Entrevista a Íñigo Pirfano

"La música alarga la vida y nos hace mejores"

Anna Tiessler

Para el filósofo y el compositor Íñigo Pirfano la música es mucho más que una pasión y una profesión. Es una herramienta que nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos.

Mientras estudiaba Filosofía, y ya con un amplio bagaje en solfeo, armonía y piano, Ínigo Pirfano, escuchó la llamada de la música y decidió ingresar en la Universidad Mozarteum de Salzburgo para comenzar los estudios de Dirección de Orquesta.

Compositor de la música del IV Centenario del Quijote, es también fundador y director titular de la Orquesta Académica de Madrid, por lo que recibió el premio Liderazgo Joven 2011 de la Fundación Rafael del Pino.

Es autor de Inteligencia musical (Ed. Plataforma), libro en el que nos descubre con entusiasmo cómo la música puede hacernos mejores y que nuestra vida sea más hermosa y gratificante.

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Escuchar y entender la música

Su obra es en realidad un viaje de iniciación que debe recorrerse serenamente, en tramos cortos e intensos, al final de cada uno de los cuales, Íñigo Pirfano nos recomienda delicadas piezas musicales, convertidas en llaves mágicas capaces de abrir las puertas al conocimiento de la música y de nosotros mismos.

–¿Qué le llevó a hacerse director de orquesta cursando estudios de Filosofía?
–Empecé a estudiar Filosofía porque me atraían las humanidades. Pero casi inmediatamente tuve la inquietud de dedicarme a la música porque en el arte encontraba más respuestas. En realidad me di cuenta de que prefería interpretar textos de Bach o de Haydn, que de Heidegger o Platón.

Lo que me interesó de ambas disciplinas fue su planteamiento vital con todos los mensajes imperecederos que encierran. Además, una materia revertía en la otra. Yo me acerco al texto musical con la formación de un filósofo que hace una interpretación de la partitura, como un ejercicio de hermenéutica.

"Tuve la inquietud de dedicarme a la música porque en el arte encontraba más respuestas."

La partitura no solo hay que leerla, hay que interpretarla, si no es un texto muerto. Por esta razón, lo mejor de la música es lo que hay detrás de las notas, tal como nos confesaba el compositor Gustav Mahler. Es siempre necesario saber leer entre líneas para descubrir las esencias.

–¿Qué tienen en común música y filosofía?
–Curiosamente ambas se basan en la interpretación de textos. Existe un gran parecido entre un diálogo de Platón, la meditación metafísica de Heidegger, una sinfonía de Haydn o una cantata de Johann Sebastian Bach.

Estos textos u obras musicales, escritos hace cientos o miles de años, encierran un mensaje perennemente actual que habla de las cosas que más importan al ser humano: del amor, de la vida, de la muerte o de la trascendencia. Y también nos recuerdan que somos seres únicos, irrepetibles e inintercambiables. Y esto es lo más hermoso que hay.

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La música enriquece nuestra espiritualidad

–Pero, ¿cómo se descubre este mensaje que encierra la música, o la misma filosofía?
–El intérprete musical o el filósofo es el encargado de extraer ese mensaje que yace imperecedero, que late en la letra muerta del texto o de la partitura, de hacerlo actual y presente a los ciudadanos del siglo XXI para que sepan lo que se están perdiendo al desconocer las grandes obras.

–Nada más abrir su libro leemos un proverbio hindú: las cosas importantes de la vida no son cosas. ¿Por qué lo eligió?
–Este proverbio está dotado de una gran sabiduría y encierra una gran verdad, con la que me he sentido plenamente identificado. A menudo la gente comenta que la filosofía, la música o las obras de arte no sirven para nada. ¡Claro que no sirven para nada! Por eso son imprescindibles.

Yo diría que las mejores cosas de la vida no sirven para nada. El amor, la amistad, la música no tienen una traducción inmediata en beneficios. Y es que las mejores cosas de la vida no dan beneficios en nuestra cuenta corriente, pero sí nos enriquecen por dentro y nos hacen seres más grandes y profundos.

"Las mejores cosas de la vida no dan beneficios en nuestra cuenta corriente."

A mí me interesa todo lo que tiene que ver con lo que enriquece nuestra faceta más espiritual, eso que nos hace personas únicas, dotadas de grandeza y que permite que las relaciones sean fecundas. Y la música es una de ellas.

–¿La buena música alarga la vida, tal y como afirmaba Yehudi Menuhin?
–Sí, por supuesto, y además, esta afirmación define perfectamente la idea principal que me ha llevado a escribir mi libro. Por esta razón incluí la cita en la portada. La buena música tiene el poder transformador y el don de extraer lo mejor de nosotros, de hacernos mejores personas. También nos hace más inteligentes y nos pone en comunicación y en comunión unos con otros mejorando la calidad de nuestras relaciones y haciendo que la vida sea más auténtica.

