Entrevista a Victoria Cadarso

"Si yo no me amo a mí mismo, no puedo amar a los demás"

Aida García

La literatura, el cine y el mundo Disney han hecho que tengamos un concepto idealizado del amor. Quizá por eso, hoy en día, encontrar un compañero de vida parezca misión imposible. Sin embargo, según Victoria Cadarso, la solución está al alcance de nuestras manos.

A Victoria Cadarso, psicóloga certificada en Psicoterapia Integrativa por el Institute for Integrative Psychotherapy de Nueva York, le hubiera gustado que de joven, cuando empezaba a tener sus primeras relaciones, le hubieran dado un libro donde se explicara la clave para poder alcanzar un amor sano.

Pero no lo tuvo, y por eso ha escrito El niño interior encuentra el amor (Palmyra), una obra en la que nos devela que para poder disfrutar de una relación plena es imprescindible resolver nuestras carencias de la infancia, que son las que nos empujan a elegir parejas inadecuadas.

–“Enamórate de ti para poder amar a los demás”, se puede leer en el subtítulo de tu libro. Dicho así, parece fácil, pero ¿cómo se hace?
–Pues dándonos cuenta de cómo nos vemos a nosotros mismos, siendo compasivos con nosotros mismos, no criticándonos, entendiéndonos, viendo que siempre hacemos las cosas por algo y descubriendo por qué… Todo eso nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos, lo que nos permite aceptarnos y, aunque haya aspectos que queramos mejorar, sentir una mayor coherencia interna. ¿El resultado? Una sensación de más valía que transformará nuestra manera de relacionarnos.

En cambio, si no hacemos nada de esto, vamos teniendo carencias que esperamos que alguien ahí fuera nos solucione. Mientras tanto, vamos a querer ocultarlas, no nos mostraremos realmente como somos, iremos jugando roles y actuando personajes. ¿Qué estaremos compartiendo así? Una falsa imagen, y así no se aspira al buen amor.

–¿Podrías definir el buen amor?
–En realidad es complicado responder a esa pregunta, porque muchas veces se confunde el amor con el apego, y como nos han educado con los cuentos de los príncipes azules y el “vivieron felices y comieron perdices”, creemos que el amor se consigue y que dura para siempre. Sin embargo, un buen amor es una conexión cuidadosa, bienintencionada, respetuosa con la libertad del otro y sensible a sus necesidades y deseos.

El amor tiene la capacidad de empatía y compasión por el otro, tiene un poder transformador y enriquecedor y resalta nuestras mejores cualidades.

Pero el amor hay que cuidarlo y mantenerlo, porque la vida va a tener altos y bajos. Un buen amor nos ayuda a vivir esos momentos y a superarlos, sin desanimarnos ante las situaciones difíciles y permitiéndonos disfrutar de las buenas épocas. Pero antes habría que definir el amor.

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–Totalmente de acuerdo…
–El amor empieza en uno mismo, porque si yo no me amo a mí mismo, no puedo amar a los demás. Entonces, ¿por qué hay tantos problemas con las relaciones de pareja? Porque yo empiezo a amarme a mí mismo en función de cómo me aman los demás.

Es decir, nuestra autoestima está en los ojos de nuestros padres. Si nuestros padres nos hablan con amor, nosotros empezamos a tener amor por nosotros mismos. Sin embargo, es difícil que recibamos de ellos todo lo que necesitamos, causando así muchas veces carencias de amor que harán que nos acerquemos a personas que no amamos, sino que necesitamos para que nos dé lo que no hemos recibido de nuestros padres. Y cuando nuestra pareja no nos lo dé, nos sentiremos mal porque creeremos que se ha ido el amor. Pero eso no es amor, es apego.

Por eso, lo primero que necesitamos es aprender qué es el amor, cómo se transmite, qué es lo que hace que nos sintamos en ese amor, cómo es sentirse en ese amor... Y eso da para mucho…

–Es decir, que la clave de todo está en nuestros primeros años de vida. ¿Existe la infancia perfecta? Muchos dicen haberla tenido…
–No. Puedes tener unos padres más o menos sanos, pero es muy raro que no haya carencias. Cuando digo sanos me refiero a padres dispuestos a escuchar, a hablar, a comunicarse… Hay padres que no tienen tiempo y suplen estos momentos con regalos, pero no hay amor, porque amor es conexión, es compartir, acompañar…

Al no existir todo esto aparecen las carencias y las necesidades relacionales: la de respeto, la de aprecio, la de dar y recibir afecto, la de sentirse importante para la otra persona… Y tenemos que entender que si todas esas necesidades relacionales han quedado inconclusas en la infancia, las vamos a ir buscando en las parejas, que no pueden darnos lo que no nos han dado nuestros padres.

