras. De hecho, la meditación permite desactivar los mecanismos de la conciencia inferior. Una vez se ha conseguido, se entra en contacto con la parte trascendente del ser, la portadora de los más altos valores del corazón y del espíritu. Esta parte de la conciencia es la que emplea el cerebro del corazón.

–El pensamiento parece influir en el corazón, al menos en la frecuencia cardiaca…
–Efectivamente. Se ha demostrado de forma científica y se emplea mucho en las actividades del instituto HeartMath (www.heartmath.org), en Estados Unidos. Son también estas observaciones las que han llevado a profundizar en el estudio del funcionamiento del "cerebro del corazón". Y hay más. Se ha demostrado que el corazón, y no el cerebro, es el oscilador biológico más poderoso del organismo. Cuando todo el sistema se pone en resonancia sincrónica con el oscilador mayor (el corazón) se crea un estado de coherencia biológica perfecta, que optimiza el funcionamiento de la persona a todos los niveles.

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–Se ha demostrado también que la variación de la frecuencia cardiaca es un indicador del estado interior.
–Un indicador directo. Cuando la persona se nutre de emociones generosas, altruistas y elevadas, la frecuencia cardiaca se vuelve armoniosa y las ondas cerebrales se sintonizan con el ritmo cardiaco, son más amplias y regulares. Se puede decir que el cerebro "arrastra" al corazón y que entonces funcionamos mejor en lo físico, emocional y mental. Cuando la persona tiene emociones y pensamientos negativos, la frecuencia cardiaca se vuelve incoherente y las ondas cerebrales pierden toda relación con el ritmo cardiaco. Es el caos. Nuestro sistema funciona mal, perdemos mucha energía y experimentamos dificultades de todo tipo.

–¿En qué estudios se basa?
–En los últimos treinta años se han hecho muchos. Yo me he apoyado sobre todo en los del instituto HeartMath, que se ha especializado en el estudio y la aplicación práctica del cerebro del corazón.

–¿Por qué esta necesidad de acudir a la ciencia para explicar o incluso justificar la parte espiritual de la persona?
–No se trata de justificar sino más bien de buscar una comprensión más amplia de nuestro universo, tanto interior como exterior. No buscamos justificar o tener razón, al contrario, deseamos la integración de toda la información. Por otra parte, la separación aparente entre ciencia y espiritualidad está desapareciendo con los últimos descubrimientos de la física cuántica. Existía cuando la investigación científica se apoyaba en la física de Newton. La física cuántica demuestra que esta perspectiva, muy útil en su momento, es demasiado limitada para explicar los fenómenos del universo que descubrimos hoy. La física cuántica prueba que todo está relacionado en el universo, que no hay separación. Demuestra también que más allá de lo visible existen otras fuerzas, otras influencias que no responden ya a las leyes de la ciencia materialista. Los grandes maestros de nuestras mejores tradiciones espirituales ya enseñaban este mismo principio de unidad, pero percibido desde un ángulo diferente. La ciencia es un camino para comprender mejor el universo, la espiritualidad es otro. Pero vivimos en una época extraordinaria, porque vemos ahora que estos dos caminos se unen y se completan perfectamente.

"Cuando la persona se nutre de emociones generosas y elevadas, la frecuencia cardiaca es armoniosa."

–Si lo que explica está dicho o insinuado ya hace miles de años, en el budismo o la medicina tradicional china (en la que el corazón se considera el "órgano emperador"), ¿qué aporta usted de nuevo?
–Las grandes enseñanzas de la antigua sabiduría lo dijeron ya todo. En esencia, no hay nada nuevo. Lo que puede ser novedoso y yo me esfuerzo en hacer con mi trabajo es encontrar una manera de tornarlo más comprensible para el hombre moderno, adaptarlo a nuestro mundo actual. Si hay algo nuevo son instrumentos para facilitar el trabajo interior. Además, estos conocimientos estaban reservados antes a unas pocas personas que consagraban toda su vida a estudiarlos. Ahora el lenguaje y los instrumentos se han de adaptar a un mayor número de personas y al mismo tiempo al ritmo acelerado de las sociedades modernas.

