Según Dalai Lama

Los 7 pilares de la alegría y 3 caminos para llegar a ella

A veces nos preguntamos: ¿cómo encontrar la alegría en medio del sufrimiento que muchas veces implica vivir? Existen algunas vías para vivir a diario momentos de alegría con poco esfuerzo.

Silvia Díez, periodista y terapeuta
Silvia Díez

Terapeuta gestalt

Mireia Darder
Mireia Darder

Psicóloga clínica

Cultivar la alegría es una práctica más espiritual de lo que nos ha hecho creer nuestra sociedad (que solía criticar a las mujeres de «vida alegre»). Es honrar una parte de lo humano que tenemos.

Sin embargo, para hacerlo es necesario un punto de frivolidad y de ligereza, hemos de ser capaces de soltar la moralidad judeocristiana y los estándares de felicidad alejados de lo natural y que priorizan el tener frente al dejarse ser lo que uno es, sin más. Cultivar la alegría es jugar con la vida como el niño que vive en el presente, centrado en el aquí y el ahora. Es celebrar el mero hecho de compartir con generosidad.

Los 7 pilares de la alegría

Pero a veces nos preguntamos: ¿cómo encontrar la alegría interior en medio del sufrimiento que muchas veces implica vivir? Esta es la pregunta que contestan Desmond Tutu y el Dalai Lama en El libro de la alegría, en el que reflexionan sobre la forma de cultivarla. Según ellos los pilares de la alegría son: perspectiva, humildad, humor, aceptación, gratitud, perdón, compasión y pensar en los demás.

  • 1. Perspectiva. La perspectiva nos acerca a la alegría al ampliar nuestra visión anclada en el «yo» para conectarnos con un «nosotros» que va más allá de los personalismos.
  • 2. Humildad. La humildad nos lleva a aceptar nuestra vulnerabilidad y nuestras limitaciones, y nos recuerda que nos necesitamos los unos a los otros. Al tomar consciencia de esta interdependencia, podemos celebrar la unión con aquellos que nos rodean.
  • 3. Humor. El humor nos ayuda a no tomarnos las cosas tan en serio, a reírnos de nosotros mismos y a ponernos a todos como iguales bajándonos del pedestal. Es muy diferente a la ironía, que suele estar llena de agresividad y nos coloca por encima.
  • 4. Aceptación. La aceptación nos lleva a decir sí a la vida tal y como es, tanto en el dolor como en el placer. Y también a desarrollar la flexibilidad suficiente y necesaria como para llevar a cabo cambios inherentes a la vida misma y que son necesarios para poder adaptarse a la realidad en la que vivimos.
  • 5. Perdón. El perdón implica optar siempre por reaccionar pacíficamente ante las agresiones y no olvidar la humanidad de cada persona. Esto no implia que no se responda con claridad y firmeza ante los agravios.
  • 6. Gratitud. La gratitud nos ayuda a reconocer las bendiciones recibidas en lugar de centrarnos en las heridas y cargas que llevamos. Al agradecer todo lo recibido podemos compartir los dones y bienes obtenidos.
  • 7. Compasión. La compasión significa literalmente «sufrir con…», es decir, cuando nos interesamos por el bienestar de los demás se despierta nuestra alegría. Tanto la generosidad como la compasión están en el núcleo de todo ser humano y contribuyen a que la vida sea alegre y tenga sentido. Porque para recibir, hay que dar.

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3 caminos para propiciar la alegría

Se cuenta que había un místico sufí que siempre estaba alegre y riendo. Todo su ser era celebración. Estaba a punto de morir, pero seguía disfrutando y riendo feliz. Un joven se acercó a él para preguntarle:

—¿Cómo puedes seguir alegre cuando estás a punto de morir?
—Muy sencillo –le contestó el anciano–. Cuando tenía 17 años era muy infeliz. Mi maestro tenía 70 años y estaba sentado bajo un árbol riendo sin motivo aparente. Se reía a carcajadas y yo le pregunté qué le ocurría, si se había vuelto loco. Y él me contestó: «Hubo un tiempo en el que yo estaba triste como tú. Entonces comprendí que era yo quien elegía. Desde entonces cada mañana al levantarme lo primero que hago es decidir: ¿qué prefieres: desdicha o alegría?, ¿qué eliges hoy? Y siempre elijo la alegría».

  • 1. Ríe

Las películas de humor, los chistes o un video de gags pueden curarte. La risa se ha convertido en ciencia y terapia por sus beneficios físicos y mentales: eleva las endorfinas, reduce el estrés, la presión arterial y el dolor, refuerza la inmunidad y relaja los músculos. ¿Recuerdas la alegría que sentiste tras una tarde de risas? Si no, haz esta práctica: siéntate en silencio y crea una risa dentro de ti que se extienda del vientre a todo el cuerpo. Deja que la carcajada surja del silencio y ríe diez minutos seguidos. Luego túmbate boca abajo en el suelo. Conecta con la energía de la tierra y piérdete en este sentimiento.

  • 2. Baila

Es una forma sencilla de conectar con la alegría y soltar tensión. La música es determinante para conseguirlo, ya que inunda el cuerpo en cualquier sitio y condición. Elige canciones que te lleven a mover la cadera: la música brasileña o las danza africanas pueden facilitarlo. Procura soltar el control y olvidarte de hacer pasos, de si lo haces bien o mal. Date permiso para saltar y saltar.

  • 3. juega

¿Qué actividad despierta tu alegría: cantar, tocar el piano, el baloncesto, cocinar, la cerámica, dibujar…? Dedícale al menos una hora a la semana con el firme propósito de conectarte con este sentimiento de gozar, sin buscar un rendimiento o resultado.

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