Entrevista a Bernardo Ortín

"Los cuentos ordenan el mundo"

Bernardo Ortín muestra el valor terapéutico de los relatos y cómo utilizarlos.

Víctor Amat

Presidente de la Asociación Española de Psicoterapia Breve

Cuenta Gregory Bateson que una vez le preguntaron a un genio informático si los ordenadores podrían llegar a pensar como un ser humano. El científico se puso a trabajar y diseñó un complejísimo programa de inteligencia artificial para demostrarlo. Cuando lo tuvo listo, el ordenador empezó a realizar sus operaciones. Al concluir, el primer mensaje que pudo leerse en la pantalla fue: "Esto me recuerda a una historia…".

A Bernardo Ortín y a Trinidad Ballester les encantan los relatos y conocen sus efectos curativos. Las historias me llevaron también hasta su puerta y ellos me cautivaron con su erudición, con su habilidad para remarcar lo obvio y volver, desde el pensamiento, a lo sensorial a través de los cuentos y dibujos. Su trabajo muestra cómo el arte y la escritura son herramientas terapéuticas y cómo nuestro atribulado mundo moderno ha olvidado el oficio de cultivar la salud.

Con motivo del taller que celebra cada año en Barcelona, pude entrevistar a Bernardo acerca de su trabajo y del libro que ha escrito conjuntamente con su mujer, Trinidad. Doctor en Filosofía, terapeuta y formador de Programación Neuro-Lingüística, Bernardo es autor de algunos de los libros con más éxito en el ámbito de los relatos terapéuticos.

Ocurrente y buen conversador, salpimentó sus exposiciones con anécdotas y cuentos, dejando claro que a él y a su pareja les apasiona cuidar a las personas desde una perspectiva integral.

¿Cómo nos curan los cuentos?

–¿Un cuento puede curar? ¿Cómo se explica eso?
–Los relatos ayudan a desatascar una percepción demasiado rígida de la vida. Un conflicto existencial está constituido tanto por el problema en sí como por las ocasiones en que lo hemos intentado solucionar sin éxito. A menudo hacemos una y otra vez lo que ya sabemos que no funciona y eso vuelve cada vez más rígida la situación. En el lenguaje de los cuentos eso equivaldría a caer en un hechizo que inaugura nuestro sufrimiento.

Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo en la pubertad no estudia. Le pedimos que lo haga y, si no lo hace, se lo pedimos otra vez, más alto, más claro, de diferentes formas, cada vez más amenazadoras. Como eso no da resultado, le retiramos el móvil, internet, dejamos de sonreírle y abrazarle… Con ello la convivencia en el "reino" familiar se deteriora y así construimos dos problemas: el de los estudios y el clima familiar.

–¿Qué podrían hacer en este caso los padres?
–En una situación así podrían explicar uno o varios relatos. Un cuento no es un manual de instrucciones, es una historia que sucedió en otra época y lugar y que tuvo un desarrollo lo suficientemente rico y complejo como para no mostrar una sola vía.

–¿El cuento actúa entonces de forma indirecta?
–El cuento evita la confrontación con lo que piensa la persona, ya que aparentemente no tiene que ver con lo que le ocurre a ella. Y en los relatos podemos manejar el tiempo, como cuando un personaje del futuro describe cómo acabó una tragedia para que el oyente pueda aceptarla mejor.

"Los cuentos ayudan a formular bien los objetivos y a atemperar los deseos, nos alientan a seguir viviendo ante grandes dificultades."

Como la famosa historia de las ranas que cayeron en un balde de leche y patalearon sin descanso por miedo a ahogarse hasta convertir la leche en mantequilla. Así pudieron salir de ahí.

–¿El amor siempre triunfa en los cuentos?
–No. Unos cuentos enseñan que el amor todo lo puede y otros, en cambio, pueden mostrar que el amor en sí no basta, que tiene que llegar a tiempo, como dijo el genio de la lámpara al querer matar a Aladino cuando este lo libró de su encierro: "Es que hace quinientos años que espero encerrado este rescate". Lo importante del relato no es que acabe bien o mal, sino que deje al oyente en un estado de mayor vitalidad.

El papel de los cuentos en terapia

–¿Qué te llevó a usar los cuentos en terapia?
–Siempre me interesaron los relatos. Trini y yo nos conocimos en un taller de escritura. Ella pinta, escribe y se interesa por los cuentos como médico, desde su concepción integral de la salud. A mí me fascina cómo las personas cambian, aprenden destrezas o comportamientos, y vivencian las emociones.

Las historias son la herramienta de transmisión de saber más antigua del mundo. Hay dos grandes escuelas del aprendizaje profundo, una es la que entiende que el maestro, que es el que sabe, enseña al alumno que no sabe (educare). La otra afirma que lo que las personas necesitan saber ya está dentro de ellas, de modo que el maestro solo debe dedicarse a extraer esa sabiduría (exducere).

