Entrevista al chamán Angaangaq

"Los esquimales podemos ayudaros"

Yvette Moya-Angeler

Angaangaq es un jefe espiritual esquimal. Transmite la sabiduría espiritual de las tribus de Groenlandia, que puede ser de mucha utilidad en nuestra sociedad.

El latido grave y vibrante del qilaut, el tambor esquimal, resuena en una placita del Ensanche barcelonés para asombro de quienes interrumpen sus conversaciones y vuelven la cabeza: un hombre de traje gris con un hueso de ballena colgando del cuello ha empezado a entonar un canto profundo y modulado en nuestro honor.

Angaangaq, cuyo nombre significa "el que se parece a su tío", procede de una pequeña aldea del norte de Groenlandia. Por eso es esquimal y no inuit. Tiene más de sesenta años y hace casi veinte que fue nombrado "Más Anciano" y cinco que se convirtió en chamán.

Viaja por todos los continentes explicando lo que la sabiduría ancestral de su pueblo puede aportar a un mundo falto de espiritualidad. Su tarea, dice, es ayudarnos a celebrar la belleza de todo lo que acontece y recuperar y reavivar la relación con el mundo vivo que nos rodea.

Es la primera vez que visita España y lo hace por la aparición en castellano de su libro Escucha la voz del hielo (Ed. Urano).

Cuerpo, mente y espíritu: abrirse con flexibilidad a la vida

Al conocer el nombre de esta revista, Angaangaq nos muestra una gruesa y firme trenza de juncos que lleva consigo.

–¿Qué es?
–La única planta que habla el idioma del Creador. Cuando cuerpo, mente y espíritu se entrelazan, la mente se vuelve flexible, capaz de aceptar lo que sea con la flexibilidad con la que puedo combar esta trenza. Y el espíritu se abre. Y cuando la mente y el espíritu se equilibran el cuerpo se vuelve ágil como esta trenza que también puedo enrollar sobre sí misma. Pero lo más importante es que, aunque tire de ella con todas mis fuerzas, nunca podré romperla. Este es el significado de vuestra cabecera de revista: si unes tu cuerpo, tu mente y tu espíritu nadie podrá quebrarte. Y, mira, solo es hierba.

–¿Qué nos falta aprender?
–Aquí ya no reconocéis vuestra belleza, vuestra fuerza, ya no os respetáis. Cuando alguien sale a la calle se convierte en uno más, nadie le ve. Habéis perdido el sentido de celebración de la vida. Mi abuela Aanakasaa decía que la vida es una ceremonia en sí misma, que es digna de ser celebrada como tal. Tenemos rituales, que hacemos por rutina, pero hemos perdido la fuerza de las ceremonias.

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–¿Cómo llegó a convertirse en chamán?
–Mi abuela decía: "Angaangaq lo tiene". Nadie sabía a qué se refería y yo no quería ser distinto, pero ella insistía: "Angaangaq lo tiene". Era mi responsabilidad descubrir qué era. Me decía: "Escucha. Escucha. Escucha. Hasta que la historia viva en ti. Solo entonces podrás contar la historia. Una historia viviente".

–¿Y ya sabe qué es?
–He aprendido a saberlo. Para completar mi formación como chamán me encomendaron subir a una montaña sagrada donde no había nadie y reinaba la oscuridad (era otoño), hacer un círculo de piedras y hablarle de mí al Hombre Que Nos Hizo. Pensé que eso sería muy fácil, porque tenía 57 años, pero en menos de dos horas no tenía nada más que decir. Entonces me di cuenta de que había vivido de forma muy estrecha, que no había profundidad dentro de mí. Y comprendí que tenía muchos secretos y que había llegado la hora de revelarlos. Lloré durante horas, fue muy doloroso. Y cuanto más recordaba y confesaba en voz alta más cosas tenía que contar. Hablé sin parar 24 o 25 horas, sin comer ni beber, caminando en círculo bajo la lluvia. Solamente una vez me caí por el viento.

–¿Qué ocurrió luego?
–Cuando llegué a casa uno de mis hermanos me puso el "medicamento", este colgante que llevo, y dijo: "Angaangaq, eres tan fuerte como la cola de una ballena". Lo que llevo es el hueso de la cola de una ballena azul, que puede destruir un barco. O sea que mi familia cree que soy muy fuerte.

Acceder al interior a través de la naturaleza

–¿Y usted? ¿Se siente identificado con ella?
–Sí. Puedo viajar dentro de mí y dentro de otros y llegar tan profundo como una ballena. Sé cómo llegar hasta la energía de los demás. Les huelo.

