Asumir que se acabó

4 preguntas para saber si ha llegado el momento de romper

Sergio Huguet

No siempre es fácil saber en qué punto una relación ha llegado a su final. Reflexionar sobre algunas cuestiones básicas puede ayudarnos a decidir bien.

En el siglo pasado, la función social de la pareja –procrear para construir una familia estable que garantizase el orden y la permanencia de los valores de la colectividad– era más importante que la experiencia personal de las personas que la componían. La continuidad de una relación estaba garantizada por imperativo social: “Hasta que la muerte nos separe” era la consigna.

¡Cuántas mujeres y cuántos hombres de aquella generación han sufrido y aguantado relaciones que no tenían mayor sentido que el de mantener las formas sociales! En estos casos, hubiese sido muy saludable para ellos haber tenido la posibilidad de separarse, de beneficiarse de un “divorcio exprés”.

Como dijo en su día el rey Salomón, “todo tiene su momento bajo el sol: hay un momento para el abrazo y un momento para la despedida”.

¿Es mejor romper enseguida?

En la actualidad, la presión social de antaño, que imposibilitaba prácticamente la disolución de la pareja, ha pasado a segundo plano y, en su lugar, ha cobrado más relevancia el bienestar personal de los integrantes de la relación.

Sin embargo, existen una serie de valores con los que la sociedad actual, indirectamente, influye en la mentalidad de los miembros de una pareja y que condicionan en gran medida el desarrollo saludable de la misma.

En este sentido, el escritor José Luis Sampedro señalaba : “No es que vivamos en una economía de mercado, sino que vivimos en una sociedad de mercado”. Una sociedad orientada al consumismo y a la búsqueda constante de lo novedoso, una sociedad que busca el placer y los beneficios a corto plazo, una sociedad primaria y un tanto infantilizada que lo quiere todo aquí y ahora.

Así, en el ámbito de las relaciones, también buscamos beneficios rápidos, a corto plazo y con poca inversión personal. Podríamos decir que es la cultura del pelotazo emocional, de forma que si los beneficios afectivos no son suculentos e inmediatos, disolvemos la empresa afectiva y pasamos a otra relación: un divorcio exprés es la solución.

El problema es que, con un estilo de afrontamiento tan rudimentario, estamos condenados a repetir los mismos errores en la siguiente relación.

¿Cómo saber si tienes que dejar a tu pareja?

Pero si bien es cierto que en algunas ocasiones podemos llegar a abandonar el barco antes de hora, también es verdad que podemos quedarnos más tiempo del necesario y hundirnos con el barco.

Entonces, cuando atravesamos momentos difíciles y aún perviven importantes sentimientos de amor hacia el otro, ¿cómo podemos saber que lo mejor es dejar la relación?

Si los problemas se repiten una y otra vez, ¿hay que seguir intentándolo? ¿Cuándo conviene aceptar que el mejor camino es la separación?

No existe una regla general para saberlo, pero quizá sí que hay algunas cuestiones importantes que nos pueden ayudar a tenerlo más claro.

Hagámonos estas cuatro preguntas:

1. ¿Debes dejarlo con tu pareja aunque aún la quieras?

En primer lugar, debemos aceptar que, a veces, no basta con amar.

En mi consulta, he visto a parejas que, estando muy seguras de los sentimientos que sentían el uno por el otro, no encontraban la manera de formalizar una convivencia en la que pudieran compartir sus vidas.

Hay personas que sienten que sus corazones han coincidido y que se aman profundamente; sin embargo, no pueden hacer coincidir sus proyectos vitales. Para uno es fundamental, por ejemplo, tener hijos y asentarse; y, para el otro, es vital mantener un trabajo que le apasiona y que le tiene viajando por todo el mundo.

Desistir y dejar de forzar la realidad para que ambos puedan partir tranquilos y en paz consigo mismos es un reto que deben superar.

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2. ¿Sabes si tu pareja es tóxica?

En segundo lugar, conviene saber dónde está el límite que diferencia las conductas y actitudes que permiten experimentar elconflicto como productivo y saludable de aquellas otras que resultaban tóxicas y dañinas para la relación.

Hay personas para quien un insulto, una falta de respeto grave, una agresión física… son aceptables en ese proceso de búsqueda del amor. Cada uno debe revisar dónde pone los límites y plantearse seriamente qué tipo de conductas cree que pueden enriquecer una relación y cuáles no.

Una rosa no crece tirando de sus pétalos sino regándola, abonando su tierra y poniéndola al sol.

Todos sabemos que “quien bien te quiere no te hará llorar”.

3. ¿Tu pareja se esfuerza por la relación?

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que en toda relación somos tres: yo, tú y la relación. Cada uno debe responsabilizarse de sí mismo; y los dos, del vínculo.

A veces es solo uno de los dos el que realiza un esfuerzo titánico por la relación, mientras que el otro no se implica, se deja llevar y se acomoda.

Uno solo no puede, por mucho que lo desee, solucionar los problemas que conciernen a ambos. Podrá echárselos a cuestas, pero no resolverlos en un sentido profundo.

4. ¿Haces demasiadas cosas por obligación?

Un último aspecto para considerar es cómo nos sentimos nosotros ante las necesidades que nos manifiesta nuestra pareja.

En cierta ocasión tuve en terapia a una mujer que me expresó el gran dolor y la vergüenza que sentía por haber accedido a satisfacer ciertas necesidades de su marido. No se identificaba con las propuestas de él, pero lo amaba y no quería perderlo. No supo gestionar esta experiencia ni poner los límites adecuados y acabó haciéndose mucho daño.

En estos casos, cuando las necesidades de nuestra pareja chocan en algún sentido con nuestro ser, es muy importante ser conscientes de si, en los acercamientos que realizamos para satisfacerlas, nos estamos teniendo en cuenta y nos respetamos o si, por el contrario, nos hemos olvidado de nosotros mismos por complacer al otro.

Podríamos decir, en definitiva, que quizás haya llegado el momento de romper cuando...

  • Nuestros proyectos vitales no son compatibles
  • Se superan los límites del respeto
  • Nos quedamos solos luchando por la relación
  • Las necesidades de nuestra pareja atentan contra nuestra dignidad personal

Cuando se ha hecho todo lo posible por salvar lo que es común, la relación, siempre es mejor tener un buen adiós que vivir en una mala relación.

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