Sócrates, por ejemplo, no enseñaba teorías, lo que hacía era preguntar cosas a sus alumnos para que ellos razonaran filosóficamente. Les contaba relatos y mitos acerca de las cosas que habían ocurrido por primera vez en el universo. Los cuentos tienen capacidad de ordenar el mundo, de dar sentido a la existencia. Mi interés por los cuentos viene de la posibilidad que tienen para sugerir a las personas un modelo de mundo.

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–Hablas de historias, héroes y hechizos, ¿pueden los cuentos extrapolarse a la vida cotidiana de las personas?
–La percepción que tenemos sobre nuestra existencia se despliega en dos planos, uno es práctico y concreto, mientras el otro es mítico y trascendente. Cuando tenemos un conflicto, una parte de nuestra atención se dirige al desarrollo concreto del problema: qué pasó, qué le dije, qué me dijo, causas y consecuencias, entre otras cosas.

Sin embargo, otra parte de la imaginación se dirige a lo trascendente: piensa en las dificultades de comunicación en la pareja, en abstracto. De modo que combinamos lo que nos ocurre a diario con lo trascendente. En ese punto de fusión entre lo diario y lo eterno se sitúa la influencia del relato.

Recuerdo un cuento breve de Kostas Axelos que dice: "Un padre y una madre centauros contemplan a su hijo, que juguetea en una playa mediterránea. El padre, se vuelve hacia la madre y le pregunta: –¿Deberíamos decirle que solamente es un mito?"

–¿Qué cosas puede aportar este trabajo a los profesionales de la salud?
–¿Qué buen médico no usa metáforas para hacerse comprender? La salud es una fuente inagotable de historias relativas a lo que suponen las enfermedades para el paciente. Estos cuentos explican muchas veces lo difícil que es para los profesionales hacer su trabajo.

Los médicos usan los relatos para que los pacientes se hagan cargo de su propia salud. En alguna parte oí un relato que a mí me suena a esto:
–Tiene usted la enfermedad de Liberman.
–¿Es grave, doctor?
–Todavía no lo sabemos, señor Liberman.

Talleres de escritura terapéutica

–¿Pueden organizarse talleres de relatos en hospitales o centros de acogida...?
–Por supuesto, y de hecho se organizan. Las metáforas terapéuticas se utilizan cada vez en más contextos e instituciones. Hay un impulso emergente en los profesores para recuperar los relatos como estrategia de diálogo con los jóvenes. Muchos adolescentes que no aceptan un análisis psicopedagógico aceptan de buen grado proyectarse en las historias que surgen de su mente. Equipos que trabajan con jóvenes inadaptados organizan certámenes literarios para que los chicos expresen sus emociones. ¿Sabías que ciertos programas de mediación intercultural inician sus talleres intercambiando recetas de cocina y los relatos de las distintas culturas que se sientan a la mesa a negociar? Podemos percibir una marea metafórica que se va moviendo en el campo institucional y social.

–¿A qué tipo de personas atendéis en vuestro centro terapéutico? ¿Quién asiste a vuestros talleres?
–Trini y yo compartimos la consulta. Ella ejerce la medicina y yo la orientación personal y familiar. Trini aborda cuestiones de higiene vital, de crianza y salud en general, mientras que yo superviso la orientación personal, los conflictos de comunicación, los desórdenes existenciales y emocionales de nuestros clientes. Buscamos facilitar nuevos aprendizajes que resulten más adaptativos y creativos para las personas. A nuestros talleres acuden profesionales del campo de la educación, la psicoterapia, la salud y los servicios sociales, aunque están abiertos a cualquier persona que combine un interés de mejora en su desempeño profesional con el deseo de un juego de introspección que le ayude en su desarrollo personal.

–¿Por qué elegir el camino de las historias para estar bien?
–Empezamos a estar bien cuando somos capaces de relatarnos, de producir un relato sobre nosotros mismos, cuando podemos abordar nuestra biografía de maneras distintas. Esta configuración de diversos rostros, como los personajes de un cuento, es lo que cambia la dinámica e inicia la curación. El Dr. Eric Berne, creador de la escuela psicológica del análisis transaccional, proponía a sus pacientes que escribieran un relato de su propia vida que empezara con la siguiente frase: "yo soy una persona que de niño…".

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–¿Y si el cuento es trágico?
–Lo importante no es que el cuento sea hermoso, sino que sea el adecuado para ti en ese momento. Uno de los libros de cuentos más bonitos es la Antología del cuento triste de Augusto Monterroso y Bárbara Jacobs. Y es hermoso a condición de que se lea en la época adecuada.

Sería un ejemplo del concepto de sincronicidad de Carl G. Jung: "¿Qué relato o cambio interior puedo abordar para que sea coherente con lo que estoy viviendo en el exterior?». A veces elegimos historias hermosas y positivas porque nos satisfacen y, otras, escogemos historias tristes y duras que nos calman en algún punto de la conciencia porque es lo que necesitamos en ese momento. El camino de estar bien mediante los relatos es el camino de la búsqueda de la totalidad.

