Relaciones

Discusiones de pareja: cómo acabar bien

Mª Mercé Conangla y Jaume Soler

En la pareja las discusiones pueden ser una lluvia suave o una tormenta eléctrica. En vez de alimentar la ironía o el reproche es preferible reconocer los propios deseos y expresarlos con respeto y claridad.

Los problemas de pareja aparecen cuando esta está formada por dos personas dependientes, sin proyecto propio de vida y con escaso nivel de competencias emocionales y de habilidades de relación y comunicación. Muchos de los conflictos que dificultan o destruyen la convivencia de pareja se producen por cinco causas comunes:

  1. Caer en la rutina y la acomodación. Sucede, por ejemplo, cuando se actúa creyendo que una vez encontrada la persona adecuada ya se tiene todo el trabajo hecho.
  2. La incapacidad para compartir y comunicarse con serenidad en los momentos difíciles y de crisis.
  3. El deterioro del clima emocional en la convivencia de pareja.
  4. Las invasiones territoriales. Por ejemplo: no preservar los espacios individuales ni la intimidad del otro, el afán de posesión, la demanda de exclusividad.
  5. No abordar las situaciones de conflicto y de incumplimiento del "contrato emocional" de la relación (por ejemplo la infidelidad) de forma emocionalmente ecológica.

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¿Qué hacer cuando se presentan estas situaciones? Te damos estrategias para revertirlo.

Identificar las púas de la relación

La contaminación emocional es el fenómeno por el cual lanzamos al exterior, de forma indiscriminada e irresponsable, nuestras basuras emocionales, prescindiendo del impacto que van a tener en el clima emocional global de la pareja.

Siguiendo el ejemplo de los erizos, analizaremos algunas púas dolorosas que pueden deteriorar estas relaciones.

  • Púa 1: chantaje emocional

Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó: –Pero Rhett, si te vas, ¿qué va a ser de mí? ¿Adónde iré?

Clark Gable: –Sinceramente, querida, me importa un bledo.

No hace falta ser desconsiderado como Rhett, ni maleducado, duro o insensible, aunque sí que, en ocasiones, será preciso marcar unos límites claros. Si quieren jugar con nuestro sentimiento de culpa, deberemos apelar al sentido de la responsabilidad del que lo intenta:

–Sin ti... ¿qué va a ser de mí?

–Pues será lo que tú hagas que sea. Tu vida es tuya. El sentido de tu vida es tuyo. Es tu responsabilidad.

  • Púa 2: El autismo comunicativo

–¿Qué te pasa?

–Nada. No me pasa nada.

Hallamos aquí una especie de acorazado, cerrado y a la defensiva, que no expresa ni pensamientos ni sentimientos; aislado y encerrado en su propio mundo sin permitir el acceso al otro. La comunicación es imposible porque no hay puentes entre los territorios íntimos de ambos.

El cordón umbilical emocional que alimenta la relación deja de recibir oxígeno. Aunque uno se esfuerce, no se puede mantener unilateralmente una relación.

  • Púa 3: Diales distintos

–¡Me siento muy desanimada!

–Oye... ¿qué has preparado para cenar?

Interpretación: "No le importo. Me usa para su necesidad o comodidad".

Impacto:Tristeza o enfado. Inicio de una discusión agresiva o aislamiento.

–¡Estoy fatal! –¡Pues mira que yo, he tenido un día...!

–Eres un egoísta. Nunca me escuchas. (Dos errores: un juicio de valor y una generalización.)

–Es que siempre te estás quejando. (ídem.)

Interpretación: Línea cerrada y acabada. Ambos se dicen: "Lo importante para mí soy yo". Impacto: Sentimiento de soledad. Lanzamiento de basura emocional.

  • Púa 4: la aquiescencia

–¿Verdad que no podrías vivir sin mí?

–Sí.

–¿Y que soy lo más importante de tu vida?

–Sí…

–¿Y que me quieres mucho, mucho, mucho?

–Sí…

–¡Ay, qué cosas tan bellas me dices!

Interpretación: La necesidad de ser elogiado y reforzado prevalece sobre la necesidad de vivir en la realidad y ser amado en verdad. Ventriloquia: se hace decir al otro lo que el otro no dice o no siente. Y el otro, pasivamente, lo hace.

Impacto: Promueve una relación irreal y falsa. Fomenta un espacio de comodidad y rutina. Sentimientos de resignación y fastidio. Soledad emocional.

  • Púa 5: la ira

La mujer de Nasrudin empezó a decir cosas muy desagradables sobre él. Estaba muy enojada y se comportaba de forma grosera y agresiva. Nasrudin estaba sentado en silencio escuchándola cuando, de repente, la mujer le dijo:

–¿Así que otra vez estás discutiendo con- migo?

–¡Pero si no he dicho ni una sola palabra!

–Ya lo sé. ¡Pero estás escuchando muy agresivamente!

Interpretación: Debemos aprender a poner límites al mal humor y a desprendernos de él, sin dañar al otro. Impacto: Cuando el mal humor toma el control de nuestra conducta somos una fuente que emana "lluvia emocional ácida" que quema nuestra relación.

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Fomentar la comunicación con la pareja

¿Con qué tipo de palabras nos comunicamos con nuestra pareja? ¿Mediante palabras-dardo o palabras-semilla? Cuando utilizamos las palabras-dardo actuamos de forma agresiva, invadimos, golpeamos al otro con ellas, creamos un clima tóxico donde el amor no puede crecer.

Cuando nos valemos de las palabras-semilla, podemos entrar en su corazón sin invadirlo. Son palabras que crean puentes, que unen, que curan.