–¿Qué ocurre con las personas a las que se ha trasplantado de corazón o que viven con uno artificial?
–Si seguimos con la analogía del aparato de radio, las personas trasplantadas de corazón reciben un instrumento. La manera en que van a utilizarlo es cosa de ellos. Si le damos a alguien un coche, lo conducirá también a su manera. El estado físico de estos instrumentos condiciona, eso sí, una parte de las posibilidades de acción, pero muy pequeña.

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–¿Qué ocurre si se sufren problemas cardiacos?
–Es evidente que el ritmo extremadamente estresante de las sociedades actuales, la dificultad de comunicarse, el miedo al futuro, la inestabilidad laboral, familiar… generan una tensión que lleva al caos interno, lo que afecta físicamente al corazón. Un trabajo interior que restablezca la coherencia cardiaca puede ayudar enormemente a recuperar la salud.

–¿Cómo interpreta que en las sociedades desarrolladas la principal causa de muerte sean las afecciones cardiacas?
–No tiene nada de extraño. Los valores de consumo, competitividad, búsqueda de poder, apariencia, etc. son muy debilitantes para la persona. Nos hemos olvidado de tomarnos tiempo para vivir, para jugar con nuestros hijos, para apreciar la naturaleza y las cosas simples de la vida. El hombre moderno ha de regresar a la fuente interior que reside en su corazón para reencontrar la calma, la paz y un bienestar natural. Cuando se instala la coherencia, la salud física va detrás.

–Algunos científicos afirman que el sistema digestivo es nuestro segundo cerebro. Parece que, tal y como se concibe ahora el cuerpo humano, el cerebro ya no es el que ordena al resto del organismo, sino que los órganos son "cerebros" que cooperan entre sí, como en red. ¿Qué opina usted?
–Sí, el cuerpo es la sede de una red muy compleja que permite que la información circule. Pero según algunas investigaciones, el estado de coherencia, el pleno rendimiento de la persona, se logra cuando el cerebro del corazón dirige el conjunto de otros centros nerviosos del cuerpo.

"Ni el cerebro ni el corazón toman decisiones. Solamente captan las decisiones de la conciencia."

–¿Cuándo y cómo empezó a interesarse por estos temas?
–Tengo muchos recuerdos y muy precisos de mi infancia. En mi familia llevábamos una vida simple, llena de paz, armonía y amor. Pero afuera se desarrollaba la guerra. A pesar de todo ese amor que había en casa, no podía dejar de sentir la amenaza que planeaba sobre nosotros. Oía a mi alrededor historias espantosas, violentas, que sucedían muy cerca. En ese contexto viví momentos muy intensos que marcaron profundamente mi vida: fui testigo tanto de la grandeza y del valor del ser humano como de su aspecto violento y destructor. En lo más profundo de mí misma, quise saber entonces por qué el ser humano se comportaba así, y si era posible que viviera en su belleza y su luz, en la unidad, y no en la oscuridad y la separación. Y si era así, ¿cómo hacerlo? ¿Sería factible que pudiéramos vivir como una gran familia, celebrar la vida? Sin ser consciente de ello, ahí empezó mi búsqueda.

–¿Por qué decidió estudiar matemáticas y piano?
–En esta búsqueda de la comprensión del ser humano, al principio cuestioné a Dios. De pequeña, a menudo iba sola a la iglesia para "hablarle a Dios". No rezaba, le hablaba… Pero llegada a la adolescencia, la religión me pareció demasiado limitada. Entonces me interesé por la ciencia. Esperaba encontrar ahí el secreto de la inteligencia y de la conciencia que buscaba. Además, se me daban muy bien las matemáticas en el colegio.
Por otro lado, amaba la música. De pequeña, el instrumento que tuve más a mano fue el piano. Después lo reemplacé por el órgano clásico y el canto. Me parecía que la música tenía secretos inaccesibles para la lógica matemática. Pero sobre todo llenaba mi corazón.

–¿Qué le enseñaron ambas disciplinas?
–Las matemáticas me enseñaron el rigor del pensamiento y cierta intuición no emocional. Comprendí mejor el mecanismo de la mente sin la interferencia de las emociones. La música me permitió experimentar otras avenidas de la conciencia, otra manera de emplear el cerebro, otro tipo de intuición. También una gran apertura del corazón y la sensación de que podemos comunicar cosas muy complejas y muy ricas más allá de las palabras. Redescubrí el aspecto más elevado de las emociones, sobre todo con la música sagrada, por ejemplo de Bach. Sentí un medio de transmisión de la energía y un contacto con dimensiones más ricas de la vida.