–¿Qué podemos hacer frente al dolor mental o corporal?
–Las escuelas más eficientes defienden que lo más adecuado con el dolor y con el síntoma es atenderlo en vez de negarlo o rehuirlo. La idea es no pelear con él. La primera indicación del terapeuta será que relatemos el dolor, que le demos una forma, un color, una consistencia. Dejemos que se manifieste como si quisiéramos dejarle acabar un mensaje de amor inconcluso. Hay que retomar el movimiento de amor interrumpido, como en los relatos de terror gótico.

–¿Los fantasmas equivaldrían a temas no resueltos del propio pasado, como vampiros que se desvanecen solo con exponerlos a la luz?
–En cierto modo, sí. La posibilidad de que el dolor se convierta en un fantasma dependerá en gran medida de la capacidad que tengamos de negarlo, de desatenderlo. Por eso el Hada le dijo al protagonista: "Cuando aparezca el fantasma, no corras. Vuélvete hacia él, míralo a la cara, pregúntale quién es y qué quiere de ti".

También es el consejo crucial que le da Bruce Willis, el psicólogo de la película El sexto sentido, al niño que ve los espíritus de los muertos: "Haz­les caso". Recuerdo un relato breve de Juan José Arreola que dice: "La mujer que amé se ha convertido en un fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones".

Cuentos, ansiedad y depresión: ¿pueden curarnos?

–¿La depresión y la angustia tienen que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos, nuestra identidad?
–Si un ser humano del siglo xvii viviera entre nosotros probablemente moriría en poco tiempo. No dispondría de la educación necesaria para adaptarse a la actual velocidad vital. Estamos poniendo en riesgo nuestra capacidad de disfrute y satisfacción, en una época en la que hay más medios que nunca.

Se puede establecer un pronóstico bastante serio de depresión con personas que tienen procesos de ansiedad sostenidos durante ocho años. Los jóvenes tienen más miedo de hacerse mayores, pues no saben lo que se espera de ellos. La depresión puede tener relación con cierta dificultad para encontrarle sentido a la propia vida.

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–¿La depresión invita entonces a buscar un nuevo orden para el "reino", como sucede en tantos cuentos?
–Podríamos entender la depresión como una llamada a la calma, un intento desesperado del inconsciente para que el anfitrión de la enfermedad rectifique el rumbo de su vida. El sentido de la vida se basa en localizar su pulso íntimo. La vida es un pulso, un ritmo respiratorio. Las exigencias del entorno o la forma en que se responde a ellas pueden suponer un abandono de uno mismo, del propio ritmo.

El relato es un modo de ayudar a que la persona encuentre su camino de vuelta a casa. En muchos casos la depresión es una oportunidad para recuperar el camino de retorno a uno mismo. Un modo de protagonizar la propia biografía.

"No quitemos importancia al sufrimiento que muchas personas sienten. Pero creo que los relatos pueden ayudar a generar ajustes creativos en contextos vitales que nos parecen hostiles."

–¿Se trata de «pensar en positivo» o de hacerlo de forma más equilibrada?
–No hay nada más inconsistente que una visión del mundo totalmente positiva. Una parte de nuestro inconsciente sabe que ahí falta algo: una pincelada negra, un aviso de peligro que nos ayude a mantener la alerta para defender la vida. Lo mismo ocurre a la inversa: el pesimismo extremo no parece creíble.

Cuando nos empeñamos en elegir una parte, negamos la otra y convertimos las paradojas de la vida en dilemas. ¿Debo someterme a la realidad o soñar una nueva? ¿Soy realista o idealista? Los cuentos nos proponen entretejer ambas cosas. Parafraseando a Shelley, necesitamos la facultad creativa de re-imaginar lo que ya conocemos. En definitiva poder ser cada vez una cosa, vivir en todos los mundos posibles.

Caperucita Roja creció porque escuchó la propuesta del lobo y se salió del camino. Quiso explorar el mundo manteniendo su estilo personal. Esta fusión de polaridades la catapultó a la fama.

–¿Cómo ves el problema de la soledad, la incapacidad de construir relaciones sólidas?
–Uno sabe quién es cuando entra en contacto con lo diferente a sí mismo. En las diferentes culturas los mitos sobre el origen de la humanidad parecen agruparse en dos tipos. Por un lado están los que consideran que el origen de un pueblo se halla en la primera herramienta, como el fuego que Prometeo robó a los dioses. Por otro lado están los relatos que vinculan el origen con un intercambio.

La primera concepción es frecuente en culturas donde predomina la jerarquía y la lucha por poseer la herramienta. El segundo tipo de relato abunda en culturas basadas en el grupo, en la colaboración y el reparto equitativo de poderes.

Es posible que estemos bajo la sombra del relato de la herramienta, estableciendo relaciones basadas en quién domina la situación y quién puede ganar o perder, en vez de cooperar a fin de conseguir un beneficio para todos. Los cuentos muestran indirectamente qué sucede en uno u otro caso.

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