Superación personal

Las 4 etapas del camino del héroe o la heroína

Demián Bucay

En la vida hay detonantes que nos hacen sentir que necesitamos un cambio. Es el principio de un viaje que termina transformándonos en nuestra mejor versión. ¿Cómo convertirse en el heroe o heroína que queremos? Demián Bucay te da 4 pasos para lograrlo.

Todos estamos llamados a ser héroes o heroínas en algún momento de nuestras vidas. Cada persona lo siente de forma distinta, pero siempre se trata de experiencias que nos alejan del lugar conocido para iniciar un largo viaje interior que nos transforma y nos conduce hacia lo mejor de nosotros mismos.

Cuando vemos una película o leemos una novela en la que el protagonista lucha contra poderosas fuerzas para llegar a su destino –ya sea en defensa de ideales elevados o movido por cuestiones personales–, transformándose a sí mismo al tiempo que modifica la situación de quienes le rodean, suele embargarnos una profunda emoción.

Podríamos pensar que esta emoción proviene de un anhelo por conseguir grandes proezas, de un deseo de luchar contra los males de la humanidad e, incluso, de la exagerada pretensión de ser salvadores, de cambiar el mundo con las propias acciones. Pero creo que no es así o, al menos, no es así en parte.

¿Todos somos héroes?

La emoción que producen estas historias tiene su raíz fundamental en el hecho de que todos estamos llamados a ser héroes, de algún modo, en nuestras vidas. En formas más modestas, quizá, pero no por ello menos importantes, todos tenemos un camino épico que recorrer.

Porque, finalmente, el camino del héroe no se traza con las hazañas realizadas, ni con los monstruos derrotados, ni siquiera con el bien prodigado al resto de los congéneres…

El verdadero viaje heroico es una travesía interior: un camino que culmina con la transformación de alguien en la mejor versión de sí mismo.

En las historias épicas, ningún héroe lo es desde el principio: los protagonistas devienen héroes en función de sus experiencias y acciones. Y precisamente esto es lo verdaderamente emocionante y algo con lo que todos podemos sentirnos identificados.

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En la vorágine diaria, repleta de obligaciones y de tareas que parecen banales, no siempre es sencillo identificar por dónde pasa ni hacia dónde va el camino heroico. Y seguramente es así por nuestra tendencia a identificar lo épico con las grandes proezas, con la derrota de los grandes males.

Entonces, si el camino heroico es más que eso, ¿qué podemos hacer para que nuestra vida sea heroica? ¿Luchar contra la corrupción? ¿Escalar el Everest? ¿Buscar erradicar el hambre del mundo?

Quizá sí. Quizás estas sean propuestas posibles para algunas personas, pero lo serán si, al llevarlas a cabo, se produce una transformación en quien las sostiene. Y no una transformación en cualquier sentido: seguramente yo tendría que cambiar bastante para poder escalar el Everest, pero dudo que eso funcionase para mí como un verdadero viaje heroico porque el sentido en el que mi vida avanza y en el que yo creo que debo continuar es otro diferente.

Todos podemos sentir una necesidad profunda e interior de realizar determinados cambios en nuestra vida, de atrevernos a ser más felices.

¿Qué elementos y etapas tiene un viaje épico?

Muchos autores, incluidos el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung y el filósofo norteamericano Joseph Campbell (autor del maravilloso libro El héroe de las mil caras) han reparado en la similitud de los grandes mitos de la humanidad y han propuesto, entonces, distintos momentos arquetípicos por los que todo héroe, para llegar a serlo, debe transitar.

Identificarlos en nuestro propio camino de superación personal puede ayudarnos a saber cómo podemos desenvolvernos. Se han propuesto muchos modos de clasificar y denominar estas etapas –desde unas pocas esbozadas sencillamente hasta más de diez delineadas con gran detalle y especificidad–.

A mi entender, el camino de transformación de un héroe debe atravesar cuatro momentos fundamentales: la llamada, la iniciación, la conquista y el regreso.

1. La llamada

Consiste básicamente en el momento en que alguien se da cuenta de que debe hacer un cambio en su vida.

Sucede algo, con frecuencia casual o insignificante, que adquiere una importancia enorme: le lleva a ver su vida con otros ojos y, entonces, la persona comprende que ha estado “dormida” durante demasiado tiempo.

Ya no puede seguir viviendo del mismo modo en que lo había hecho hasta ese momento, se le hace necesario emprender un viaje. No sabe aún hacia dónde ni cómo lo llevará a cabo, solo sabe que tiene que dejar atrás su manera habitual de estar en el mundo.

