"Las crisis se superan cambiando"

Bill O'Hanlon es un gran experto en terapia breve y psicología positiva. Considera la terapia como un proceso en el que se pactan mejoras una tras otra.

Bill O'Hanlon

Bill O'Hanlon es uno de esos terapeutas pioneros en lo que se ha dado en llamar la cuarta ola de la psicoterapia, lo que se engloba como terapia breve y orientada a las soluciones, terapias narrativas, terapias inclusivas y psicología positiva.

Imparte talleres de Terapia orientada a las soluciones destinados a psicoterapeutas, coaches y personas que trabajan en el ámbito de la salud y la ayuda. Es un comunicador excelente, que cautiva a los participantes con sus exposiciones teóricas, sus historias y anécdotas, sus prácticas y sus demostraciones.

Tuvimos la oportunidad de conversar con él acerca de sus innovadoras ideas en el terreno de la psicoterapia, así como de la relación con uno de sus grandes maestros, Milton H. Erickson.

Su trabajo se centra en divulgar su enfoque terapéutico y compartirlo a través de sus libros. Es autor de casi treinta títulos, muchos de ellos traducidos al castellano.

Como él mismo bromeó, en ocasiones tal es su pasión que les suele decir a sus amigos: "¡Paradme! ¡Creo que voy a escribir otro libro!".

De la tristeza y el hastío al jardín de Erickson

–¿Qué te llevó a hacerte psicoterapeuta?
–Han sucedido muchas cosas en mi vida que creo que me llevaron al camino de la psicoterapia. Una de ellas, tal vez la más importante, fue el hecho de que mi abuelo abusase sexualmente de mí cuando tenía ocho años. Eso hizo de mí un chico muy sensible, que se sentía inadecuado y al que la timidez le impedía tener una vida deseable. Más tarde, cuando llegué a la universidad, me sentía un solitario, un poeta al que la tristeza y el hastío llevaron al borde del suicidio.

Sí. Decidí suicidarme. Tenía muy pocos amigos y los que tenía se sentían igual de desgraciados, de modo que pensé que lo mejor que podía hacer era contarles mis planes y así lo hice. La mayoría me dijeron que se sentían como yo pero que no tenían la valentía de quitarse la vida. Solo una de mis amigas pareció conmoverse con mi decisión y me contó que tenía unas tías bastante adineradas y sin hijos; me dijo que iba a heredar de ellas unas propiedades en el Medio Oeste y que, si le prometía no suicidarme, me dejaría vivir en su propiedad. Me dijo que podría cultivar mi propia comida y pasar allí el resto de mis días. Las tías de mi amiga tenían unos 70 años, y yo 19, de modo que pensé que las dos mujeres no tardarían en morir y pronto podría hacer mi vida.

Para aprovechar el tiempo de espera, me obsesioné en saber qué hacía que la gente tuviera buenas relaciones y fuera feliz. Incluso me interesé en qué hacía que la gente pudiera tener prosperidad y éxito. A pesar de que mi depresión aún duró algún tiempo más, mi interés en saber cómo la gente salía adelante y disfrutaba me orientó por el camino de la psicoterapia.

–Aprendiste con el famoso psiquiatra Milton H. Erickson. ¿Cómo influyó en tu manera de hacer psicoterapia?
–Resultó un padrino maravilloso para lo que luego ha sido el desarrollo de todo mi trabajo y mi vida. Lo conocí en 1973 cuando, para poder pagar parte de mis estudios, trabajé en una tienda de artesanía nativa en Arizona. Erickson y su esposa compraron algunas cosas y como él iba en silla de ruedas me ofrecí a llevarle la compra hasta el coche.

Un compañero me comentó que ese tipo era un gran psiquiatra y me mostró un artículo del periódico en el que se hablaba de él. El artículo contaba algunas de sus hazañas con sus pacientes. Me impactaron tanto que le escribí diciéndole que haría lo que fuera por aprender con él, hasta me ofrecí a cuidarle el jardín. Unas semanas más tarde, mi compañero de piso me dijo: "Ha telefoneado el tipo más raro del mundo, ¡preguntaba por el servicio de jardinería O'Hanlon!".