–¿Sigue tocando el piano?
–Tocar música ha sido siempre para mí una manera de meditar. Hoy mi agenda cargada no me permite hacerlo tanto como quisiera, pero aun así he incluido el arpa entre mis instrumentos favoritos. Pero sobre todo es en mis sesiones y talleres de transformación donde utilizo mucho la música. Cuando está bien elegida, la música transmite vibraciones muy curativas y muy inspiradoras para el trabajo interior.

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–¿Qué le atrajo de la psicología y la espiritualidad?
–La ciencia y la música me enriquecieron mucho el corazón y el espíritu. También encontré algunas respuestas a mi búsqueda interior, pero no todas. Entonces me acerqué a la espiritualidad oriental y occidental. Realicé estudios profundos y viví un año en la India. Experimenté en profundidad un aspecto aún más amplio del ser, dimensiones superiores y trascendentes de la conciencia. Para mí esto no entraba en contradicción con lo que había recibido de la ciencia y del arte. Al contrario, completaba y enriquecía todas mis experiencias anteriores relativas al potencial que tiene todo ser humano. Pero todavía faltaban algunos eslabones de la cadena. Por eso quise añadir a todas mis experiencias y conocimientos los descubrimientos más recientes de la psicología transpersonal. Me parecía que había ahí un aplicación práctica a la cotidianidad que podía completar todo lo aprendido.

"Propongo liberarse de la impotencia y reconocer que tenemos el poder de crear nuestra propia vida."

–¿Qué sigue buscando hoy?
–Mi búsqueda ha sido siempre la misma: ¿cómo acceder a un nivel de conciencia que nos permita vivir en paz con nosotros mismos y con los demás, que nos permita conocer la alegría y el amor, que nos permita usar el poder creador de nuestra esencia?

–¿Qué ha aprendido en todos estos años?
–De entrada, tuve la certeza de que lo que ocurría en el mundo no era más que la consecuencia de lo que ocurría en nosotros. Y que si queríamos cambiar el mundo, hacía falta que cambiáramos nuestros comportamientos, es decir, que cambiaran los mecanismos de la conciencia que subyacen en estos comportamientos.

–¿Y cómo se puede hacer?
–Llegué a identificar dos grandes caminos de la conciencia, dos maneras de percibir la realidad. Se trata de dos grandes mecanismos que están en la base de todos los comportamientos humanos. Por una parte, un conjunto de mecanismos primarios que automáticamente llevan a comportamientos separadores, egoístas, negativos y destructores. Comprendí hasta qué punto este primer tipo de mecanismo es una fuente de sufrimiento para uno mismo y para los demás. Vi por qué y cómo operan los mecanismos que crean la guerra, el miedo, el odio, la pobreza, la injusticia, la violencia… y de manera general cómo esos mecanismos son la fuente del caos actual de nuestro mundo. Pero constaté también, y esto es lo más interesante, que todos tenemos en nosotros el poder de transformarlos. Aprendí a reconocer claramente otro camino posible de la conciencia, otro tipo de mecanismo, expresión de los más altos valores de la conciencia humana. Está dinámica superior de la conciencia produce naturalmente la apertura del corazón y del espíritu, y todas sus consecuencias benéficas. He descrito con detalle estás dinámicas en mis libros La libertad de ser y El maestro del corazón.

–¿Qué ocurre cuando la persona llega a funcionar en ese plano de conciencia?
–Que encuentra no solo un gran bienestar sino también un poder de creación positiva extraordinario. Este camino superior de la conciencia que utiliza el cerebro del corazón contiene no solo el secreto de la felicidad personal sino también el de la creación de un mundo mejor.