–Antes decías que mientras no aceptemos nuestras carencias actuaremos bajo la piel de un personaje. En el libro hablas que de niños ya lo hacemos, ¿por qué?
–Porque nos permite estar lo mejor posible en nuestra familia, por eso adoptamos el rol que nos resulta más beneficioso. Por ejemplo, si sonreímos y nos hacen caso, empezaremos a sonreír más. Si gritamos y nos hacen más caso, empezaremos a gritar más.

El niño va probando de qué forma recibe más atención, más afecto, y repite ese comportamiento hasta acabar asumiendo ese rol que le da menos dolor y/o más placer dentro de su familia. Puede desempeñar el papel de salvador, de protector, de gracioso…

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–Pero esto nos influye incluso en la edad adulta…
–Claro, porque aprendemos por ensayo y error, y una vez hemos encontrado el patrón que más o menos nos va bien, lo repetimos hasta que se vuelve automático. Entonces se forma la personalidad, creemos que somos así, pero en realidad somos más que ese patrón, porque la personalidad solo es una estructura defensiva que nos ha permitido manejarnos dentro de un entorno, y nos condicionará, porque nos hará ver la vida a través de sus filtros.

–¿No hay manera de escapar de él?
–Por supuesto, sanando las carencias de ese niño.

–¿Y cómo se curan las heridas del niño interior?
–Con amor. Hay que darle a ese niño lo que en su momento le faltó, y no tiene que dárselo nadie externo, podemos aprender a dárnoslo nosotros mismos. Cuando tenemos una herida de la infancia hay partes de nosotros que se han ido desquebrajando. Es decir, si a mí de pequeña no me hacían caso, una parte de mí se siente muy sola. No la mostraré, pero está ahí, pidiendo que un día alguien me hable, me atienda… Entonces, es posible que busque un novio que me haga esa reparentalización, que se llama, de esa parte mía que ha quedado inconclusa.

En cambio, si nosotros aprendemos y tomamos conciencia de las necesidades que tenemos, nuestra parte adulta puede ayudar a sanar ese niño. ¿Cómo? Pasando por las distintas etapas del desarrollo para ver qué se ha quedado inconcluso y dar lo que en aquel momento faltó. De este modo se creará un adulto amoroso que no nos juzgará, ni criticará; más bien, todo lo contrario, nos dará ese amor compasivo, que necesita nuestro propio niño. El amor es lo único que sana.

–Una de las conclusiones que se pueden extraer de este libro es que siempre nos fijamos en personas que nos muestran aspectos no resueltos de nuestra infancia, ¿siempre es así?
–Sí, porque inconscientemente nuestro cerebro anda buscando completar lo que se ha quedado inconcluso, y no para hasta conseguirlo. Si supiéramos qué cosas no tenemos resueltas entenderíamos por qué nos gustan ciertas personas y no otras. A mí me hubiera gustado que me hubieran dado un libro, cuando era más jovencita y empezaba a tener relaciones, donde me explicaran todos los aspectos que tenía que aprender y entender para poder tener una relación sana y consciente.

–¿Y cuáles son los aspectos claves para poder disfrutar de una relación sana y consciente?
–Para mí, lo primero es el respeto. Cada persona es única y hay que respetar a cada uno como es. En segundo lugar estaría la seguridad para poder mostrarnos tal cual somos, sin miedo a ser juzgados, incomprendidos… A continuación hablaría de la confianza, porque no todo el mundo tiene buenas intenciones, ya que cuando nos han hecho daño, en el fondo, queremos hacer daño, queremos sacar nuestro daño de nosotros y lanzárselo al otro. Por eso, que haya buenas intenciones es absolutamente imprescindible. Después estaría la empatía y la compasión, que nos quieran acompañar en los momentos difíciles; la buena comunicación, que podamos aprender a solucionar los problemas dialogando; que existan valores compartidos, que haya acuerdos y que se sepan manejar terceras personas (suegros, hijos, hermanos…) que influyen mucho.

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–Por encima de todo esto, lo importante es que haya ese sentimiento de amor tan difícil de definir, que es el que ayuda a que todo esto se pueda llevar a cabo.
–En realidad parece al alcance de todos, pero si nuestra infancia ejerce un poder determinante, y tenemos en cuenta que años atrás los roles de hombres y mujeres estaban claramente definidos, y nosotras no salíamos muy bien paradas, ¿cómo podemos aspirar a tener relaciones sanas?

Pues dándonos cuenta de que todos arrastramos un lastre que hay que trabajar. Si somos conscientes de lo que nos pasa podremos solucionar los problemas, aunque, por suerte o por desgracia, esto no pasará hasta que tengamos una crisis. ¿Y cuándo la tendremos? Cuando vivamos una ruptura amorosa. También puede pasar cuando no haya amor, porque hay personas que no logran tener una relación de pareja. Pero sea como sea, lo que se busca es entender qué y por qué pasa, y por qué sienten lo que sienten.