Así fue como me puse en contacto con él y, verdaderamente, me tuvo trabajando como jardinero al tiempo que me contaba sus historias, una tras otra, realizando conmigo una labor terapéutica de la que yo ni siquiera era consciente. Años más tarde escribí mi primer libro con una transcripción de muchas de esas historias. Se titula: Raíces profundas: El arte de la psicoterapia de Milton H. Erickson.

Ese hombre era una especie de Sherlock Holmes, siempre me habló acerca de las cosas que me preocupaban sin que yo se las mencionase. Cuando le preguntaba: "¿Cómo lo supo?", solía salirse por la tangente diciéndome cosas como que lo había advertido en alguna conversación casual. Fue una fuente de inspiración para muchos de los grandes psicoterapeutas de hoy y, claro, también resultó una fuente de sabiduría para mí.

¿Por qué disfrutamos? Ayudas para la felicidad

–Cada vez se acude más al médico por motivos psicosomáticos o psicológicos. ¿Qué aconsejaría a los profesionales de la salud y a los usuarios de los servicios sanitarios?
–Desde hace un tiempo estoy muy interesado en una rama de la Psicología que estudia lo que hace que las personas disfruten de la vida en lugar de atender lo que va mal; se trata de la llamada Psicología Positiva. Los médicos, debido a su formación, siempre han estado interesados en saber lo que va mal, con lo que muchas veces el problema se agrava pues el paciente se va desanimando al sentir que todo en su vida gravita en torno a lo que no funciona.

En mi trabajo me centro en saber qué es lo que va bien, o fue bien, en la vida de las personas. A partir de ahí busco recursos que le permitan recuperar la sensación de control de su propia vida. Eso también pude aprenderlo de personas como Erickson. Él decía que los seres humanos tienen recursos y tienen posibilidades. La obligación del terapeuta es proporcionar un espacio para que los encuentren.

"¿Qué cosas te hacen sentir bien? ¿Cómo superaste los escollos en el pasado? ¿Quién apostaría que lo vas a conseguir? Estas son las cosas que le preguntaría a una persona con dificultades."

–¿La medicación puede actuar como una anestesia para el cambio personal?
–No tengo nada en contra de la medicación cuando es útil y necesaria. La medicina ha avanzado y avanza cada día, sería absurdo no aprovecharlo ¿no? Ahora bien, entiendo las crisis como oportunidades de reorganizar la vida de las personas.

En ocasiones la medicación impide o dificulta la posibilidad de esa reorganización al mitigar los síntomas. ¿ Qué cosas están pidiendo ser cambiadas? La respuesta a menudo muestra los caminos para superar una crisis.

–Alguien se siente deprimido y no sabe qué le pasa.¿ Cómo podemos ayudarle?
–Es difícil responder sin saber de qué persona estamos hablando. Con cada caso se podría utilizar un enfoque diferente. Quizá empezaría preguntándole cómo es un día de su vida y buscaría en qué momentos vence, aunque sea un poquito, a su depresión, o cuándo esta es más moderada, y buscaría junto a esa persona qué hace que las cosas estén un poco mejor.

A veces es difícil responder. Si no lo hace, le podemos preguntar: "¿Cómo se explica que las cosas no estén peor? ¿ Cómo consigue mantener el problema en estos parámetros?". Siempre intento que ellos encuentren cómo hay momentos en que vencen a su depresión y entonces les animo a mejorar y a aumentar esos momentos.

–Si tuviera que recomendar tres cosas para vivir más felices, ¿qué nos diría?
–Los estudios sobre la felicidad han dado resultados muy interesantes. Por ejemplo, ¿sabías que los niveles de felicidad tienden a mantenerse estables en la vida de una persona? Eso quiere decir que quien tuvo graves enfermedades o accidentes e incluso personas que ganaron mucho dinero en la lotería, al cabo de un tiempo vuelven a sentir el mismo grado de felicidad que tenían antes de esos acontecimientos.

También se sabe que las personas somos bastante malas prediciendo las cosas que nos harán felices. Creemos que tal o cual cosa nos hará felices y cuando la conseguimos nos damos cuenta de que nuestra creencia era errónea.

