Todos somos diferentes

5 reflexiones para aceptar la diversidad y crecer con ella

Con una mirada amplia, que abarca tanto las sombras como los recursos escondidos, descubrimos que cada persona es un ser único. Aceptar la diferencia es clave.

No ha existido ni existirá nunca una persona exactamente igual que nosotros. La naturaleza nos hace diferentes para poder adaptarnos mejor al medio y favorecer la supervivencia de la especie.

Por eso es positivo que existan personas para todo tipo de situaciones: las que saben cuidar a los demás, las que se les da bien pensar o las que tienen fuerza física, por ejemplo.

Nadie es mejor ni peor, todos tenemos el mismo valor porque somos únicos e irrepetibles. Apreciar aquello que nos hace particulares es la clave para desarrollar el propio potencial y ser felices.

1. Todos somos diferentes

Hay dos tipos de diferencias entre personas: las innatas y las adquiridas. El comportamiento surge de la combinación entre la genética y el medio.

La genética puede ser determinante cuando existen ciertas enfermedades pero, si no, los genes interaccionan con el medio y tan solo predisponen a ser y actuar de una forma u otra. Los factores del medio que más nos influyen son la cultura y los grupos sociales, sobre todo la familia.

La diferenciación es un proceso evolutivo que consiste en hacerse un individuo separado, independiente y distinto de los demás.

  1. La primera separación acontece con el nacimiento, cuando la criatura sale del cuerpo de la madre.
  2. La separación psicológica viene después. Tras nacer el bebé pasa por una etapa simbiótica en que se percibe como una parte de la madre. A partir de los 4 o 5 meses empieza a darse cuenta de que la madre tiene vida propia. Y poco a poco va adquiriendo recursos que le permiten tomar conciencia de sí mismo, de la realidad externa y del otro.
  3. En la adolescencia se produce un nuevo proceso de diferenciación que consiste en desprenderse de los lazos de dependencia familiar para integrarse en el mundo de los adultos. Por ello el adolescente suele rechazar a sus padres y buscar la compañía del grupo de iguales. Sentirse acompañado por la pandilla le proporciona la seguridad y el sentido de identidad que necesita para madurar. En esta etapa los jóvenes necesitan rodearse de personas afines para autoafirmarse. Vemos cómo tienden a vestirse igual, utilizar un lenguaje específico y realizar las mismas actividades. También tienen pensamientos e ideales similares.
  4. Al llegar a la edad adulta, acabado el proceso de diferenciación de la familia, se rompe con el grupo de amigos para poder ser uno mismo. Pero la tendencia a rodearse de personas parecidas y afines persiste. También la de mimetizarse con las personas que se tiene cerca.

La forma óptima de relacionarse es la que permite compartir pensamientos, valores y sentimientos con los demás sin quedar atrapado por ellos. Es decir, cuando se puede pensar por uno mismo y discrepar con las personas con que uno se siente afín.

Artículo relacionado

2. El miedo está tras la intolerancia a lo diferente

Las diferencias nos hacen especiales pero pueden conllevar un gran sufrimiento si no se reconocen y aceptan, como el patito feo del popular cuento de Andersen, que recibe burlas e incomprensión hasta que descubre su verdadera naturaleza.

Cuando se reconoce diferente y deja de luchar por ser como los demás, logra sentirse orgulloso de sí mismo. La propia aceptación de la diferencia aporta una fuerza interior que ayuda a crecer y a lograr el respeto de los demás.

El miedo es el culpable de la intolerancia hacia lo diferente. Cuando no se reconoce, a menudo uno se siente inseguro y se pone a la defensiva. Así se crean los prejuicios ante seres humanos de diferente raza, sexo, ideología, religión o cualquier otro rasgo diferente al familiar.

De forma similar, se pueden tener prejuicios ante aspectos poco conocidos de la propia personalidad. Como por ejemplo el hombre que reprime su parte femenina por parecerle extraña, perdiendo así una faceta valiosa de sí.

