Entrevista a Ramon Riera

"Necesitamos ser amados y amar a los demás"

Aida García

De nuestros padres heredamos no solo rasgos físicos, sino también emocionales. El psiquiatra Ramon Riera nos habla de esa herencia emocional, de esos viejos valores patriarcales transmitidos que dirigen nuestra vida sin darnos cuenta.

Cuando el objetivo principal del día a día es sobrevivir, sentir no tiene cabida alguna. Y así, desconectados de nuestras emociones, hemos vivido los humanos a lo largo de nuestra historia. Con su obra, La herencia emocional: Un viaje por las emociones y su poder para transformar el mundo (Planeta), Ramon Riera nos hace un interesante recorrido por la evolución de los sentimientos y nos muestra la importancia de aceptar la propia vulnerabilidad, ya que el éxito de nuestra especie “se basa en la conexión con las emociones, propias y las de los demás”.

–Leo las últimas páginas de su libro y me invade la duda: ¿es real lo que sentimos o solo es fruto de lo que hemos aprendido del entorno?
–Nos cuesta tanto aceptar cómo nos influyen los demás que tendemos a negarlo pensando que somos autosuficientes. Pero no podemos cambiar lo que negamos. El objetivo del libro es ayudar al lector a ser más consciente de la herencia invisible que recibimos de nuestros padres y de la cultura de nuestro entorno.

–Habla ampliamente de los valores, ¿cómo los definiría?
–Nuestras reacciones emocionales espontáneas son la expresión más sincera de nuestros valores. Podemos decir que no somos racistas; en cambio, cuando interactuamos con una persona de otra raza, podemos reaccionar con miedo o con rabia. Esto es lo que cuenta, no lo que decimos. Amar a los padres sin cuestionar si se lo han ganado es otro valor heredado. Todos somos,en parte, lo que ellos han necesitado que seamos. La herencia emocional es la de los valores que realmente determinan nuestro comportamiento. Pero hoy en día ya hay padres que respetan que sus hijos sientan de forma diferente a lo que esperan.

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–Como usted apunta, los valores que prevalecen entre los jóvenes de hoy sí son distintos...
–Las circunstancias van cambiando y los valores también. Por ejemplo, antes la gente no era consumista porque no podía. Los valores materialistas, el consumismo y el afán de ganar dinero para comprar bienes materiales se sustentaron en la negación: la negación del dolor emocional, que se intenta ocultar con el bienestar económico. Sin embargo, los científicos sociales constatan que nunca antes los adultos habían tenido tan en cuenta las emociones de los niños.

El hecho de que hoy en día seamos muy críticos con los padres que están más atentos a ganar dinero para consumir que a los niños es, precisamente, una muestra de que emergen nuevos valores.

–¿No es curioso que los científicos digan que estamos avanzando y, en cambio, se aprecie que los valores tradicionales cobran fuerza?
–Siempre que hay grandes cambios se necesita hacer reajustes en los valores. Con la revolución industrial se tuvieron que introducir valores nuevos para proteger la explotación de los trabajadores. El desafío que tenemos es encontrar valores nuevos en lugar de recurrir a los antiguos.

–Usted sugiere que bloqueamos los sentimientos porque sentir nos hace infelices...
–Sentir que necesitamos el amor de los demás, que somos muy vulnerables al desamor... nos asusta y hace que nos autoengañemos con la aparente autosuficiencia que nos da el consumismo. Incluso hemos llegado a creer que la depresión se cura con una pastilla que se compra.

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–En esta época de Instagram, Tinder… ¿Realmente cree que esta sociedad está más conectada con sus emociones?
–Es el aumento de la conexión entre las personas lo que ha permitido que las víctimas de abusos sexuales hayan conectado entre sí para hacer público el abuso. A lo largo de la historia, los abusos a los niños y mujeres han pasado desapercibidos.

–Cuesta creer que exista la sociedad empática de la que usted habla, ya que no resulta tan sencillo encontrar personas que sepan escuchar…
–Empatía es una palabra moderna que hace unas décadas nadie utilizaba. Que los padres fueran empáticos con los hijos, los jefes con los empleados… era algo no tenido en cuenta hace unos años, por eso ni tan siquiera existía esa palabra.

–¿Hacia dónde cree que evoluciona esta sociedad?
–A medida que la supervivencia está menos amenazada nos podemos ocupar mejor de nuestra vulnerabilidad emocional. Un ejemplo de ello es el hombre que se avergüenza porque no sabe llorar. En cambio, cuando yo era niño se decía que llorar era de niñas.

–Dice en su obra que es la vulnerabilidad la que nos permite ser más empáticos, ¿por qué?
–Existe el malentendido de que conectar con las propias emociones nos hace ser egocéntricos y egoístas. Pero solo si estamos conectados con lo que sentimos, podemos darnos cuenta de cómo necesitamos ser amados y amar a los demás.

En el libro La herencia emocional: Un viaje por las emociones y su poder para transformar el mundo explico historias de niños criados en situaciones adversas que necesitaron no darse cuenta de lo que sentían y de adultos no estaban preparados para las relaciones emocionales.

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–De la misma manera, ¿qué papel juegan los miedos?
–La amenaza y el miedo favorece vivir a la defensiva. Los niños que viven asustados no pueden explorar el mundo con libertad.

–¿Y la muerte?
En el libro me ocupo de la influencia de la mortalidad infantil. ¿Cómo han hecho los padres durante siglos para poder soportar la muerte de sus hijos? A lo largo de casi toda nuestra historia, 1 de cada 3 niños ha muerto antes de cumplir los 5 años. Las familias han tenido un promedio de 6 hijos y solo 2 han llegado a adultos. El distanciamiento emocional era la única manera de soportar esta tragedia.

–Abanderamos los conceptos de independencia y libertad, pero usted habla de que estos valores nos hacen más dependientes de los demás, ¿no es contradictorio?
–Los valores basados en la libertad están avanzando en todo el mundo. En cambio, las condiciones de vida actuales han cambiado: antes de la revolución agrícola, los humanos vivían en grupos pequeños donde todos se conocían. Ahora, en las grandes ciudades, vivimos rodeados de desconocidos y esto complica mucho las relaciones sociales. No debemos confundir las condiciones de vida externa con los valores, hay que usar los nuevos valores para afrontar las nuevas condiciones de vida.

–Dice que “la herencia emocional que recibimos de los padres es lo que determina en qué nos podemos fijar y en qué no”. ¿Qué consejo le daría a los padres que están criando a los adultos del futuro?
–Les aconsejaría que, sobre todo, se fijen y sean muy respetuosos con lo que sienten los pequeños. Así, sus hijos aprenderán a fijarse en lo que sienten y a desarrollar la inteligencia emocional.

Para saber más...

  • Ramón Riera es el autor del libro La herencia emocional: Un viaje por las emociones y su poder para transformar el mundo (Planeta). Puedes comprarlo aquí.

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