Algunas cosas importantes que hacen que las personas puntúen más alto en las escalas de evaluación de la felicidad son las siguientes:

  • Las conexiones sociales. Ten amigos. Las personas que tienen amigos (más de 5) se puntúan como más felices que las que no los tienen.
  • Aprender a ser optimista. Quienes tienden a ver la botella medio llena son más felices. Habría que poder aprender eso en la escuela. Nos fijamos en el suspenso y pasamos los aprobados por alto.
  • Apreciar lo que se tiene. Lo llamo sentimiento de gratitud. Un ejercicio que pido a quienes me consultan es encontrar cada semana tres cosas por las que estar agradecido: gratitud hacia uno mismo, hacia otros, hacia la vida... Al cabo de unas semanas, las personas me cuentan que, con esa cosa tan sencilla, se han sentido mucho mejor y que han sido un poco más felices al hacerlo.
  • Sentir la trascendencia. Es importante poder sentir que la vida tiene un propósito más allá de uno mismo. Gandhi decía: "La mejor manera de encontrarte a ti mismo es perderte a ti mismo en el servicio de los demás". La vida es algo más que tú mismo. ¿En qué puedes contribuir? Crear una familia puede llevarte a ese sentimiento de trascendencia, pues puedes ver a tu familia como algo más que tú mismo.

"Es importante poder sentir que la vida tiene un propósito más allá de uno mismo. ¿En qué puedes contribuir?"

La importancia de la aceptación

–¿ Cómo puede alguien aprender a aceptarse más como es?
–Para aprender a aceptarse a uno mismo existen diferentes niveles que llamo de inclusión. En el primer nivel estaría bien poder darse permiso para vivir lo que te sucede. Si te sientes mal, el primer nivel de inclusión sería darse permiso para sentirse mal. Cuando alguien se pelea consigo mismo por sentirse mal, agrava su situación. Se empieza por aprender a sentir que está bien ser como uno es, o de vivir lo que vive.

En el segundo nivel hemos de aprender a darnos permiso para no cambiar si no deseamos hacerlo. Es posible aprender a estar bien incluso siendo quien eres. El tercer nivel de inclusión nos lleva a generar esperanza para la persona a través de saber que es bueno poder ser como uno es y que también es posible ser cosas diferentes.

–Algunas enfermedades graves pueden tener relación con los sentimientos de culpa. ¿Cómo aborda este tipo de emociones y sentimientos?
–Un buen amigo mío, el gran psicólogo John Weakland, solía decir que cuando la persona se siente mal, para ella "la vida se convierte en esa maldita cosa que sucede una y otra vez". Cuando eso ocurre, trabajo en modificar la manera de hacer en ese problema y en variar la manera de ver el problema.

Eso suele llevarnos a cambiar la manera en la que la persona siente el problema. Buscamos cuál es el significado de lo que sucede y le pedimos a la persona que realice cambios en lo que hace, con lo que siente o con lo que pasa. ¿Para qué es útil la culpa? Puede ser muy útil para intentar ser mejor persona. ¡Imagínate! Sentir culpa cuando lo que quieres es mejorar... ¿Qué puedes hacer diferente "como si" fueras alguien mejor? Al encontrarle una posible utilidad a la culpa, nos resulta más fácil aceptarla. Esa aceptación puede llevarnos a cambiar la visión acerca de ese sentimiento y transformarlo en algo que abra posibilidades.

Cada caso es único, pero el objetivo es común: mejorar día a día

–¿Cómo trabaja con quien ha sufrido abusos sexuales?
–Como te dije, sufrí abusos de niño. Eso significa que cuando las personas me consultan creo que puedo saber lo que sienten. Quienes han padecido estas situaciones suelen desarrollar límites internos muy marcados. Estos límites hacen que se desconecten de lo que les pasó. Viven completamente separados de la experiencia traumática. Sin embargo, los límites externos suelen ser muy difusos.

Es como si unas personas que comparten un piso deciden expulsar a una de ellas. La echan y cambian la cerradura. El expulsado se queda golpeando la puerta un rato, armando un alboroto, los demás no le hacen caso y él termina marchándose. Durante mucho tiempo, el expulsado permanece buscando una manera de volver, hasta que un día, desesperado, entra lanzándose contra la ventana.

Los recuerdos persistentes que tiene la persona de la que abusaron son como esa entrada por la ventana. Las partes de la experiencia que han sido enterradas irrumpen de manera destructiva y violenta en su vida. Los clientes me dicen que es como si estuvieran experimentando lo que ocurrió una y otra vez.