Cuando alguien rechaza aspectos propios por no considerarlos normales, se empobrece. Igual le ocurre a la sociedad cuando discrimina a quienes se alejan de lo esperado.

Pero, ¿con qué criterios juzgamos si una persona es normal, buena o mala?

3. La diversidad nos hace más sabios

La diversidad brinda flexibilidad y capacidad de adaptación al grupo. Por ello cada persona, sea como sea, cuenta. De la misma manera, todos los aspectos que conforman al individuo son válidos.

Para favorecer la convivencia de las distintas partes de uno mismo hay que aprender a escuchar las diferentes voces internas sin que ninguna quede silenciada.

Puede que oigamos voces contradictorias como, por ejemplo, una que nos habla de tristeza y desesperanza ante una situación, mientras que otra expresa una actitud alegre y optimista. Las contradicciones pueden llegar a ser conflictivas, por lo que es importante ser paciente con uno mismo. No se trata de acallar la voz más débil sino de que puedan conversar y llegar a acuerdos.

Las personas diferentes también deben saber comunicarse para comprenderse. Es más fácil estar con personas parecidas a uno puesto que de entrada hay menos probabilidad de conflicto. Pero las personas diferentes pueden aportarnos mayores aprendizajes siempre que uno esté dispuesto a acercarse con respeto.

En palabras de Virginia Satir, una de las creadoras de la terapia familiar: "La diferencia nos ofrece emoción, interés y vitalidad; por supuesto, también provoca algunos problemas. El reto es encontrar la manera de resolver nuestras diferencias constructivamente."

Artículo relacionado

4. La unidad en la diversidad es útil

Nuestros antepasados lograron sobrevivir gracias a la cohesión de los grupos en que vivían. Eran grupos homogéneos donde las personas diferentes representaban una amenaza y eran apartadas.

Actualmente, con la globalización, esta necesidad de homogeneización ha cambiado: es posible comunicarse con personas del otro lado del planeta y sentirse más próximo a ellas que a los vecinos. Además, con los movimientos migratorios y las facilidades para viajar, cualquier persona puede ser minoría.

Hoy en día todos estamos ligados por una economía interdependiente y la necesidad de preservar la naturaleza de la destrucción. Así que, en vez de discriminar al otro para sobrevivir, lo que necesitamos es unirnos y buscar estrategias para afrontar juntos los problemas del planeta.

El mundo entero es nuestra patria, por lo que es básico contemplarlo en su diversidad y resolver los conflictos que puedan surgir.

5. El respeto por lo diferente es un valor

El conflicto entre diferentes, cuando no hay voluntad de diálogo y acercamiento, es inevitable. Pero si hay conversación y acuerdos, el intercambio transforma y fortalece a todos. Los esfuerzos por unir a las personas o grupos diferentes responden a aquello que tenemos en común.

Todos nacernos, crecemos y morimos. Somos hermanos con la necesidad de ser queridos y de querer. Los valores como la honestidad, la compasión, el respeto o la libertad pertenecen a nuestra naturaleza humana.

También lo son las grandes alegrías, como el nacimiento de un hijo, y las grandes penas, como la muerte de alguien querido.

El sentimiento de fraternidad humana nos abre el corazón y ayuda a salvar las diferencias.

El puzzle de valores, emociones, pensamientos y circunstancias que conforma a una persona es diverso, complejo y único. Comprenderse y quererse requiere superar miedos y acercarse a los diferentes aspectos de uno mismo.

De la misma manera ocurre a nivel interpersonal: las personas y grupos tienden a separarse para sentirse más seguros, pero es conveniente hacer un esfuerzo en tolerar e integrar lo dispar, así como resolver los conflictos que puedan surgir.

Libros para saber más

  • El proceso de convertirse en persona; Carl Rogers. Ed. Paidós
  • Recetas para vivir y amar; Laura Huxley. Ed. RBA-lntegral

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?