Utilízalos en tu vida

El poder del ritual: un estímulo integral

Begoña Odriozola

Más que supersticiones, los rituales son un recurso para dar sentido e intención a nuestros actos, para movilizar energías conscientes e inconscientes y para fortalecer nuestra conexión con los demás.

Desde hace al menos cien mil años, los seres humanos de cualquier época o lugar han desarrollado rituales. En ellos han encontrado una gran ayuda psicológica para sobrevivir en un universo duro, complejo, inexplicable y generador de altas cotas de incertidumbre o angustia. Pero a medida que la humanidad ha ido adaptándose mejor al medio, modificándolo y ejerciendo un mayor dominio sobre él, las creencias míticas han ido cediendo paso a las explicaciones filosóficas primero y científicas después.

Y si bien el pensamiento mágico ha perdido prestigio en favor de la ciencia, los rituales, lejos de desaparecer, se han ido diversificando, de forma que hoy día los ritos religiosos y seculares conviven en armonía casi perfecta.

Con el desarrollo tecnológico la vida se ha hecho más cómoda en el plano físico. Pero en el psicológico seguimos con la misma inseguridad básica: no hemos vencido a la muerte; ignoramos lo que nos deparará el futuro; los peligros y riesgos acechan; la vida y las personas siguen en constante cambio y bien pocas son las cosas que parecemos controlar.

Hace milenios podíamos sentir miedo a ser devorados por una fiera o atacados en un camino; ahora tememos perder la vida en un accidente o contraer una enfermedad grave. Antaño, no ser excluido del clan o la tribu era vital para la supervivencia, hoy lo es mantener un puesto de trabajo. Las necesidades básicas del ser humano y sus temores esenciales permanecen.

¿Por qué los rituales son eficaces?

El ritual forma parte de la memoria de la especie; nos ha acompañado y ayudado en la evolución de homínidos a humanos. Lo queramos o no, seguimos necesitando rituales y ¡los tenemos!

El ciclo vital de una persona atraviesa etapas que se señalan con distintas ceremonias: bautismo o presentación del niño en sociedad, boda o inicio de convivencia, divorcio, jubilación, funeral… Los cumpleaños dividen la vida en años solares y en estos, a su vez, hay fiestas señaladas en que se reúne la familia o se intercambian regalos.

Muchos rituales forman parte inseparable de la cultura y no tienen sentido fuera del ámbito social que los ha creado. Otros se construyen ex profeso para resolver algún dilema o estado emocional concreto.

En un mundo marcado por la racionalidad se hace difícil entender por qué el ritual puede ejercer tanta influencia. ¿Cómo se explica que algunas parejas que han convivido durante años libremente sientan variar su relación justo después de casarse?

La acción ritual otorga a las cosas una fuerza simbólica y una visibilidad social que obliga a un compromiso mucho más claro, a la vez que intensifica la conciencia de todo aquello que se anhela y se espera ganar pero, también, de todo cuanto queda atrás y se pierde.

"Sí": el ritual, la música, las palabras pronunciadas, las expectativas expresadas por las personas significativas que acompañan, todo ello marca una diferencia. Es como si los deseos y la atención que ofrecen los allegados aportase un impulso vital que ayuda a transitar por el vértigo del cambio.

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Los rituales nos ayudan a celebrar la vida

En el ritual, el grupo te ayuda

Esto puede repetirse a todos los niveles. Cuando un niño, por ejemplo, ha de hacer el cambio de la cuna a la cama, cuán efectivo y fácil es acompañar el proceso con algún tipo de ceremonia que, ante un cambio que genera inseguridad, transmita mensajes de celebración y alegría. Por ejemplo: "Ya estás preparado para dormir en una cama de niño mayor. Eso nos da felicidad".

El grupo exige pero también da. Quienes han practicado meditación conocen de sobra la diferencia entre sentarse solo o hacerlo en compañía. Así, una reunión de personas, que podría ser fuente de distracciones, se vuelve, paradójicamente, fuente de inspiración y genera un efecto sutil que ayuda a la mente a concentrarse mejor.

Hay quien habla de presión de grupo en positivo. Es como si el esfuerzo común por mantener la atención, el sentimiento de pertenencia y de unión, convirtiesen la experiencia en algo más que la suma de sus partes.

En busca del significado

Los rituales son acciones a las que dotamos de significado; que se realizan de un modo concreto, bajo determinadas condiciones –distintas de las habituales–, con cierto orden –deben tener un principio y un final estipulados– y ser evocadoras –mediante la representación y el enfoque, debe crearse un estado mental de atención intensa–.