Por tanto, cuando alguien tiene la capacidad de disfrutar y apreciar la buena música, automáticamente la vida queda engrandecida, dotada de un brillo y de una magia especiales. De esta forma la música hace que la vida sea más hermosa, más grande y nos aporta mayor calidad de vida y felicidad.

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Despierta emociones ocultas

–¿Qué encierra la música para despertar sentimientos y emociones?
–Siempre he creído que el hombre es un ser profundamente musical. Cualquier forma de música nos es consustancial, incluso familiar. De alguna forma la música vendría a ser como la voz interior de nuestro propio espíritu. Y es que ella siempre pone en funcionamiento lo más genuinamente humano, liberándonos de miedos e incertidumbres.

Ya Aristóteles afirmaba que era purificadora porque nos libera de miedos y temores. A veces vivimos con miedos que nos paralizan, angustias que no son buenas. Y la música puede ser un refugio y un apoyo.

"La música siempre pone en funcionamiento lo más genuinamente humano, liberándonos de miedos e incertidumbres."

En relación a este tema, uno de los que mejor entendió los efectos de la música fue Gustav Mahler. En una ocasión le comentó a su discípulo Bruno Walter: "es curioso, cuando escucho música, y también cuando la dirijo encuentro respuestas a mis dudas y temores. Mejor dicho, en ese momento han dejado de serlo". La música así entendida ha sido para mí siempre una vía de conocimiento.

–¿Una vía de conocimiento?
–Sí, es una vía de conocimiento cuya virtud puede hacer que cada persona dé lo mejor de sí. Por eso se puede hablar de la existencia de una inteligencia musical. Es también una vía de conocimiento porque a través de ella intuimos y descubrimos verdades. Estas certezas se parecen más a la intuición, a las corazonadas, o a un sexto sentido.

Es lo que los filósofos denominan "verdad poética". La música así se convierte en una senda, un camino para conocernos a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos rodea.

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La música como gran vía de conocimiento

–Explíqueme un caso práctico de la música entendida como vía de conocimiento, con un gran poder transformador.
–Acostumbro a contar una anécdota que mi propio padre, Pedro Pirfano, un gran director de orquesta y del que lo he aprendido todo, me recordaba con frecuencia. Después de interpretar un gran concierto del Réquiem de Mozart se acercó una persona del público y le dijo: "Gracias, maestro, porque después de su interpretación esta noche he decidido rehacer mi vida".

No solo era que esa persona hubiera disfrutado con el concierto sino que la propia pieza musical le había hablado y había tenido una revelación. No sé por qué circunstancias de repente hubo un encuentro personalísimo entre el réquiem de Mozart compuesto en 1791 y esa persona. Se produjo como un golpe, un aldabonazo, y la música le habló. Y de repente se le abrió un océano de posibilidades. Al igual que el poema de Rilke, dedicado al torso de apolo, cuyo último verso dice: "tienes que cambiar tu vida", la música le transmitió lo mismo.

Mi padre siempre consideró esta anécdota como el mayor éxito de toda su carrera, incluso más que haber trabajado con grandes genios de la música. Le dio la certeza de estar dedicándose a un trabajo que podía hacer mejores a las personas. Porque la música nos libera de temores, saca nuestro lado más genuinamente humano y nos hace fuertes. Por eso también tiene una poderosa carga espiritual.

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La buena música y la mala música

–Para que la música nos hable, ¿tenemos que escuchar buena música?
–Yo no diferencio entre música clásica y moderna, sino entre buena y mala música. Hay música actual de gran calidad y otras del pasado con obras irrelevantes.

Ahora bien, la buena música siempre nos habla y nos da noticias de aquellas cosas que nos importan. Mucha de la música actual es mero entretenimiento al igual que los libros que se leen. Y aunque el entretenimiento ha de tener un lugar destacado en nuestra vida, si solo consumimos música o libros de entretenimiento estamos renunciando a las grandes obras que tienen mucho que decirnos y transmitirnos y que encierran verdaderos tesoros. Para mí, eso es empobrecedor.

"La buena música siempre nos habla y nos da noticias de aquellas cosas que nos importan."

La gran música o la literatura de los genios nos habla del amor, de la vida y transmite mensajes y sentimientos importantes. Y si lo que realmente necesitamos son alimentos para el espíritu y llevar una vida más plena las grandes obras, son un modo eficaz de aplacar nuestra sed.