Tradicionalmente se ha tratado a estas personas mediante catarsis, es decir haciendo reexperimentar la situación dolorosa al paciente. Pero mi experiencia me muestra que las personas encuentran otras maneras de resolver estos abusos si tienen oportunidad. La valoración, la inclusión y el permiso son los antídotos para el sentimiento de devaluación, culpa y desapego.

Lo esencial es invitar a la persona a permitir y valorar todo aquello que sienta, perciba, intuya o experimente. Podemos pedirle que lleve un diario, o que dialogue con los aspectos devaluados de sí mismo y les dé un mensaje permisivo, algo como: "Déjate llevar, siente lo que sientes y, simplemente, sé tú mismo en donde estés". Se puede dar permiso para sentir cosas opuestas, como amor y odio a la vez, o desear una cosa y no desearla. Por ejemplo, desear tener relaciones sexuales y, a la vez, no desearlo.

Es muy tranquilizador saber que puedes sentir dos cosas al mismo tiempo o sentir algo y su contrario. Por último, hay que ayudar a la persona a orientarse al futuro con esperanza. Crear un futuro con nuevas posibilidades.

–¿Puede aplicarse su método de trabajo en quienes padecen enfermedades graves, tanto mentales como físicas?
–Mi trabajo propone cosas que pueden aplicarse en muchos contextos y, por supuesto, en dolencias que podemos considerar graves. No creo que curemos la enfermedad, si es que la hay, pero podemos ayudar a la persona cooperando en encontrar maneras de estar mucho mejor. Y podría ser que se olvidara de que padece esta enfermedad y puede que también los demás se olviden de que la tiene.

Los terapeutas de posibilidades negociamos cosas que podemos ayudar a arreglar. Pequeños cambios pueden marcar grandes diferencias entre estar bien y estar mal. Podemos lograr pequeñas cosas, una tras otra, y estas se convierten en algo más grande.

Como decía Abraham Lincoln, "lo mejor del futuro es que viene día a día".

–Muchos padres tienen problemas con sus hijos. ¿Cuál puede ser el origen? ¿La educación? ¿La escuela?
–La gente suele acudir a terapia familiar con dos expectativas: que les libremos de sus problemas o que les culpemos de ellos. Nosotros intentamos que se centren y participen activamente en la producción del cambio. Yeso puede valer también para la escuela o la educación. Consideramos a la familia experta en sus problemas, así que le pedimos su colaboración para realizar movimientos.

Ante un problema, los enfoques de los terapeutas dependen de su formación: los terapeutas conductuales ven problemas de conducta y aprendizaje; los psicoanalistas ven asuntos pasados no resueltos; los terapeutas familiares perciben vínculos secretos, alianzas...

Mara Selvini, la creadora de la famosa escuela terapéutica de Milán, solía decir que cuando un psicólogo tiene una hipótesis no debería casarse con ella. Yo aún diría más: ni siquiera debería citarse con ella. Significa que cada caso particular tiene su propia manera de ser abordado y de lograr una solución. Para eso es muy importante la colaboración entre terapeuta y consultante.

El terapeuta debe estar abierto a escuchar y a ser muy flexible para poder ayudar a una familia. Debido a esa escucha, puede que lleguemos a la conclusión de que todos están implicados de alguna manera en mantener el problema: la escuela, la familia, o . .. ¡incluso el terapeuta!

–Muchas gracias, Bill, por este tiempo y por compartir con nosotros tus ideas...
–Alguien dijo en una ocasión que si dos personas se intercambian un billete de un dólar, cada uno se va con un dólar; sin embargo, si dos personas se intercambian una idea, cada uno se marcha con dos ideas. Así pues, creo que es buen negocio esto del intercambio de ideas.

Publicaciones de Bill O'Hanlon

  • Obras divulgativas (Ed. Paidós);
    • Raíces profundas: Principios básicos de la terapia y de la hipnosis de Milton Erickson
    • Amor es amar cada día. Cómo mejorar tu relación de pareja tomando decisiones positivas (con Pat Hudson)
    • Pequeños grandes cambios. Diez maneras sencillas de mejorar tu vida
    • Crecer a partir de las crisis. Cómo convertir una situación difícil o traumática en una oportunidad de cambio
  • Obras para profesionales
    • En busca de soluciones (con Michelle Weiner)
    • Guía breve de terapia breve (con Brian Cade)
    • Desarrollar posibilidades (con S. O'Hanlon y B. Bertolino)

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