–¿Qué preguntas se hace hoy?
–A finales del siglo pasado, un gran científico ruso, Prigogine, recibió el premio Nobel por sus descubrimientos sobre el funcionamiento de los "sistemas abiertos". Hablo detalladamente de ello en mi libro El maestro del corazón. En concreto, aplicado a la situación actual de la humanidad, demuestra que estamos en un punto de no retorno en el que se dan dos posibilidades: una autodestrucción completa o una reconstrucción de nuestro mundo pero a partir de principios de funcionamiento completamente diferentes. Según las leyes de la física moderna, si queremos seguir viviendo, tenemos que cambiar. El cambio que podemos hacer es un cambio de valores, hacia los principios de amor y de unidad de la inteligencia superior del corazón. Este cambio de valores producirá un cambio radical del mundo y nos llevará a superar con éxito la disyuntiva actual.
Mi pregunta actual es: ¿En qué medida los seres humanos van a ser capaces de cambiar de conciencia antes de que nuestro mundo se destruya? A pesar de las dificultades, soy optimista. Otro fenómeno estudiado científicamente, el de los campos morfogenéticos de información, demuestra que es posible que esa transformación se propague rápidamente. Sobre este tema, se puede consultar gratuitamente en la web de mi instituto (www.idp.qc.ca) todo mi primer libro, El desafío de la humanidad. Una gran transformación de conciencia se está instalando en la humanidad, incluso si los medios de comunicación, al servicio del antiguo mundo, no hablan aún de ello. Es esta posibilidad extraordinaria de crear un mundo mejor la que impulsa mi trabajo. Quiero dar al máximo de personas el acceso a su conciencia superior, a su poder para crear un nuevo mundo, tanto interior como exterior.

–¿Qué intenta transmitir en su instituto de Quebec?
–Lo importante para mí era encontrar medios prácticos para que las personas pudieran vivir lo cotidiano con una conciencia más elevada. No hacemos, pues, grandes discursos filosóficos. Ofrezco instrumentos para que cada uno entre en contacto con su esencia profunda y utilice espontáneamente la conciencia superior del corazón en su día a día. Trabajamos a tres niveles: consciente, inconsciente y supraconsciente. Utilizamos técnicas muy variadas, desde la meditación profunda hasta las actividades físicas más activas, pasando por intercambios, reflexiones y juegos. Esta variedad facilita la liberación interior y la práctica del camino superior de la conciencia. Debo mencionar también a mi hija Véronique, que tiene un papel importante en el instituto. Ella aporta toda la creatividad, la originalidad y el dinamismo de la juventud.

–¿Puede ser el victimismo un impedimento para ese cambio interior?
–Tendemos a sentirnos impotentes antes los acontecimientos de la vida y a culpar a los demás de lo que nos sucede. Eso genera mucho odio, resentimiento, desesperanza y malestar general. Pero podemos cambiar nuestra percepción. No es fácil pero es la manera de superar muchas de las dificultades interiores. En El poder de elegir propongo liberarse del sentimiento de impotencia y reencontrar tanto la alegría de vivir como el poder de crear la propia vida. Reconocer que somos creadores de nuestra vida es un gran privilegio.

–¿Elegir los pensamientos y emociones no podría ser a veces una manera de enmascarar los problemas?
–Solo si esa elección se hace con la intención de negar lo que se siente. Por eso hay que observar las reacciones mentales y emocionales sin juzgarlas. Podemos elegir entonces realizar un trabajo interior para transformar las reacciones negativas en otras de un nivel más elevado, que proporcionen bienestar.

–¿Cuáles son las principales "trampas" que pueden surgir en el camino del crecimiento personal?
–Hay muchas, pues el ego tiende a recuperar lo que pierde. Se puede permanecer centrado en sí mismo o perderse en laberintos filosóficos vacuos. Se puede exigirse una perfección imposible, buscar un poder paranormal para impresionar a los demás o seguir ciegamente a un gurú para evitar responsabilizarse de la propia vida. También se puede sentirse superior porque se "sabe" mucho… Hay que mantenerse vigilante y evaluar si el trabajo interior hace aceptar mejor los límites de la naturaleza humana. Ha de permitirnos estar más abiertos a los demás y más disponibles a la vida, ha de hacernos más tolerantes y humildes, ha de conducirnos a ayudar a los demás sin esperar reconocimiento. Pero a pesar de las trampas, estoy segura de que vamos a poder crear un Nuevo Mundo de paz, alegría, libertad, abundancia y amor para todos, un mundo de unidad, expresión de la gran inteligencia del corazón. La conciencia de muchos está preparada. Ha llegado el momento de cambiar.

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