Entrevista al pediatra José María Paricio

"Prudencia, sí; miedo, el suficiente; terror, ninguno"

Aida García

José María Paricio nos habla sobre coronavirus, niños, escuelas y medios de comunicación porque, en su opinión, están creando un temor injustificado.

Apelando a la prudencia y al sentido común de los adultos, José María Paricio, presidente de APILAM y creador de www.e-lactancia.org, defiende el derecho de los niños de llevar una vida “normal”, retirándoles así el estigma que se les ha atribuido como importantes propulsores de la pandemia.

De la misma manera, nos explica las medidas que él considera que deberían tomar los centros educativos para afrontar la nueva normalidad impuesta por el coronavirus.

–Vuelta al cole y coronavirus. ¿Qué podemos esperar de esta combinación?
–Bueno, yo confío bastante en el sentido común de la gente y de que se sepan organizar, pero es verdad que entre el miedo que se ha sembrado y la complejidad de las normas que se han dictado para el ámbito educativo es muy probable que haya grandes dificultades para conseguir una escolarización y una convivencia normal.

Por no hablar de la conciliación familiar, que se va a ver más atacada que nunca con los previsibles cierres intermitentes de aulas y los confinamiento de niños y adultos.

Teniendo en cuenta el poco papel que la infancia y el ámbito educativo juegan en esta pandemia, me llama mucho la atención lo exhaustivo, prolijo y duro que ha sido el redactado de las normas dictadas en comparación con las que hay para ambientes laborales o de ocio y restauración, por ejemplo.

–Ha compartido un post en sus redes sociales en el que dice que "los niños y niñas, mayoritariamente, se contagian poco, padecen formas leves de la enfermedad y contagian a su vez poco, y que la escuela tiene poco que ver en la evolución de esta pandemia". ¿Significa esto que la preocupación es infundada?
–Significa que lo que dicen y publican los médicos, la ciencia y las cifras epidemiológicas es eso: “los niños y niñas, se contagian poco, padecen formas leves de la enfermedad y contagian a su vez poco, y la escuela tiene poco que ver en la evolución de esta pandemia” y esto nada tiene que ver con lo que se difunde en los medios de comunicación.

Lo que es irresponsable es machacar la vida y actividades del grupo de población que tiene el menor peso en la evolución de la pandemia. Los contagios están ocurriendo en otros lugares, y es lo normal, porque algún día tenemos que salir a trabajar para no morir de inanición y porque lo normal es que acabemos contagiados la mayor parte de la población, ya que el coronavirus 2019 es un virus respiratorio y su tendencia es contagiar a todo el que pase cerca.

Hay que proteger a grupos de riesgo tomando medidas que frenen la evolución explosiva de un virus nuevo contra el que no teníamos aún defensas, pero no se puede y no se debe parar la vida y menos la de jóvenes e infantes, eso es mucho peor. El ideal de un epidemiólogo abstraído de la realidad es el confinamiento global y duradero, que nadie salga nunca más de casa: eso frena cualquier virus que se precie, pero hace recordar el refrán “muerto el perro, muerta la rabia”.

–Entonces, ¿los colegios con aulas con poca ventilación o pequeñas no suponen un peligro?
–Los lugares pequeños con poca ventilación y hacinados siempre han supuesto un riesgo para el contagio de virus respiratorios y de otros microbios, virus o bacterias.

Son más sanos para todo tipo de personas y para evitar enfermedades transmisibles los lugares espaciosos, de techos altos y bien ventilados, incluso el espacio al aire libre. Pero eso hay que trabajarlo y adaptarlo a lo que ya se ha hecho, muchas veces con estrecheces y en lugares inhóspitos. Sé de colegios e institutos en los que en aras de evitar contagios trabajan con las ventanas abiertas…, abiertas al tráfico ruidoso de la ciudad: entre el ruido de los coches y las mascarillas en la boca, los profesores y el alumnado no se entienden y les resulta todo más trabajoso.

"Valdrá la pena haberse asustado ahora con este coronavirus si se aprovecha para reformar la arquitectura del sistema educativo y las ratio alumno/profesor, en general. "

–Si la información que se ha estado dando sobre los niños no es real, ¿qué se supone que ganan los medios difundiendo este tipo de mensaje?
–Audiencia y financiación. A todos nos pirran las historias de miedo, basta ver el éxito de novelas, películas y series de terror que existen, y lo bien que se venden. Desde inicios del siglo XX, muchas de las historias de terror hablan de ataques de virus o de extrañas criaturas que nos matan o transforman en seres inquietantes, algo semejante a lo que nos está ocurriendo ahora. Estamos acabando por tener miedo del otro, de nosotros mismos.

