Exprimir la experiencia

7 claves para un viaje inolvidable y transformador

Francesc Miralles

Cualquier aventura que nos lleve fuera de la rutina es nutritiva para el espíritu, pero hay una serie de actitudes que contribuyen a que un viaje sea realmente transformador.

Sigue estos 7 consejos y te asegurarás de que tu viaje es mucho más que una escapada: disfrutarás de una experiencia que te cambiará y que siempre podrás revivir a través de los recuerdos.

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1. Sigue tu propia inspiración

No elijas un destino porque sea un must o porque todos tus compañeros de trabajo hayan estado ahí. Viajar es un acto de libertad personal, no de emulación.

El placer de viajar empieza al soñar con múltiples destinos, quizás paseando por una librería de viajes, hasta encontrar aquel que llama a las puertas de tu corazón.

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2. Prescionde de los programas

Deja espacio a la improvisación. A no ser que te guste ir a toque de silbato, es un error preverlo todo −vuelos, desplazamientos, hoteles− al dedillo, ya que no sabes cómo te sentirás en cada lugar de tu ruta. La posibilidad de cambiar de planes es un gran potenciador de la experiencia.

Si por la época del año hay lugares en los que es imprescindible reservar, date esa libertad en otros donde no haya tanta ocupación. Y en el día a día no te tomes las guías de viaje al pie de la letra, ya que nunca están actualizadas del todo. Los mejores cafés, restaurantes o alojamientos no están allí, y es un placer descubrirlos.

Déjate de obligaciones y, si no disfrutas de los museos, no vayas solo porque lo diga la guía. Justamente viajas para poder hacer lo que te pida el cuerpo. Un fotógrafo argentino al que conocí tenía la costumbre de visitar en cada ciudad el mercado y el cementerio porque, en sus propias palabras, “así comprendo cómo viven y cómo mueren”.

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3. Fúndete con el ambiente local

Agustín de Hipona decía: “Cuando vayas a Roma, compórtate como los romanos” y podríamos añadir: “sin dejar de ser tú mismo”.

Mucho mejor que ver lugares y observar la fauna humana como si estuviéramos en un zoo, es mezclarnos con la vida local y, en la medida de lo posible, seguir sus costumbres. Poder charlar con las personas de la calle es el mejor aprendizaje que nos llevaremos.

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4. Mas impresiones, menos fotos

Al igual que muchos transeúntes tropiezan por la calle porque tienen la mirada en el móvil, hay turistas que ven el país a través de la pantalla de su smartphone, lo cual es una triste manera de viajar. Cuando los carretes y el revelado tenían un precio, el viajero se lo pensaba dos veces antes de hacer “clic”, lo cual le permitía disfrutar de los lugares con sus propios ojos.

Querer capturar el momento nos impide disfrutar de él.

Pasarnos el día con la cámara del móvil para sacar fotos o filmar es la forma perfecta de “no estar presente” en la experiencia. Si quieres tener recuerdos para siempre, apaga el teléfono y abre bien los ojos.

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5. Elige una buena compañía

El éxito de la aventura dependerá en buena parte de eso. Viajar con personas que se quejan todo el tiempo, haciendo comparaciones con su país −por ejemplo, con la comida–, puede ser más pesado y estresante que quedarse en casa. Parafraseando el viejo dicho, dime con quien viajas y te diré si gozas o sufres.

Si no dispones de compañeros que aporten ligereza y positividad, plantéate seriamente viajar en solitario. Es una experiencia que, además de hacernos más sociables, nos regala un tiempo precioso para reflexionar sobre nuestra vida.

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6. escribe un cuaderno de viaje

Como los grandes pioneros, tomar nota por escrito de lo que vamos viviendo nos aporta un plus de profundidad y reflexión.

Escribir nos permite masticar todo lo vivido, reflexionar y extraer valiosas conclusiones.

Mientras viajamos en tren, volamos o descansamos de la caminata del día, “pasar a limpio” lo vivido estimula nuestra capacidad de comprensión, a la vez que nos permite “masticar” las experiencias −la mano va más lenta que el pensamiento− y extraer valiosas conclusiones.

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7. Llévate tesoros a casa

No se trata de souvenirs físicos, sino de lo que has aprendido −del lugar, de sus gentes, de ti mismo− a lo largo de esta aventura.

Escribía Kavafis que “Ítaca te brindó el hermoso viaje”, esa es la riqueza con la que vuelves a casa. Entonces será el momento de preguntarte: “¿En qué he cambiado?”

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