Disfrutar a cualquier edad

12 claves para mantener el cerebro joven

Francisco Mora Teruel

El envejecimiento cerebral se puede prevenir. Los buenos hábitos alimentarios, el ejercicio regular y las relaciones sociales lo protegen.

El envejecimiento no es una enfermedad ni tampoco una etapa en la que incidan necesariamente ciertas patologías, sino que es un proceso fisiológico que puede acontecer con salud. Los conocimientos actuales aportados por las investigaciones en biomedicina conducen a esta idea.

Es cierto que en esta etapa de la vida aumentan las probabilidades de padecer muchas enfermedades, pero también lo es que la aparición clínica de la mayoría –incluidas las tan temidas demencias–, depende sobremanera del estilo de vida de la persona.

Hoy sabemos que incluso cuando nacemos con genes mutados que nos pueden predisponer a padecer ciertas enfermedades, estas solo afloran cuando se vive en un medio determinado y ante ciertos hábitos y actitudes.

Los últimos estudios científicos han acabado con la idea de que el cerebro envejece de forma irremediable. De ahí la enorme responsabilidad individual, personal y social de envejecer de una manera sana, positiva, activa y productiva.

Algunos datos obtenidos de estudios en Biomedicina indican que el 25-30% de los centenarios no presentan cambios significativos en sus capacidades mentales cuando se las compara con personas 20 o 30 años más jóvenes.

En todas ellas destacan ciertas características comunes:

  • Son personas que realizan diariamente ejercicio mental y físico
  • Atienden su cuidado y aseo personal
  • Son independientes, no requieren ayuda de nadie y viajan solas
  • Son activas y participativas
  • Ninguna es obesa o fumadora
  • Casi todas estas personas tienen la capacidad de no responder al estrés con mayor angustia, agobio o desesperanza.

¿Cómo prevenir el envejecimiento cerebral?

De estos estudios y experiencias podemos extraer doce pautas de vida que son claves para mantener el cerebro en forma a cualquier edad.

1. Comer menos de manera alternativa

El sobrepeso es un riesgo serio para la salud del propio cerebro y los procesos mentales. Hoy sabemos que ingerir menos calorías de las habituales es el mejor tratamiento para ralentizar el proceso de envejecimiento cerebral y aumentar la esperanza de vida.

Está comprobado que aportar menos calorías provoca un descenso en la producción de radicales libres y, en consecuencia, se produce un daño menor sobre las proteínas, los lípidos y el adn de las células.

Comer menos potencia la producción de neuronas nuevas en áreas del cerebro relacionadas con el aprendizaje y la memoria, y activa los mecanismos de reparación del daño neuronal. Y aun más, en modelos con animales se ha observado que disminuye la incidencia de enfermedades típicas del envejecimiento como Parkinson o Alzheimer.

Comer menos no significa pasar hambre; una regla simple sería ingerir un día la mitad de calorías de las que se han ingerido como media en los últimos 3-5 años y, al día siguiente, reducir esa misma cantidad solo un 20%. En días especiales podemos romper tranquilamente la norma y comer cuanto nos apetezca.

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2. Hacer ejercicio físico aeróbico casi todos los días

Con este ejercicio se consume oxígeno a medida que se necesita, sin extenuarnos.

Nos protege de la acción de las enzimas que producen la oxidación celular, reduce los niveles de radicales libres, produce energía y regenera las células del cerebro. En definitiva, ralentiza el envejecimiento cerebral y aumenta incluso la capacidad de reparación del cerebro tras los daños producidos por accidentes o enfermedades neurodegenerativas.

El ejercicio aumenta también los vasos sanguíneos cerebrales sanos y previene la arteriosclerosis.

3. Aprender un idioma nuevo a partir de los 50 años

Además de tener la mente ocupada en aprender cosas nuevas y mantenerla viva intelectualmente, esta necesita esfuerzos que obtengan aplauso, recompensa o refuerzos de los demás, porque sostienen el propio esfuerzo.

La tarea que nos propongamos debe ilusionarnos y estar llena de contenido.

Propongo aprender un idioma nuevo, porque ello requiere aplicarse y memorizar, que es lo que recambia las conexiones de las neuronas. Se acompaña del reconocimiento de los demás, con lo que se refuerza la satisfacción personal y la confianza en las propias capacidades y posibilidades intelectuales.

4. Viajar mucho, un ‘estrés’ muy positivo

Para mantenerse activo, el cerebro necesita estímulos y percepciones nuevas, y viajar los proporciona. Viajar es ese “aguijonazo emocional” que comienza con la curiosidad.

Se trata de un “estrés bueno” que nos mantiene despiertos y pendientes de algo de modo placentero. Viajar representa una renovación fisiológica de nuestro cerebro.

