Reflexiones para dibujar el futuro

14 rayos de luz (la sociedad después de la pandemia)

Jordi Pigem

La pandemia del COVID-19 nos exige que transformemos muchos aspectos de nuestra vida. Estas reflexiones exploran los caminos que se abren ante nosotros.

1. El sistema es frágil: no hay ejército de expertos, muralla de datos ni arsenal de tecnologías que pueda controlar la red de la vida. El sistema, de hecho, está acabado, aunque todavía seguirá embistiendo por inercia, como un robot descontrolado, como un gigante sonámbulo. Pero el camino hacia un mundo nuevo está abierto. Y seguirá abierto.

2. Estamos en el principio del fin de la globalización, sueño que se había ido convirtiendo en pesadilla. Bienvenido el retorno a las economías locales, a los productos de proximidad, al arraigo en una comunidad y un paisaje, al sentido del lugar, al sentido común.

3. Otra cosa sabemos: hemos de aprender a vivir mejor con menos.

4. Ante la tendencia al totalitarismo digital (el control de la población a partir de los dispositivos electrónicos y el creciente desplazamiento de lo presencial por lo digital) no olvidemos que la verdadera comunicación es presencial, cara a cara, mirándonos a los ojos. La educación no puede centrarse en transmitir información a través de pantallas.

5. El bien de las personas es inseparable del bien común. Somos seres sociales. El bienestar de la comunidad repercute en el bienestar de las personas, la comunidad crece cuando las personas crecen (pero no de una manera egoísta). El individualismo es tan solo un espejismo.

6. Las personas son más importantes que el dinero. Debería impedirse que el afán de lucro corrompa todo aquello que tiene que ver con el cuidado de las personas.

7. El modelo de atención a los ancianos basado en las residencias de la tercera edad es algo históricamente sin precedentes, por no decir aberrante. Especialmente cuando las residencias se han convertido en un negocio en el que los inversores incuban su dinero.

8. No se trata de escoger entre economía y vidas humanas o entre sostenibilidad, armonía social y plenitud personal. Hay una sinergia entre el verdadero bienestar personal, el bienestar social y el ecológico: lo que contribuye a uno, contribuye a los otros dos. El verdadero bienestar es estar bien —contigo y con el mundo.

9. Los patógenos derivan de la ruptura del equilibrio ecológico, en buena parte a través de las industrias extractivas y de la industria agroalimentaria, ambas basadas en un modelo rancio y depredador. Preservar el equilibrio ecológico debería ser uno de los imperativos de la salud mundial.

10. El equilibrio ecológico interior, el de nuestro organismo, también resulta esencial para la salud. La contaminación ambiental se ha comprobado que es un factor clave en la incidencia de este y otros patógenos. Otro tanto cabe decir del consumo de tabaco. Deberíamos poner mucho más énfasis en la salud preventiva. Somos lo que respiramos y somos lo que comemos. Pero la salud física no es independiente de la salud mental, emocional y espiritual. Así que, también, quizás más importante todavía, somos lo que pensamos.

11. Lo principal que tenemos es la salud. La salud física, sí, pero sobre todo la salud mental, emocional, la salud interior. La salud mental que nos permite vivir situaciones de incertidumbre sin agobiarnos, sin ser presa del miedo. La plenitud se encuentra en la mente, en nuestro estado interior, más que en el exterior.

12. El ser humano es un ser mortal. Todo lo que nace muere. ¿Qué ocurre cuando atravesamos ese umbral que llamamos ‘muerte’? (La evidencia científica sobre experiencias de personas que han estado clínicamente muertas es incontestable para quien mínimamente mantenga una mente abierta.) En el fondo nada nace y nada muere, sino que todo se transforma en la inacabable danza de la realidad y de la vida. Nuestros cuerpos son los ríos que van a parar a la mar, que es el morir —pero el agua de esos ríos continúa fluyendo.

13. Todavía es posible, antes del naufragio, virar el rumbo hacia una sociedad más sana, sabia y ecológica, hacia un mundo más lleno de sentido, hacia una economía reintegrada en los ciclos naturales y al servicio de las personas y de la sociedad, hacia una existencia que gire en torno al crear y celebrar en vez del competir y consumir, y en la que la conciencia humana no se vea como un epifenómeno de un mundo inerte, sino como un atributo esencial de una realidad viva e inteligente en la que participamos a fondo.

14. La única verdadera solución es un cambio de civilización. De una civilización al servicio del dinero, de las cosas, del control y del poder, a una sociedad al servicio de las personas, de la imaginación, de la creatividad y de la vida. De una sociedad basada en la ignorancia, la codicia y la malicia a una sociedad basada en la lucidez, la generosidad y la bondad. En definitiva, de la caverna y la pesadilla al amanecer y el despertar.

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