Es una irresponsabilidad por parte de los medios de comunicación el haber cebado a la población con los pocos casos graves y los escasos fallecimientos que ha habido de niños en todo el mundo. Hay que saber que otros virus y enfermedades causan una mortandad cientos de miles de veces superior entre niños que la causada por este coronavirus; sin ir más lejos, el virus de la gripe o el de la bronquiolitis, todos los años, causan graves daños en edades tempranas de la vida. Y, aunque gracias a la vacuna, han disminuido mucho, el virus del sarampión causa aún unos cien mil fallecimientos anuales en todo el mundo.

–Por cierto, cuando se habla de niños, ¿de qué edades estaríamos hablando?
–Cuanto más pequeños, menos se contagian; en todos los países, incluido el nuestro. En el estudio de seroprevalencia hecho en España en mayo, se vio que entre los menores de 5 años se había contagiado un 1 %; entre los de 5 y 10 años, un 2% y entre los de 10 y 15 años, un 3%. Eso son cifras que no llegan ni a la mitad de los porcentajes de contagios entre los adultos.

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–¿Qué requisitos consideras que deberían cumplir indiscutiblemente los centros educativos?
–La responsabilidad atañe tanto al centro educativo como a los escolares y sus familias. Todas las parte implicadas deben entenderse bien, hablar mucho, tratar de comprender la situación, desterrar noticias falsas y actuar en consecuencia. En mi opinión:

  • Creo que es buena hora para incorporar la figura de la enfermera escolar; hace años que es un proyecto estancado y no generalizado. Justamente podría asumir las funciones del llamado “responsable covid”. El profesorado ya tiene bastante con lo que tiene como para responsabilizarse de más cosas.
  • No se debería acudir al centro si se está acatarrado, es decir, si se tiene algún síntoma, como fiebre, tos o mocos que no sean por alergia. Esto debería haber sido así desde hace años, para evitar contagios innecesarios de cualquier tipo de catarro, no solo los de este nuevo virus, pero la falta de conciliación familiar y/o la escasez de profesorado lo han hecho difícil, y no era raro enviar a niños con fiebre o mucha tos al colegio o profesores que no se daban de baja salvo síntomas muy invalidantes.
  • Proteger a los profesores con patología crónica previa.
  • Fomentar el lavado de manos antes y después de cada cambio de actividad: recreo, baño, comedor, etc.
  • Escalonar la entrada y la salida o repartirlas si el edificio tiene varias puertas para evitar aglomeraciones.
  • Considerar al alumnado de una misma aula como un grupo estable de convivencia.
  • Crear una o varias “aulas covid”. Esta es una idea que me ha dado una compañera, amiga y madre, que en menos de un mes, el actual, ya ha padecido dos confinamientos de su hija. Es previsible con la normativa actual que haya muchos confinamientos absurdos por una tos o un moco inoportunos. Esos niños y niñas que son enviados a confinarse en casa van a alterar la marcha laboral de sus padres o, peor, ser cuidados por su abuelos y exponerlos a un contagio aunque sea de otro virus. Todos los niños segregados en espera de cumplir su confinamiento que tengan pocos síntomas o ninguno (lo que va a ser lo más frecuente) podrían estar juntos en una misma aula, y hasta se podría pensar en una aula “covid positivo” y otra “covid negativo”. De la misma manera que se habilitan hoteles para personas que no pueden confinarse en sus casas, esas aulas podrían asegurar una mejor continuidad en la escolarización y una mayor conciliación familiar en medio de los sucesivos confinamientos esperables por esta normativa. Habría que presentarlas bien para que no supusieran un tema discriminatorio.

–¿Sería el momento de, como decía Montessori, devolverles a los niños los espacios exteriores como lugar predilecto para aprender?
–Sí, pero es complicado por cómo llevamos mucho tiempo construyendo centros educativos o de cuidados en espacios que poco tienen de amigables, como ocurre en la mayor parte de las grandes ciudades. ¿Qué haces si el centro educativo está en medio de dos avenidas con mucho tráfico? Hay varios grupos y personas con experiencia en este campo a las que dirigirse, como la psicopedagoga Heike Freire, con la que he colaborado esta primavera en varias iniciativas tendentes a desmontar el miedo creado en torno a la infancia y la escuela.

–¿Cómo actúa este virus en lo más pequeños?
–Benignamente, en general. Eso es lo que sabemos por todo lo publicado. La mayoría, o bien no tiene síntomas o estos son muy leves. Como en cualquier otra enfermedad, pueden tener síntomas más graves, pero es extraordinario que un niño enferme gravemente por este coronavirus.
¡Ah! Y por favor, desterremos la lacra atribuida a los asintomáticos: son personas con suerte, no sufren la enfermedad y contagian mucho menos que los sintomáticos: el que no tose, difícilmente contagia. Los asintomáticos son buena gente y, en especial, si son niños.