  • Para los héroes de ficción, la llamada toma muchas veces la forma de una visión, un sueño o una premonición.
  • En nuestras vidas, la llamada puede presentarse de diversas formas: en ocasiones es una película, un libro o un cuento lo que nos hace despertar; en otras, es lo que le sucede a alguien cercano, o una pérdida, que nos hace replantearnos la existencia a la luz de que “podría haber sido yo”. También un rechazo o un fracaso inesperado pueden tener este efecto.

Se trata, en general, de un evento que nos descoloca, que nos mueve a preguntarnos sobre nosotros mismos y sobre las cosas que hacemos.

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El arquetipo del sabio

Muchas veces, en esta etapa, se busca activamente o aparece una especie de guía o maestro.

  • En los cuentos de hadas este lugar está reservado a los magos, los sabios y las hadas madrinas, que guían al protagonista en sus primeros pasos hacia su gesta.
  • En nuestros días, el guía puede ser un terapeuta, un consejero religioso, algún familiar especialmente sagaz, un profesor u otra persona que nos hable desde su propia experiencia. Por regla general, los padres, más allá de sus buenas intenciones, no pueden ocupar este rol porque son de algún modo parte de aquello que hay que dejar atrás.

Gracias a esta ayuda o sin ella, el héroe –cada uno de nosotros– cruza el umbral que separa su vida conocida de lo que vendrá.

2. La iniciación

Estamos en la etapa en que dejamos la seguridad de lo conocido y nos adentramos en un territorio incierto. Es aquí donde, en la mayoría de las historias épicas, el protagonista debe enfrentar una o varias pruebas; pruebas que lo enfrentan a sí mismo, con sus temores, miserias y puntos débiles.

El héroe siempre siente que no podrá atravesarlas, que son demasiado para él. Pero las pruebas están allí para mostrarle lo contrario, para que descubra su verdadera fortaleza.

Si vamos a convertirnos en héroes, si queremos transformarnos en nuestra mejor versión, también deberemos atravesar algunas pruebas que no serán distintas de las de los grandes mitos, pues nos enfrentarán a nuestros temores más profundos. Hacer frente a nuestros demonios internos, eso, más que ninguna otra cosa, es lo que en mi opinión nos convierte en héroes.

Seguir adelante pese a las dudas, hacer frente a nuestros miedos, es lo que demuestra nuestras fortalezas y nos hace verdaderos héroes cotidianos.

Las pruebas pueden tomar las formas más diversas: proponerse para un empleo, declarar nuestro interés por otra persona, correr una carrera, sostener una opinión controvertida…

Independientemente del resultado de estas pruebas, al atravesarlas nos descubriremos en aspectos impensados y desarrollaremos las habilidades con las que podremos transformar nuestro modo de vivir. Una vez que hayamos atravesado las pruebas y nos hayamos encontrado con un lado propio que desconocíamos, habremos llegado al momento de la conquista.

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3. La conquista

Es, arquetípicamente, el momento en que el héroe se enfrenta con el enemigo final o en el que completa la tarea que se le ha encomendado.

En nuestra vida moderna, la conquista implica, en ocasiones, utilizar la experiencia obtenida en las pruebas para un propósito mayor que, a menudo, toma la forma de algo profundamente propio; una familia, una producción artística o profesional, una iniciativa...

Pero esto no siempre sucede o es tan evidente y, más allá de estas cuestiones concretas, lo que se conquista básicamente al recorrer el camino del héroe es, como dice el filósofo Joseph Campbell, “la libertad para vivir”: la libertad para llevar la propia vida en la dirección en la que uno desea hacerlo.

Y, ahora ya sí, solo resta una etapa para quien se ha convertido, justamente, en héroe. Se trata del regreso a casa.

La etapa final de nuestra travesía implica el regreso, pero convertidos ya en ese alguien mejor que goza de la libertad de vivir la vida que ha elegido.

4. El regreso

Será la última etapa del camino de crecimiento personal del héroe.

Después de su ardua travesía, el héroe regresa a casa, a su vida cotidiana, a sus quehaceres de todos los días… pero en su fuero interno sabe que algo se ha transformado, que nunca volverá a ser la persona que empezó la travesía, que en su interior arde un fuego, un poder que ahora conoce (como lo conoceremos todos los que atravesemos este camino) que puede invocar a voluntad.

Regresemos a las palabras de Joseph Campbell: "Tenemos que deshacernos de la vida que habíamos planeado para vivir la vida que nos está esperando".

Y, así, cuando regresemos de nuestra travesía, aquellos que nos quieren bien nos estarán esperando con los brazos abiertos. Entreguémonos y dejemos que cuiden de nosotros así como nosotros podremos, ahora, cuidar de ellos.

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