También tengo que decir que me resulta curioso que hable de quererse a uno mismo, de fomentar la autoestima, al mismo tiempo que dice que “las mujeres que adoptan roles tradicionalmente masculinos deben encontrar un equilibrio hormonal expresando también su lado femenino. Y que los hombres que pasa más tiempo expuestos a su lado femenino tienen que compensar haciendo actividades masculinas”.

Te resulta curioso, pero es una realidad. Lo masculino y lo femenino es diferente y tienen una base hormonal distinta.

Así que, si tú eres una mujer y tienes comportamientos más masculinos, te puede ser muy útil para el trabajo, pero luego vas notando en tu interior que algo no va bien. Yo lo atiendo en terapia a todas horas. Hay mujeres que son superwoman, pero tienen descuidada su parte femenina y tienen sensación de desazón. Lo que quieren y lo que necesitan, porque son mujeres, es sentirse femeninas, vulnerables -en el sentido de poderse expresar, compartir... Hay comportamientos más masculinos y más femeninos, y eso no quiere decir que sean mejores ni peores.

–Decir que los hombres son fríos, tranquilos y serenos por la testosterona, y que se enfadan con facilidad y se vuelven inseguros, demandantes y necesitados de relaciones cuando fomentan el lado femenino, ¿no es perpetuar el mensaje machista que tanto problemas está causando en esta sociedad?
–Es mostrar la realidad, porque en general a las mujeres nos gusta y necesitamos compartir los sentimientos y los hombres, no tanto. Porque, aunque haya hombres más conscientes que están aprendiendo a expresar sus sentimientos, el 80% de las personas que vienen a mi consulta son mujeres, porque son las que se preocupan por crecer, por desarrollarse, son las que viven más intensamente los problemas de la relación…
Y cuando vienen los hombres, son hombres especiales.

–¿Esto es una cuestión biológica o cultural?
–Ambos influyen.

–¿Evolucionaremos?
–Sí, con más información y conciencia. De hecho, hay países que están más evolucionados que nosotros, pero este es un país desgraciadamente bastante machista todavía. Las mujeres españolas han querido crecer, desarrollarse, saber más y el hombre español, en general, tiene poco interés en el desarrollo personal.

–¿Crees que este es uno de los motivos por los cuales no pocas personas aseguran que les resulta muy difícil encontrar parejas estables?
–Sí. Yo sufro por la gente joven, porque lo tiene más difícil que los de mi generación, y es que tiempo atrás los roles estaban más establecidos: se sabía lo que se esperaba de un hombre y de una mujer. Sin embargo, ahora la gente joven lo pasa mal porque no tiene una idea clara de qué hacer y qué no… Y al final, el hombre es cazador y la mujer recolectora, nos pongamos como nos pongamos. Tenemos que entender que somos diferentes y que necesitamos cosas diferentes: para manejar el estrés, para sentirnos bien, felices… Otra cosa es que tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones, pero somos distintos.

–¿Cuál es la solución?
–En Estados Unidos se habla de matrimonios conscientes, y somos conscientes cuando tenemos la información y la experiencia; cuando estamos abiertos a conocer cosas nuevas, a entender que no somos iguales y tratamos esto desde el máximo respeto. Por eso antes, al hablar de las claves de un amor sano, he empezado por la palabra respeto, porque cuando tenemos respeto por los demás y hay mucho amor y ganas de conocer, la cosa cambia. Por el contrario, cuando nos quedamos en lo preestablecido de las mujeres son así y los hombres son asá, pues llegan los problemas.

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–Después de leer el libro, tengo la impresión de que el amor sano es una utopía…
–No, lo que pasa es que se llega a él después de haber pasado por muchos amores o apegos falsos. El tema es que si en la infancia nos explicaran lo que es realmente el amor y cómo se hace para manifestarlo, sería mucho más fácil relacionarnos.

Realmente es muy complicado. Soñamos con el amor, creemos que será algo que llega y dura para siempre, que seremos felices y comeremos perdices, que la fase de enamoramiento, donde todo es ideal, será eterna. Sin embargo, el auténtico amor también pasa por fases, y se va desarrollando y creciendo, tomando diferentes manifestaciones.

–¿Qué les dirías a quienes ya no creen en el amor?
–Les diría que la sociedad está cambiando y que estamos en transición. Que si tenemos esperanza y ponemos de nuestra parte para disfrutarlo, podemos conseguirlo. No me quiero volver cínica respecto al amor. Yo quiero pensar que realmente existe y que las personas están deseosas de compartir amor, pero no saben cómo y por eso vamos ocultándonos detrás de máscaras. La clave sería aprender a reconocer esa máscara para poder bajarla y relacionarnos mejor.

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