–¿Y cómo se produce este encuentro?
–Como decía el filósofo George Steiner, el encuentro con cualquier obra de arte es de tipo personal. Cuando una gran obra golpea nuestro espíritu, nos convoca a un encuentro que suele ser fecundo y deja una impronta imborrable.

–¿Es necesario un aprendizaje para poder distinguir entre buena y mala música?
–Cuando visitamos un museo por primera vez es difícil saber si la pintura que tenemos delante de nuestros ojos es una verdadera obra de arte. Se necesita un mínimo aprendizaje para saber diferenciar una buena de una mala obra.

Algo parecido sucede con la música o la lectura. Con el tiempo vas descubriendo quién escribe bien, quién es un genio y quién no. Y para aprender lo mejor es dejarse guiar. En mi libro, cada capítulo acaba con pequeños fragmentos de música que me parecen adecuados como un camino de iniciación.

Estoy convencido de que la búsqueda y la escucha de estas pequeñas joyas despertará el interés y el apetito por la buena música y permitirá descubrir tesoros escondidos.

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Busca tu tempo

–Los hombres estamos hechos de tiempo. ¿La música también?
–La música es un arte que se da en el tiempo. Es un fluir en el devenir. Y es eso que se suele afirmar: que unas notas mueren para dejar paso a las siguientes. Y en su muerte consiste su ser, su vivir.

En cierta manera también la música nos recuerda a nosotros mismos porque a nosotros nos sucede algo parecido ¿Qué es nuestra vida? Los minutos que van muriendo para dejar paso a los siguientes. Y en ese ir muriendo minuto a minuto, discurre nuestra existencia.

–En una pieza musical existen distintos tempos o tiempos. ¿Qué tempo debería marcar nuestra vida?
–Estamos inmersos en un mundo con prisas, desquiciado. Vivimos en un constante ir y venir. El compositor Bruno Walter aseguraba que deberíamos adoptar un tempo tranquilo, alejado del imparable allegro con fuoco, de nuestros días.

Para ir más tranquilos por la vida, tendríamos que elegir un tempo más pausado, como un andantino grazioso, un tempo amable con el que detenernos y disfrutar de las pequeñas cosas.

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–Los antiguos griegos no tenían smartphones y pasaban muchas horas pensando. Así distinguían entre tiempo Kairós y Krónos...
–En Occidente, cuando nos referimos al tiempo, solo pensamos en un único tiempo. Los griegos hablaban de dos tiempos muy distintos: el Kairós y el Krónos.

¿Por qué cuando estamos con la gente que queremos el tiempo discurre de otra manera? ¿Por qué desearíamos perpetuar los momentos felices? ¿Por qué cuando organizamos una cena con amigos quisiéramos que eso durara para siempre? Sencillamente porque hemos tenido acceso a lo que los griegos llamaban el tiempo Kairós.

Cuando vamos al médico y tenemos que esperar 50 minutos en la consulta antes de que nos visiten, el tiempo transcurrido no es igual que el de la cena con los amigos. La razón es que ese tiempo de espera es solo tiempo Krónos. Esos 50 minutos no tienen nada que ver con los 50 minutos disfrutando de un Réquiem de Mozart, por ejemplo. Cronometrados es lo mismo pero en realidad son cosas distintas.

El tiempo Krónos es el tiempo cósmico y puede ser medido por los relojes.​ El tiempo Kairós es el tiempo existencial, de las personas, nuestro tiempo interior, y tiene una densidad especial que facilita los encuentros con uno mismo.

–Para lograr un tempo pausado en la vida, ¿necesitamos de los silencios?
–El silencio es la condición imprescindible del sonido en la música, lo mismo que la sombra lo es a la pintura o el vacío a la escultura. La música es música en función de que existen los silencios.

En una sociedad tan desquiciada y ruidosa existe pavor al silencio. La razón es simple: el silencio nos pone en comunicación directa con nosotros mismos. Y muchas veces ese encuentro nos resulta aterrador.

"El silencio nos pone en comunicación directa con nosotros mismos."

El uso continuado de aparatos como el mp3, el móvil, etc. permite que las personas funcionen como autómatas, sin tener ni un momento para escucharse a sí mismas y disfrutar del silencio. Al ser humano actual le faltan esos tiempos que yo denomino good time para relajarse y reencontrarse.

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El poder terapéutico de la música

–¿La música tiene virtudes terapéuticas?
–Además de la capacidad de la música para despertar nuestro lado más humano, también nos puede hacer mejores gracias a su poder terapéutico. Aunque todavía está por explorar su fuerza sanadora, los expertos en neurofisiología explican que la música es un ejercicio en el que participa todo el cerebro.