–¿Qué huele?
–Cómo son emocionalmente. Cuando saludo a las personas las huelo y las toco. Todos los animales se huelen, pero los hombres ya no. Os habéis alejado demasiado del mundo animal.

–¿El saludo esquimal es con la nariz?
–Solo en Hollywood. Yo soy de Groenlandia. Allí nos olemos. Porque los olores cambian según la emoción.

–¿Cómo ha aprendido a distinguir cada olor? ¿Es una habilidad que se desarrolla?
–Lo aprendí de pequeño. Todos tenemos esta capacidad pero muy pocos la utilizan.

–¿Cómo se relaciona un chamán con la naturaleza? ¿Cómo accede a sus secretos?
–La naturaleza es mi casa. Tengo la mayor iglesia del mundo. En Barcelona la iglesia es una pequeña caja en la que se sienta la gente. Mi iglesia, mi sinagoga, mi centro espiritual es la madre naturaleza.

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–¿Cómo consigue mantenerse equilibrado en una ciudad?
–Cierro mis ojos y me transporto a casa. Físicamente ahora tardaría siete horas de vuelo pero con mi mente tardo menos de una inspiración. Hay que aprender a cerrar los ojos para adentrarse en el mundo propio.

–¿Sería una especie de meditación?
–La meditación puede ser limitada: tienes que sentarte de una manera determinada, cantar el "om"… pero rara vez llegas "ahí". Recuerda que la mayor distancia en los hombres es la que va de su mente a su corazón. Es mucho mayor que la que hay entre nuestro planeta y las estrellas. Crees que las cosas más grandes están fuera de ti, pero cuando cierras los ojos, descubres cuán inconmensurable eres en tu interior, tanto que nunca podrás llegar a conocerte completamente. Tú eres mucho mayor que el firmamento. Somos muy complejos pero esa es también nuestra belleza.

–¿Qué le diferencia de un psicólogo o un terapeuta?
–Los psicólogos aprenden de los libros y su trabajo es estudiar el malestar anímico. Los chamanes tocan el espíritu.

"Cuando cierras los ojos descubres lo inconmensurable de tu interior. Nunca llegarás a conocerte completamente."

–¿Somos demasiado cerebrales?
–¡Sin duda! La distancia entre la mente y el corazón es demasiado grande. Pensamos mucho pero no hemos aprendido a decir todo lo que pensamos; sentimos mucho pero no hemos aprendido a verbalizar todo lo que sentimos. A no ser que tú y yo aprendamos a conquistar esa distancia, nunca aprenderemos a volar como un águila. Y por consiguiente siempre pensaremos mucho pero no sabremos cómo decirlo. Y sentiremos mucho pero no tendremos el lenguaje para contarlo. La psicología, por tanto, está en pañales. La comprensión chamánica es muy, muy antigua. Esa es la diferencia.

Un lenguaje diferente para otra manera de ver el mundo

–¿Qué nos dice el latido del corazón según la tradición chamánica?
–Nos señala dónde estamos, cuánto nos hemos alejado de nosotros mismos. Cada emoción modifica el latido: puede subirte o bajarte la presión sanguínea. En la tradición chamánica el latido sirve al cuerpo pero también es para Él. Le llamamos Él en nuestro lenguaje porque no tenemos una palabra para Dios, que es algo nuevo para nosotros. Conocemos a Dios a través de las Escrituras Sagradas, que tienen unos 3.000 años. Pero mi familia ha vivido en el mismo lugar durante más de 4.000 años y lleva haciendo sus ceremonias todo ese tiempo.

–No tienen la palabra Dios pero tienen otra parecida…
–Le llamamos El Hombre Que Nos Hizo, el Creador. Es un lenguaje muy distinto.

–¿Qué otras palabras distintas tienen?
–Tenemos una para "el cuchillo de una mujer" o para "la barca de una mujer". A nosotros nos dirigen las mujeres. Las abuelas son jefas, alcaldesas, primeras ministras, chamanas… Son más fuertes que los hombres, porque pueden dar vida, alumbran.

–¿Es cierto que hay más de 20 palabras para describir el blanco de la nieve?
–¡Muchas más! Tantas como tipos de nieve. Pero Groenlandia se está deshelando. Cuantos más árboles se corten en el planeta menos esquimales podrán construir sus iglús. No nos damos cuenta de lo estrechamente vinculados que estamos todos en la Tierra.

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–El deshielo de los casquetes polares cumple una antigua profecía esquimal. ¿Cómo lo interpretan?
–Cuando nací, el Gran Hielo tenía de media más de 5 km de espesor. Era puro, más duro que una roca, se podía ver a través de él, no tenía burbujas. Decían que un día se derretiría. Te hacían poner la mano sobre el Gran Hielo para que vieras la huella que dejabas en él, aunque estuviera a -40º C. El hielo de tu corazón es el más difícil de derretir. Y solo si el hielo de tu corazón se derrite, podrás cambiar y empezar a usar tus conocimientos de manera sabia.