"Los niños no son, como se les ha llamado, “potenciales transmisores silentes”, eso raya la falta de respeto hacia ellos."

–En los niños que la pasan, ¿deja secuelas como las que se observan en los adultos?
Se han visto muy pocos niños afectados gravemente. Son los menos los que han pasado una enfermedad grave con, por ejemplo, un síndrome poli-inflamatorio que pueda dejar secuelas de mayor o menor grado y, en cualquier caso, controlables.
Hay que tener en cuenta que la mayor parte de adultos pasan la enfermedad bien y sin secuelas y esto es aún más frecuente en los niños. Viendo las noticias, la impresión que te llevas es la de muerte inminente si atrapas la enfermedad y que el que se salva es de milagro o por mucha suerte.

–¿Cuál es la realidad de los hospitales pediátricos?
–No solo se ha privado a los niños de su derecho a la educación. Se les ha restringido también su derecho a la salud. Sus controles periódicos habituales y hasta sus vacunas se han pospuesto, retrasado.

Los hospitales pediátricos han tenido menor actividad de lo habitual. Desde luego, el coronavirus no los ha desbordado, y eso que hubo días puntuales en los que los medios publicaban síntomas banales como pertenecientes a la Covid-19 (“el dolor de barriga puede ser el inicio de una forma grave de la enfermedad”, por ejemplo-) que causaron ansiedad entre madres y padres que acudían a urgencias o a sus médicos con mucha preocupación porque a su hijo ese día le dolía la barriga, un síntoma muy común y generalmente banal en la infancia.

Ha habido lugares en los que se han cometido errores garrafales como desmantelar la Atención Primaria para atender hospitales o hacer que pediatras desocupados por mala normativa viesen adultos. La Atención Primaria es la puerta de entrada al sistema y sin ella funcionando a pleno rendimiento, el caos sanitario está asegurado. La UCI es el último punto de vista desde el que hay que hacer funcionar la sanidad o controlar una pandemia.

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¿Quiénes son las personas que más contagian?

–¿Es seguro que los abuelos sigan cuidando de sus nietos como han hecho hasta ahora?
–Hay abuelos y abuelos. Los hay que están sanísimos y otros que no, los hay de 60 años y los hay de 80 y 90. El principio de precaución dicta que si la persona mayor está delicada de salud, se la proteja de otras personas, niños incluidos, que estén acatarradas.

Pero, en general y para abuelos en buen estado de salud, hay que tener en cuenta que los niños no solo se contagian poco y enferman poco sino que transmiten poco la enfermedad. Un nieto que no esté acatarrado o febril, no va a suponer una amenaza.

–Sin lugar a duda, vivimos una época de miedos, preocupaciones, incertidumbres…, ¿cómo afecta este ambiente a los niños?
–Hay niños muy asustados y otros no tanto. Depende de lo que hayan visto en su entorno, de lo que ven en las miradas y actitudes de sus mayores. Si han estado expuestos a mucha televisión, van a estar más afectados.

Ya hay estudios serios publicados sobre el impacto psicológico que ha supuesto para ellos y es innegable: las regresiones, los miedos, las fobias, los insomnios... Y esto ha sido peor en niños que ya tenían un problema psiconeurológico de base.

–Que los colegios cierren y estén en cuarentena es algo que se espera, incluso en repetidas ocasiones durante el curso. ¿Considera que esto tendrá consecuencias en los niños? ¿En qué sentido?
No se puede y no se debe exponer a los niños a tanto caos. Y menos a un caos sin sentido, lleno de incongruencias y del que no se entiendan muchos porqués y consecuencias.

¿Qué van a pensar a la segunda vez que los confinen o cierren el aula por haber tenido tos o mocos o fiebre y una PCR negativa?¿Qué van a pensar de nosotros, los adultos? ¿Qué van a pensar del mundo en el que les hacemos vivir?

–¿Qué les diría a los padres angustiados de esos niños y jóvenes?
–Que se organicen en las AMPAS, que se organicen en grupos junto a educadores y alumnos, que estudien los puntos aplicables y los puntos absurdos de la ley, que planteen iniciativas, que sean conscientes de que las personas jóvenes y sanas y los niños son los que menos van a padecer estadísticamente este virus. Que piensen y trabajen sin miedo, con la misma prudencia que si fuese una gripe, pero sin miedo.

Que no se dejen amilanar con noticias como “están aumentando los contagios” que nos venden en los medios como el preámbulo de una muerte anunciada: que aumenten los contagios es lo normal si queremos vivir y para ello estamos saliendo de nuestros domicilios. Esto es un virus, no un fantasma y acabará siendo tan o menos peligroso que el de la gripe.

Prudencia, sí; miedo, el suficiente; terror, ninguno.

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