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5. No vivir solo, la importancia de los vínculos emocionales

La relación con los demás es uno de los estímulos más importantes para mantener unas buenas condiciones mentales debido a la naturaleza social del ser humano.

El aislamiento o una mala interacción social conlleva una situación de estrés crónico y un deterioro lento e insidioso de las áreas cerebrales que tienen que ver con el aprendizaje y la memoria.

Vivir acompañado de alguien con quien mantener un puente emocional sostenido a lo largo del tiempo sirve de protección frente a ciertas demencias o la enfermedad de Alzheimer.

6. Adaptarse a los cambios y a las nuevas tecnologías

También es importante enfrentarse a la novedad y, en consecuencia, aprender y memorizar cosas nuevas todos los días.

Quedarse atrás significa anclarse en el pasado y repetir y acomodarse a lo ya conocido. Adaptarse a los cambios sociales significa “rejuvenecer” el cerebro.

7. Eliminar el estrés que va acompañado de desesperanza

Vivimos en una sociedad que exige que todo se haga de modo rápido y eficaz, que nos enfrenta a todo tipo de presiones: sociales, laborales, familiares…

En cualquier actividad cotidiana una persona puede recibir palabras de acusación y desagrado, quejas u órdenes que percibe como impuestas o ajenas.

El estrés constante daña el corazón, los vasos sanguíneos y compromete el funcionamiento del cerebro. Además, se liberan glucocorticoides, unas hormonas que dañan las neuronas, especialmente en áreas cerebrales que tienen que ver con el aprendizaje y la memoria.

El ejercicio físico aeróbico es un buen antídoto frente a ese “estrés malo” de todos los días.

8. No fumar, siempre es buen momento para dejarlo

Fumar incrementa los radicales libres y deteriora su funcionamiento, provocando reacciones inflamatorias del tejido cerebral. Potencia la arteriosclerosis y la oclusión de los vasos sanguíneos más pequeños del cerebro.

Fumar puede adelantar casi 14 años la edad de aparición de ciertas enfermedades. Además, aumenta hasta cinco veces la velocidad con la que el envejecimiento reduce las capacidades mentales; reduce la esperanza de vida; y produce accidentes cerebrovasculares mínimos y silentes, que suman a la hora de provocar daños neuronales.

9. Un sueño reparador sin luz artificial

Durante la noche liberamos melatonina, un poderoso antioxidante de casi todas las células, tejidos y sistemas del organismo. Esta hormona posee una alta capacidad de restauración y reparación celular nocturna, pero es muy sensible a la luz artificial.

Si una persona se despierta y enciende la luz, se suprime su secreción y se interrumpe su función reparadora. Si bien es cierto que tras apagar la luz se libera de nuevo la melatonina, el proceso es tan lento que disminuye su efecto. Por eso es tan importante dormir sin interrupciones lumínicas.

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10. Sentir la vida para evitar el apagón emocional

Recientemente se ha hablado de casos de personas sanas que, hacia los 70 años, han muerto sin que se haya podido demostrar fallo orgánico alguno que lo justifique.

Como si estas personas hubiesen llegado a una decisión profunda, orgánica, inconsciente, de no querer vivir más, lo que ha llevado al fracaso orgánico y la muerte. Por decirlo de alguna manera, han perdido la emoción por la vida, por seguir vivos.

¿Se puede evitar esta situación emocional? Sí, si nos hacemos conscientes de ella. es decir, si pensamos que la emoción que nos mantiene vivos se puede alimentar tanto desde el interior como desde la interacción con los demás.

11. Dar sentido a la vida con agradecimiento

Llegada cierta edad se toma conciencia del valor de ser agradecido “dando” a los demás.

Esa “cierta edad” es el tiempo de tomar conciencia de que hay que empezar a andar por el mundo despojado del lastre de muchas cosas que antes eran origen de angustias, tensiones y pesadumbres. De la verdadera ayuda y desprendimiento hacia los demás.

Regalar tiempo generoso a quien lo necesite, hacer aportaciones de todo tipo a proyectos de ayuda… todo esto enriquece este periodo de la vida y nos regala el aplauso y agradecimiento de los demás, tan necesario para justificar seguir vivos.

12. La felicidad de las pequeñas cosas

Y alcanzar, ya al final, sin angustias ni necesidades, esa felicidad de las pequeñas cosas. La felicidad de recibir una sonrisa llena de cariño, la que deviene de lo contemplativo, de la tolerancia y de la ausencia de placeres competitivos.

Esa felicidad que llega tras despedirse de los innumerables “amos” cotidianos que nos han atenazado en otros tiempos pasados.

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