Es un hecho probado que es beneficiosa para el cerebro y para ganar aptitudes. Pero, ¿cuáles son en concreto esos beneficios de escucharla o practicarla? Parece ser que la música pone en funcionamiento la parte del cerebro que tiene más que ver con el coeficiente intelectual y la inteligencia de tipo especulativo y con el hemisferio que tiene que ver con lo creativo y lo imaginativo.

"Es un hecho probado que la música es beneficiosa para el cerebro y para ganar aptitudes."

Por lo tanto, la música viene a ser una gimnasia perfecta para nuestras neuronas. Eso se ve claramente cuando un músico está interpretando: está leyendo, está recordando todos sus conocimientos de armonía, ciencia musical.... si se estudian los mapas e imágenes cerebrales en este preciso instante se ve que se pone en funcionamiento todo el cerebro, que se convierte en algo parecido a una orquesta. Eso arroja un dato incontestable.

También hay estudios que aseguran que escuchar y practicar música permite que los niños sean mejores estudiantes en idiomas y matemáticas. Algunos divulgadores de la ciencia como Philip Ball van más allá y afirman incluso que la música puede afectar al sistema inmunitario, reforzándolo e incrementando los niveles de proteínas que combaten las infecciones microbianas.

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Sentimiento de comunidad

–¿Un buen director debe ser un gran inspirador al igual que cualquier líder?
–Efectivamente, un buen director de orquesta debe ser un gran inspirador. Eso forma parte de su misión. El director de orquesta es uno de los paradigmas de líder y tiene que ser alguien que provoque una respuesta entusiasta entre sus músicos.

El entusiasmo no se puede forzar, es una respuesta de tipo amoroso. Y las respuestas de tipo amoroso son siempre voluntarias. Las puertas de las personas solo se abren desde dentro. Y ante una invitación solo puede haber una adhesión gozosa y voluntaria.

La misión de un director tiene que consistir, más bien, en escuchar y generar un espacio de intercambio de ideas. Si los integrantes detectan que un director no les escucha atentamente, nadie se sentirá inspirado para trabajar con él y no darán lo mejor de sí. La empatía de un buen director es imprescindible para crear un sentimiento de comunidad y de responsabilidad compartida.

–¿Entonces no existen malos equipos, sino malos directores o líderes?
–Yo siempre he creído que no existen malos equipos sino malos directores que no saben gestionarlos. Y eso es aplicable a todos los ámbitos laborales.

Cuando eres un buen director o incluso jefe sabes extraer lo mejor de todos los integrantes de tu equipo u orquesta y eres capaz de formar un grupo cohesionado que funcionará como un todo. La falta de liderazgo del director hace que la gente de un equipo no funcione acorde a sus capacidades.

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Las crisis como oportunidad

–¿Las crisis nos pueden hacer más fuertes y seguros?
–Me suelen preguntar a menudo si hay una música determinada para la crisis. ¿Pero en realidad de qué crisis se trata? Vivimos tiempos difíciles.

El término "crisis" no tiene por qué ser un término negativo. Lo que a mí me interesa de las crisis es la ocasión que nos brindan para mejorar, para salir fortalecidos. Las crisis no son malas, depende de cómo las afrontemos. Una crisis profesional o una crisis personal no tiene por qué ser negativa.

"Las crisis no son malas, depende de cómo las afrontemos."

En realidad el ser humano suele estar a menudo inmerso en crisis porque tiene que elegir continuamente entre dos caminos, y uno es más correcto que el otro. Con lo cual, siempre de alguna forma u otra, estamos decidiendo y estamos en crisis.

La crisis actual y las circunstancias por las que pasamos han sido propiciadas principalmente por la codicia. La codicia no puede combatirse con medidas fiscales o políticas, sino desde el corazón intentando que cada uno de nosotros sea menos codicioso. Como decía Gandhi: "si quieres cambiar el mundo cámbiate a ti mismo". Y tenía razón, porque tu persona es el ámbito de la vida sobre el que tienes mayor control.

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Claros en el bosque

–¿La frase "cambia tu vida", del poeta alemán Rilke, le ha servido para dar un golpe de timón a su rutina?
–Lo cierto es que trato de poner en práctica esa frase casi cada día. No sabría decirte cuándo es el momento exacto cuando esto sucede. En la vida o en el día a día existen acontecimientos o momentos especiales que te pueden llevar a adoptar un cambio de rumbo aunque sea mínimo.

El filósofo Heidegger llamaba a esos momentos Lichtungen o claros del bosque. Los claros del bosque son irrupciones de una verdad intuitiva que está oculta y que se desvela en un instante determinado. Estos claros del bosque te pueden llevar a poderosas transformaciones o cambios. En eso se basa nuestra vida.

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