Normalmente están compuestos por una serie de actividades simbólicas (danza, canto, habla, gestos, manipulación de ciertos objetos…). Se trata de actos más significativos e importantes que los que pueden realizarse en la vida cotidiana.

A veces, de forma coloquial, llamamos ritual a algún hábito muy arraigado. Pero estas acciones no pueden considerarse rituales, especialmente cuando se efectúan de forma automática. Es cierto que algunas pueden ser vividas de forma ritual si se realizan con una actitud especial.

Por ejemplo, llegar a casa cansado tras un día complicado, preparar la mente mediante acciones relajantes –con actitud de soltar lastre– y ponerse bajo la ducha atentos al contacto sensorial con el agua e inmersos en la idea de purificación puede resultar infinitamente más liberador que abstraerse en el sofá ante la televisión o buscar consuelo en la comida.

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El tiempo ritual nunca es perdido; al contrario, puede dar brillo a la experiencia humana e inducir al cuerpo y la mente a crecer y perseverar hacia los objetivos deseados.
Los rituales subrayan el hecho de que la comprensión humana del mundo no es solo mental o solo física sino una integración holística de cuerpo y mente, pensamiento y sentimiento, palabra y acción.

Su poder estriba, justamente, en que está próxima al código analógico, puesto que combina diferentes canales sensoriales simultáneamente: vestuario, máscaras, colores, texturas, olores, alimentos, bebidas, canciones, danzas, decorados, palabras…

El efecto benéfico del ritual

Los beneficios del ritual pueden observarse en el cerebro. Se ha demostrado que las partes activas de ciertos rituales (repeticiones, símbolos, música, danza…) producen descargas positivas del sistema límbico que incrementan la empatía entre las personas y, con ello, la cohesión social.

Al combinar partes más verbales y partes más simbólicas, el hemisferio derecho (mayor capacidad espacial, emocional, intuitivo, capaz de analizar de modo simultáneo, el gesto, la postura, la mirada…) y el izquierdo (análisis del sonido y el lenguaje, analítico, lineal, racional, lógico...) tienden a activarse simultáneamente y a trabajar de modo más interconectado. Eso potencia la creatividad y la comprensión más holística y profunda de la realidad.

Inspira, conecta, da fuerza

Los seres humanos somos capaces de comunicarnos eficazmente a través del lenguaje verbal. Pero a menudo puede ser necesario enfatizar ciertos mensajes o ideas mediante acciones simbólicas.

El ritual, ya sea construido especialmente o establecido culturalmente, nos ayuda en este empeño. Los rituales sirven para varios propósitos. Veámoslos:

  • Dar sentido a las cosas. El ritual ayuda a sentir que las vivencias tienen una coherencia; que el mundo está ordenado y mantenemos cierto control. A través de la repetición y la regularidad del ritual, sintiéndolo familiar, encontramos significado a las vivencias, nos sentimos parte de un todo más amplio (historia, familia, linaje..) y enraizados en la sociedad a la que pertenecemos.
  • Crear, mantener o celebrar la unidad social. Este es el punto fuerte de los rituales y también una inclinación básica del ser humano. A lo largo de la historia se han celebrado en comunidad las cosechas y los acontecimientos sociales y familiares; se han compartido alegrías e inventado mil y un rituales de solidaridad ante las dificultades y ante las pérdidas, se han propiciado reencuentros y buscado ceremonias de perdón que culminaran procesos de reconciliación entre grupos sociales enfrentados… Todo ello también refuerza el sentido de pertenencia y genera identidad grupal.
  • Expresar y reforzar valores y expectativas sociales. Los rituales transmiten los mensajes importantes para una cultura y también refuerzan una situación establecida o mantienen las relaciones de poder –como muestran algunas ceremonias políticas o militares–. Por eso es tan importante generar rituales nuevos que ayuden a la sociedad a evolucionar en pos de valores más justos.
  • Adaptación al cambio. La vida está llena de ritos de paso. Es difícil pensar en un cambio vital sin una celebración que la acompañe. Los tenemos tan integrados que no siempre valoramos sus aportaciones o somos conscientes de ellos. Sin embargo, cuando faltan, la tristeza y el sentimiento de soledad nos embargan fácilmente. Imaginemos a una persona que se jubila, simplemente saliendo por la puerta, sin que nadie se detenga a agradecerle todo lo aportado, a señalar la contribución y el esfuerzo que tanto ha ayudado al grupo o a la empresa a prosperar… ¡Qué diferente se sentiría con un ritual de despedida!
  • Contener las emociones. Y dar permiso para expresarlas de manera pautada. Es el caso de los ritos funerarios: el dolor intenso puede manifestarse libremente dentro de unos límites protectores (un espacio y tiempo determinados). También sería el caso de los retos a duelo de antaño o las competiciones deportivas de hoy día, que vehiculan las luchas por la afirmación personal o colectiva.
  • Canalizar la atención y la intención y fortalecer el compromiso. Si se está pensando en desarrollar alguna actitud positiva, las probabilidades de éxito suelen ser mayores si se recurre a la fuerza del rito. Un modo sería dedicar unos minutos, al inicio del día, a algún ritual que uno mismo haya preparado y a ejecutarlo con una actitud mental de plena atención. Eso permite alimentar la actitud que se quiere desarrollar, dirigir la energía mental, la atención y el esfuerzo hacia el objetivo, a la vez que ayuda a tomar distancia respecto a los obstáculos e interferencias y a perseverar en el empeño.
  • Generar esperanza. La realización del ritual, en sí misma, permite sentir el objetivo antes de lograrlo, lo hace real en el espacio de la vivencia. Y, con ello, surge el convencimiento de que la meta es posible y alcanzable, lo que alimenta la esperanza y produce un notable efecto inspirador. Además, cuando se experimenta una emoción o una sensación, es más fácil recuperarla o evocarla en el futuro. Por eso se dice, con razón, que el ritual ayuda a crear realidades que previamente no existían.
  • Resolver paradojas. Con frecuencia la vida nos otorga papeles o funciones que pueden resultar contradictorias entre sí o, como mínimo, difíciles de conciliar. ¿Cómo congeniar en familia, por ejemplo, la necesidad de soledad con la de disfrutar de la relación de pareja y de la compañía de los niños? ¿Cómo emanciparse tras la adolescencia sin que los padres sientan que "pierden un hijo"? Para mantener al mismo tiempo los dos o más aspectos de una contradicción no basta con un enfoque meramente racional o solo emocional. El ritual puede ser el mejor recurso para activar toda la creatividad humana haciendo trabajar el cerebro completo al unísono.

El efecto es lo que importa

La gracia, por tanto, está en pensar y actuar de forma local y global a la vez. Utilizar con plena conciencia el poder del ritual, lejos de hacernos acientíficos, pone en acción tanto los recursos de la sabiduría ancestral como los del conocimiento psicológico moderno. En otras palabras, nos abre un sinfín de canales simultáneos a la hora de buscar respuestas o de expresar aquello que sentimos.

Así pues, si sientes amor, pronuncia las palabras que lo expresen, regala una rosa de un rojo y fragancia intensos y acaricia y adereza el conjunto con una melodía inspiradora. ¿Mito o Ciencia? ¡En ese momento te dará igual!

Ritual de perdón a uno mismo

Este ritual ayuda a liberarse a quienes por inseguridad o vergüenza son más críticos consigo mismos que con los demás.

  1. Preparar la mente. Hay que poder marcar un espacio y tiempo diferenciado de las actividades cotidianas y generar una actitud mental de presencia activa y consciente. ¿En qué lugar se va a realizar esta preparación? ¿Qué ayudará a calmar y concentrar la mente (algún ejercicio de relajación, ordenar el entorno, dibujar algo, escribir, moldear, poner una música adecuada, movimientos de baile…). Se trata de conectar con el potencial interno de mejora y cambio. ¿Hay alguna imagen que resulte inspiradora?
  2. Reflexión. Hay que darse cuenta y reconocer con valentía y sinceridad aquello que se ha podido hacer mal; conectar con un sentimiento de pesar por el daño causado. ¿Basta con pensarlo? ¿Ayuda escribirlo o dibujar? ¿Hay algún objeto, imagen, movimiento corporal o música que lo simbolice?
  3. La acción. ¿Existe algún acto (real o simbólico, público o privado), algo que uno pueda decir o hacer (para uno mismo o para alguien en particular) que, de algún modo, contribuya a reconocer y a sanar esa herida?
  4. Soltar el sentimiento. ¿Qué acciones simbólicas, imágenes, pensamientos o palabras podrían representar este acto mental de liberación? ¿Qué puede ayudar a conectar con la actitud mental de "dejar ir", en definitiva, de perdonarse?
  5. Compromiso y alegría. Se puede acabar comprometiéndose firmemente con el esfuerzo diario de aprender de los errores y de no repetirlos. ¿Hay algo que pueda simbolizar esa determinación, que pueda servir de inspiración en el futuro? Finalmente, tomamos conciencia de todo lo positivo conseguido y nos alegramos por ello.

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