–¿Cómo puede saber si un corazón está congelado?
–¿Te he contado que soy un cazador? Es mi único modo de sobrevivir. Cuando cazo un animal, tomo su corazón en mi mano y siento la esencia de la vida. Cuando ese corazón está congelado, resbala. Sé que alguien tiene el corazón congelado porque le cuesta cambiar. En los dos últimos meses los árabes se han levantado. ¿No es sorprendente el tiempo que necesitamos para cambiar?

–Pero el deshielo va muy rápido, así que tenemos que cambiar rápido.
–No se puede ya parar el deshielo. Es demasiado tarde. Nadie va a poder pararlo. Lo único que podemos hacer tú y yo es derretir el hielo de nuestro corazón y cambiar y utilizar nuestro conocimiento de manera sabia.

Sonreír para cambiar: deshielo físico y espiritual

–¿Con qué resistencias se encuentra cuando expone sus enseñanzas en Occidente?
–Muchos huyen. Pero no de mí sino de ellos mismos.

–¿Qué podemos hacer para empezar a cambiar?
–Derretir el hielo que hay en nuestro corazón. Sonriendo, desde el corazón. La gente de alrededor lo nota.

–A veces no puedes sonreír, sientes dolor o impotencia.
–Hay que abrirse desde el núcleo central, donde reside la energía, que es el bajo vientre. Si consigues que la energía fluya desde ahí, se te abrirán las alas, los brazos se extenderán literalmente y ya estarás listo para abrazar. Y la primera persona a la que abrazarás será a ti mismo. Cuando te abrazas a ti mismo empiezas a conocerte mejor. Y cuanto más te conoces, más te acercas al Creador. Abrirse hace que tengas tu propia voz, que te conviertas en alguien más bello, más fuerte, que vive en su propia realidad.

"Solo si el hielo de tu corazón se derrite podrás cambiar y empezar a usar tus conocimientos sabiamente."

–¿Qué ceremonias dirige en la cabaña de sudación?
–Muchas. Por ejemplo, preparo una ceremonia para las mujeres embarazadas. Doy un paseo, cojo una piedra que me llama la atención y la llevo al fuego. La caliento, la entro en la cabaña de sudación y vierto agua sobre ella para que me dé su energía latente, que ha estado dentro de ella durante milenios.

–¿Qué siente al ver la aurora boreal?
–Oh, es maravilloso. Para nosotros representa el alma de las personas amadas que se han ido al otro mundo. Cuando recuerdas a alguien a quien has amado, esa alma se pone tan contenta que llama a toda su familia, amigos y conocidos y danzan solo para ti ahí en el cielo. Cuando estás tumbado en la tierra y ves el espectáculo de belleza que se te regala solo a ti en el gran cielo, simplemente por haber recordado a alguien, es maravilloso. Hasta puedes oírlos, porque las luces polares producen sonidos.

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–Los largos inviernos árticos deben de ser muy duros. ¿Qué hace para sentirse a gusto en la oscuridad?
–Nuestra noche no es tan oscura como aquí. Hay estrellas, auroras boreales y la luna, que se reflejan en la nieve. Pero debido al cambio climático este año no ha habido nieve en todo el invierno, así que ha estado muy oscuro. Por otra parte, el sol ha llegado cuatro días antes porque el eje de la Tierra está cambiando.

–¿Cree realmente que están sucediendo esos cambios?
–Es extraño, nadie los ha vivido antes. Pero sabemos científicamente que el eje ya había cambiado antes. La Tierra siempre ha cambiado pero nunca hemos llegado tan lejos como ahora: somos 7.000 millones de personas y no hemos cambiado. Simplemente usamos, usamos y usamos todo lo que cogemos.

–¿Qué ocurrirá?
–Nadie lo sabe. Es demasiado tarde para frenar el deshielo. Nos preocupa que el oso polar no pueda sobrevivir con el deshielo pero él estará bien, somos nosotros los que tendremos que cambiar porque subirá el nivel del mar.

–¿Qué podemos hacer al respecto?
Mi responsabilidad, como chamán, es recuperar las ceremonias, para que todos puedan celebrar su vida. Y tu responsabilidad es decirles a tus lectores que entiendan su corazón, para que cambien. Diles que todos nosotros, sin excepción, tenemos una responsabilidad, incluso los vagabundos y el Rey. Todos.

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