Hemos de agradecer al filósofo Arthur Schopenhauer esta hermosa historia: "En una noche oscura y fría, algunos erizos descubren que si se juntan tienen menos frío. Se acercan cada vez más, pero se pinchan unos a otros. Asustados, se apartan. Cuando se alejan, se lamentan por haber perdido calor, pero al mismo tiempo temen el dolor. Pasado un rato, y venciendo el miedo, vuelven a juntarse, y se hacen daño de nuevo. Así siguen durante algún tiempo hasta que encuentran la distancia adecuada: aquella que les permite darse calor sin pincharse unos a otros."

Este relato de Schopenhauer nos revela un punto clave de las relaciones personales: ni tan cerca que nos pinchemos con nuestras púas, ni tan lejos como para sentirnos demasiado solos o aislados.

La puerta más segura es aquella que podemos dejar abierta, pero los límites son necesarios en toda relación: debemos señalarlos para evitar levantar fronteras y muros de protección. La comunicación emocional resulta imprescindible en una relación de pareja.

Para que nuestra relación crezca, es importante poder expresarse sin esconderse ni sobreprotegerse por miedo. Eso implica poder decir, por ejemplo: "me siento angustiado", "estoy triste", "hoy me he sentido amenazado cuando...", "me siento feliz por...", "te amo"... así como recibir una respuesta similar.

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10 caminos para comunicarse bien en pareja

  1. Tranquilizarnos y dialogar desde la calma.
  2. Si nos sentimos en desequilibrio, mejor posponer la discusión.
  3. Autogestionar antes las propias basuras emocionales.
  4. Preservar nuestra relación de la contaminación emocional y verbal.
  5. Hablar en primera persona sobre lo que uno piensa, siente y desea.
  6. Expresar lo que sentimos realmente. Lo que no se dice se convierte en frustración.
  7. Es tan valioso atender a lo que no se dice como a lo que se expresa.
  8. Acordar las diferencias. A partir de aquí será posible trabajarlas.
  9. Evitar la asfixia, la posesión y el control excesivo.
  10. Recordar que es muy fácil destruir y dañar, y mucho más complejo y difícil reconstruir y curar las heridas emocionales causadas. Conectarnos al amor que nos une al otro.

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Lo que decimos y lo que no

Lo que no decimos puede ser tan importante como lo que sí expresamos. Atender al lenguaje no verbal de nuestra pareja puede ayudarnos a comprender mejor una situación que a veces nos desconcierta.

En ocasiones esperamos que el otro intuya nuestras necesidades sin haberlas manifestado. Caemos en el error del adivino: si me quiere va a saber qué pienso, qué siento, qué espero. Entonces, cuando no adivina bien, deducimos que es porque no nos ama, en vez de plantearnos si nos hemos expresado con claridad.

La queja y la recriminación al expresar algo que ya no se puede cambiar solo contaminan la relación. Es nuestra responsabilidad expresarnos mejor y enseñar a nuestra pareja cómo amarnos mejor, pero siempre en presente. En la vida de pareja hay muchas frases tóxicas que socavan la relación.

En la vida de pareja hay muchas frases tóxicas que socavan la relación. Pueden responder a conductas de control (¿Por qué no me lo cuentas?), quejas (¡Abusas de mi buena fe!), victimismo (Mira cómo estoy por tu culpa), insultos o juicios de valor (No tienes ni idea), posesión (No quiero que lo vuelvas a ver), exigencia (No puedes llegar tan tarde) o menosprecio (Solo yo puedo aguantarte).

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Hasta dónde ceder

Si tensamos demasiado la cuerda de un arco, al final se rompe; si la dejamos demasiada floja, no puede ejercer su función. De igual forma, la pareja solo se justifica si es un espacio de crecimiento y mejora individual y conjunta.

En ningún caso debe convertirse en un espacio irrespetuoso agresivo, que nos bloquee o ampute nuestro potencial. Si cedemos nuestra esencia personal para conservar a nuestro lado a una persona, perdemos nuestra dignidad y autorrespeto.

Si no somos capaces de ser generosos ni de dar prioridad a nuestra relación, vamos a perdernos. Cada persona debe hallar el punto de equilibrio y cada pareja, también. Una persona se convierte en la víctima de las víctimas cuando su necesidad de ser amada supera su necesidad de ser respetada.

Para enfrentar las dificultades es preciso ser valiente y no salir huyendo al primer obstáculo que se presente, pero también necesitaremos tener coraje cuando, después de haber luchado por mantener viva nuestra relación, lleguemos a la conclusión de que esta ha finalizado y que es preciso darla por cerrada.

Es esencial aprender a respetarse a uno mismo para vivir una relación armoniosa y amorosa con nuestra pareja. Como dijo Oscar Wilde: "Amarse uno mismo es el comienzo de un romance para toda la vida". Nuestra vida vale lo que valen nuestros amores. Pero un amor de pareja, como un río, necesita dos orillas, y ambas están unidas por el agua que besa ambas orillas y las comunica.

Una historia con moraleja

–¿Por qué dos personas se gritan cuando están enojadas? –preguntó el maestro–. Porque entonces sus corazones se alejan mucho. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse en la distancia. Pero, ¿qué sucede cuando dos personas se enamoran? Pues que no se gritan sino que se hablan suavemente.

La razón es que sus corazones están muy próximos. Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? Solo susurran. Finalmente, no necesitan siquiera susurrar, solo se miran y eso es todo.

Cuando discutáis no dejéis que vuestros corazones se alejen, no digáis palabras que los distancien aún más. Llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontraréis el camino de regreso.

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